Siameses narcos y policías

Sigue aquí, mis valedores, el documento que me hizo llegar el maestro sobre la génesis del crimen organizado en nuestro país, ello ante mi vehemencia al expresarle la sensación de vivir en el cogollo del peligro de la violencia demencial y el derramamiento de sangre por culpa de la guerra particular del carnicero del sexenio anterior, que se ha recrudecido en el sexenio actual.

–  Y la acongoja por este México al que hemos convertido en la vergüenza internacional.

Según el documento, el escritor Antonio Hass, de la élite política, económica y cultural de Mazatlán, con  acceso a información confidencial, contó cómo asesores de Estados Unidos llegaron a Mazatlán a fines de 1930 para capacitar y entrenar a ciertos grupos reclutados por el gobierno para la siembra y cosecha de la mariguana y la amapola. Esta actividad quedó prácticamente administrada por el ejército.

Las cosechas de estos enervantes se utilizaron para satisfacer  la demanda de los soldados estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial. Pasado el conflicto bélico, la producción de drogas en gran escala quedó suspendida. Sin embargo, el conocimiento y la tecnología para la producción de drogas estaban “sembrados”. Por quince años el consumo de mariguana se encapsuló casi exclusivamente en los ámbitos castrenses, y el consumo de heroína en las élites económicas.

Al desarrollarse la Guerra de Vietnam, nuevamente se puso en movimiento la maquinaria de la producción de narcóticos y nuevamente el ejército contro9ló la industria del narcotráfico que abastecía a lo s soldados norteamericanos.  Cientos de miles de soldados norteamericanos regresaron a su país convertidos en adictos a las drogas. Por lo tanto, la demanda de estupefacientes se radicó, también, en el propio territorio de la Unión Americana.La industria del narcotráfico siguió prosperando.

La Droga en México a Fines de los Años Setenta

En pláticas con un jefe de porros que cayó a la cárcel por el delito de violación tumultuaria nos hizo la siguiente revelación: “El Pres. Diaz Ordaz pidió asesoría al gobierno de los Estados Unidos para combatir  las actividades políticas de oposición a su gobierno que se realizaban por parte de la juventud, principalmente estudiantil, como continuación de las luchas del movimiento de 1968. El gobierno de E.U. contestó que la táctica que ellos habían utilizado en la Universidad de Berkeley, en California, consistió en introducir la droga en gran escala. Le aseguraban a Díaz Ordaz que los resultados fueron óptimos. “A varios grupos –el jefe de porros- nos entrenaron y nos proporcionaron, desde la Federal de Seguridad, las drogas: mariguana y LSD”. Le pregunté que si alguna otra policía los detenía qué podía pasar, a lo que me contestó instantáneamente: “Estaba claramente implícita la protección oficial”.

Antes de 1968 el consumo de estupefacientes estaba muy focalizada en el ejército y pequeños espacios del lumpen y élies de altos ingresos. A los mariguanas se les veía con temor y se les repudiaba, manteniendo las comunidades distancia frente a ellos. Es necesario enfatizar que antes de 1968, a nivel social, había espacios muy pequeños y focalizados de drogadictos, pero este fenómeno no tenía, ni mínimamente, la envergadura de una epidemia, no tenía los alcances de la drogadicción generalizada.

1971. La policía del DDF y la Federal de Seguridad se enfrentaron entre sí disputándose las “islas” de la UNAM,  que convirtieron en centro de distribución de drogas. (Mañana.)

“Paz y unidad para México”

Cuidado, mis valedores, mucho cuidado con las trampas verbales. Trampas que no obstante su desmesura y obviedad pasan inadvertidas para aquéllos que viven en la orfandad de toda cultura política. Mucho cuidado con las que nos plantea el de Los Pinos, pongamos por caso, de las que van aquí algunos  ejemplos: ¿cuáles son las más urgidas demandas que le plantea la comunidad? Una de las más sentidas:

¡Que aparezcan con vida los normalistas de Ayotzinapa!

Tal es el clamor de madres y padres doloridos y una comunidad agraviada en extremo que al de Los Pinos increpan:

¡Vivos los queremos, Sr. Presidente, y usted es el responsable!

La respuesta de Peña:

“Es el momento de construir, no para destruir; el momento de unir, no para dividir”, con esa sintaxis.

¿Cuántos de los culpables de tanta desdicha y tribulación para los deudos han sido sometidos a la justicia? ¿En Peña se advierte la suficiente sensibilidad social como para dar la cara a  una sociedad agraviada al extremo?  La respuesta en su mensaje navideño:

“.Es el momento de fortalecer nuestras instituciones, no de debilitarlas. Es el momento de pensar en soluciones y de trabajar por México”.

¿Carpetazo al problema de los culpables de los miles de muertos,  heridos y desaparecidos que suman los 6 años del carnicero anterior y los 2 del presente? ¡Conteste!

Contesta: “El camino de México debe ser el de la paz. Pido reafirmar el propósito común de enaltecer el verdadero carácter de los mexicanos, todos los días y en cada momento”.

Aberrante el intento de ocultar la tortura y el asesinato de 22 mexicanos ya inermes y desarmados a manos del 102 Batallón de Infantería en  Tlatlaya, Edo. de México, que torna en criminales y alcahuetes a los tres poderes de la Unión. ¡Castigo a los culpables! La respuesta de Peña:

“Unámonos con el propósito y el deseo de tener un México fuerte y próspero, y un futuro de grandes oportunidades para todos los mexicanos”.

¿Y las promesas de Peña cuando candidato presidencial, que Monex, Soriana, Televisa y los grandes capitales le difundieron? ¿Y el aumento ¡de 2 pesos con 81 centavos! al salario para el 2015, frente al sueldo de 173,513 pesos mensuales del presidente de la comisión respectiva?

“A lo largo de la historia nacional, los mexicanos jamás se han rendido ante la adversidad”.

¿Carpetazo a una declaración de propiedades amañada por parte de Peña, de La Casa Blanca de Angélica,  de la del secretario de Hacienda  Videgaray en Amalinalco, de la de Margarita Marlene en el Pedregal de San Angel, con los jeeps de Jesús Valencia, delegado de Iztapalapa? ¿A la acusación de corruptos qué responden los implicados?  ¿Qué responde el Poder Judicial? ¿Qué responde Peña?

“Hoy, que nos encontramos reunidos con nuestras familias y nuestros amigos, rodeados de armonía y felicidad, reafirmemos el propósito común de enaltecer, todos los días y en cada momento, el verdadero carácter y determinación de los mexicanos” (¡!)

Otro de los más notorios corruptos, ese Raúl de la familia Salinas cuya inocencia sólo puede ser obra de un  Tercer Tribunal Unitario Penal del DF,  ha quedado tan limpio de culpa como Carlos, Adrianita y el difunto Enrique. Cuando las masas claman justicia ante eso aberrante, grotesco, lo canta el titular del Ejecutivo:

Hemos demostrado una y otra vez que somos una sociedad con dignidad, con valor, unidad y solidaridad. ¡Felices fiestas!”

¿Felices? Mis valedores: ya nos perdieron el respeto. Ya nos tomaron la medida. Ya hasta nos desearon felices fiestas. (¡Uf!)

Tanta vida, y jamás…

Porque sólo venimos a soñar. Con la desalentada filosofía del rey poeta, y para todos ustedes, mi retablillo anual:

No es cierto, no es cierto que venimos a vivir sobre la tierra. Si yo nunca muriera…

Con reflexiones en torno a la fugacidad de la vida que a su hora han formulado poetas de la hondura y reflexión de Ommar Khayyam y Jorge Manrique hoy entrego   a todos ustedes, al igual que cada fin de año por estos días, este mi mensaje de fin y principios de año  con la secreta esperanza de que a alguno sea de provecho con la reflexión de lo efímero de festividades como las que en el tiempo han quedado atrás dentro de la fugacidad de una vida que en estampida se nos huye para nunca más. Mis valedores:

El cuerpo aún fatigado después de la celebración navideña y  mañana estragado el gaznate por el regusto a festividad y derroche imprudente, y una vez que a regocijos y litros de alegría embotellada se habrán  deseado felicidades y parabienes para el año que está ahí nomás, acechando, ¿me permiten que los invite a frenarnos el tanto de un suspirillo para reflexionar sobre el tiempo que pasa para nunca volver? Por desdicha. Y qué hacer…

Estamos a la vuelta de un año más que fue, a la postre, uno menos, contradictoria la aritmética de nuestro humano existir. Andamos algunos doblando ya el Cabo de Buena Esperanza. Será por eso que, al menos de forma inconsciente, alienta en nosotros la sentencia inmortal de Manrique:

Nuestras vidas son los ríos – que van a dar a la mar – que es el morir.

