Programa Domingo 6 correspondiente al 4 de diciembre del año 2011. En este programa el maestro Tomás Mojarro habla sobre política y las próximas elecciones.
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Huevos
La mala suerte, el mal fario, la salación. Se quejaba hace algunos ayeres el analista renegón: “Todo lo que toca lo vuelve lodo biológico. Visitó a la selección futbolera, y a la jodida la selección. Visitó México, y México a la quemazón”. Y que él es nuestro virus y el causante de que medio país ande con el agua al cuello mientras el otro se está muriendo de sed. A propósito de tan patética situación:
Una idea se me ocurre al respecto, mis valedores: ¿alguno de ustedes tiene amistad con uno de esos intelectuales orgánicos metidos a periodistas de “medios” impresos y electrónicos que se hablan de tú con él y a cada rato le sacan entrevistas a modo, y le permiten el lucimiento, y todos ellos contentos con los dividendos? Ah, pues entonces pídale al susodicho que suplique al perito en mal fario que se someta a una “limpia” con ramas de pirul. De jediondilla, ya de perdida.
¿Que la inteligencia rechaza la efectividad de tan grotesca modalidad de la superstición? Ello es entendible, sí, ¿pero a qué otra medida recurrir cuando ya está debidamente documentado que con tal malaventurado las soluciones racionales no surten efecto?
¿Que una práctica supersticiosa de ese tamaño a qué inquilino sexenal de Los Pinos le ha sido benéfica? A Carlos Salinas, sin ir más lejos. Provechosa le fue y le sigue siendo propicia, y si no, vamos a ver:
En 1988 y de muy de mala manera Salinas trepó a Los Pinos. De ahí en adelante iba a ser el escándalo su segunda naturaleza al frente de un gobierno viciado de origen. El del Poder autoritario sería tachado de impostor y de espurio, hasta el grado de que al dejar el gobierno tuvo que tomar el camino del Judío Errante.
¿Quién no lo acusó de arbitrario, quién no lo tachó de ladrón, con o sin pruebas? No sólo a él, sino a la familia completa, desde Salinas Lozano hasta alguno al que uniformados extorsionadores arrancaron la vida. ¿Y? ¿Salinas ha pisado la cárcel? Hace algunos meses uno de sus acusadores, expresidentes del país, lo señaló de corrupto y de haberse robado la mitad de la cuenta secreta que se maneja en Los Pinos. ¿Y? El expresidente acusador tuvo que pegar un inmundo, indecoroso reculón. Y algo más: ¿dónde está a estas horas el acusador? En una cama del Hospital Militar, víctima de un padecimiento de las vías respiratorias, y algunas notas de prensa afirman que su estado de salud es muy delicado. ¿Y Salinas, en tanto? Entero, rozagante, manejando una grilla política que abarca de Peña Nieto a Los Pinos.
¿Las acusaciones de bandidaje han vulnerado a Salinas? ¿No regresa triunfante al pantanoso terreno de la politiquería? ¿No se da el lujo de tachar de “valiente” al actual? Y yo digo: ¿en esa buena fortuna no habrá influido la “limpia” que un grupillo de indígenas le practicó cuando candidato en campaña? Y otra más: desde el quinto año de su gobierno, ¿acaso no pedían su reelección industriales, comerciantes y terratenientes de La Laguna y anexas? ¿Desde un tal PFCRN, el fementido Ferrocarril, no e-xi-gí-an a gritos la reelección de Salinas los “chuchos” mercachifles de la politiquería talamantera?
En cuanto al origen de su gobierno, vidas son paralelas el actual y Salinas. ¿Y la calificación de uno de ellos en el quinto año de su sexenio? 80.7 puntos de aceptación. ¿Y la aceptación popular del actual? 51.2 puntos. Vidas paralelas: ¿descabellado recomendarle a uno la receta que tan buen resultado dio al otro? ¿Que cuál receta? ¡Huevos! ¡Muchos huevos! De gallina negra. (La crónica de la “limpia”, el lunes.)
Destierro, encierro, entierro
Fue hace apenas algunos años. Para la Guatemala dulce y sombría de los poetas y héroes civiles (Otto René Castillo, Lía Cardoza y su marido escritor y tantos más embozados con nombres de combate) terminaban los tiempos feroces de la dictadura militar. Con un Cerezo Arévalo trepando las escaleras del palacio nacional se iniciaba la era de los gobiernos civiles. Poco duró el gusto a los hermanos chapines, al parecer. Después de Alvaro Colom ahí prepara su arribo al sillón del gobierno un Otto Pérez, bota y espadón militar. Guatemala.
Yo estuve en aquella ciudad capital durante los tétricos años del cuartel y la mazmorra castrense. Hice, de amigos, a una pareja de escritores, ella y él. Después de una tarde de charla, tinto y café, yo ya de regreso en mi tierra, les envié este mensaje:
“Marucha y Virgilio, amigos ausentes: sea este un a modo de mensaje del náufrago que ustedes encuentran extraviado en la playa, y que en leyéndolo recuerden de golpe al fuereño aquel que de visita en su tierra, en la fugacidad de un par de horas fue amigo de ustedes, estudiantes de la Universidad de San Carlos. ¿Se acuerdan? En el forastero identificaron al fabulador de relatos y novelas de fantasmagorías, como aquel Bramadero, una Malafortuna de muertos resucitados y aeroplanos antediluvianos, y una cierta Trasterra que… Sí, lo real maravilloso, que dijo Carpentier el cubano.
De llegarles el mensaje recordarán el café, el tinto y aquel poema que me ofertaron mientras hablábamos de verso libre y alejandrinos. De repente, ¿se acuerdan?, en la quietud de Guatemala (“donde se oye cuando una garza cambia de pie”,que dijera Cardoza y Aragón) retembló aquella descarga de metralletas. La charla, a media voz, se empantanó en asuntos de guerrilla y dictadura militar. A ti, Virgilio, te oí aquella tristura:
– Cuándo será ese día en que nuestro país disfrute de un gobierno civil como el de ustedes, en México. Cuándo será ese cuando…
Y me interrogaban acerca del presidente de mi país; un licenciado Jerásimo, por supuesto. Es que eran los tiempos del PRI-Gobierno…
Qué tiempos. Reinaba entonces su graciosa majestad Echeverría Primero. Después vendría la alucinante danza de la(s) pompa(s) y circunstancias de Su Alteza Real JLP, y luego la sórdida galería de los mediocres cuanto rapaces vendepatrias, donde destacó Su Alteza Serenísima, uno chaparrito, peloncito, orejoncito, que con su voz de pito de calabaza se dirigía a sus súbditos:
“¡Compatriotas! ¡Liberalismo social! ¡Solidaridad! ¡Con el Tratado de Libre Comercio, directamente al Primer Mundo!” (Válgame.)
Tú, Marucha, el suspiro: “Cuándo tendremos en Guatemala un gobierno civil…” Y un trago al tinto. Al desgano, me acuerdo.
Yo, por no desilusionarlos, hermanos guatemaltecos, sofrené mi primer impulso: contarles eso en que los gobiernos civiles habían convertido los asuntos de mi país. Pero sí, años más tarde, por fin, llegaría para ustedes el turno del mandatario civil. Al tomar posesión de su cargo, el del frutal apellido (Cerezo) iba a clamar, índice en alto, las promesas del consabido catálogo: “¡Compatriotas, mi gobierno retornará al camino de la democracia, la justicia social y el respeto irrestricto de los derechos humanos”. Perfecto.
Perfecto, sí, ¿pero dónde había yo escuchado esa promesa siempre incumplida? En fin. Ustedes, amigos guatemaltecos, contaban ya con su gobierno civil. Yo, entonces, conocedor del paño y escamado por la acción nefasta de unos gobiernos civiles… (El lunes.)
