Hermano en el camino, Solalinde

Por su protagonismo al frente del albergue Hermanos en el Camino, el sacerdote Alejandro Solalinde ha sido destituido del cargo por la jerarquía católica.

Una más de ese clero político que no admite más protagonismos que los de Rivera  y congéneres, protagonismo que se magnificó en el reciente proceso electoral, donde la sotana y la capa pluvial inclinaron las preferencias del voto en los pobres de espíritu. El retrato hablado del candidato, en palabras del obispo  Onésimo Cepeda:

Uno con la cola limpia: ese es el candidato ideal.

Tan horroroso protagonismo viene exacerbándose desde 1988 en los tiempos recientes, cuando un Salinas urgido de “legitimación” desnaturalizó el 130 constitucional, del que a su hora afirmó Dn. Jesús Reyes Heroles:

Respeto a la religión y respeto a la política, que no otra cosa es nuestro Art. 130 constitucional. Salinas: “Las iglesias y las agrupaciones religiosas tendrán personalidad jurídica como asociaciones religiosas una vez que obtengan su correspondiente registro”.

El reculón salinista desbozaló el protagonismo de un clero que desde el púlpito y ya sin recato lanza anatemas y excomuniones, condena leyes, exalta a Peña, sataniza a aquél y controla el voto de los pobres de espíritu. “Desde los orígenes de Hispanoamérica, afirma el historiador, religión y política dependieron una de otra y se influyen una a la otra”.

Dn. José Ma. Luis Mora, político liberal: “Todo lo que incide en el fervor se capitaliza en poder político para la Iglesia. A mayor fervor popular, mayor control sobre los fieles, quienes, sin racionalidad,  se caracterizan por un alto nivel emocional. Cada mexicano debe preguntarse a sí mismo si el pueblo existe para el clero o si el clero ha sido creado para satisfacer las necesidades del pueblo”.

El clero político: “La ley para la despenalización del aborto aprobada por la ALDF pone en evidencia el rostro autoritario y fascista del PRD”.

Contra el derecho de la mujer a disponer de su cuerpo el obispo Jonás Guerrero: “¿Qué diríamos de El Mochaorejas si nos dijeran que tiene derecho a secuestrar, a cortar los dedos de sus víctimas, a asesinar a nuestros familiares? Ahora ´’se justifican’ los actos vandálicos de los asambleístas del PRD, que ellos llaman derechos´”.

Santiago Creel cuando Sec. de Gobernación de un Estado laico: “El gobierno  reconoce sin disimulo el papel trascendental de la Iglesia Católica, ahora en posibilidad de realizar abiertamente sus actividades, de brindar un servicio y de difundir su mensaje eucarístico de luz y vida”.

El sacerdote V. Amil, citado por J. Meyer: “Ya sea que el príncipe haga buen o mal uso de su poder, ese poder siempre es conferido por Dios. Incluso si su gobierno es tiránico hasta el punto de que deje de ser un príncipe y se convierta en un demonio, incluso entonces… debemos seguirle siendo fieles, no permitiéndonos más recurso que el de apelar a Dios, Rey de Reyes que puede en el momento oportuno ayudarnos en nuestras tribulaciones”.

Dn. Jesús Reyes Heroles:

En el pasado, a nombre de la religión, se entró en el cambalache político; se politizó en el mal sentido la religión y se dio origen a una mezcla lesiva a la libertad de conciencia y a la dignidad religiosa. En otros países a nombre del cristianismo se hace mala política, se entra en el toma y daca del comercio de las cosas y de los hombres. Nuestra Ley impide estas actitudes que desmedran la religión”.

Eso, ayer. ¿Y hoy, en el sexenio del Verbo Encarnado? (Dios.)

Judío Errante

Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: ¿Soy acaso el guardián de mi hermano?

Y díjole Jehová: “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Por legitimar tu llegada ilegal al paraíso desataste entre tus hermanos  una matanza que no sabes como frenar. La guerra que en mala hora declaraste contra los de tu raza ha provocado sangre, duelos, quebrantos y lágrimas. Contra ti claman las almas de más de 60 mil cuyos cadáveres se esparcen en una tierra que de no ser por la misericordia de mi corazón sería tierra baldía y estaría maldita por culpa de  tus  acciones carniceras”.

– Tuve valor para enfrentar a los criminales.

– ¿Valor tú? ¿Cuántos guardianes precisas para acallar el temor, porque sabes que cualquiera de los que habitan la tierra sueña con arrebatarte la vida? ¿Acaso te has ganado el aprecio y el reconocimiento de los que te rodean? ¿A alguno reconoces por amigo?

Caín humillaba la testa. “Ahora, pues, que se agota el tiempo de tus iniquidades, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tus hermanos. Cuando labres la sementera fruto mostrenco te habrá de dar;  errante y extranjero serás en la amplitud de toda la tierra antes de lo que imaginas. ¿Dónde te ocultarás? ¿Qué comunidad de humanos aceptará dar sustento a uno que así se ha empantanado las manos con el torrente de sangre de sus hermanos de raza?”

Fatalista, resignado, el matancero: “Me echas hoy del suelo que habito, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra, y cualquiera que me hallare me matará”.

– Ninguno podrá darte el consuelo de la muerte.

Y Jehová puso señal en Caín.  Ni la merecida muerte violenta ni la inmerecida hospitalidad de quien ignorase  la sangre derramada por el carnicero. “Para ti no existirá la hospitalidad, que así como algunas flores cierran sus pétalos ante la presencia del insecto dañiño, hostiles te serán todos los pueblos de todos los rumbos. Errante andarás por la tierra, y mi señal te hará cargar la verguenza por toda una eternidad”.