¿Por qué este ánimo ceniciento, cuando en derredor todo es júbilo, azucarillos y aguardiente? Será, tal vez, porque a algunos se nos quiebra el ánimo, se nos resfría con la certidumbre de que vivimos en el cogollo de lo fugaz, lo finito, lo perecedero; de que existimos en la sustancia misma de nuestra muerte propia y particular, intransferible, a la que vivimos alimentando día a día con el tiempo de nuestro cotidiano existir. Clamor dolorido, Job: Mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor y fenecieron sin esperanza…

Acá, en el otro polo del mundo, Nezahualcóyotl: ¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra? – No para siempre en la tierra – Sólo un poco aquí – Si yo nunca muriera – Si nunca desapareciera…

¿No es verdad que al cabo del año y principios del nuevo, con el que iremos a amanecer,  tal sentimiento de lo transitorio y una sensación de errabundaje y romería vienen a depositar en la almendra del ánimo un regustillo a ceniza, a terral, a aliento de despedida apenas postergada? Y qué hacer con esta tristura que se nos aposenta aquí, miren,  en lo más blando de la corazonada, por cuestión de este otro año que se nos ha ido para nunca más. Y qué hacer. Mis valedores:

Hoy, porque los miro correr a lo desalado rumbo a ninguna parte, invoco para ustedes la voz de poetas filósofos que de repente perciben el aletazo del tiempo que pasa para no retornar; voz que es sabiduría quintaesenciada que provoca serenidad y quebranto machihembrados, y un como regustillo a lejanía y desprendimiento del ánimo bien dispuesto en el final de un año más, que a fin de cuentas vino a ser uno menos. Y cierto sabor de amargura en el villancico que entonamos hace apenas  algunas noches:

La Nochebuena se viene – La Nochebuena se va – y nosotros nos iremos – y no volveremos más…

Hoy, con el poeta, Tanta vida, y jamás, digo a todos ustedes. En fin. A vivir el presente, lo único nuestro. Qué más. Qué mejor. (Vale.)

¡Vive!

Aquí, memorioso, mi saludo anual.)

Mi madre me contó que yo lloré en su vientre.- A ella le dijeron: tendrá suerte – Alguien me habló todos los días de mi vida – al oído, despacio, lentamente – Me dijo: ¡vive, vive, vive! – Era la muerte. (Jaime Sabines.)

Las obligadas reflexiones que en el espíritu sensible provoca el fin de año, mis valedores. Reflexiones filosóficas como esta otra, paralela a la anterior:

Un día tu alma caerá de tu cuerpo, y serás empujado tras el velo que flota entre el universo y lo cognoscible. No sabes de dónde vienes. No sabes a dónde vas. Mientras tanto… ¡sé dichoso!

El Rubaiyat, de Omar Khayyam, poeta “de la brevedad de la vida, el absurdo del mundo y la fugacidad del placer, consuelo único del hombre”. La suya es  poesía  (Persia, mediados del siglo XII) parida por una civilización de refinamiento, decadencia y acentos nuevos, deslumbrantes, desesperados. Esta de Khayyam es una sucesión de conceptos filosóficos armados en el molde del poema que aluden al tiempo en cuanto demoledor de la vida y los goces de los sentidos. Agridulce, directo y desnudo de galas se nos entrega el verso, que para el fatalista del desencanto y la sensualidad machihembrados no existe más placer que el de los sentidos, ni más vida que la del instante; que la naturaleza sigue su curso muy por encima de nuestros pequeñajos dramas personales y de la angustia vital ante el tiempo que pasa. Que es vano empeño la rebeldía ante el dolor y la muerte, y no nos resta más que exprimir el jugo de la uva (eso dice) y existir dentro de la almendra del instante, y no más; que a manera de las mejores voces del Siglo de Oro  español, la existencia del hombre  no es más que sueño, polvo, sombra, olvido. Nada, pues.

“Cuando hayamos muerto no habrá ya rosas ni cipreses, ni labios rojos ni vino perfumado ni auroras ni crepúsculos. Mira, escucha. Una rosa tiembla por la brisa y el ruiseñor le canta un himno apasionado; una nube se detiene. Olvidemos que la brisa deshojará la nube que nos brinda su sombra”.

Soñemos, alma, soñemos, dice Segismundo,  y Torres Bodet: ¿Para qué contar las horas? – No volverá lo que se fue, – y si lo que ha de ser ignoras, – ¡Para qué contar las horas! – ¡Para qué!

Atienda alguno (uno, aunque sea) la escena antigua y actual que ahora les ofrezco, frutilla madura de la literatura oriental. Ya después todos ustedes a seguir con su trajín:

“Señor, no sirvas todavía el vino, que acabo de reflexionar. He aquí que ha llegado el momento en que los comensales están menos alegres, en que la risa duda; el instante en que las danzarinas vacilan, en que las peonías se deshojan. He aquí el único instante en que el corazón habla con sinceridad.

Señor: tú posees palacios, guerreros, vino perfumado. Yo no tengo más que mi laúd, que canta amargas canciones a la hora en que las peonías dejan caer sus pétalos. En esta vida, señor, sólo tenemos una certidumbre: la muerte. Estas bocas que nos besan estarán un día llenas de tierra. Este laúd que vibra bajo mis dedos servirá para refugio de las gallinas. El tigre saltó a los valles donde en otros tiempos erraba el pez Mrang. El coral tapiza los torrentes donde florecían antaño las violetas. Escucha allá lejos, en la montaña blanca de luna; escucha a los monos que lloran en cuclillas, sobre tumbas abandonadas…

Ahora, señor, ya puedes llenar nuestras copas…”

Mis valedores:  a vivir. Qué más. Qué mejor. Vivir, que es más tarde de lo que suponemos. Y el aletazo del tiempo, y este resfrío y este estremecimiento…

(Vivir.)

¿En este pueblo no hay ladrones?

Aquí no hay ninguno. De Salinas a Fox, ninguno. De la Sahagún a Angélica Rivera y Margarita Marlene Rojas,  ninguna.  El este país todos los depredadores de los dineros públicos resultan ser inocentes, y  al parejo disfrutan de su libertad y de los dineros públicos que privatizaron para su provecho personal. Es México.

Entre esos ladrones inocentes ahora se incluye al Raúl Salinas de los cientos de millones de billetes verdes, émulo de ese hermano que, según acusación del expresidente Miguel de la Madrid, cuando titular del Ejecutivo se robó la mitad de la cuenta secreta. Hoy día, limpio de culpas, el inocente Raúl se va a  Europa de vacaciones, a comerse el botín que logró acumular en los seis años en que el otro inocente saqueó el país. Se va de viaje luego de que a resultas de la sentencia absolutoria dictada por el Tercer Tribunal Unitario Penal del DF, ahora habrá que reintegrar al inocente sus cuentas depositadas en diversos bancos, además de otras 49 propiedades. Fortunosos, algunos mortales (mortales de necesidad).

Hace 20 años ese inocente  Raúl aún era culpable y purgó una condena en el penal de alta seguridad del Altiplano, pero como lo jura el lugar común, no es lo mismo Los tres mosqueteros que Veinte años después. Hoy, todo ha sido aclarado, y Raúl Salinas exonerado del fraude a la Conasupo y muchos otros ilícitos. La lista de los inocentes  se agranda con  Peña y su Angélica, Jesús Valencia, delegado de Iztapalapa, y su Margarita Marlene Rojas, propietaria de una mansión en el Pedregal de San Angel, como en los hechos han sido también declarados libres de toda culpa Carlos Romero Deschamps, Arturo Montiel, Fox, la Sahagún y los hijos de toda su reverenda Marta. Mis valedores:

Ya nos tomaron la medida. Ya nos faltaron al respeto. Nos vencen por nuestra propia ignorancia, por nuestra apatía, por las tácticas obsoletas que aplicamos cuando nos decidimos a ¡e-xi-gir!  que los residentes de esa descomunal Casa Blanca que es el Sistema de poder  nos hagan justicia. Que a las masas ya nos tomaron la medida se  advierte  en la forma discrecional, avorazada, en que a la vista de todos nosotros se roban los dineros públicos,  nuestros dineros, con absoluta impunidad, y al final se declaran entre ellos legalmente inocentes.  Semejante atrocidad la cometen la presidencia,  los magistrados y legisladores, los gobiernos locales, los municipales. Todos los cargos públicos, vale decir. ¿Y mientras tanto nosotros?

El ejercicio de la política es esa rama de la moral  que procura el bien colectivo con el expediente de resolver los problemas que plantea la convivencia de los hombres libres que integran una sociedad libre también. Actividad noble por excelencia, la política se avoca al provecho común con el expediente de  crear y ejecutar un entramado de leyes que procuran la aplicación de la justicia y la adecuada distribución de los bienes que producen las masas. Todo esto en teoría; ya  en la realidad objetiva de un país cuya seña de identidad es la corrupción generalizada, la conducta de la burocracia política se aparta 180 grados  de la definición clásica y con sus acciones se acarrea el desprestigio y la mala voluntad de unos gobernados que observan, impotentes por la ignorancia en que los mantienen ese mismo Sistema, cómo esos que integran el gobierno anteponen su interés personal a los intereses colectivos. Y ya.

Pero, mis valedores,  aquí no hay ladrones. No, cuando menos, entre los funcionarios públicos.  Es México. (Qué país.)