Desmemoria
Esta vez el vetusto Partido de Estado, mis valedores. El Revolucionario Ins., lo recuerdan ustedes? ¿Habrán podido olvidarlo? Hoy mismo, cuando la mala memoria de las masas sociales presagia el retorno del Tricolor a Los Pinos, la inminencia de los tiempos electorales presagia turbulencia y borrasca en los negocios politiqueros y demás intereses mostrencos que medran al arrimo de ese señuelo de cándidos que nombran, a lo campanudo, “democracia”. Creo, a propósito, que se impone ponderar las opiniones de analistas extranjeros que estudiaban la selección del candidato presidencial de aquel PRI-Gobierno, por ver si tienen aplicación hoy día. Qué tiempos aquellos, que algunos intentan resucitar. ¿Tiene reversa la Historia? En fin. Opiniones diversas, cuya sintaxis he respetado:
“Después de un análisis profundo de los candidatos, el presidente en turno selecciona a su sucesor. Los presidentes mexicanos son seleccionados a través de un complejo y misterioso proceso dentro del partido oficial, al que se le denomina auscultación. Aquí entran recomendaciones, consultas, discusiones y el consenso general del actual presidente, quien desempeña el papel principal, por no decir único. Este arrogante cambio de un gobierno nacional tiene lugar dentro de uno de los instrumentos políticos más deformes e intangibles, pero disciplinado y efectivo que haya ideado hombre alguno: el PRI.
Sus corrientes políticas internas no impiden una absoluta unidad ante el “dedazo” presidencial. La nominación de un candidato provoca tensiones internas, pero cuando el presidente ha elegido, la “disciplina partidista” (la “cargada”, la nombran) aglutina a tales corrientes en torno al sucesor en el gobierno de la república. Esto resuelve pacíficamente la sucesión presidencial.
El candidato debe poseer ciertas cualidades que lo hagan aceptable desde un punto de vista político, que no legal. Ellas son:
1.-El candidato deberá contar con la aceptación del presidente en turno. 2.- Deberá encontrarse en perfecto estado de salud, tener mucha energía y no ser violentamente feo. 3.- A pesar de que se le considere muy hombre, no deberá ser muy macho. 4.- Deberá ser un hombre de familia, con una esposa que se interese en los asuntos públicos y políticos del país, pero que no llegue al extremo de interferir predominantemente en ellos. 5.- La esposa no deberá ser extranjera, y mucho menos norteamericana. 6.- La religión de presidenciable podrá variar desde el catolicismo romano a la del libre pensador; pero en ningún caso podrá ser un religioso fanático. 7.- Tendrá alguna clase de currículo revolucionario y la educación suficiente para entender la escena nacional y poder operar en ella. El nivel aconsejable es el universitario, de preferencia poseer estudios de Derecho. 8.- Por lo general deberá pertenecer a la clase media, si no en origen, por lo menos en apariencia. 9.- El candidato deberá tener profundas experiencias electorales y políticas adquiridas en pasadas campañas presidenciales. 10.- Deberá ser conocido nacionalmente y tener el consenso de los principales grupos políticos y sociales del país. No podrá identificarse con alguna de las alas extremistas del PRI, ni con la derecha, ni con la izquierda.
11. ¡Cuidado! Un joven mexicano que diga que quiere llegar a ser presidente es juzgado no como un patriota, sino como un tonto. Si abriga esa ambición debe guardarse sus pensamientos, ingresar a la burocracia del PRI, trabajar con obediencia y confiar en la suerte. ¡Cuidado!” (Es México.)
El ahijado de la Muerte
O el sexenio de la muerte, tal como nombra al de Calderón Silva-Hérzog Márquez, porque durante el gobierno del Verbo Encarnado México “es un país más cruel, más salvaje, más bárbaro e inhóspito de lo que era hace cinco años”, y porque lo han convertido en un tiradero de cadáveres y un negro paño de lágrimas, duelo, dolor y cotidiana exaltación de la Descarnada. Calderón.
Mouriño ayer, hoy Blake Mora, con el presidente de un Estado laico mentando en las exequias pasajes bíblicos ante la presencia viva de la muerte, hoy más presente que nunca antes en tiempos de paz. Hoy Blake Mora, Mouriño ayer, y anteayer Ramón Martín Huerta, encargados los tres del área de una seguridad pública electrizada por la acción de la criminalidad, el ejército, los policías y la Marina armada. Calderón.
Blake Mora. Revela uno de los cercanos a Los Pinos que “el presidente Calderón se encerró una hora a llorar la muerte del secretario de Gobernación”. Esto del llanto yo no lo creo. Cómo un presidente del país se va a poner a llorar. Cómo, si llora, va a dejar traslucir ante testigos una acción que denota una absoluta inestabilidad emocional. ¿En un estadista? Calderón.
Fue a principios de noviembre, pero del 2008, cuando escribí en este espacio: “Y ahora mismo el estallido y el incendio, en todos sentidos, que terminaron por desgarrar a sus víctimas, Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos, entre ellas”. Se repitió la historia, y no en plan de farsa. Tragedias fueron las de 2005 y 2008. Tragedia es la de hoy día. La tragedia, santo y seña del presente sexenio. Calderón.
La muerte mata, sí, pero a modo de compensación cuánto solemos hermosear a la víctima a la hora de embalsamarla. Prudencia y poder de conciliación en este al que en vida calificábamos de mediocre; inteligencia e iniciativa en el que motejábamos de corrupto con diversos contratos de PEMEX, y modelo de temple, carácter y determinación en aquel que en vida achacábamos probable colusión con el narcotráfico. Afeites y maquillaje. Calderón.
Pero vivimos noviembre y acabamos de invocar las almas de los fieles difuntos; vale, entonces, que evoque a la muerte, ella, la mía, que en cosa de años y felices días ha terminado por hablarme de tú. (Me está oyendo, me guiña un ojo, mírenla.)
En fin. Porque vivimos noviembre (lo mal vivimos, lo sobrevivimos apenas, a penas) ahora voy a referirme a esa Descarnada que, a decir de la Biblia, constituye el castigo divino por la desobediencia del hombre. Si Eva y Adán, con sus descendientes, iban a ser inmortales, la muerte fue un castigo correspondiente al “pecado original”. Así, la muerte deja de ser un accidente para convertirse en “una fatalidad y una violación del orden natural”. De esta manera y para algunos filósofos el mundo es una monstruosa, gigantesca prisión, y la muerte la única salida de los condenados a la pena capital. “Cada día unos son degollados frente a mis ojos; vemos cómo seremos, a nuestra vez, degollados. Esa es la condición humana”. Malraux.
En condenados a muerte, según los existencialistas, nos sentencia el destino. Así, todos los crímenes que pudiesen cometer todos los hombres de todos los tiempos nada significan si se comparan al crimen fundamental de la muerte. Que la susodicha, para el ateo, es un crimen sin criminal, y para el creyente un crimen perpetrado por Dios. Terrible.
Pues sí, pero “una dicha para el hombre es su condición de mortal, pues gracias a tal condición su existencia puede hacerse dramáticamente intensa”. (Calderón.)
Temible y hermético
“En el exterior, Méjico es el único país americano capaz de oponerse a la gente del norte y reconquistarse definitivamente”.