Torva mirada, Jehová observó al asesino de sus hermanos abandonar la heredad. (Ya había enviado emisarios secretos  a todos los rumbos en procura de asilo, pero sabía que una tras otra, las comunidades le negarían la entrada. Pueblos de todas lenguas, sistemas políticos y creencias religiosas rechazarían la idea de acoger entre ellos al Judío Errante que tras sí dejaba un almácigo de cadáveres a flor de tierra y otros más hacinados en fosas clandestinas.)

Diciembre. Ahí fue el ir y venir del Judío Errante, encuevado en los escondrijos donde le sorprenda la noche, lejos de todo humano contacto. Ahí sobrevive apenas, a penas, marcado con el signo de la sangre derramada, sin más familia que mujer e hijos; sin más riqueza que la mal habida, sin más ángeles guardianes que escuadrones ya de verde olivo, ya de civil. “¿Me protegen o me tienen cautivo, vigilantes de que no me vaya a escapar?”

A Caín, como a Macbeth,  el sueño se le ha desterrado. “Desearás la vida, y la vida se te ha de negar. Convocarás a la muerte, y no escuchará tus lamentos”. Caín.

Y ocurrió que observando desde este montículo un caserío arropado en capullo de llamas vivas, Lot se dolía:  

– Trágico tu final, ciudad hasta ayer dichosa. Virtuosa fuiste, y bienamada del cielo, pero tu buen corazón te acarreó la ruina. No te atrevas a recibir a ese maldito de Dios, te repetía yo, pero tú, blanda de entrañas…”

Ah, Sodoma, entre todas desdichada. (Fin.)

Mamá Maurita

“Los Legionarios de Cristo inician una fuerte campaña para impulsar la beatificación de Mamá Maurita, la madre de Marcial Maciel. Tiene una pagina web donde se publica su oración, se invita a presentar nuevos milagros y se anexa una cuenta bancaria para depositar “a la causa.” (Milenio.)

¿Ustedes, mis valedores, ya se apresuraron a depositar una parte de su gasto semanal para que Ratzinger beatifique a la santa madre del ya casi beato padre (de familia), el difunto  Marcial Maciel? ¿Cuál de esos dos beneméritos será el que se primero encarame a los altares, la santa Madre Maurita o su hijo el padre de hijos naturales y putativos, paidófilo bisexual y fundador de los Legionarios de Cristo, bienamados de Norberto Rivera, cardenal de la Iglesia Católica? ¿Cuál es su candidato para la primera de esas aureolas?

¿Difícil que un garañón de sotana como el muerto Maciel consiga la beatitud? No lo es, si ocurre que Ratzinger prolongue la política de Karol Wojtyla, aquel “amigo” de México que hizo chuza de hasta 34 asesinos y torturadores cristeros a los que enjaretó la etiqueta de mártires. Y qué tufaradas de azufre exhala tan sospechosa arribazón de fanáticos al “club de la aureola”. Y es que por estos días la santidad se abarata, se cosecha al por mayor y se nos torna pandemia. Por santos no vamos a parar, que ahora se ensamblan a escala industrial. Laus Deo.

Y si no, mis valedores: ¿no consiguió patente de santo un personaje como José María De (este “De” se lo enjaretó a capricho) Escrivá, fundador de ese Opus Dei, cuyos opositores denuncian, entre otros “pecados” del beato, “la acumulación de riqueza”, y aquella de que  “el Opus Dei es peor que una secta, son mercaderes del evangelio, que destrozan vidas humanas?”

Pero ha sido beatificado. Con el beato Escribá ya lo es también Juan Pablo II. Ya suelta un tufillo a “santo” el verraco padre Maciel, al igual que su santa Mamá Maurita. ¿O qué, iban a ser desperdicio los ríos de dinero que a manera de sobornos los legionarios han evacuado en las arcas de El Vaticano por aquello de que ya alucinan con el insaciable padrecito Maciel trepado en su niño (trepado en su nicho, quise escribir; travesuras del inconsciente); en su nicho de ermitas, capillas, templos, basílicas y catedrales? Y a esto quería yo llegar.

Quería llegar a los métodos burocráticos que advierto en el criterio vaticano frente a la santificación de aspirantes, y lo ejemplifico con un santo mexicano al que hasta hoy nada me ligaba más allá de una perfecta indiferencia y por el que ahora siento una recóndita compasión: otro Felipillo santo, un tal Felipe de Jesús Calderón, al protomártir mexicano lo acaba de declarar públicamente su “patrón”. A San Felipe de Jesús, que de tal desafuero no es responsable, válgame…

La burocracia de El Vaticano:  el español y beato Escrivá murió de viejo, en su cama, y en lustros fue canonizado. De viejo murió el polaco Juan Pablo II, y por la vía rápida se le colocó la de beato. En la flor de su edad, el mexicano Felipe de Jesús fue martirizado junto con sus compañeros de evangelización en tierras niponas:

“Cada uno fue sujetado a una cruz con argollas y cuerdas; dos de aquéllas se colocaron en las muñecas, otras tantas en los pies y una en el cuello. Felipe de Jesús fue el primer crucificado: alanceado en tres partes, dos por los costados y una por el pecho, murió murmurando el nombre de Jesús”.

A diferencia de Escrivá y Juan Pablo II, el de Jesús  fue canonizado 265 años después de su muerte. (Dios.)

Cuba y El Vaticano

En Cuba ha muerto el marxismo, anunció antes de su visita a la Isla el obispo de Roma, ese mismo que en febrero del 2008 exhortaba a los católicos cubanos: “No desfallezcan bajo un gobierno comunista. Ustedes sigan regando la viña del Señor”.

Mientras tanto Tarcisio Bertone, Secretario de Estado de El Vaticano, pedía  a los cubanos “recordar a Juan Pablo II”, y lo inaudito: “La Iglesia solicita a Cuba espacio sin límites para actuar en la Isla, sobre todo en el área de la educación”. La respuesta de un gobierno emanado de la revolución:  abrir uno de los canales de TV para que la misa que ofició Bertone llegase a todos los cubanos. Dios.