Unos ilustres ladrones

¿Resiente, delegado Valencia, las oleadas de odio y de desprecio popular? Semejante pregunta la formulé el domingo pasado en el programa Domingo 6, de Radio Universidad, al Jefe delegacional de Iztapalapa, un Jesús Valencia que nos resultó residente de una mansión en pleno Pedregal de San Angel. “Pero es de mi esposa”, y con ese pretexto intenta zafarse de la sospecha fundada de corrupción en su cargo público. Dije entonces y hoy le reitero al nuevo ricachón:

Abarca ya está en la cárcel, ¿y usted, delegado Valencia? ¿Pues qué, más  punible es una plaza comercial que una casa amarilla?  Acerca de la escandalera que alzaron los descubrimientos de la casa de marras, ¿qué comentan Margarita y usted en la intimidad? ¿Cohabitan en paz, no se averguenza porque sus baquetonadas de presunto corrupto salgan a la luz? ¿En paz se come el botín que se alzó del cargo como delegado de Iztapalapa?¿No se atraganta cuando los hijos vienen a saludarlo, no traga saliva?

Cándido de mí; para alguno como usted, que se curtió en el oficio a lo largo de una carrera de transas, latrocinios y sinverguenzadas qué viene a significar el desprecio de las masas populares y la ardorosa demanda de que renuncie al puesto público que indignamente detenta.  Como si se tratase de un hombre de dignidad, altivez, decoro. ¿Decencia usted, honestidad?

Esa mansión excede su sueldo y el de su Margarita como funcionarios, delegado Valencia. ¿Cómo la consiguió su mujer? Usted, habitándola, ¿no se siente en cierta forma una especie de iztapalapense gigoló?

¿Fue Margarita su primera esposa? ¿Usted su primer marido, o ambos, manga ancha, cada quien por su lado ya tenían el camino andado, con perdón?

Pero, funcionario delegacional, no tema. Presunto bribón, sinverguenza, sí,  pero vive en México y gobierna una porción de este país, y por ello mismo usted, como el propio Abarca y congéneres, se rige a leyes no escritas que le garantizan impunidad ante todas sus sinverguenzadas, y como político ha criado un blindaje de inmoralidad y una falta de vergüenza y decoro que lo preserva de molestos ataques de la conciencia. (Un día de estos le explico lo que es.)

Y algo más, delegado Valencia: usted, como los Valencias de toda la mafia política, no azozobrarse. Las masas se encrespan, se indignan, amenazan y de ladrón no lo bajan, pero apechugar, que del reniego, la exigencia y el encrespamiento espontáneo no pasan. Haga usted lo que sus colegas en caserones y otras riquezas inexplicables: Dejar que rueden las cosas. Todo este sofocón endosárselo al tiempo, que es fama todo lo cura, lo olvida y le da carpetazo. Usted simplemente aguante el escándalo de las masas sociales y siga disfrutando de su caserón, que tanto le habrá costado adquirir a usted o a su Margarita.  ¿O se le hace poco perder la vergüenza? Eso cuesta tiempo, cinismo y desprenderse de vergüenza, dignidad y decoro. No es un logro fácil, delegado Valencia.

En fin. Su casa amarilla muestra que con su riqueza inexplicable ya usted acumuló los méritos suficientes. A dar siguiente paso; ahora adule a esa Televista aliada de usted y nefasta para nosotros y ya está usted listo para aspirar a la presidencia de la República. Y lo que ahora viene, delegado Valencia. Raúl Salinas resultó inocente, y también tiene casa, yo la conozco: un caserón como mausoleo. Raúl Salinas, hermano de ese expresidente al que hace algunos años otro expresidente, Miguel de la Madrid,  acusó directamente de haberse robado la mitad de la cuenta…  (Termino el lunes.)

Vidas paralelas

Lo dije el domingo pasado en nuestro espacio comunitario de Domingo 6, que se transmite por Radio UNAM, y hoy lo repito ante todos ustedes: tal es la condición del político  cupular en nuestro país, y yo me pregunto si en esta regla pueda haber alguna excepción. Primero fue José Luis Abarca, edil de Iguala, Guerrero, junto con María de los Angeles Pineda Villa, (¿su primera, segunda?)  mujer. Ahora se trata de un Jesús Valencia Guzmán al que se le acaba de descubrir  una residencia en Jardines del Pedregal, a la que se le conoce por el alias no de la Casa Blanca, sino la Casa Amarilla, por más que puede, con oprimir un botón, pintarse de blanca. De ese color o amarilla, la mansión excede con mucho el sueldo del funcionario y lógico, su procedencia ha de ser ilícita, ilegal, fruto de abyectas maniobras “políticas”.

El delegado Valencia asegura que esa propiedad  pertenece no a él, sino  a su mujer, una tal Margarita Marlene Rojas Olvera, y se escuda detrás de la dama, que es también servidora pública en un puesto de importancia  menor y cuyo sueldo jamás permitiría la adquisición de una casa, ya amarilla o ya blanca o de otro color. ¿Si el delegado Valencia pretende la empresa imposible salir limpio del pestilente ilícito tratará de cubrirse aventando por delante a su Margarita? ¿Ya le mandó redactar la declaración pertinente, donde entre rodeos, evasivas y verdades a medias que son embustes completos, asegure que cualquier dama que persista 20 años en su trabajo tiene a su alcance una mansión que cambia de blanco a amarilla, o al revés? ¿Ya los asesores del delegado Valencia la aleccionaron acerca de eso que ha de declarar en la empresa imposible de justificar lo injustificable ante el desprecio y la ira de unas masas iracundas, todo esto en vivo y a todo dolor, de costra a costra y de frontera a frontera?  Qué país, mis valedores, este en el que ocurren bajezas y bribonadas de semejante calibre. ¿Y nosotros tan sólo a renegar y exigir a los tales?

Vidas paralelas, dijo Plutarco, por más que de casa amarilla a palacete blanco  o plaza comercial, el de Iztapalapa resultó hasta hoy principiante, amateur, poquitero. Yo, en tanto, advierto cierta semejanza en el par de corruptos. Abarca y Pineda, por una parte, y  Margarita y Jesús, por la otra. Y si no:

Tanto Abarca como Valencia comenzaron su carrera laboral como ayudantes en una zapatería. Ambiciones en brama, los dos presuntos ladrones se ahijaron al grupo político más cercano (¿Nueva Izquierda, Atlacomulco?) e iniciaron una carrera de genuflexiones y servilismos, de concesiones y claudicaciones, de indignidades y trabajo sucio hasta encaramarse, por fin, en el puesto público, y una vez el retazo de poder en las manos, ahí el desquite del que se humilló para ahora ensoberbecerse con el lógico resultado: ladrones y sinvergüenzas según su mal natural, Abarca amaneció dueño de una plaza comercial y de una residencia en la zona exclusiva de El Pedregal de San Angel el de Iztapalapa. El vehículo con el que acaba de chocar en el Bulevar de la Luz es una camioneta Jeep Grand Cherokee modelo 2015, blindada. ¿En un estado de derecho podría perpetrarse el tráfico de mansiones y plazas comerciales?

Por cuanto al percance: el delegado Valencia iba alcoholizado cuando fue a dar contra el bulevar. Tabernario el de marras. ¿Burdelero también, al modo de Abarca,  el asesino bailador? Aquí algunas interrogantes al delegado Valencia, que a Abarca pudieran dar de rebote. Primera pregunta al de Iztapalapa.

(Esa, mañana.)

¡Aleluya!

(Rito anual. Para todos ustedes el retablillo de Navidad.)

– Por fin has vuelto, José. Toma mis manos…

Sobre la paja María la doncella se cimbra a los espasmos de las entrañas, tiritando al viento decembrino que se cuela por entre las piedras mal asentadas. Belén.

– Cuánto tardaste, José…

– Perdonarás la tardanza, mujer. Los pies se me fatigaron  buscando en el tianguis ese objeto exótico: el arbolillo de Navidad, y  luces y esferas, y musgo, y escarcha. Los ojos se me iban tras de confites y canelones, y cacahuates y colación, y un par de regalitos, el tuyo y el del que está por llegar. Pero María, si hubieses visto los precios. ¿Pues a qué ciudad de rapaces hemos venido a parar? ¿En manos de qué mercachifles vino a caer el misterio santo de la Navidad? ¡Precios en dólares!

– Siéntate aquí. Pon mi cabeza en tu pecho. Dime que aguardas con júbilo la llegada del Niño.

– ¿Por quién, si no por ustedes dos, intenté entibiar este pesebre? Por ti, María; por él, para que no se hiciera una idea demasiado lóbrega de esta que vendrá a ser su tierra hasta el día del Carmelo.

– El frío para las carnes desnudas del que está por llegar.

– Y ni cómo proporcionarle una chispa de calor. No en esta ciudad.

– Pon aquí tu mano. ¿Sientes la llegada del Niño? ¡Está por llegar a este mundo! Creo que voy a gritar un poco. Quedo…

– Animo, aprieta mi mano, resuella hondo, llámalo por su nombre.

Jesús, Unigénito…

– Y ni para un pobre nacimiento pudieron alcanzar los dineros. ¿Pues qué fue de Galilea, que así se ha dejado absorber por el Imperio Romano? ¿Qué ralea de desnaturalizados es esta, que así han vendido o dejado que les enajenen su tierra? Dios…

– ¡Jesús, Jesusillo, ven con los tuyos! Allá en las alturas,  suspensa en ese raigón de cielo, la Estrella del Oriente aguarda por ti, y por ti tronos y potestades afinan arpas y cítaras. Ven, y en tu busca llegarán los cristianos a la gloria de Dios.