¿Podrá conseguirlo con gobiernos proyanquis despreciados por yanquis? Hoy, ante el acoso del Norte y la bajuna respuesta de los mediocres, me viene a la mente la grandeza mexicana que describen cronistas y poetas:
Y algunos de nuestros soldados decían que aquello que venia si era entre sueños…
Tal cuenta Bernal Díaz, sus pupilas encandiladas a la vista de un México-Tenochtitlan cuyas torres, cues y pirámides se erguían sobre espejo de la laguna. Siglos más tarde un cierto conquistador conquistado clamaría en un poema Méjico:
Contra los gachupines que alambican – residuos coloniales por sus venas – prepara tu fusil. Tú eres el indio – poblador de la sangre del criollo – Si él y tú sois Méjico, ninguno – duerma, trabaje, llore y se despierte – sin saber que una mano lo estrangula…
El fue Rafael Alberti, poeta español que primero nos conoció por los ojos de Bernal Díaz y más tarde paso a paso por el país. El poeta tornaba de Chile, Uruguay, Argentina y de donde la bota del Franco dictador lo aventó a la trasterra. En 1935 reseñó su encuentro con este México que él miró aún con jota, y cuyos conceptos, a mi ver, adquieren renovada actualidad hoy día, cuando advierto la presencia del Imperio sobre este país de proyanquis.. Y qué intensas y viscerales las impresiones que le produjo el choque con la tierra que conquistó la tizona de un cascorvo al que auxiliaron el Tonatihú de la barba bermeja y arroyos tlaxcaltecas salidos de madre. El poeta:
“El Méjico de Bernal Díaz aún está vivo, como él; pero dentro de un Méjico de hoy. Por eso mi encuentro con Bernal Díaz no es el tropiezo con un muerto, ni siquiera con un resucitado, sino con la realidad viva, palpitante, en movimiento”.
Así, del asombro al deslumbramiento, el poeta recorre la vieja Nueva España y un DF todavía a la medida de sus habitantes, y mal puede asimilar el encontronazo con esa realidad mexicana que se ha topado tan de repente:
“Triste historia es mi aventura, comparada con la de Bernal. Yo no libré batallas con los mejicanos conquistadores, porque me rendí al primer día. Pero me incorporé enseguida con todo mi entusiasmo a la ebullición de su sangre, y mi aventura mejicana, como sucede en las más fabulosas y secretas, no la puedo contar todavía.”
Pero la cuenta, y a lo apasionado discurre en derredor del nacimiento del mestizaje. De nuestra vecindad con el Imperio distante, un contrasentido, la advertencia:
“Los problemas actuales de Méjico no se presentan ya a punta de lanza. Son los problemas internos de soberanía e independencia económica. Su nacionalismo revolucionario no son palabras sin sentido, si los hechos las van cumpliendo como se espera”.
Eres antiguo, horror de cumbres batidas por pirámides – trueno oscuro de selvas observadas -por cien mil ojos lentos de serpientes…
En prosa alude al México malgobernado por mediocres de criterio gerencial y vocación proyanki:
Méjico, temible, hermético, violento, rencoroso, no ha perdonado a los conquistadores. Y este sentimiento lo padece el criollo, que es, sin embargo, descendiente directo del encomendero; y lo padecen visitantes como Valle-lnclán, quien seguramente se hubiera batido contra Hernán Cortés hasta llegar a perder el otro brazo. Y lo padecí yo, y hoy quizá lo padecería el mismo Bernal Díaz, si advirtiera la invisible presencia de ese pabellón yanqui de los 48 estrellas y las 14 bandas”. (México.)
Programa Domingo 6 – 13 noviembre 2011
Programa Domingo 6 correspondiente al 13 de noviembre del año 2011. En este programa el maestro Tomás Mojarro habla de la democracia en México.
¡Otra cañonazo!
Intentó hacer amigos a sus enemigos. Sólo consiguió transformar a sus propios amigos en enemigos.
Crédulo como fue el presidente Madero, e inhábil para gobernar un país que levantó en armas, su exceso de buena fe lo iba a llevar hasta un terreno baldío donde la noche del 22 de febrero de 1913 recibiría un tiro, uno solo, en la nuca. Y ahí se inició una nueva etapa de la revolución.
Los Madero, Pino Suárez, Mondragón, Reyes, Díaz, Blanquet, Henry Lane Wilson, Victoriano Huerta, y una Ciudadela en llamas. Zopilotera y hedor, esa historia…
La historia de la Decena Trágica. Una mala decisión de gobierno, el complot de un quinteto de traidores y una zona de la ciudad que se incendia entre derramamientos de sangre. A 97 años del holocausto y ya con el juicio incontrovertible de la historia, escuece reconocer que iba ser un manso Madero y no Ricardo Flores Magón, ideólogo y luchador civil, quien llevase al país a dar el salto de calidad. Más allá del calificativo de mártir no pudiese resistir ningún otro ese al que a su hora nombraban Panchito Madero.
“Tú qué adalid vas a ser – te lo digo sin inquinas – gallo bravo quieres ser – y te falta, Chantecler, – lo que ponen las gallinas”.
Hasta allá permitió Madero que sus enemigos, al pretexto de una mal entendida “libertad de expresión y de imprenta”, perpetraran verdaderos delitos civiles en contra de la investidura presidencial. Uno de quienes más irían a zaherirlo fue José Juan Tablada, personaje de claroscuros: excelente en cuanto poeta y hombre de ingenio, reaccionario en su ideología, su odio al vitivinicultor lo llevó a vituperarlo con burletas sangrientas, sobre todo en la polémica que sostienen un perico y el gallo Chantecler, sainete al que pertenece la cuarteta anterior, vitriolo quintaesenciado.
Este mismo Tablada nos dejó la crónica exacta de los sucesos que detonaron la Decena Trágica. De su diario, fechado en 1913:
«Domingo 9 de febrero – De México me telefonean que la guarnición se ha sublevado al grito de ‘¡Vivan Félix Díaz y Bernardo Reyes!’, que se oye el tiroteo en los barrios y que el Presidente está en Chapultepec, en calidad de preso, por los alumnos del Colegio Militar (cadetes de la Escuela de Aspirantes, de Tlalpan, sublevados contra Madero por obra de Mondragón, mis valedores); que por las calles corren caballos sin jinete y que el tiroteo continúa. Coyoacán, sin comunicación de tranvías con la capital.
11.30 AM – J.M.A. me habla por teléfono. Dice que están tirando con metralla sobre la ciudad desde la Ciudadela, donde hay tropas leales al Gobierno.
10.50 AM – Pretendo volver a hablar por teléfono y me contestan de la Central que están rompiendo las líneas y que ya no hay en servicio más que una sola…
12.10 AM – El mozo al que mandé para que comprara una pequeña despensa en previsión de probables escaseces dice que es imposible ir allá, pues el tráfico de tranvías continúa interrumpido.
5.20 PM – Telefonean que Mondragón ha intimado rendición al Presidente Madero encerrado en Palacio, dándole como plazo hasta las 6 de la tarde. Cualesquiera que sean los cargos al Gobierno, al hombre civilizado le repugnan estos brutales procederes de la fuerza bruta, que ya parecían proscritos de nuestra dinámica social.
5.50 PM – Que la Prisión Militar de Santiago y las redacciones de El País, La Tribuna y El Heraldo, han sido incendiadas por el populacho. Que llueven los proyectiles y la ciudad está llena de cadáveres.
“¡Un cañonazo! ¡Otro cañonazo!’”
(Esto sigue después.)
Significado oculto
Sabio serás, caminante, si lo descifras. Escucha: es un acantilado altísimo y solitario, que visitan sólo las aves marinas. Es una tarde otoñal, con un cielo anubarrado y un cierzo que riza las olas de un mar como encanecido. Es el zumbar del viento y el ríspido reclamo de las aves marinas. Y no más. ¿El mensaje oculto? Aguarda a escuchar el resto.
Dije y no más, pero mentía; en una saliente de la roca permanece, solitario, un hombre. ¿Lo observas? Al cuello lleva un dogal, y en las manos sostiene, atada al otro extremo, una piedra. ¿Adivinas el aspecto del presunto suicida? Flaco, pálido y demacrado, todo ojeras y espinazo gacho, con evidencias de profundísima depresión. Ya irás entendiendo el sentido de la parábola.