El presunto educador de los cubanos tendría que ser Ratzinger,  Gran Inquisidor que había comenzado a oficiar la misa a la usanza del viejo ritual, en latín y de espaldas a los asistentes. “Así, el gesto del Papa ha representado un fuerte y significativo apoyo a la vieja liturgia”. Ahí apareció el fantasma del ala autoritaria del catolicismo, la Contrarreforma, dentro de la cual se consolidan unas tendencias del Ratzinger  reaccionario que se manifestaron desde que  encabezaba la Congregación para la doctrina de la Fe.

Fueron aquellos  los tiempos en que los observadores externaron aquel temor:      “Sí, seguro, existe el riesgo de que se cierren puertas y ventanas. El peligro de levantar de nuevo el puente levadizo de la Iglesiacomo fortaleza no es ilusorio, como tampoco es ilusoria una santa alianza entre Roma y el piadoso dólar libre contra el comunismo ateo. La advertencia es clara y fuerte, es un grito de alarma que reflejó los temores que rodearon el Sínodo extraordinario reunido en Roma en el 2005, donde los sectores progresistas tuvieron sobradas razones para temer una regresión de la Iglesia católica.  A contrapelo de las esperanzas de renovación y cambio que albergaban muchos fieles católicos, afirma el analista Martínez García, el cónclave cardenalicio decidió  algo peor que mantener a la Iglesia anclada en el conservadurismo: llevarla a una regresión de décadas o de siglos y entregar el trono papal al cardenal alemán Joseph Ratzinger, brazo represor del Vaticano”. (Esa Iglesia, ese cardenal, ese pontífice, reclaman al gobierno de Cuba “espacio sin límites” para educar a los herederos de Sierra Maestra.)

Y así la protesta de muchos más obispos, entre ellos los de Estados Unidos, a quienes Ratzinger no contestó, prefiriendo evadir el debate. “Discutir sobre nosotros mismos y problemas de poder, sería un triste espectáculo”. Su acrobacia verbal, admirable, pero a nadie convenció. Nadie en Roma ha olvidado que el detonante que agravó la polémica sobre el papel de Roma frente a las conferencias episcopales progresistas fue el libro de Ratzinger.

Conclusión:  “Nadie puede negar la sordera cada vez más grande del Norte ante la creciente miseria del Sur, torturas y violaciones de los derechos humanos, cuestionamiento generalizado de los valores morales y sociales tradicionales, creciente indiferencia religiosa del antiguo occidente cristiano, fortalecimiento de las iglesias jóvenes aferradas a sus propios valores”.

Los desafíos que este siglo lanza a la Iglesia son múltiples, ineluctables y radicales. En el Sínodo extraordinario celebrado en el 2005, ¿se impusieron los partidarios de una Iglesia cada vez más intensa e involucrada en los problemas políticos, económicos y sociales del mundo, o los que buscaban una dimensión estrictamente espiritual para esta misma Iglesia? Cuba,  Ratzinger (Dios…)

Flor y espejo de mártires

Mataron a Monseñor Óscar Arnulfo Romero, Arzobispo de El Salvador. Mataron al religioso, al luchador, al héroe, al mártir. Lo asesinaron un 24 de marzo de 1980, pero su muerte a algunos nos pesa como si hoy mismo hubiese ocurrido. El bienamado de El Salvador celebraba misa en su iglesia de barrio en San Salvador cuando fanáticos de los escuadrones de la ultraderecha ARENA, de R. D’Abuisson, le quitaron la vida. Profeta al modo de Isaías, y como profeta defensor de los desvalidos, el Arzobispo fue asesinado al elevar la hostia en la celebración de la misa Su cuerpo cayó fulminado al pie del altar. Uno de sus fieles, su amigo fiel:

– Lo supe a las 3 de la tarde del 24 de marzo de 1980. Acababa de nacer la primavera. La mañana había sido calurosa y clara Cuando lo supe, llovía Una lluvia nueva generosa blanca que envolvía los cerros. Óscar compañero había resucitado en la llama de una bala Sólo una bala precisa amaestrada prevista La lluvia fue el gran perdón que caía sobre El Salvador. El perdón del caído. El gran Mártir de América había ganado la batalla a sus asesinos. Ojalá se convencieran de que perderán su tiempo. Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no perecerá jamás.

El religioso estaba presto a entregar la vida por la causa que amaba, y no es que sin motivo presintiera su muerte, que bien conocía a quienes lo acechaban a todas horas. “He sido frecuentemente amenazado de muerte. Debo decir que, como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección: si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño. Lo digo sin ninguna jactancia, con la más grande humildad. Mi muerte, si es aceptada por Dios, sea por la liberación de mi pueblo y como un testimonio de esperanza en el futuro. Si llegasen a matarme perdono y bendigo a quienes lo hagan. Como Pastor estoy obligado por mandato divino a dar la vida por quienes amo, que son todos los salvadoreños, aun por aquellos que vayan a asesinarme. Si llegaran a cumplirse sus amenazas, desde ahora ofrezco a Dios mi sangre por la redención y por la resurrección de El Salvador. Yo resucitaré en las luchas del pueblo”.

Y lo asesinó un sicario contratado por un D’Abuisson canceroso del ánima, que al poco tiempo fue asesinado también, sólo que por un cáncer fulminante que del ánima se le fue al organismo. Eran años aciagos para El Salvador, sacudido por una crudelísima guerra civil entre la guerrilla del FMLN y el ejército del gobierno, apoyado, y cuándo no, por EU. El conflicto se prolongó el tanto de 12 años; el armisticio se iba a firmar en el Castillo de Chapultepec. Aquí, unas colonias adelante.