– No, María, de esos “cristianos” ya nada esperes. Entre ellos el espíritu de la Navidad se ha trocado en el espíritu del vino. Con los vapores vinosos qué puede interesarles un simple recién nacido entre paja y pasturas de un pesebre de Belén.

– ¡Ya llega, José! ¡Ya el Ungido se acerca..!

– Mira a lo lejos el reguero de luces: Belén. Música, luz, alegría (embotellada). Una piquera estallante de alcoholizados.   ¿Valdrá toda Galilea  una gota de tu sangre, Jesús?

– Está por llegar. Ya llega. Siento que toda mi carne se transfigura…

– Ya los cielos afinan celestas y virginales y flautas dulces. Arcángeles y serafines se aprestan a entonar la gloria del que se desasosiega en tu vientre; del León de Judá, que viene a instaurar en las Galileas de este mundo la Palabra Nueva y el amor de todos por y para todos. Hosanna en las alturas.

– Ah, los desgarramientos…

– Animo, María, respira hondo, llámalo por su nombre, ayúdalo a bien nacer como a bien morir habrás de ayudarlo.

Jesús, hijo, pequeñín. ¡Hijo del Hombre! ¡Jesús..!

– ¡Cristo ha nacido! ¡Aleluya! ¡Emmanuel! ¡Dios con nosotros! Y el milagro: ¿los oyes? Por los caminos resuenan los guaraches de pastores y rabadanes, y vagamundos y trashumantes. ¡Vienen a la adoración..!

– Por qué tan pronto esas lágrimas, Niño…

– Reposa, que él ya está contigo. Ya paren los cielos, y la tierra se cimbra en estremecimientos. ¡Gloria al Chamaco que arrullas entre tus brazos! Anda, María, ábrete la túnica y dale de tu leche, que Dios el Niño comienza a llorar…

El hombre y la masa

En una sociedad “masificada”, dije a ustedes ayer, el individuo se uniforma: modas, dieta y lenguaje que impone la televisión, una tabla de valores ajena y unas aspiraciones al éxito y la bonanza económica imitadas de las  sociedades del primer mundo.

La masa: machismo, violencia intrafamiliar, vidas destruidas, rutina en la pareja, parejas destruidas, hijos viciosos, embarazos prematuros, una religión de ritual, de pura apariencia, rito, ceremonial. La masa:  sedentarismo, obesidad,  neurosis, depresión.

Esas masas no ejercen el sentido crítico, ni la autocrítica, los juicios, el raciocinio. Ellas bailan al son que les tocan sus manipuladores. Piensan con cabeza ajena. Se uniforman. Se identifican. Se preocupan sólo por este día, y que pase rápido para morirse unas horas antes del momento angustioso de enfrentarse un día más a la realidad. No existe en las masas, como sí en el individuo, el gusto por el vivir, tan sólo se esfuerzan por la sobrevivencia. Lóbrego.

La multitud: impulsiva, versátil, irritable, que se deja guiar sólo por lo inconsciente, que obedece a impulsos del más vario valor moral, nobles o bajos, valientes o cobardes. Hasta el instinto de conservación se anula en los tales. Tímidos, cobardes, crueldad y heroísmo dentro de una muchedumbre que es de valientes o de cobardes, según.

Los pensamientos del individuo son los de la multitud, pero multitud no  sabe pensar por cuenta propia. Es fácil hacerle creer todo y nada. En ella no existe lo inverosímil. Es crédula. Por eso el éxito de los oradores. Simplista es la masa, y el individuo pura complejidad. La adhesión de un hombre no se consigue fácil; sí la de la multitud.  La psicología de la multitud es semejante a la del niño. Odia y ama fácilmente. Tiene ídolos y villanos. Quiere ser subyugada por la fuerza, por la violencia. Tener amo. No así el ciudadano;  ni siquiera el individuo. Son las  masas, sin más, en contraposición con el individuo que razona, discierne, decide y que, al metamorfosearse en la masa, se despoja de  individualidad, personalidad e imperativos morales, frenos religiosos, temor de (su) Dios o de la ley para adoptar la ley de la masa, que es  la de la selva,  del instinto,  del salvaje, del irracional. Contemplen ahí, a prudente distancia, a una masa desbocada, enardecida, en estampida, suma y síntesis del instinto desbozalado y la ciega animalidad. Siniestro.

Disolución de la pareja sentimental, matrimonios desintegrados o que, unidos por la rutina, cayeron en la violencia intrafamiliar,  y embarazos prematuros y madres solteras,  y los hijos que huyen del hogar, y el consumo de drogas, comenzando por la más insidiosa, la más nefasta de todas y que, por accesible y aceptada socialmente, es la de mayor peligrosidad: el licor.  Y de ahí al delito, al reclusorio, a la incidencia de suicidios entre la población adolescente.

Todo esto, mis valedores, en una sociedad que hasta en un ochenta y cinco por ciento se confiesa católica y que, como católica, cumple  (¿cumple?) con los diez mandamientos de la ley mosaica. Grave para los mexicanos soportar  un país donde imperan un clero político y un gobierno religioso, televisivo y proyanki,  que así deprime, oprime y, en su caso, reprime a unas masas que no imaginan otra manera de contestar que el reniego y la exigencia. Y no más. Tlatlaya, Iguala. Mis valedores:

¿En dónde se encasillan Peña, su Casa Blanca y las otras, su esbozo de declaración presidencial, su Angélica, sus..? ¿Y las casas de Videgaray y congéneres? (Uf.)

Idealistas y mediocres

El ser humano, mis valedores,  esa criatura única e irrepetible que puebla el haz de la tierra y cuyo destino, en cuanto comunidad, es la sobrevivencia. Ente de cumbres y abismos y cimas y simas, sus hechos proyectan luz y tinieblas en humanísimo claroscuro: alguno conquista las crestas del saber, de la santidad o del humanitarismo. Son los héroes que hacen avanzar el proceso civilizatorio de la humanidad. De ellos, los estudiosos:

Una infinita mayoría de entes oscuros, por contras, se arracima en contingentes de masas que sobreviven en la cotidiana rutina del áspero oficio del diario vivir a ras de los suelos. Son los seres anónimos, los desconocidos de siempre que poseen una asombrosa capacidad de resistencia, de resignación, de pasividad y de inmadurez.  Los mediocres.

El individuo tiene un género de vida, oficio, carácter, inteligencia. En cuanto se integra a la masa sufre una asombrosa transformación, tal es la presencia de esa masa: ahora posee un alma colectiva que a sus componentes los impele a sentir, pensar y obrar de manera  distinta a como pensaría y obraría cada uno de manera aislada. Ese del que ya se conocen pensamiento, sentimientos y formas de obrar, de súbito sufre un cambio inesperado cuando se transforma en multitud. El individuo integrado a esa  multitud adquiere, por cuestión del número, un sentimiento de potencia invencible; puede permitirse ceder a instintos a los que el individuo nunca se hubiese adaptado. Que los hubiese refrenado. Es que la muchedumbre es “irresponsable”.

Dentro de una multitud todo sentimiento y todo acto son contagiosos: el individuo sacrifica con facilidad su interés personal al interés colectivo, un impulso contrario a su naturaleza, que sólo surge cuando forma parte de la multitud.

En la masa el individuo adquiere una forma de ser ajena al individuo. Pierde su personalidad consciente, obedece a las sugestiones del operador que se la ha hecho perder y acomete acciones contrarias a su carácter y modos de ser. Fue  hipnotizado por el líder de la masa.  Su personalidad consciente desaparece; voluntad y discernimiento, abolidos; sentimientos y pensamientos, orientados por el hipnotizador. No tiene conciencia de sus actos. Ya no personalidad consciente. Sugestión y contagio. Ideas sugeridas se convierten de inmediato en acciones. En la masa, el individuo se convierte en un autómata sin voluntad.

El hombre que lee ensancha su espíritu, que puede alojar valores, principios, el amor: la justicia, la paz, la libertad. En calidad de muchedumbre se torna un ente instintivo, y por eso mismo un bárbaro. Tiene espontaneidad, violencia, ferocidad, entusiasmos y el  heroísmo de los seres primitivos. Su actividad intelectual se amengua por el solo hecho de tornarse masa instintiva, es como si se disolviera en la colectividad. Para el sociólogo la masa personifica la necedad, pero hay entidades que han hecho de elogio de las masas una industria redituable. Tales son los gobiernos, partidos políticos, sistemas religiosos, organismos sociales y culturales: todos giran alrededor de un solo eje: las masas. El socialismo propugnaba el gobierno de las masas. Para los fascismos y el capitalismo “democrático” las masas sólo sirven para ser gobernadas.

La enfebrecida multitud, a la que  cada individuo aporta  su propia personalidad, que va perdiendo al mezclarse con la de la masa. Lo heterogéneo se torna homogéneo y entonces va emergiendo el inconsciente común. (Sigo mañana.)

Cuando digo tu nombre…

(Mi retablillo anual.)  A 34 años de la desaparición de Alaíde Foppa -feminista, poeta, y critica de arte-, secuestrada en la ciudad de Guatemala el 19 de diciembre de 1980, los culpables del crimen permanecen impunes.)