Vencido de mala vida, el hombrecillo se encorva en dirección del abismo marino, lo observa con ojos donde anida toda la desolación de este mundo, lo mira sin parpadear, como si experimentase la atracción del abismo y la muerte inminente en el vientre helado del mar. Un paso más y… Pero el Gran Todo reservaba para la criatura un diferente destino. Verás.
De una caverna cercana acaba de surgir la figura de un tigre que se acerca, sigiloso, al hombrecillo. Con suavidad, para no sobresaltarlo, le comienza a hablar:
– Dice el arcano que el hombre no puede escoger su vida, pero sí su muerte. Te saludo.
El hombre vuelve su rostro; mira esas fauces salivosas, esos ojos como brasas. (Espero, caminante, que vayas captando el mensaje.)
– ¿Quién eres, que así turbas mi postrer bocado de vida?
– Yo soy el tigre que habita estas soledades. Te ruego que me honres visitando mi cueva y regalándome con la carne de tu cuerpo, como alimento.
El cierzo eriza la piel del presunto suicida.
-Te lo ruego, hombrecillo. No sé cómo llegaste hasta estas lobregueces ni qué riguroso destino te lleve a la decisión de quitarte la vida. Sólo sé que tu muerte en las aguas no habrá de reportar a nadie ningún beneficio. No a pez alguno de las marinas profundidades, que despreciará el convite de tu carne porque se encuentra harto y satisfecho con los buenos bocados que se allega en los arrecifes. Yo, en cambio, padezco de agruras, con mi panza asqueada de cornejas, gaviotas distraídas y una que otra caza menor. ¿Comprendes?
El hombre, con su piedra a cuestas, nada dice; parece ausente.
– Si decidido estás a morir, ¿por qué no regalarme tu carne? Piénsalo, que yo no he de forzar tu decisión, pero si allá abajo nadie agradecerá tu muerte; mi barriga, en cambio, te bendecirá y habrá de encomendar tu ánima a la misericordia del Gran Todo. Decide.
(A estas alturas, caminante, ya habrás entrevisto el oculto sentido de la fábula. Sigo.)
Oyendo las razones del tigre, el hombre medita: “No tengo escapatoria. O el tigre o el mar”. Entonces, filósofo del infortunio, recula hasta percibir el aliento fétido de la bestia. Dice: “Resuelto está. Devórame. Algún consuelo pudiese ser el que a alguno beneficie mi muerte”.
En diciéndolo se desata el dogal y con paso cansino camina detrás de la bestia. Ambos penetran en la caverna. ¿Has comprendido el oculto mensaje de la parábola? ¿No? Entonces permite que te haga escuchar las palabras que hombre y bestia se entrecruzaron en la oscuridad de la cueva:
– Bueno, ¿y cuál es tu nombre?
– México. ¿Y el tuyo?
– Llámame tigre, sin más. O Economía internacional, como mejor te acomode.
Y no más. Esperemos del Gran Todo, caminante, que no sea el tigre como lo pinta la fábula, porque entonces…
México. (¡Calderón!)
Plañideras
Crispante, mis valedores, explosivo se nos torna el ambiente previo al proceso electoral del próximo día 13 de noviembre en Michoacán. ¿Por otro edil sacrificado en esta delirante, inexistente guerra que lleva perdida Felipe Calderón? ¿Cuántas víctimas ha vomitado una presidencia municipal, cuántos el domicilio particular, cuántos la guardería infantil y la media calle, la carretera federal y los caminos vecinales o las veredas de la serranía? Millar y medio de niños han asesinado los rifles al servicio de Calderón, y a unos padres huérfanos de sus hijos ningún panista dio el pésame por esas criaturas cuya muerte no pasa de “daño colateral”. ¿Por qué entonces, la sobre-reacción en el duelo por la muerte violenta del edil de La Piedad, en el territorio michoacano?
Ello se debe, mis valedores, a los dividendos que con el falso duelo y los paños negros ofrenda el panismo a la cuenta de la Cocoa como ensayo para las elecciones del 2012. Es por ello que los histriones del blanquiazul sacan del armario la máscara y los velos oscuros, se gotean los ojos con lágrimas de glicerina y con aspavientos y manoteos a la mitad del foro patrio y el alcahuetaje al tanto más cuanto de todos los medios de condicionamiento de masas claman al cielo y exigen justicia.
Nada tiene de novedosa la representación teatrera, burda imitación de la puesta en escena que instrumentó el Tricolor cuando le asesinaron a un Torre Cantú, su candidato al gobierno de Tamaulipas. Fue cosa de ver un huipil retorcerse al clamor de Beatriz Paredes culpando a Calderón de la muerte del candidato y a gritos y manoteos demandando justicia. Lo consabido.
Porque el nuestro es el país del surrealismo y el astracán, el esperpento y la gesticulación de esos cuya acción politiquera lubrican con el falso duelo y las lágrimas de utilería. Nosotros, en tanto, como espectadores del torneo de tenis.
Sí, que hoy mismo, en nuestra crispada vida pública, de la piedad al odio no hay más que torcer el pescuezo para pasar del dolor ante los paños oscuros y el llorar de las plañideras al horror escandalizado ¡porque de forma insólita y repentina se descubrió excedida una cuenta pública en el erario coahuilense!
– ¡Moreira, ladrón, sinverguenza!
Ah, esas masas sociales cuyos sentimientos y acciones modelan y modulan la de plasma y el cinescopio. Esas, a pendulear desde la piedad inducida por la muerte del edil hasta la iracundia manipulada contra el exgobernador de Coahuila. ¡Quién se iba a imaginar que en la claque política del país se escondiera un defraudador de los dineros públicos! ¡Quién iba a suponer que del panal de abejas que un insensato golpeara con el cañón de una AK-47 iba a brotar el enjambre de lancetas que, enfrentadas a decenas de miles de chaquetines color verde oliva, sembrarían en el patrio territorio más de 45 mil cadáveres, uno de los cuales sería el edil panista de La Piedad, Michoacán!
¿Por qué en esta cara de la moneda semejante alarde de compasión y piedad mientras que en esta otra tal estupor y el odio consiguiente? ¿Es este el primer edil sacrificado, es aquel el primer político al que descubren de presunto ladrón? ¿No advertimos en ambos casos la sobre-actuación de los histriones politiqueros, que con artes de mala ley a lo mañoso manosean nuestros sentimientos en provecho del Sistema de poder? ¿No nos percatamos de que agitan las ramas para luego recoger la cosecha de votos que como hojas secas se desprendan de la ramazón? Ah, politiqueros. Ah, México, nuestro país. (Lóbrego.)
Programa Domingo 6 – 06 noviembre 2011
Programa Domingo 6 por el maestro correspondiente al 6 de noviembre del año 2011. En este programa el maestro Tomás Mojarro habla sobre Michoacan.
No lo perdono, señor
Con el respeto debido a su altísima investidura: mucho y en muchas formas ha lesionado usted al país y a la mayoría de sus habitantes durante sus casi 5 años de mal gobierno; pero señor, para comenzar, yo le perdonaría las tretas de mala ley con que en compinchaje con los mega-ricos, la Gordillo, el duopolio de TV y las sotanas, logró encaramarse hasta la mera punta de Los Pinos.
Yo le perdonaría que usted, el que un 1º. de diciembre juró cumplir y hacer cumplir la Constitución, se haya tornado cómplice de la corrupción lucrativa e impune de los Salinas, Montiel, Fox y Bribiesca, Sahagún y Gordillo, Romero Deschamps y demás bandidos de nuestros dineros.