De la homilía que le granjeó una bala en el pecho:

– Queridos hermanos: sin las raíces en el pueblo, ningún gobierno puede tener eficacia, mucho menos cuando quiere implantarlo a fuerza de sangre y dolor. Yo quiero hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejército, y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles:

¡Hermanos: son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios, no matar! ¡Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios! ¡Una ley inmoral nadie tiene que cumplirla!

¡En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos: les suplico! ¡Les ruego! ¡Les ordeno en nombre de Dios! ¡Cese la represión!

Y lo mataron. Oscar Arnulfo Romero. (A su memoria.)

Sotanas y pedofilia

La barca de Pedro, mis valedores. El artefacto hace agua por todas partes y está a punto de zozobrar. Esto viene repitiéndose de forma periódica, pero desde hace decenas de siglos el navío sigue adelante con su navegación, conducido por una tripulación que aglutina a reverendos de toda laya, desde padrecitos virtuosos hasta padrecitos de varias criaturas nacidas de distintas madres.  La barca de Pedro. A propósito:

Que entre la jerarquía católica la pedofilia del sacerdote no se considera delito, recurso que evita el escándalo y la denuncia penal contra ese sacerdote pedófilo al que la jerarquía católica se concreta a reubicar en distinta parroquia, y la paz. Recuérdese el célebre caso del padre Marcial Maciel, a quien arropó El Vaticano y que así “justifica” un  Renato Ascencio, por aquel entonces obispo de Ciudad Juárez:

– La ropa sucia se lava en casa. Nosotros tenemos nuestras propias autoridades y procedemos  través de nuestros propios tribunales eclesiásticos. En caso de detectar a sacerdotes que abusen sexualmente de menores, la jerarquía católica no los entregará a las autoridades judiciales, sino que los juzgará en sus tribunales y con sus propias leyes, no más.

¿El rigor de esas leyes? Roberto Blancarte, estudioso del tema: “La  pena máxima que el derecho canónico puede establecer en casos de abuso sexual es la pérdida del carácter clerical (…) y de una vida de oración y penitencia. Penas ligeras  comparadas con las que se quiere aplicar a quienes practican abortos”.

Y como para apuntalar la aseveración de Blancarte, la noticia del pasado viernes:  “Un sacerdote católico de Nueva York, de los principales organizadores de la multitudinaria misa que ofició el papa Benedicto XVI en el estadio de los Yanquees en 2008, es acusado de haber abusado de una decena de adolescentes en los años ochenta en un colegio del barrio de Harlem. El cura pedófilo fue castigado por la Santa Sede a una vida de oración y penitencia”.

– Lo que me recuerda (le recordó al maestro en nuestra tertulia de anoche) el suceso que aconteció en el XVI en Sevilla, según nos queda constancia en los escritos de Melchor de Santa Cruz. Aquí, lenguaje antañón, la crónica:

“Un sacerdote mató a un zapatero de la misma ciudad, y un hijo suyo fue a pedir justicia; condenóle el juez de la iglesia en que no dijese misa en un año.

Dende a pocos días el Rey don Pedro vino a Sevilla, y el hijo del muerto se fue al Rey y le dijo cómo el arcediano de Sevilla había muerto a su padre. El Rey le preguntó si había pedido justicia. El le contó el caso como pasaba. El Rey dijo: ¿Serás tú hombre para matarle, pues no te hacen justicia? Respondió: Sí señor. Pues hazlo, dijo el Rey. Esto era víspera de la fiesta del Corpus Cristi. Y el día siguiente, como el arcediano iba en la procesión cerca del Rey, dióle dos puñaladas y cayó muerto.

Prendióle la justicia, y mandó el Rey que lo trujesen ante él. Y preguntóle por qué había muerto a aquel hombre. Señor, porque mató a mi padre, y aunque pedí justicia, no me la hicieron.

El juez de la Iglesia, que estaba cerca, respondió que sí se la había hecho justicia, y muy cumplida, por cierto. El Rey quiso saber la justicia que se le había hecho. El juez respondió que le había condenado que en un año no dijese misa. El Rey dijo a su alcalde: Soltad este hombre, y yo le condeno que en un año no cosa zapatos”.

Mis valedores: ¿a los alcahuetes de garañones de sotana arriscada les podría servir de lección? ¿Ustedes qué opinan?  (Trágico.)

El Papa, los militares, Pinochet

El Presidente Pinochet ha recibido una misión especial encomendada por Dios (Obispo Sergio Contreras, Sec. Gral. de la Conferencia Episcopal.)

Fue en Chile, mis valedores, donde ocurrió el episodio del Papa y los militares. Si lo recuerdo ahora, casi 16 años después, en vísperas de que el gobierno del Verbo Encarnado reciba a Ratzinger es porque aquí también se arrojó a los militares a cumplir una especie de obediencia debida que ha empañado su imagen ante las masas sociales. México, Chile.

Fue en 1986. Pinochet estaba por recibir a JPII cuando esos militares católicos  expusieron (depusieron) ante el Papa sus escrúpulos de conciencia frente a una  represión que por obediencia debida eran forzados a perpetrar. La denuncia:

Su Santidad: Somos militares chilenos acongojados por profundas contradicciones morales que día a día ponen a prueba nuestra fe; por ello, aprovechando su próxima visita, queremos solicitarle una palabra pública de aliento a nuestras almas.                                                                                                                                                                    Nuestras inquietudes también son conocidas por los Sres. Obispos de la Iglesia Chilena, a quienes han llegado a través de la confesión.

Cuando el mandamiento No matarás es violado en cumplimiento de la Defensa Nacional la culpa se atenúa; ello, sin embargo, nos produce inquietud. Cuando el mismo mandamiento da órdenes que no corresponden al quehacer propio del militar sino a “estados de excepción”, que nos enfrentan a nuestros propios connacionales, creemos que nuestra culpa no se atenúa, y ello nos produce gran amargura.