A Alaíde Foppa la conocí y dialogué con ella. Hoy traigo hasta ustedes el recuerdo de la roqueña luchadora civil que vivió entre nosotros, una luchadora de verdad, no “activista” ahijada al Sistema de poder. Luchadora por aquella su Guatemala secuestrada también, por cuyo rescate entregó lo más valioso tenía, su propia vida. Alaíde Foppa.

Trasterrada de Guatemala por actividades en defensa de la mujer indígena, conmigo vino a compartir micrófonos y cabina de nuestra  Radio UNAM. Un día, de repente (la nostalgia de su tierra dulce y sombría, que dijera Cardoza y Aragón), se atrevió a retornar, de entrada por salida, a aquella su Guatemala tan apacible que “se oye cuando una garza cambia de pie”, pero trampa mortal para quien osara enfrentar a los Romeo Lucas García y congéneres de uniforme que por aquellos tiempos malgobernaban al país que es en tantos sentidos  hermano nuestro. A la luchadora civil la asesinaron aquellos por quienes clamó el poeta Otto René Castillo cuando en plena tortura iban a arrancarle la vida:

¡Ay, Guatemala, ellos conocerán la muerte de la muerte hasta la muerte!

Fue en diciembre de hace ya treinta y cuatro años, y como si fuese apenas ayer. En algún punto de la ciudad capital de Guatemala  Alaíde Foppa se disponía a abordar el vehículo cuando acribillaron a su chofer, y a ella se la llevaron para nunca más. De su paradero nunca nadie de sus conocidos volvería a saber, y hasta el día de hoy, cuando aquí, frente a todos ustedes, me he puesto a recordar a esa Hécuba de Guatemala: su temple, su mística, su heroicidad, y también la lucha, la cárcel y la sangre de sus familiares; de Alfonso Solórzano, el marido, del hijo Juan Pablo y de Mario tiempo después; de la propia luchadora civil. Alaíde Foppa.

De Alfonso y Juan Pablo yo poco sé. Por cuanto a Mario, de su muerte conozco las revelaciones de cierta asociación guatemalteca de periodistas democráticos, donde se asienta que  combinó la máquina de escribir y el libro con el fusil, y así hasta su muerte violenta. “Mario Solórzano murió asesinado. Nada se supo de su destino final porque el régimen de Romeo Lucas García ocultó la información por conveniencia política. Pero Mario fue descubierto por las fuerzas represivas del régimen en un apartamento de la ciudad capital. Acorralado, sin oportunidad de escapatoria”.

Tal es la seña de identidad de Alaíde y sus hijos, a tres de los cuales la dictadura forzó a convertirse en guerrilleros al igual que a los poetas Otto René Castillo, Rodrigo Asturias y Danilo Rodríguez, amigos míos de cuando erraban por esta tierra, exiliados.

Ay, Guatemala – cuando digo tu nombre retorno a la vida – Me levanto del llanto a buscar tu sonrisa.

Pero sí, hay seres que nunca mueren. Mario es uno de ellos,  y otros son Juan Pablo y la madre de héroes, ella misma heroína. Ellos nunca han de morir porque, lo afirma  Ernesto Cardenal, poeta,  la hierba renace de los carbones y el héroe nace cuando muere. Mientras tanto, mis valedores:

Hoy, acá, en el México de los exiliados guatemaltecos, en algunos aún se recuerda a la poeta y heroína de la cálida voz y, también, según la evoca A. Rossi, aquel hermoso rostro melancólico de grandes ojos castaños que se iluminaban con su espléndida sonrisa y revelaban su luz interior. Alaíde Foppa. (A su memoria.)

Los que van a morir

 Calígula, mis valedores, emperador de la Roma imperial que la historia flagela tanto como a Nerón, pero que en el imperio aplicó medidas de estadista, y aquí un ejemplo.  Tanto amaba a alguno de sus validos que en vísperas de una carrera del circo mandaba soldados a imponer silencio en el vecindario para que nadie turbase el descanso del bienamado al que mandó construir una residencia de mármol y un comedor de marfil, todo habilitado con muebles, esclavos, mantas de púrpura y collares de perlas. Incitatus se llamaba el agraciado, era un caballo y Calígula lo nombró cónsul. He ahí al noble bruto recibiendo las multitudinarias aclamaciones del pueblo romano, tantito más bruto que el propio caballo, él sí garañón  de tamaños en su nidal, no como el noble pueblo romano, que de noble picaba a castrado.

¿Los jueces y magistrados, pencos más que Incitatus, no se opusieron? Pencos de condición lacayuna, esos aplaudieron el nombramiento del equino como a su hora los muy equinos habían aplaudido masacres y aplastamiento de mineros, electricistas, quemazón de criaturas en la guardería ABC, masacre de San Fernando, de Tlatlaya, de Iguala, de… No, y aquella ovación cuando  Raúl Salinas resultó inocente de riqueza inexplicable…

Bruto y analfabeto era el penco, pero menos penco, menos bruto y mucho menos corrupto que sus congéneres del gobierno, porque para alcanzar la dignidad de cónsul tuvo el tino de no ser empujado por Televisa, Soriana y mercachifles de esas para luego ser motejado de espurio ni de impostor.

Incitatus no cargó al erario más allá de la cebada dos veces al día y yegua a su hora. El penco (¿moral personal, conformación de sus pezuñas?) nunca fue motejado de sinverguenza, depredador y traficante de influencias; no pasó a la historia como malandrín que se enriquece con todo y amantes, esposa, hijos y nietos per secula seculorum. Incitatus se concretó a relinchar, no a ventosear discursos. ¿Y los Incitatus sexenales? ¿Y sus fraudes del tamaño de PEMEX? ¿Y Romero Deschamps?  ¿Y los saqueos de Salinas,  Montiel y compinches? ¿Incitatus alcanzó la degradación del Incitatus percherón, tan dañero que a la pura ley de sus (vanos, hueros) nos embombilló en Los Pinos a otro tantito peor, para que años más tarde Peña…?

¿Imposición de Calígula? Lo fue, por supuesto. ¿Y no son impuestos los Incitatus del gobierno sexenal? ¿Que el pueblo romano ovacionó al noble equino de la Roma imperial? Lo ovacionó, sí, pero al Incitatus sexenal. ¿algún mexicano que no fuese muy penco lo ovacionaría? ¿Y al Incitatus de la SEP, al de Hacienda y a los alcahuetes de todos ellos, el PRI y el penco de la Función pública? ¿Aplaudiría a jueces, magistrados y ministerios rapaces? A la señora de las telenovelas, receptora de los favores de Televisa y los mercachifles de la Higa, ¿los aplaudiría?

¿Benéfica para Roma la gestión de Calígula? Lo fue, porque con Incitatus no arruinó un imperio hasta ahogarlo en sangre, droga y crisis económica. El emperador sentaba sus dos reales en su palco del coliseo, pero para solazarse con el espectáculo de unos cuantos infelices despedazados, no para ocultar los crímenes de Tlatlaya y Ayotzinapa ni una declaración patrimonial amañada y residencias suyas, de la actriz, de  Videgaray, que huelen, y no a  ámbar. ¿El cónsul equino, en tanto? Perdía carreras, pero no culpaba al entrenador. El penco, mis valedores, respetó el erario público de la Roma imperial.  ¿Y el césar augusto de algún imperio fallido? ¿Ese qué? Los que van a morir… (México.)

Señas de identidad

La corrupción no es un tema exclusivo de México, es un fenómeno mundial, es un tema casi humano, que ha estado en la naturaleza humana y en la historia de la humanidad. La corrupción es un tema, yo insisto, de orden cultural”.

Y el presidente Peña, por propia experiencia, conoce a fondo esas prácticas que, por fortuna para su hoja de servicios. son puramente de “orden cultural”.

Y hablando de corrupción y sus miles de cabezas, la engañifa es una de las tantas, como la que exhibió el propio titular del Ejecutivo al referirse a algún programa migajero, nieto, clon o sólo un seudónimo para nombrar aquella previa engañifa, la salinista Solidaridad. Lo juró el susodicho Peña hace algunas semanas en la red social:

Estoy seguro de que con @Prospera_MX, coma innecesaria, las familias mexicanas tendrán más y mejores oportunidades para vivir a plenitud y sin limitaciones.

A plenitud y sin limitaciones, se atrevió a decir, y  siguió tan campante.  Mis valedores:

Ya nos tomaron la medida. Ya nos faltaron al respeto. Nos vencen por  nuestra propia ignorancia, por nuestra pasividad, apatía y desidia o por una exasperación que se desfoga en las tácticas perdedoras que nos inocula el propio Sistema, comenzando con la consabida mega-marchita y el plantón.  Y pensar que “el combate a fondo” contra la corrupción fue una de las banderas de Peña en su campaña presidencial. Por aquel entonces sus votantes ignoraban las prácticas corrompidas de la Casa blanca y varias más, y una declaración patrimonial que aunque parcial y amañada, asciende a tantos millones de pesos que exceden de manera holgada el salario gubernamental. ¿Pues qué ocurrió con su prometido combate a la corrupción? ¿Oirían tal documento un su pariente político (Montiel) y los líderes sindicalistas Joaquín Gamboa Pascoe y Carlos Romero Deschamps? ¿Lo aplaudirían? (Uf.)