Podría perdonarle que cuando candidato presidencial nos haya mentido con aquello de bajar los impuestos, suprimir la tenencia del auto y que sería usted el presidente del empleo. Tal vez le perdonaría todos sus embustes, como también que con el la complicidad de Norbertos y Onésimos, El Yunque, los legionarios de Cristo, cristeros tardíos y beatos del Verbo Encarnado, siga asestando puñaladas de pícaro al Estado laico.
Podría perdonarle esa indecorosa maniobra de apoyar con toda la fuerza del Estado a su hermana Cocoa, señor.
Le perdonaría que a estas alturas de su gobierno, verborreico por naturaleza y de mecha corta por deformación, se haya contrapunteado con unos priístas a los que debe el logro de colocarse la Tricolor, y el cogobierno en los primeros tiempos de su sexenio; que se haya malquistado con las bases sociales de su propio partido y que para asuntos del trabajo sucio se haya allegado a los chuchos talamanteros, alquilones de la mala política, esa que rinde dividendos en metálico.
Tal vez perdonaría que se haya contrapunteado con el pueblo de Norteamérica motejándolo de vicioso y drogadicto, y con Obama porque haya surtido de armas a los cárteles del narcotráfico mexicano, y que no haya sentado en la silla eléctrica a las dos que criaturitas le nacieron a la señora esposa del Chapo Guzmán.
Le pudiera perdonar los gasolinazos, la carestía de la canasta básica, unos aumentos en el salario mínimo que no rebasan el 5 por ciento y su preferencia por la macroeconomía y los mega-ricos que lo treparon hasta Los Pinos.
No, y sus derroches en anuncios publicitarios de radio y televisión, a cual más de embusteros, que tiene el nulo decoro de pagar con los dineros de una masa social depauperada por sus prácticas neoliberales, señor. Esto, sin gota de vergüenza, porque sabe que a una masa social mansa, apática y dependiente se le puede faltar al respeto.
Con dificultad podría perdonarle que haya arrojado a la calle a 44 mil trabajadores electricistas y que ahora, con la CFE, tengamos que pagar unos apagones carísimos.
Con mucha más dificultad le perdonaría el derramamiento de sangre en el territorio nacional, y que contra el más elemental respeto a los derechos humanos haya convertido mi país en un puro valle de lágrimas, duelo, terror y familias deshechas que lloran un hermano desaparecido, un marido asesinado, un padre descabezado, un hijo que nunca habrá de volver…
Todo podría perdonarle, señor. Lo que no le perdono ni nunca le he de perdonar, como tampoco la Historia, es que su delirante brama antinarco haya desperdigado en el territorio de mi país un reguero de hasta mil 333 cadáveres de criaturas, algunas recién nacidas. Esa sangre indeleble lo va a derrumbar en el hondón más siniestro del desván de la Historia. De por vida, señor. De por muerte. (Vale, y firmo para constancia.)
‘Esto te va a matar”
Construiré una reja eléctrica de 20 pies de altura en la frontera con México que mate a quien trate de entrar ilegalmente a Estados Unidos. Va a ser eléctrica, tendrá alambre de púas y un letrero en inglés y español: “Esto te va a matar”. Podría ordenar el uso de pistolas de verdad, con balas de verdad, para detener la inmigración ilegal.
Y que la propuesta en materia de política migratoria de Herman Cain, candidato republicano a la Casa Blanca, provocó delirante ovación. “Fue un chiste”, aclararía más tarde. Un chiste. En las preferencias de los electores el afro-norteamericano marcha en primer lugar.
Qué país el del gringo, mis valedores, y el de nosotros qué país. Y es como para preguntarse: ¿no con los Bush había terminado el horror? ¿Con los expulsados de su tierra madrastra vengarse los negros de los agravios que durante siglos les infirió el anglosajón?
Pero los giros y los bandazos que da la historia. Como danzar una compulsiva tarantela, como si un loco manejara el timón. Un drogado. Porque, si no, ¿cuánto tiempo ha transcurrido desde el esclavismo, cuánto desde Linch, el Ku-klux-klan y las cruces ardientes? No podía el negro, apenas ayer, colocarse cerca del anglosajón si no era para cargarle el equipaje o limpiarle los zapatos. Hoy el imperio tiene a un cuarterón en la Casa Blanca y a un negro de puntero en las preferencias para la sucesión. ¿Cómo fue? ¿Lo explicará la tesis de Carlos Fontanellas?
En ella se alude al concurso del negro en la Guerra Civil originada en la rivalidad entre los confederados esclavistas sureños y los estados del norte de EU, lo que los enfrentó en la Guerra de Secesión de 1861-65. Los esclavos negros intuyeron la gran oportunidad para luchar por la libertad y la igualdad mientras en el norte, los negros libres intentaron enlistarse con las fuerzas de la Unión. Su entrenamiento militar fue prohibido por la policía. El gobierno federal evitó el alistamiento de negros en el ejército. Lincoln los rechazó en 1861 y en los años siguientes.
La presencia activa y la agitación de las masas negras preocupó al gobierno, que creó un Depto. de Colonización, destinado a retornarlos a Africa o a alguna isla del Caribe. Tal política fracasó.
El negro logró enlistarse en el ejército, pero fue objeto del encarnizamiento sureño, que se negó a tomar prisioneros; los heridos eran asesinados; el ejército los discriminaba; se les cerraba la posibilidad de ascenso a cualquier rango militar y se les pagaba la mitad del salario que al soldado blanco. Muchas compañías de combatientes negros, ante el problema de la paga, adoptaron la digna postura de no aceptarla.
Más tarde se gestarían nuevas formas de explotación de los campesinos negros, que fueron forzados a volver a las plantaciones con métodos represivos de enorme violencia.
El ejercicio del sufragio lo ejercieron los negros bajo el terrorismo racial de los oligarcas, que para mantenerlos alejados de las urnas propagaron atemorizantes amenazas, organizaron y armaron bandas y crearon sociedades secretas para imponerse y coaccionar, mediante la tortura, la violencia y el crimen, tanto a los negros como a los simpatizantes blancos. El Ku-Klux-Klan, entre ellas, que integrado en 1865 como un club de jóvenes de familias prominentes, se extendió por los estados del sur hasta quedar formalmente organizado en 1868, “para oponerse a la influencia africana en el gobierno y la sociedad, prever la entremezcla de razas y defender la supremacía política y social de la raza blanca”. (Sigo después.)
Psicosis y paranoia
La población del DF está sufriendo un proceso de paranoidización progresiva como mecanismo defensivo ante la reducción paulatina del espacio vital y el incremento de la violencia y la criminalidad. (J. V. Rocabert.)
La intolerancia, mis valedores, síntoma de una sociedad abrumada con problemas de salud mental. Suspicacia, temor, desconfianza que nos tornan cardos espinosos dentro de una comunidad donde unos a otros nos rechazamos y donde tenemos la casa por cárcel. La intolerancia es nuestro símbolo y seña de identidad en tanto comunidad como resultado de casi cinco años del sangriento gobierno del Verbo Encarnado. Miedo, temor, desconfianza, suspicacia, crispación y su desembocadura en la intolerancia. ¿Cuántos de nosotros nos desplazamos en esta ciudad soportando apenas nuestra cargazón de psicosis? A principios del sexenio anterior éramos uno de cada seis quienes registrábamos esta carencia de salud mental. Hoy día, en el México de las cabezas sin cuerpo y los cuerpos descabezados, ¿cuántos andaremos en el filo de la susodicha psicosis? Intolerancia.
La intolerancia de los capitalinos, afirma la psiquiatra Elsa Robinskis, se ha agudizado en los últimos años debido a la falta de disciplina, respeto y responsabilidad social.
Intolerancia y religión. Lo afirmó Tertuliano hace 1,800 años (y fue tachado de hereje): “Por ley natural y por ley humana, cada uno es libre de adorar a quien quiera. La religión de un individuo no perjudica ni beneficia a ninguna otra persona. Va contra la naturaleza de la religión el imponer la religión”.