Cuando los capellanes, más que representantes de la Iglesia llegan a ser representantes de la jerarquía militar y sus mensajes son de justificación de la obediencia ante la arbitrariedad más que un llamado a la conciencia cristiana y a la responsabilidad individual, surge la duda en nuestra conciencia. Cuando hombres de armas, por interés personal o mal entendido sentido del deber,  se tornan torturadores, y nuestros Obispos afirman que no procede la excomunión ni condenan dichas prácticas, nuestra conciencia se rebela. Es demasiada carga tener camaradas de armas torturadores y Pastores que no condenan a los responsables.

A inicios de los 70s a la Iglesia Chilena le preocupó la amenaza que significa un gobierno de inspiración no cristiana. Por eso su influencia a través de Altos Oficiales para influir en el curso de los acontecimientos. El Almirante Ismael Huerta, miembro del Opus Dei, llegó a ser Ministro del Pres. Allende, luego contribuyó a su derrocamiento, y después representó al nuevo gobierno ante la ONU.

Si hoy la ausencia de inspiración cristiana en el gobierno es mayor que entonces, hasta el extremo de haberse producido muertes y exilio de sacerdotes y laicos inocentes, ¿no es legítimo repetir lo que hace 13 años se consideró justo? Su palabra, Santo Padre, será una apreciada luz en el esclarecimiento de nuestras inquietudes”. Firman: Militares católicos.

¿Y? Karol Wojtyla llegó a Chile, bendijo al genocida y años más tarde intercedió para que la justicia británica enviara al represor a la impunidad. Hoy recordé el episodio, pero creo que de sentir algún escrúpulo de conciencia,  los militares de México lograrían ante Ratzinger el alemán exactamente lo mismo que sus colegas chilenos con el Papa polaco: nada. Y ya. (Lástima.)

¡Viva Cristo Rey!

Si no ahora cuándo, mis valedores. Los beatos del Verbo Encarnado, invasores de Los Pinos, con la mano del gato (del Legislativo) han dado el triunfo total y descarado a la sotana y el solideo, la capa pluvial y el pensamiento mágico, y que a los 60 mil difuntos que los dañeros cargan sobre sus lomos se agregue un cadáver más: el del Estado laico. Hoy día, laus Deo, son los Norberto Rivera y demás purpurados quienes dictan las condiciones y marcan el rumbo del país. Si no es en este sexenio, cuándo. Es México.

Pues sí, pero lástima: doña Tula y don Juan, católicos de hueso rojo hasta el tuétano, ya no alcanzaron a presenciar el triunfo tardío de los obispos Mora, Jiménez y Cía. sobre Calles el impío. Lástima, digo, porque esta victoria de los reverendos hubiese consolado a mis padres de la desilusión que sufrieron cuando su hijo les reveló que no nació para castidades sino para amador de mi única.

Lamentable, porque desde mi nacimiento fui condicionado para que la familia contase con un reverendo más, así fuese un cura miserito, cura de ollita. Mi madre, al amamantarme (dos años y medio, suertudo que soy), a la hora del arrullo me dormía no con el clásico de Blanca Nieves o Pulgarcito. Ella, católica hasta el cogollo del tuétano de una religión roqueña, donde no cabían fisuras ni dudas de especie ninguna,  arrullaba mi sueño con esta cantaleta de cuna:

“Grábatelo, mi hijo: el señor tu Dios, en santa misa, reveló a tu santo señor el obispo De la Mora el instante en que dos impíos caían de cabeza en los apretados infiernos. El primero de ellos, ya te haz de imaginar, fue el indio Juárez. El segundo hereje, cuándo no, fue el impío Calles, Atila de los santos sacerdotes que tuvieron que hacer la cristera por amor a la santa Iglesia. ¿Ya te dormiste, mi hijo?”

Tal era el cuento que arrulló mis sueños de mamón. Dejé la teta, qué lástima, y tuve que entrar a la escuela, tantito peor. Mi niñez fluyó como la de todo niño zacatecano: con una estampita del cura mártir Miguel Agustín Pro en las manos. Pero no una estampita cualquiera, sino una milagrosa. La cartulina mostraba en color negro, en negativo, los rasgos lechosos de un rostro disforme, como forjado con ectoplasma, del que en el centro se advertía un puntito oscuro como travesura de mosca. Las instrucciones para provocar a voluntad el prodigio del hoy beato Miguel Agustín (y los prodigios sólo se producen por verdadero milagro) decía, palabras más o menos:

Mirelo el devoto de manera fija y sin parpadear durante el tiempo que tarda en rezar un padre nuestro y una Ave María con la intención de que Miguel Agustín sea canonizado muy pronto. Luego mírese al cielo y oh prodigio: ahí aparecerá el rostro del siervo de Dios..

Y sí, oh prodigio. Luego de mirar el puntito, ¡el milagro! Gigantesco, imponente a todo lo amplio del firmamento zacatecano, contra la claridad purísima se revelaban, ya en positivo, los rasgos del padre Pro, mártir de la lucha cristera y víctima del “impío” Calles. Aquellos rasgos de barretero zacatecano me acompañaron al seminario (donde, gracias sean dadas a las sotanas, aprendí a distinguir lo que es bueno y lo que es malo a escala de mi conciencia, y también a  hablar y escribir en español, suertudo que siempre he sido. Y sigo.)

Mi niñez zacatecana transcurrió a la diestra del padre, o sea don Juan Mojarro, y de aquella runfla de tíos por parte de madre, cristeros de corazón. Cabalgando con ellos en ancas del penco… (Esto finaliza el próximo viernes.)