Nuestra ánima y estilo, la descomposción. Encubierta, solapada o evidente , tal vez nunca antes se había atrevido a alcanzar los excesos de hoy día. ¿Se pueden rebasar ese aberrante nidal de corruptos que es el sindicato petrolero de PEMEX o la escandalera que brota desde Los Pinos? A  propósito:

Todas las masas sociales nos referimos a la corrupción. ¿pero sabemos en qué consiste, de cierto? ¿Qué es, en esencia, esa segunda naturaleza del mexicano, de prácticamente todos los mexicanos? Aquí la definición del estudioso cuyo nombre, qué lástima,  no encuentro en la fuente correspondiente:

Entendemos como corrupción todo acto ilegal y no ético que viene como consecuencia del abuso del poder. Este acto corrupto es una actividad a través la cual un ciudadano ya sea servidor público o no, impulsa una acción en contra de las leyes, normatividad y prácticas implementados, a fin de favorecer intereses particulares. Para definir de una manera más clara citamos la siguiente definición dada por Stephen D. Morris, que realizó un interesante estudio de la corrupción en México. Sostenía que “se  la ha definido como el uso ilegitimo del poder público para el beneficio privado”, todo uso ilegal o no ético de la actividad gubernamental como consecuencia de consideraciones de beneficio personal o político, o simplemente como “el uso arbitrario del poder”.Sin más.

El interés personal no es un elemento necesariamente único. Los actos corruptos no siempre benefician sólo a intereses particulares. La corrupción puede beneficiar a familiares, amigos o incluso a una organización, a una causa o movimiento social, político o cultural.

¿Sus causas? (Vienen después.)

¡Ay, mis hijos!

 un saludo a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole y solo critican a quien envidian!… Twitteer for Black Berry@ – 05/12/11 Retwiteado por Pau Pena.

Y que “La hija de Enrique Peña Nieto, Paulina, “retuitó” improperios contra los críticos de su papá, porque Peña confundió al autor de La silla del águila, Carlos Fuentes, con Enrique Krauze”. Y que después de una hora  “la cuenta de Paulina y su novio fueron canceladas”.

La parentela de los políticos, mis valedores, esos hijos, esos padres, esas primeras o segunda esposas que cargan sobre sus lomos un apellido de relumbrón que los  abruma, que los aplasta y que tantas veces termina por arruinarles la vida. Todo porque el político y su prole llegan al éxito, al poder y a la riqueza, sin el soporte de los valores morales. Tienen, pero no son. Llegan a tener sin antes experimentar el proceso de ser. Lujos, derroches, compras en escaparates del extranjero y viajes en helicópteros oficiales para que Paulina sea o fuese transportada los escasos kilómetros que separan Toluca de Metepec, donde toma o tomaba sus clases de yoga, gimnasio, modelaje o algo por el estilo. Esos rastacueros todo lo  tienen, pero nada son.  Patético.

A propósito de un Peña culturalmente vacío y una Paulina  caprichosa y malcriada que escupe desprecio a “la prole”, van aquí reportajes diversos que dieron cuenta a su hora de dichos y acciones de algunos políticos y su parentela. Lo afirmó hace algún tiempo Guadalupe Díaz Borja, hija de uno de los que cayeron al desván de la Historia con las manos chorreantes de sangre:

– Yo puedo caminar por la calle con la cara alta. Puedo presentarme en los sitios públicos sin que me den la espalda los que fueron mis amigos. Yo y todos los Díaz Borja estamos libres de muchas cosas. ¿Y qué ocurre con los otros?

Chihuahua. Chih. “La Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos pide formalmente al cabildo de esta ciudad cambiar el nombre del bulevar Gustavo Díaz Ordaz porque durante su gobierno se perpetró la matanza del Dos de Octubre. La petición es para honrar la memoria de los cientos de jóvenes, niños y ciudadanos que murieron el mencionado Dos de Octubre”.

Años más tarde, el entonces presidente José López Portillo sería objeto de culto por parte de periodistas como un tal Montenegro, que así lo ensalzó en el matutino: “Usted, señor licenciado don José López Portillo, significa la tradición de lucha actuante. Usted, señor Presidente, va a conducir la nave de México a puerto seguro, metáfora que recuerda seguramente la reencarnación de Quetzalcóatl”.

La esposa de Quetzalcóatl, Carmen Romano, habló en junio de 1998: “El gobierno del presidente Carlos Salinas de Gortari está resultando de veras estupendo. Mucho se asemejan este sexenio y el anterior. Sí existen muchos puntos de comparación entre ambos, pero lo más importante es que este sí cuenta con la confianza del pueblo de México. Yo, por mi parte, como esposa del  presidente López Portillo ya hice  todas las actividades culturales y sociales que tenía que hacer”.

Condenó una omisión: que no se haya dado seguimiento a sus programas especiales para la niñez. “Eso le tocaba ya desde hace 6 años a Paloma Cordero, pero por lo visto la esposa de De la Madrid nomás no hizo nada. Y si los programas no se continúan, si no se les da seguimiento, pues se vienen abajo”..

Y que vestida con elegancia… (Eso, y de libros que estaba escribiendo, después.)

Todos me menospreciaron

Mi piel y mi carne se pegaron a mis huesos.  He escapado con sólo la piel de mis dientes.

Y en su desvalimiento los entenados de la fortuna se duelen con Job: “porque antes que mi pan viene mi suspiro”. Yo en desdichada ocasión me topé con uno de ellos. De súbito, a  la salida del metro, ahí, en la orilla del arroyo (vehicular), el desdichado aquel derribado entre esputos y basurillas.

De reojo lo observé: sucio, astroso, en desvalimiento. Hacerme el desentendido y seguir mi camino, la primera intención; pero  pudo más la piedad y porque los dos, él y yo, somos víctimas del mismo depredador. Le tendí la mano. ¿Pues qué, el redrojillo no era, como todo el pobrerío y toda la indigencia de este país, una víctima inerme de esos tecnócratas que medran en la almendra de la injusticia social? ¿No es, él también, víctima de un Sistema que conjunta medro y corrupción que, como los crudelísimos malparidos de cualquier símbolo politiquero, pura pobreza y miseria pura nos han legado a modo de heredad, que bien pudiésemos decir con los dolientes meshicas que cayeron, manchón de plumas y cuajarones de sangre, ante la pólvora del invasor y la maza de sus aliados aborígenes:

Y era mi herencia una red de agujeros”…

Me hice el ánimo. Venciendo la repugnancia me incliné ante el desdichado, le tendí mi diestra, lo alcé del arroyo (vehicular) y lo traje a mi propia casa. Está frente a mí y lo observo de reojo; en su abandono total me parece percibirle una sonrisilla de agradecimiento, y aquí un mensaje al autor de la fabulilla del Buen samaritano. Señor:

Tú sabes que éste al que rescaté de la media calle nada vale, como tampoco la acción de ponerlo a salvo  de micros y metrobuses. Pero  si algo de mérito le ve a mi acción tu misericordia, ¿a mí y al que rescaté nos darás a valer algún día infundiéndonos la sapiencia, la voluntad y el valor para nosotros darnos a valer?  Víctimas somos de los descastados proyankis que piensan y viven y financian en dólares su Casa Blanca y las de otro color, y aun se encabritan contra quienes les exhiben su corrupción impune acumulada en dólares, nuestra moneda nacional. Señor:

¿Castigo a los tales? ¿Quién, quiénes? Tú bien conoces la clase de justicia que se imparte en este país? ¿Culpables ellos? ¡Nosotros, 120 millones que ¡e-xi-gi-mos! la renuencia de Peña y los suyos. ¿A quién le exigimos? ¿A quiénes? ¿Con la toma de la vía pública? El analista:

“¿Combatir un sistema corrupto? Estudiemos tácticas y estrategias, porque el pensamiento que se deja engañar a sí mismo, guiándose por el deseo, no nos ayudará. Y el reclamar formulas optimistas resultará anticuado e inútil como lo es una danza india para provocar la lluvia”.

¿Quién y por qué el desdichado cayó hasta el arroyo vehícular? Lo aclara el analista Sarmiento: El peso cayó primero por razones externas: por la idea de que EU incrementaría su tasa de interés y haría más atractivo al dólar. Otras divisas cayeron más que el peso en un principio, pero en las últimas semanas la devaluación del peso ha  sido producto de la baja en los precios del petróleo y de la percepción de que  el gobierno de Peña Nieto enfrenta una rebelión violenta y no tiene la legitimidad, la voluntad o la fuerza para enfrentarla.

Mis valedores: miré al ñengo, trasijado, encanijado, pura avitaminosis. ¿El  culpable de tal postración? Este, entre otros,  que ni presentándoles las lecciones de la historia puedo apartar a los e-xi-gen-tes de sus obsoletas formas de lucha.  ¡Que Peña renuncie! Ah, México. (Qué país.)

Mi retablillo anual

El martes, muy de madrugada, afirma el Nican Mopohua,  se vino Juan Diego de su casa de Tlatilolco, y cuando venía llegando al camino que sale junto a la ladera del cerrillo del Tepeyácac, hacia el poniente, por donde tenía costumbre pasar, dijo: “Me voy derecho, no sea que me vaya a ver la Señora”.