En San Juan Chamula, el cacique: “Aquí está prohibido no irle al PRI y practicar una religión distinta a la católica. Nosotros somos católicos y priístas por tradición. No estamos dispuestos a aceptar a personas de otra religión ni de otro partido político. En el pueblo todo aquel que no se sujeta a las tradiciones y costumbres es expulsado. La presencia de un solo partido y una sola religión es lo que nos ha mantenido unidos. Nosotros vamos a seguir matando a todos los no católicos. Les cortaremos la cabeza. Paraje por paraje nos vamos, y a seguir cortando cabezas”.
Cuando los expulsados se quejan ante el gobierno y éste trata de aplicar la ley, afirma E. A. G., presbítero, ellos amenazan con cambiar de partido político. Así manipulan al gobierno. Antes, los votos del PRI eran negociados con la cancelación de órdenes de aprehensión en contra de ellos. Ahora las casillas se llevaron a los parajes y ahí las rellenaron. El candidato priísta acordó con las autoridades chamulas que si votaran por el PRI les permitirían que las expulsiones continuaran.
Del Instituto de lo Sagrado Luz sobre Luz: “Todavía falta mucho camino por recorrer para que la tolerancia de la que hoy se habla en México se convierta en un verdadero aprecio y reconocimiento de la diversidad”.
Tumbalá, Chis. Los mil 500 habitantes de Emiliano Zapata fueron obligados por un grupo armado a abandonar el lugar, luego de que les quemaron treinta y ocho casas y saquearon las escuelas y la tienda de abarrotes. Varios secuestrados fueron llevados a El Naranjal y La Revancha, donde se les encerró en el templo y se les mantuvo tres días sin probar alimento. “Nos querían convencer de que cambiáramos de religión”. En Ahuacatenango, cinco campesinos heridos dejó como saldo la agresión de grupos católicos encabezados por las autoridades caciquiles priístas. Socorristas de la Cruz Roja Mexicana se negaron a prestar auxilio a las víctimas”.
Dios. El dios de ellos. (México.)
Siento que voy a volverme loco
Y fue así, mis valedores, como volví a recuperar la fe en la razón humana, que andaba extraviando en aquella casa de locos. El manicomio, sí, que acabo de visitar. Ah, esos extraviados de su razón que, ausentes de este que es el mundo chato y prosaico de la realidad, a lo sonámbulo van y vienen de un rumbo a otro de su propio universo de lo irreal y distorsionado, tan real para ellos, y que ellos han forjado armónico, según imagino, y luminoso de magia, de hechizo, de encantamiento; un universo a la medida de un cerebro exaltado, distorsionado, feliz; el mundo de los privados de su razón. Yo, receloso, los observaba al tiempo que mi guía, comedido y gentil, me iba mostrando el jardín, el dispensario, los dormitorios, la población de internos, ellas y ellos. Comedido y gentil, pero de súbito:
– Me gustaría contar con usted para algo que traigo entre manos y me trae excitado…
Me escamé, de reojo le examiné las manos. Nada indecoroso relacionado con la entrepierna parecía proponerme el de los bifocales. Soporté la tentación de indagar el objetivo para el que querría contar conmigo y seguí observando a aquellos desdichados de la enrevesada razón, soberanos de antros nebulosos donde conviven, cohabitan con su delirante ralea de alucinaciones, ellos gimientes y gesticulantes que ya a lo furtivo, ya a lo estentóreo y siempre a lo desatinado, con lo inexistente razonan sus incoherencias en el cautiverio perpetuo de la celda con barrotes de fierro, libre tan sólo la errante pupila que se posa en la cresta del árbol aquel, en el crestón del cerro, en la nube, en el azul, el todo, la nada, en fin. Yo, aquella humana compasión. Mi guía volvió al objeto “que traía entre manos”.
– Primero, y antes de exponerle mi plan y pedirle que lo secunde: ¿qué opina de estos primeros años del gobierno calderonista? ¿Cómo puede calificar la medida gubernamental de nuestro señor presidente, que en un alarde de valentía que lo dibuja como estadista de fuste, y como vía para dar a los mexicanos la seguridad y justicia que se merecen, tuvo la visión de enfrentar a los capos del crimen organizado? ¿Querría usted cooperar en un proyecto para que el titular del Ejecutivo..?
Un repentino estremecimiento en el bajo vientre. Involuntario, el rechinar de dientes. Con asco y rabia intenté apartarme del de bata blanca, pelos negros y caspa gris, pero el temor a perderme en los laberintos del edificio y extraviar la puerta de salida me llevó a soportar las palabras del sospechoso. “Pero que no vaya a resultar lo que estoy sospechando”, pedí al cielo, y seguimos explorando los entresijos del manicomio. En el fono de la sombría edificación un repentino vocerío. Después, el silencio que peinaban ráfagas de un viento resfriado.
– Porque usted, si es un ciudadano con valor civil y justiprecia la medida de gobierno adoptada por nuestro señor presidente, sabrá apreciar la entereza de quien resiste a pie firme las críticas de los malintencionados (locos peores que los que tenemos encerrados en las celdas especiales de allá, mire).
Cerrando los ojos lo dejé pasar. Obsequioso (pobre, pensé, cuánto más le valdría ser uno más de los residentes de la “casa de salud”), me llevaba por celdas, jardín, corredores de un infierno donde deambula aquel hato de desventuras, racimo de desatinos dispersos o aborregados, distantes todos de todo y de todos. Fuera del mundo; como aquel que con desvaída sonrisa y pupilas errantes cargaba encima su locura pacífica. (Esta locura termina el próximo lunes.)
¿Más leyes de estas?
¿Tomar la calle, señor Sicilia, y ¡e-xi-gir! más leyes que ya promulgadas nunca nadie cumplirá ni va a hacer cumplir? Cuando leo y escucho sus proclamas (estilo trasnochado de Marcos el subcomandante) ¡e-xi-gien-do! del gobierno leyes que garanticen la seguridad en este que es el país de los 50 mil cadáveres, recuerdo leyes como aquella Cartilla de los indígenas que en su tiempo de gobernante mandó publicar Ernesto Zedillo. ¿La conoce usted? Una ley excelente, que más no se puede pedir. La denuncia de algún Sicilia de aquel entonces:
“En México los indígenas son víctimas de discriminación y viven en la pobreza extrema. Son tantas las violaciones a sus derechos que pareciera que ellos no existen o no tuvieran personalidad jurídica”.
¿Pero acaso no fue el propio Zedillo quien liquidó tal deuda histórica? “¡Nunca más un México sin sus comunidades indígenas integradas al desarrollo nacional; nunca más un México sin oportunidades para todos, nunca más un México sin justicia, sin estado de derecho y sin respeto a la ley!”
Justicia que garantiza la susodicha Cartilla de los Indígenas, cuadernillo minúsculo (cabe en la palma de la mano) que Zedillo mandó publicar: “Los indígenas tenemos los derechos de todas las personas, hombres y mujeres, niños y adultos, sin distinción de raza, nacionalidad, idioma, pensamiento, creencias religiosas o políticas, o nivel económico, establecidas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Carga Magna, las leyes que se derivan de ésta y los pactos y convenios internacionales firmados por México.
Tenemos derecho: A la vida, a la libertad, a la seguridad personal y a ser tratados con dignidad y respeto. A no ser torturados, ni detenidos ni encarcelados, a menos que se nos acuse de cometer una infracción o un delito. En caso de ser acusados de algún delito a ser juzgados conforme a la ley. Contar con las garantías que establece la Constitución. Tener abogado defensor y, si no dominamos el idioma español, a que nos auxilie un traductor con conocimiento de nuestra lengua, en todos los actos del procedimiento, y a que se nos considere inocentes mientras no se pruebe lo contrario.