Nuevo mapa del poder

 España y México, mis valedores. Aquí, al triunfo del Verbo Encarnado en julio del 2006, siguió el pleno reinado de los  Norberto Rivera, Ratzinger y demás potencias del alto clero político. Allá, según afirma Oscar Guisone en el semanario del domingo anterior, al triunfo reciente del Partido Popular  y el ascenso de la esposa de José María Aznar a la alcaldía de Madrid ciertos esforzados se lanzan de lleno a la conquista de la capital española. Exacto, sí, los Legionarios de Cristo, hijos legítimos y putativos de Marcial Maciel. Fácil con Rajoy en España como aquí con  Calderón. Laus Deo.

Ratzinger  ya encaramó a los altares a Juan Pablo II, que otorgó aureola de santo al controvertido Escribá, fundador del Opus Dei. Que el próximo milagrito de Ratzinger en su visita a México, imploran algunos, sea la permanencia del PAN en Los Pinos. Atroz.

He estado leyendo ácidos comentarios acerca de la carrera desbocada de JPII hasta los altares, como leí en su momento opiniones diversas, no necesariamente objetivas, que me erizaron de dudas, sospechas y suspicacias en torno a la santidad de Escribá, personaje al que a sólo  tres décadas de su muerte y unos cuantos años de que fuese  declarado beato se le enjaretó aureola de santo. Todo ello, cuando El Vaticano parece haber olvidado a Dn. Oscar Arnulfo Romero, arzobispo y mártir de San Salvador. Y qué decir de un benemérito de los kilates de Bartolomé de las Casas, que espera, paciente, desde hace siglos. Los caminos del Señor…

Aquí, de la pieza lírica que a su hora dedicó Ratzinger a su antecesor en la silla de El Vaticano: “A la hora de su muerte, apenas había entrado en la habitación y mirado la imagen de la Madre, cayó al suelo. Mientras moría tocaban las campanas el Ángelus, anunciando el fiat de María y la gracia de la Encarnación del Hijo, nuestro Salvador…”

De soberbio reportaje que Sanjuana Martínez publicó en ocasión de la beatificación del opusdeísta: Murcia, España. “El Colectivo de Sacerdotes de Cartagena expresamos nuestra extrañeza por la rapidez del proceso y respetuosamente pedimos la paralización de la beatificación del padre Balaguer, ya que escandaliza a numerosos creyentes, por tratarse de una persona discutida, alguna de cuyas actitudes parece que no concuerda con lo que juzgamos una posición radicalmente evangélica”.

Por cuanto a la asociación de Teólogos Juan XXIII: “Expresamos nuestra preocupación por el inusitado proceso de beatificación, que nos recuerda el caso de Isabel la Católica y el de los denominados mártires de la cruzada española (…) La rapidez con la que se ha llevado el caso de Escrivá nos parece sorprendente y hasta sospechosa”.

De la carta que en L’Osservatore Romano publicó el cardenal Angelo Felici: “No han faltado voces contrarias a la beatificación de Escrivá. Esto era de prever, considerando la multiplicación de los miembros del Opus Dei y la obra que desarrollan al servicio de la Iglesia. Entre los remitentes de las 6,000 cartas de los opositores recibidas por el Papa pidiendo la apertura de la causa, hubo 69 cardenales, 1,228 obispos y 41 superiores generales de órdenes y congregaciones religiosas y muchos jefes de Estado y de gobierno”.

Pues sí, pero El Vaticano desestimó objeciones y críticas al declarar que Escrivá no fue un católico más: “Bajo su mano firme se movía un entramado financiero de 1,500 empresas y un patrimonio  valorado, a finales de los 80s., en 30,000 millones de pesetas”. Sí, ¡para cimentar las finanzas de El Vaticano, Dios! (Sigo después.)

¡Quémenlos!

El comunismo destruye a la familia, Comunismo en México nunca, Muera el comunismo, Dios, patria, familia y libertad. ¡Viva México! ¡Muera el comunismo! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!” (Pancartas y mantas.)

Tlatelolco ayer; hoy, el aborto. ¿Cuánto ha avanzado el país en respeto a derechos humanos  desde el MURO y cristeros tardíos hasta el Estado laico que encarcela a mujeres que se atreven a abortar? Por de entender mejor los sucesos de Tlatelolco presenté ayer ante ustedes la parte inicial de la crónica que en septiembre de 1968 publicó El Heraldo, de infeliz memoria, sobre la encerrona que llevaron a cabo militantes del MURO y fanáticos de la prédica clerical. Mis valedores:

Hoy, según sus acciones, Washington, el gran capital, las sotanas, El Yunque y el duopolio de televisión marcan los rumbos del país a un beato del Verbo Encarnado que un 1º. de diciembre, al embrocarse la banda presidencial, juró cumplir y hacer cumplir la Constitución. Laus Deo. Aquí finaliza la crónica de El Heraldo sobre el acto masivo que los dirigentes de la Coalición de Organizaciones para la Defensa de los Valores Nacionales (sic) realizaron en el estadio futbolero de esta ciudad para apoyar la inminente represión cuartelera contra los “comunistas” y el “oro de Moscú”.

“Cuando ya había casi 12 mil personas dieron la orden, y un grupo de muchachos salió al ruedo con un monigote de cartón que representaba a los guerrilleros: gorra cuartelera, camisa y pantalón verde, luengas barbas, en las manos un libro nefando: el diario del Che. El vocerío creció: gritos exasperantes (sic) exigían: ¡Quémenlo, quémenlo, quémenlo!

Subrayaban su exigencia con enérgicos ademanes, con el pulgar tenso apuntando hacia la arena. Alfonso Aguerrebere, desde el micrófono, estimulaba esas manifestaciones: ¡Queremos Ches muertos! ¡Gasolina! ¡Dónde hay gasolina! La multitud rugía, exaltada: ¡Mueran! ¡Gasolina! Algunos acercaron cerillos al guerrillero, y segundos después todo allí era fuego, gritos incontenibles, histeria. Los presentes entonaron nuestro sagrado Himno Nacional Mexicano”.