Pero ahí salió a su encuentro al otro lado del cerro y le dijo: “¿Qué hay, hijo mío, el más pequeño? ¿A dónde vas?”

“Niña mía, voy a causarte aflicción: voy presuroso porque está enfermo un tío mío, Juan Bernardino, y voy a llamar a un sacerdote”.

Pero ahí siente Juan Diego, como escalofrío, que la Señora del cielo mirábalo con su modo de mirar, y que leía en lo profundo de su ánima. Avergonzado de su mentir clavó una rodilla en tierra:

“Y a ti cómo engañarte, Niña mía, cómo engañarte. Has de saber que de intento torcí mi andadura para hacérteme el perdedizo, por lo que ahora te he de decir: anoche mi tío Juan Bernardino, en sus delirios de fiebre, tuvo una revelación. Como  extraviado, al verme llegar se me quedó observando como si no me conociera,  y pegando un gran suspiro, clamó:

“¡Bienaventurada mi sangre, porque mi sobrino llegará a los altares!”, y sus ojos, Niña mía, fulguraban.

(La Señora del cielo, mansas pupilas, miraba a Juan Diego, y sonreía…)

“Entonces me eché a dormir, pero cuál dormir. ¿Yo a los altares? Eso significa que la Niña del cielo va a convertir el desierto en rosas, y las rosas de la tilma en el milagro de su Imagen del Tepeyácac, y que al prodigio la cristiandad va a edificar capillas, ermitas, templos y basílicas a la honra y gloria de Dios y su Madre santísima”

(Ella, sonriendo, le extendía sus brazos.)

“Lo supe entonces: de todos los rumbos de la rosa van a acudir hasta ti romeros y suplicantes, pero también un pontífice reaccionario y dado a los viajes, que en una de esas va a contemplar a mi México metido hasta el cuello en la pobreza global, a una comunidad flagelada, castigada por el modelo neoliberal, y un descontento que amenaza tronar no como el cambio racional de una ciudadanía que aprendió a pensar y crea la estrategia para darse un gobierno al que obedecer como su mandante, sino como las masas saben estallar: a lo espontáneo, a lo inútil. “Ah, no, ¿revolucioncitas a mi?” Y el Papa de Roma va a urdir el truco de darles un bato –un beato, perdón-, más tarde santito, pararrayos de la  cólera popular. Yo, Niña mía, mirándome de santo reaccionario intentaba dormir, pero el sueño, andavete”.

(Vio entonces, o figurósele, que se añublaba el mirar de la Niña.)

“Y así, Madre mía, presentí que mi expediente, que en cosa de cuatro siglos había dormido en santa burocracia, de repente iba a levantarse y a andar, y que en el amanecer del XXI estaría yo en mi nicho de santo de palosanto.

“¿Y tal presentimiento atribula tu pecho, hijo mío?”

“Y cómo no. ¿Tú conoces a mis paisanos? ¿Te imaginas al más pequeño de tus hijos tieso en su nicho, con la marabunta de penitentes a mis pies –a mis sandalias-,  exigiendo de Dios por mi intercesión el milagro que su propia ignorancia les impide realizar por sí mismos, ahora que andan espantados porque Peña los va a dejar sin petróleo y sin luz. Por eso fue que traté de hacérteme el perdedizo, Niña amantísima. Tú has de perdonar a la más pequeña de tus criaturas, ¡pero no aureola! ¡Todo lo que quieras, Niña de mis ojos, pero santo no!”

La de Guadalupe, entonces, juntó sus manos, ladeó su cabeza, suspiró y parece que sus pupilas se rasaban de lágrimas. Y así se nos quedó en la tilma. (Obsérvenla.)

¡Los curas somos muy hombres!

Cada día 6 personas en el DF se infectan del Virus de Inmunodeficiencia humana (VIH). Mientras, el 1º. del mes se celebró el Día Internacional de la Acción contra el Sida, aunque en nuestro país, lo afirman los especialistas, la distribución de medicamentos está politizada como un instrumento de lucha entre intereses ajenos a la salud de las personas que viven con VIH.

Por los rumbos del clero católico, por fortuna, la fuerza del borbollón de anatemas parece amenguar. Ante las medidas de prevención que aplican gobiernos e instituciones sanitarias el clero mantiene un muy discreto silencio, cuando años atrás combatía con ferocidad todo lo que significara protección contra semejante pandemia. Prudentes, pontífice y purpurados parecen vivir una tregua en su contienda contra el condón. Atrás parecen haber quedado los tiempos en que desde el púlpito y demás tribunas públicas el cardenal Javier Lozano, índice en alto, pregonaba su terrible excomunión:

– Los homosexuales y los transexuales no entrarán jamás en el reino de los cielos, porque actuar contra la naturaleza y contra la dignidad del cuerpo ofende a Dios.

Y castigar nuestro cuerpo con la castidad forzada, antinatural, ¿no va contra la naturaleza ni ofende a Dios? Yo, motivado por la conmemoración del Día Internacional de la Acción contra el Sida de hace algún tiempo exhibí aquí mismo el criterio de la Iglesia Católica y las medidas profilácticas que intentaba imponer, con opiniones de obispos mexicanos:

“¿El condón?  “¿Para qué el condón? ¿Para seguir buscando el placer por el placer mismo? ¡Está fuera de las enseñanzas de Cristo! ¡La Iglesia rechaza el uso del condón, pues esto lo que hace es hundir en el fango a la juventud, en lugar de darle la mano a los jóvenes para que salgan del lodo!

Y el antídoto contra el VIH: “¡Continencia, castidad, fidelidad matrimonial! Estas tres virtudes propuestas por la Iglesia son el mejor remedio para el contagio, porque son las propuestas del Evangelio para combatir el Sida! ¡La grave amenaza del Sida viene del abuso de la sexualidad! Es una equivocación buscar el placer por el placer. El recto camino debe ser el uso legítimo de ese placer. ¡El placer sexual no debe verse como un fin, sino sólo como un medio hacia la paternidad o la maternidad!”

– ¡Usar preservativos y seguir haciendo el amor! Este sigue siendo el método de nuestras autoridades. ¡Es una barbaridad! Intentan proteger la salud promoviendo el vicio. El amor, para ellos, es el gozo del placer y no buscar el bien de la persona amada. El abuso del sexo es el que se ha vuelto un problema no de salud, sino de moralidad pública! Los enfermos de Sida no deben convertirse en héroes, no lo merecen. Son seres enfermos. La homosexualidad es un verdadero crimen, y la Iglesia Católica rechaza a los homosexuales así como el uso del condón, fuente inmunda de prostitución.

El cardenal Rivera: “Contra el Sida, castidad es el mejor remedio.  Mucha gente usa el condón, ¿pero está permitido por la doctrina católica? Definitivamente no; el condón no es éticamente permisible”.

G.W. Bush cuando inquilino de la Casa Blanca: “Yo estoy a favor de la abstinencia y de la castidad”.

Y una vaga Unión de Padres de Familia: “¿Dónde estarías tú si tu padre hubiese usado el condón?

J. Ulises Macías, obispo: “Sí hay curas pederastas en México. No somos ángeles. Aunque hombres de Dios también somos hombres. ¡Y muy hombres!”

Ya, por fortuna, las sotanas se calman. (Uf.)

¿Todos ellos son Abarca?

Porque ese es el salto de calidad, mis valedores. A lo largo de su existencia y a los ojos de todos nosotros el Sistema de poder ha venido utilizando, a modo de aceite para el motor o tabiques para el edificio, una ostentosa corrupción lucrativa e impune que abarca la totalidad de la pirámide gubernamental, desde el titular del Ejecutivo hasta el suplente de Rezagos varios. Nosotros, en tanto, hemos hecho de la resignación o la indiferencia una segunda naturaleza, y a manera de respuesta seguimos practicando una corrupción personal dentro de los estrechos márgenes de nuestra influencia particular. Ese es, ante el mundo,  nuestro signo de identidad.

Por cuanto al salto de calidad: desdc los tiempos del general Humberto Mariles, que un  día 7 de diciembre de 1972 amaneció muerto en la prisión parisina de La Santé,  fue del dominio público la revelación de que el narcotráfico había permeado los espacios de los políticos, o los políticos los del narcotráfico, pero ese conocimiento fue aceptado por las masas como lo más natural en México.

Ochenta, 100 mi cadáveres arrojó a los panteones y fosas clandestinas la guerra particular de Calderón, y nosotros, impávidos. Durante algún  sexenio anterior todos supimos de la existencia de la casona que se había mandado edificar José López Portillo. Y nosotros, resignados ante una realidad que creíamos fatal e inevitable en las altas esferas politiqueras,  reaccionamos de manera juguetona, burlesca e irónica ante el mote que le endilgaron al caserón: “Colina del Perro”.  Mis valedores:

Corrupción en la esfera política siempre la ha habido, pero aquí el salto de calidad: la indiferencia que en las masas produjo la Colina del Perro hoy se resuelve en iracundia ante la existencia de ese modelo de corrupción y arribismo rastacuero que hoy se conoce por su alias de la Casa Blanca, ostentosa evidencia de la descomposición que exhiben los inquilinos de la residencia oficial de Los Pinos. Las masas, exasperadas, ¡e-xi-gen! justicia con la renuncia de Peña y los funcionarios de su gobierno. Y el comentarista Gustavo Esteva:

“Es inútil sustituir al capitán del barco si el barco mismo es el problema. Y se está hundiendo”.