Tenemos derecho a no ser discriminados, y a que se respeten prácticas, usos, costumbres y tradiciones étnicas, lingüísticas, religiosas, sociales, políticas o culturales que no atenten contra los principios establecidos en la Constitución ni contra los derechos de alguna persona. A que impere en nuestra familia la igualdad de derechos para el hombre y la mujer, el niño y la niña. Las mujeres tenemos derecho a un trato digno y respeto como seres humanos; a que no se nos someta a ningún tipo de violencia, sea ésta física, psicológica, moral o sexual, y a que no se nos haga víctimas de discriminación alguna respecto de los varones.
A la libertad de pensamiento, conciencia y religión, y a cambiar de religión. A reunirnos pacíficamente o asociarnos con cualquier fin lícito, sin que nos obliguen a pertenecer a grupos o partidos. A participar en asuntos políticos, de modo directo o a través de representantes libremente elegidos. A elegir o ser elegidos para cargos públicos, con garantía de sufragio universal, libre y secreto. A que se nos satisfagan de modo oportuno, adecuado y suficiente nuestras necesidades los derechos laborales y sindicales. A participar en actividades artísticas, culturales o científicas con garantía de nuestros derechos autorales. (Edificante legislación, ¿no le parece, señor Sicilia? ¿Y? Sigo después.)
Tlatelolco
El llanto se extiende, las lágrimas gotean allí en Tlatelolco. ¿A dónde vamos? ¡Oh amigos! Luego, eso fue verdad. Ya abandonan la Ciudad de México. El humo se está levantando. La niebla se está extendiendo…
Fue un día como el próximo domingo, pero de hace 43 años, cuando Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, anocheció empantanada de sangre recién derramada, para que al día siguiente amaneciera pulcra, recién relujada, como si horas antes no la hubiesen crispado de cadáveres. ¿Cuántos civiles asesinados? Doscientos, según documentos desclasificados en Washington, por más que muy otra es la historia oficial.
Fue en 1978. Los reporteros se acercaron al Gral. José Hernández Toledo, jefe que fue del Batallón Olimpia la tarde de Tlatelolco:
– General, ¿realmente falleció el número de personas que se afirma murieron el 2 de octubre del 68?
Rotunda, la respuesta del militar: “No, miren, en Tlatelolco no falleció ninguno”.
La historia oficial, ese interesado manipuleo de la crónica que viene desde Tlacaélel (¿desde antes?) en una tradición que han mantenido los alquilones al servicio del Poder, como aquel de nombre Rafael Solana, hoy difunto y ya desde antes muerto en vida, una vida que dedicó a quemar incienso a los premios literarios, al presidente en turno y a la belleza de la que fuese “primera dama”. De la masacre (¡no genocidio!) de Tlatelolco lo publicó el Solana de marras:
– Ganas de exagerar que tiene la gente. El 2 de octubre fue una catástrofe de muchísimas menores proporciones que un accidente de aviación no muy grande, o que unas vacaciones de Semana Santa en las carreteras del país, mucho menor que el incendio de un teatro, ¿y a eso se le ha pretendido dar dimensiones de epopeya? ¿Y se ha llegado a la exageración ridícula de decir antes de Tlatelolco y después de Tlatelolco? Pero cómo, ¿acaso, cuando el choque de trenes en Topilejo, se llegó a decir antes de Topilejo y después de Topilejo? Qué ganas de exagerar…
Que Tlatelolco nunca más. Hoy, cuando aquí, allá y en todos los rumbos de la rosa se encienden los focos rojos, cuando las aguas bajan turbias y parece que el Poder intenta despertar al México bronco, vale decir desde lo íntimo del cogollo del espíritu:
Que Tlatelolco nunca más. Nunca…
Pero lo que es el poder de los medios de condicionamiento sobre unas masas domesticadas: en el sangrante amanecer de Tlatelolco la ciudad capital amaneció en brama olímpica, colguijes y banderitas tremolando al viento como signo de confraternidad, mientras el represor autócrata, manos tintas en sangre, clamaba ante la rosa de los vientos:
– ¡Todo es posible en la paz!
Y todo esto pasó con nosotros. Nosotros lo vimos, nosotros lo admiramos; con esa lamentosa y triste suerte nos vimos angustiados…
Bueno, sí, pero más allá de la historia oficial, ¿qué fue lo que realmente se perpetró en Tlatelolco? ¿Cuáles fueron sus antecedentes, y qué consecuencias produjo en nuestro país? Lo apuntaba The York Times hace unos años:
“Si la historia la escriben los ganadores, la de México podría sufrir una importante corrección. Una Comisión de la Verdad sería ser una ventana hacia un panorama de secretos, una caja de Pandora política. De ser abierta, podría destruir al Revolucionario Institucional, que durante 71 años de dominio en México controló el flujo de información, los archivos del Estado y la versión oficial de la historia. Muchos capítulos de la versión oficial son falsos o están llenos de huecos”.
Mis valedores: es Tlatelolco. Es México. (Este país.)
¿Sigue en Los Pinos Echeverría?
¿Su guerra sucia se prolonga en México? ¿Sus fuerzas regulares, escuadrones de la muerte y Halcones continúan generando miles de desplazados en el país? ¿Se advierte, acaso, diferencia alguna entre el gobierno del tablajero priísta y el matancero del Verbo Encarnado? Aquí, la voz de los desplazados del Sistema de poder, víctimas sometidas a despojos de sus tierras y pérdida de sus costumbres y tradiciones. Así, palabra a palabra, comunican a ustedes su situación conflictiva:
Buscamos donde sobrevivir. Cada vez somos más mexicanos los que hemos debido abandonar nuestras casas, trabajo, comunidad. Esto, contra nuestra voluntad, dejando costumbres y tradiciones ancestrales, producto del esfuerzo familiar de años y generaciones enteras. En este proceso por salvar la vida hemos visto fragmentarse nuestras familias y sufrido la pérdida de seres queridos.
Desde los 80s comunidades y organizaciones diversas hemos venido luchando por un cese al desplazamiento. En Huitzilan, Puebla, la Unión Campesina Independiente (UCI) ha denunciado hostigamiento, desaparición y violencia que sufren por parte de paramilitares y caciques para apropiarse de sus tierras.
Violencia han sido el despojo de los triques del Municipio Autónomo de San Juan Copala, Oaxaca, y la masacre de Acteal, donde indígenas tzotziles fueron asesinados por un grupo paramilitar, que provocó el desplazamiento de toda la comunidad. En todos los casos participan paramilitares que actúan bajo resguardo y complacencia del Estado para desplazar a la población civil de forma masiva.
Luego del revés sufrido al intentar apoderarse de las tierras de Atenco mediante la expropiación para construir un Aeropuerto (proyecto que incluía el desplazamiento de los pobladores originarios, campesinos en su mayoría con un arraigo muy fuerte a su tierra), el Estado afina su estrategia para instaurar sus proyectos, que incluye el fomento de grupos paramilitares y el traslado de la violencia de la “Guerra contra el narco” a las comunidades, con lo que ha legitimado la presencia del ejército en gran parte del país, que cumple una función de hostigamiento a la población civil en su conjunto, particularmente a las organizaciones sociales.
Desarraigados en nuestro propio país, víctimas de intereses económicos, políticos y militares, cargamos sobre nuestros hombros el peso de las masacres, las desapariciones forzadas, las torturas, violaciones sexuales, los allanamientos ilegales y los encarcelamiento arbitrarios, todos ellos reconocidos como delitos de lesa humanidad.