De la gasolina y El Heraldo al linchamiento: Puebla, 18 de sept., 1968. “Un campesino y 3 excursionistas fueron linchados por los habitantes de San Miguel Canoa, instigados por el cura Enrique Meza.  “¡Son comunistas!”

Todo se inició cuando un grupo de excursionistas empleados de la Universidad Autónoma de Puebla y un amigo procedente del DF trataron de ascender al monte Malintzin, a cuyas faldas se encuentra San Miguel Canoa. Obligados por el mal tiempo regresaron al pueblo y por lo avanzado de la hora no les fue posible hallar transporte para el regreso. Buscaron asilo para pernoctar en San Miguel Canoa, pueblito de 5 mil habitantes. Se les negó. El campesino Lucas García ofreció  su casa a los jóvenes. Al rato las campanas de la capilla repicaban. Por el micrófono del Zócalo se informó: había un grupo de comunistas que iban a izar una bandera rojinegra. Dos mil lugareños armados con rifles, cuchillos y pistolas, fueron a la casa de Lucas, exigiendo la entrega de los excursionistas. De nada valieron las explicaciones; él y varios empleados de la UAP fueron sacrificados a machetazos. De milagro escaparon cuatro, uno fingiéndose muerto tras de recibir un machetazo en la cabeza”.

De Tlatelolco, mis valedores,  a la celda carcelaria para las embarazadas que se atreven a abortar, ¿cuánto ha avanzado el Estado laico que rigen televisión,  mega-ricos, sotanas y beatos del Verbo Encarnado? Clama el poeta: Mi país. (Ah, mi país.)

 

 

¡A lincharlos!

Cristianismo sí, comunismo no”  apenas ayer; hoy día, cárcel a la mujer que se atreva a abortar. Mis valedores: de 1968 al 2011, ¿ha avanzado este país? ¿Cuánto ha avanzado? ¿Retrocedido, tal vez? ¿Cuánto pudo haber reculado desde el Tlatelolco de Díaz Ordaz hasta el México de los 50 mil cadáveres que ha generado la cofradía del Verbo Encarnado? Laico es el Estado mexicano, jura la Carta Magna. ¿Es laico el Estado? A sofocos y trompicones, pero al enjaretarse la banda presidencial el que todavía el día de hoy habita en Los Pinos juró cumplir y hacer cumplir la Ley fundamental. ¿Ha honrado su juramento? ¿Nosotros, en tanto, qué?

En fin. Como para pulsar el ambiente que llevó al estallido de Tlatelolco  transcribo la reseña de alguna de las acciones públicas con que un mes antes del Dos de Octubre los Norberto Rivera y Sandoval Iñiguez de aquel entonces, por aquel entonces al trascuerno (a trasmano, quiero decir) lograron incendiar una pradera que hoy día, a golpes de El Yunque, El Vaticano y el beaterío del Verbo Encarnado, pudiesen convertir en hornaza una vez más. Por si algo pudiésemos, quisiéramos aprender de la historia:

Fue en septiembre cuando los reaccionarios perpetraron la manipulación de unas masas que, ánimos en llamarada, días más tarde habrían de caer en la bestialidad del linchamiento en San Miguel Canoa, Puebla. que organizó y dirigió un presbítero de nombre Enrique Meza, que la jerarquía católica trasladó a alguna parroquia oaxaqueña después de su acción. Y no más. Es México, un Estado no sólo laico, sino de derecho también. Septiembre.

Lo proclamaba, triunfal, El Heraldo, de memoria infeliz: ¡Manifestación Anticomunista en la Plaza México! Cerca de 12 mil ciudadanos y jóvenes (sic) se congregaron ayer para realizar un acto de desagravio a nuestros símbolos nacionales, que derivó en una exacerbada manifestación anticomunista. Gritando: ¡Vivan los granaderos! ¡Viva México! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!, comenzaron a llegar, desde las once y media de la mañana, en compactos grupos que antes habían participado en otra manifestación en la Basílica de Guadalupe. A las 12 horas, 3 mil mujeres, jóvenes y ancianos, habían extendido numerosas mantas y exhibían pancartas: ¡Comunismo en México, jamás! Cristo Rey, tú reinarás, Contra los traidores, Muera la bandera rojinegra, Dios, patria, familia, libertad, Cristianismo sí, comunismo no, Apartidas comunistas fuera de México, etc

El principal organizador, desde un micrófono, dirigía las porras: ¡México nunca será comunista! ¡Viva México! ¡Mexicano! ¿Estás dispuesto a defender a tu patria? Los gritos, las porras: ¡México, México!, subrayadas por el rítmico chocar de las manos de los asistentes: ¡Vivan los granaderos! ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Muera Castro Ruz!

Cuando ya había allí cerca de 12 mil personas, los dirigentes de la Coalición de Organizaciones para la Defensa de los Valores Nacionales dieron la orden y un grupo de muchachos salió al ruedo con un monigote hecho de cartón que representaba a los guerrilleros: gorra cuartelera, camisa y pantalón verde, luengas barbas, en las manos un libro nefando: el diario del Che…

El vocerío creció: gritos exasperantes (sic) exigían: ¡Quémenlo, quémenlo, quémenlo!, y quienes tal pedían subrayaban su exigencia con enérgicos ademanes, con el pulgar tenso, apuntando hacia la arena. Alfonso Aguerrebere, desde el micrófono, estimulaba esas manifestaciones: ¡Queremos Ches muertos! ¡Gasolina! ¡Dónde hay gasolina!

(Esto sigue mañana.)