El salto de calidad.  Frente a la apatía con la que las masas reaccionaron ayer ante la masacre de 72 humanos en San Fernando, Tamps, el día de  hoy, ante la desaparición de 43 normalistas (por más que todas fueron vidas de equivalente valor)  se rebelan y ¡e-xi-gen! justicia, y aquí el salto de calidad: enormes contingentes humanos toman la calle y, en una especie de metástasis, en muchas ciudades del exterior se rebelan contra una corrupción que brota en Los Pinos, cuando desde Miguel Alemán hasta hoy el latrocinio ha sido interés fundamental en el ejercicio politiquero de la oligarquía.. Pensemos tan sólo en un Carlos Romero Deschamps que, a decir de la reportera Patricia M. Ríos, tiene pendientes 37 averiguaciones previas y 3 órdenes de aprehensión sin que esa fosa séptica nos hiera el olfato.

Hoy el salto de calidad se ha producido en México. La jerarquía más alta de la pirámide política está en entredicho y en la picota; carga sobre sus lomos arrobas de exasperación y odio popular. Pues sí, pero por nuestra renuencia a pensar  y a ejecutar un ejercicio de autocrítica esta exasperación de las masas se manifiesta sólo en esos movimientos espontáneos, sin estrategias, sin la táctica adecuada y sin esa vanguardia que les proporcione el pensamiento científico. Y así qué podemos hacer. (Lastima.)

“Los muertos no nos asustan”

Que no se nos muera la memoria histórica, mis valedores. Que no perdamos de vista esa estrella polar. Se cumple casi una década de que  en el Vado Aguas Blancas, municipio de Coyuca de Benítez, Gro., las metrallas de la Policía Motorizada destazaron  las carnes (premeditación, alevosía y ventaja) de militantes de la Organización Campesina de la Sierra del Sur, a la que diezmaron a fuego, sangre y dolor. Fue aquel un tiradero de cadáveres y heridos que aventó al duelo a deudos, viudas y huérfanos. Presente en la carnicería, un a modo de representante oficioso del gobierno de Rubén Figueroa Alcocer: Rodolfo S. Espino, sub-procurador del Estado, que  días después de los matancero se sinceraba:

– Si yo acudí a Aguas Bancas fue por órdenes del ahora ex procurador Antonio Alcocer. El que protegió al ex-gobernador Figueroa para que no fuera procesado como responsable de la matanza fue el propio Sistema.

Ese al que señalaron de autor intelectual de la masacre de Aguas Blancas tenía un compadre en Los Pinos, Ernesto Zedillo. Ante la acusación de su subalterno Sotomayor,  se defendía en 1997 Alcocer Salazar:

– ¡Yo rechazo cualquier responsabilidad penal en la matanza de Aguas Blancas, ni tengo idea de cómo pueda ir el caso! Yo estoy alejado del asunto, no tengo ni la menor idea. Yo ahora soy comisionado del PRI en Chilapa.

Y lo que va de ayer a hoy: en noviembre de 1995 y a nombre de algún organismo defensor de derechos humanos se encrespaba una Mariclaire Acosta  que años después, desde su oficina del gobierno foxista, se nos tornaría mansa, muda e impávida, hasta que el que la encaramó la dejó caer:

– ¡Rubén Figueroa es un asesino! El compadrazgo entre Rubén Figueroa y Ernesto Zedillo es un obstáculo para la aclaración y castigo de todos los hechos violentos registrado en Guerrero. A mí me parecería muy lamentable que un Presidente de la República apoyara a un asesino como Rubén Figueroa, y esto sólo porque es su compadre.

Todavía hoy, para defensores de los derechos humanos de aquí y el exterior, “Lo sucedido en el Vado Aguas Blancas no es un hecho aislado. Desde que Rubén Figueroa, compadre de Zedillo, asumió la gubernatura (1º. de abril de 1993), han sido asesinados 70 miembros del Partido de la Revolución Democrática (el PRD digno todavía) y 21 integrantes de la Organización Campesina de la Sierra del Sur; han desaparecido decenas de opositores y tan sólo en uno de los municipios, el de Atoyac de Alvarez, se han registrado más de cien  asesinatos y 23 secuestros en 22 meses”. Detrás de las cifras del oficio de tinieblas,  la absoluta impunidad, el olvido y la paz. Después de Figueroa ¡Angel Aguirre Rivero, con todo y hermano torturador de indígenas amuzgos!

Pero la lucha de deudos y víctimas continúa:  marzo de 1996. En nombre de las viudas y familiares de los campesinos asesinados en Aguas Blancas, Paula Galeana Baltasar entregó una carta al Sec. Gral. de la ONU, Boutros Ghali, para solicitar su intervención ante el Presidente Zedillo con el propósito de hacer justicia ante la matanza de Aguas Blancas, pero…

Nov.,1995. Fidel Velázquez acudió al palacio de gobierno para dar todo el apoyo de la CTM a Rubén Figueroa:

– ¡Usted, señor gobernador, sabe que a nosotros los cetemistas no nos asustan los muertos! ¡Ojalá que los demás gobernadores hicieran lo mismo que hizo usted, caiga quien caiga!

México, 28 de junio de 1995. Vado Aguas Blancas, ¿ya lo olvidamos? ¿Y Acteal,  El Charco,  El Bosque  y…?  Ah, México. (Qué país.)

¿Y Angélica?

En Brasil se pone frente al juez a quienes saquearon Petrobrás. En Portugal se hace lo mismo con un antiguo primer ministro, y en España la “Operación Púnica” significó la detención de 51 funcionarios, políticos y empresarios implicados en contratos corruptos. (Lorenzo Meyer.)

¿Y en nuestro país, mis valedores? De Tlatelolco en el 68 a Iguala hace apenas un par de meses, ¿quiénes, aparte de un edil, han pisado la cárcel? A Luis Echeverría, el autor intelectual de la sangre derramada en el 68, el 71 y la guerra sucia de los 70s., le cayó, implacable, una sentencia de… ¡arresto domiciliario! Los saqueadores de Petrobrás están en la cárcel. ¿Y Carlos Romero Deschamps, entre nosotros? Políticos y empresarios españoles han caído bajo el brazo de la ley. ¿Y las honorables familias de Salinas, Fox,  Montiel y Peña, para no citar más que los más recientes?

Oaxaca está en crisis. ¿Y Angel Aguirre Rivera, que lo gobernó un par de temporadas? ¿Y Rubén Figueroa Alcocer, al que Aguirre suplió luego de la matanza de Aguas Blancas, perpetrada el 28 de junio de 1995?

Tiempo después, en marzo de 1996, el entonces Sec.. Gral. de la ONU, Boutros Ghali, visitaba nuestro país. En nombre de las viudas y demás familiares de los campesinos asesinados en Aguas Blancas, Paulina Galeana entregó una carta al de la ONU para solicitar su intervención ante el entonces  presidente Zedillo con el propósito “de encontrar una solución y hacer justicia ante la matanza”  Boutros Ghali  escuchó a la viuda y no hizo comentario alguno al respecto. Y no más.

Y la memoria histórica, mis valedores: hace ya casi una década que los cadáveres del Vado Aguas Blancas, asesinados por la policía, iba a preludiar las matanzas perpetradas por militares y paramilitares en Acteal, El Charco, El Bosque, Tlatlaya, Iguala, el Edo. de México, en fin. Tantos crímenes impunes. México.

Por que la memoria no se nos muera y por que sepamos a qué atenernos en relación al esclarecimiento de los tantos crímenes que en Tlatlaya e Iguala claman justicia: el entonces Presidente Zedillo prometió hacer pronta y expedita justicia. Sobre la testa de los asesinos iba a caer todo el peso de la ley y todo el rigor de la justicia. Los años pasaron, llegó Fox, ¿y? Llegó el matancero Calderón,  ¿y? La nota del matutino:

El día de su destape Zedillo acudió a una fastuosa residencia y fue recibido por el propietario, el gobernador guerrerense Rubén Figueroa Alcocer, su compadre.

No mucho tiempo después iba a suceder que Anacleto Ahuehueteco, Simpliciano Martínez, Clímaco Martínez (qué nombres para un corrido), y una docena más de paisanos, militantes de la Organización Campesina de la Sierra del Sur,  iban a ser minuciosamente masacrados a mansalva por las balas de una Policía motorizada que (órdenes superiores) les disparó a discreción. Sec. Gral. de gobierno con Rubén Figueroa era R. Robles Catalán, y un Antonio A. Salazar el Procurador de Justicia estatal. Ninguno fue molestado por la justicia.  

Detrás estaba un personaje para tantos guerrerenses siniestro, hijo siniestro del siniestro de todo Guerrero, Rubén Figueroa Figueroa. Ese hijo era compadre del dicho Zedillo. De espectador, con las balas del gobierno sembrando el almácigo de muertos, el sub-procurador de Justicia de Guerrero, Rodolfo Sotomayor Espino.  Hoy, intocable e intocado, el compadre al que señalan como autor intelectual de la masacre sigue, en libertad, administrando sus negocios camioneros. Es México.

(Más sobre la matanza, mañana.)