Nos desplazan para apoderarse de nuestras tierras y bienes. Nos han expulsado por liderar procesos sociales de beneficio comunitario o por expresar opiniones críticas sobre la realidad social, política y económica del país. El Estado, a quien responsabilizamos de nuestra suerte por acción u omisión, nos ignora, nos niega, nos reprime.
¿Qué hacer? Para hacernos oír con más fuerza y buscar soluciones colectivas nos hemos organizado en pequeños grupos, asociaciones, comités y asentamientos marginales a lo largo y ancho de nuestra geografía. Un logro, sí, pero aún andamos dispersos, atomizados, sin referentes organizacionales de carácter regional o nacional. Nuestras demandas son locales y grupales, y por ello no hemos tenido la fuerza suficiente para hacer que el gobierno nos tome en serio. Tal es el motivo por el que ahora hemos realizado el Primer encuentro Nacional de Desplazados, cuyos resultados diremos a ustedes en breve. (Vale.)
Regresan las ratas
Y todo por las desmesuras que provocan la corrupción lucrativa e impune del Sistema de poder por culpa de la pasividad y falta de memoria de las masas sociales. La toma del gobierno por parte de Erubiel Avila en el Estado de México, el fin de semana anterior, marcó el retorno de Arturo Montiel a las arenas movedizas de la politiqueería tricolor. ¿Recuerdan ustedes al Tartufo que prometía exterminar a las ratas en el Edo. de México? El presunto sinverguenza andaba en agencias de llegar a Los Pinos cuando en eso, de repente, fue desnudado como poseedor de una riqueza cuando menos inexplicable. Ahora pronto su osadía del retorno se debió a la protección que le ha venido proporcionando un Peña Nieto, sobrino lejano del ex-gobernador, que se desempeñó como funcionario de su gobierno y que desde entonces le ha solapado sus sinverguenzadas.
Arturo Montiel: su osadía y desmesura llegaron hasta el grado de plantar su nombre y el de la que fue su segunda esposa lo mismo a clínicas y auditorios que a este o aquel paso a desnivel. Pero cuando el político pierde la dimensión y el respeto a los gobernados puede formular declaraciones como esta del susodicho Montiel:
¡Yo no pido ponerles mi nombre! Yo sólo soy un demócrata que respeta la decisión de las mayorías y la voluntad de cabildos y ciudadanos.
Tal es el hijo pródigo de la política que hoy regresa al hogar, mis valedores. Ese es el individuo que como gobernador del Estado de México dio en la flor de bautizar obras públicas con su nombre y el de aquella que fue su mujer, una tal Maude Versini que por aparecer al frente del DIF local, cargo honorífico que otras “primeras damas” realizan gratuitamente, cobraba lo que el procurador estatal y los secretarios del gabinete de aquel entonces: 146 mil pesos. A su hora lo estipuló Dn. Luis González Obregón:
La historia de todas las ciudades tiene mucha relación con los nombres de sus calles, históricos unos y legendarios otros.
Pues sí, pero Arturo Montiel. Pero la que fue su francesita apasionada…
Aunque no sólo Montiel, no sólo su Versini extranjera. El hecho de que nos hayan tomado la medida viene de lejos. No olvidar que junto a bulevares Hank González y avenidas López Portillo existe por ahí una zona de la ciudad a la que enjaretaron un alias horrendo, imagínense: “Colonia Cecilia Ochelli”. Atroz.
Pues sí, pero el esperpento viene de lejos. Codeándose con los Montiel y Versini de marras “inmortalizados” en letras de bronce:
Abril de 1997. “El nombre de Benito Juárez desapareció del frontispicio del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y de la avenida Juárez, que dejó de tener esa denominación en la mitad de su longitud original”.
Marzo de 1997, con esa sintaxis: “Una calle que llevaba el nombre de Juárez lleva ahora el del alcalde panista Alfredo Reyes Velázquez, quien asistió a la ceremonia de develación de la calle con su nombre, la de Manuel Gómez Morín, la Seis de agosto de 1995, fecha conmemorable que lo llevó al triunfo, y la calle Primero de enero de 1996, por conmemorarse en esa fecha la toma de protesta como presidente municipal. Felipe Calderón, líder nacional del PAN, salió en defensa del edil: Este no realizó ningún acto jurídico. Lo que pasa es que al PRI no le queda más estrategia que desprestigiar al blanquiazul”.
Y que “los gobiernos panistas cambiaron de nombres a más de una docena de calles, avenidas y vías rápidas de Jalisco, Guanajuato y Aguascalientes.
(Más del esperpento generado por la claque política, el lunes.)
Democracia “vibrante” de vallas metálicas
La democracia asegura libertad y seguridad bajo el amparo de las leyes, El estado de derecho se contrapone al estado absoluto. Debe existir una total subordinación de los poderes públicos a leyes generales.
Uno de sus principios básicos es el de equidad, que compensa las desigualdades. Así, la democracia es principio organizador y principio de legitimidad; con ella el gobierno se sostiene en la voluntad de los ciudadanos, que de otra manera sólo podría sostenerse y llegar al término de su mandato, si es que lograse llegar, a base de la imposición y con el auxilio de guardias y vallas metálicas (¡ojo!)
La democracia permite al gobierno llegar por voluntad mayoritaria y establece de qué manera ejercer el poder. Para ello requiere de elecciones periódicas, limpias, sin coacción, con igualdad de oportunidades. Las elecciones son la vía para formar gobiernos y suponen pluralismo, participación efectiva, información adecuada y control del proceso electoral.
Las elecciones, por sí solas, no vuelven democrática a una sociedad, pero sin ellas no hay democracia. Los ciudadanos imponen que el poder se ejerza en intervalos periódicos y por la posibilidad de poder competir para obtenerlo. La sustancia democrática: que los electores puedan relevar a los elegidos en caso de que no respondan a los intereses mayoritarios. (Esto, ¿posible en México?)
El espíritu democrático se opone a la simulación de una democracia encubridora y legitimadora de poderes que no se apoyan en la voluntad de la mayoría del electorado. Es democracia cuando los electores puedan vigilar a los que han elegido, y éstos no puedan eludir su responsabilidad ante los electores, a quienes tienen que rendir cuentas. (¿Prerrogativa de la “vibrante” democracia mexicana?)
Los electores conscientes se sublevan contra el despojo de la voluntad ciudadana (recordar julio del 2006), y se oponen al voto controlado. La compra, coacción e inducción del voto degrada lo electoral. Lo ideal: que sufragar no produjera nuevas frustraciones. (¿Qué ocurrió en julio del 2006?)
¿Una democracia sin adjetivos? Que se le han detectado más de cien, y aún no hay acuerdo acerca de lo que sea la democracia. La que impone el imperialismo consta de tres grandes vertientes: la social, la formal y la participativa. Condición para la primera la ONU establece tres rubros: educación, ingreso per capita y esperanza de vida. El Banco Mundial integra desnutrición y mortalidad infantil, esperanza de vida, analfabetismo, acceso a servicios sanitarios, etc. Otras organizaciones agregan nivel de vida material, progreso, equidad, situación de la mujer y sus derechos políticos y al aborto, etc. ¿No es esta la parte más importante de la democracia liberal?
La democracia formal, con la Carta Magna y la división de poderes políticos, agrega el estado de derecho, medios de información privados, protección a las minorías, libre acceso, usufructo y salvaguarda de la propiedad privada, con el Congreso como representante de la soberanía popular, además de un sistema formal-democrático de elección de los representantes políticos de la nación, desde el nivel municipal hasta el federal. (Este solo rubro nos venden por democracia.)
¿La participativa? La capacidad de las mayorías para decidir sobre los principales asuntos públicos de la nación por medio del referendo, el plebiscito y lo fundamental: el mandato revocatorio. Mis valedores: este donde no existen tales derechos es el México, de la democracia “vibrante”. (¡Calderón!)