Beatos del Verbo Encarnado

La píldora del día siguiente, mis valedores. Algún magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en concordancia con el criterio previamente manifestado por algún Calderón que le propició la toga en la SCJN, logró con su voto que México diese un salto mortal, un estrepitoso reculón hasta mediados del XX, laus Deo. Ahora colocar en ese mismo tiempo histórico la píldora del día siguiente, método de anticoncepción hormonal que, como recurso de planeación familiar, han autorizado las autoridades del Sector Salud. ¿Asesinas las susodichas, genocidas, qué?
En fin, que desde el 2007, fecha en que estuvo al alcance de la mujer en este país, clamó  la Arquidiócesis de México:
– ¡La píldora de emergencia erige al gobierno y a sus autoridades de Salud en jueces que deciden quiénes viven o quienes deben morir. Son verdugos que utilizando el dinero de los impuestos llevan a cabo un genocidio de inocentes.
Responden los aludidos: “Este método no es de ninguna manera abortivo, pues lo que hace es inhibir la ovulación e impedir que se una el óvulo con el espermatozoide. Una vez que se ha instalado el embarazo, la pastilla no tiene efecto ninguno”.
– La Arquidiócesis contraataca: ¡Esa es una píldora abortiva, que interrumpe el proceso de la vida de un ser humano que está en desarrollo y que tiene todos los derechos, como el fundamental a la vida!
La del embrión, como lo nombra la Ley General de Salud, desde el momento de la concepción hasta la semana número 12, que hasta la hora de su nacimiento es feto; la del individuo, como lo denomina el Código Civil, y cuyo uso, según Norberto Rivera, cardenal de la Iglesia Católica, es “un método que asesina a inocentes”.
Y aquel 131 Bis del Código de Procedimientos Penales:
El Ministerio Público autorizará en un término de veinticuatro horas la interrupción de embarazo (…) cuando ocurran los siguientes requisitos: Quinto: que exista solicitud de la mujer embarazada. Las instituciones de salud pública del Distrito Federal deberán, a petición de la embarazada, practicar el examen de la existencia del embarazo, así como su interrupción.
La rigidez de las medidas represivas ha generado mayor clandestinidad y prácticas ilegales. Se presume que el aborto inducido tiene consecuencias patológicas, en las que sobresalen represiones, angustia y sentimientos de indignidad, de vergüenza y de culpa. Existe, sin embargo, una gran cantidad de investigaciones que demuestran que esto no ocurre así. En México los prejuicios han impedido, incluso, las investigaciones que pudieran aclarar nuestros problemas específicos.
Si el personal que la rodea  tiene la idea de que se ha cometido un asesinato y así lo expresan o se lo hacen sentir a la mujer, es inevitable la aparición de algunos de estos trastornos psiquiátricos, que no se dan cuando se brinda un manejo amable, afectuoso y moral.
Aborto, tema tabú. ¿es un derecho de la mujer? ¿Un crimen en ciertas circunstancias legalizado? ¿Legalizarlo, no legalizarlo? ¿Cuándo sí y cuándo no? Y aquí, a juicio mío,  la enjundia de la controversia: ¿en qué momento lo concebido es sólo un embrión, un feto, un producto? ¿Todavía antes de las 12 semanas de gestación es lícito expulsar al producto como una adherencia más dentro de organismo? ¿Cuándo ha adquirido la categoría de una vida humana que hay que respetar, preservar, o se cae en el asesinato? Mis valedores: esta polémica no es del día de hoy, que ya hace siglos fue ponderado por Tomás de Aquino. (El dicho del “Seráfico”,  después.)

Sotanas y narcos

La nota del matutino fechada hace tres días: “La Iglesia católica aceptó que dinero del “más sucio y sanguinario negocio”, el narcotráfico, podría haber sido utilizado en algunas comunidades para “la construcción de algunas capillas, lo cual resulta inmoral y doblemente condenable, y nada justifica que se pueda aceptar esta situación”.

– ¡Mentira que la Iglesia reciba dinero del narco!, clamó cuando Secretario de Gobernación  el fallecido Carlos María Abascal. ¡Mentira!   ¡Son intereses jacobinos los que intentan deslegitimar la misión eclesiástica! ¿Acaso es un crimen que los narcotraficantes arrepentidos de sus pecados se acerquen a la Iglesia? Ella, la Iglesia, no está obligada a rendir información sobre los recursos que le entran”.

Eso, ayer. Hoy, en el semanario Desde la Fe, órgano oficial del Episcopado Mexicano, con esa sintaxis:  “¿Qué estado de la República está libre de este flagelo?, ¿qué sector de la población no está involucrado con el poder corruptor del narcotráfico y la delincuencia que de allí se deriva?, podemos comenzar por políticos de gran altura, sin duda alguna desde gobernadores hasta corporaciones policíacas enteras, pasando por militares y policías federales”.

“Podemos mencionar ambientes empresariales, periodistas y algunos ambientes religiosos, desafortunadamente. Para vergüenza de algunas comunidades católicas, hay sospechas de que benefactores coludidos con el narcotráfico han ayudado con dinero, del más sucio y sanguinario negocio, en la construcción de algunas capillas, lo cual resulta inmoral y doblemente condenable y nada justifica que se pueda aceptar esta situación”.

Julio del 2008. La nota de prensa: La Arquidiócesis de México defendió los donativos con dinero público canalizados a la Iglesia. Subrayó que la pobreza se combatiría de manera más eficaz si los gobiernos incrementaran sus aportaciones al clero para la labor de ayuda social que éste realiza.

Mis valedores: si no es ahora cuándo. En un sexenio de Yunques, legionarios de Cristo y mamás Mauritas (¿continuará Ratzinger con el empeño de Juan Pablo II de beatificar a la madre de Maciel?), las sotanas han logrado colocarse tanto en la grilla política como entre los capos del narcotráfico. A propósito: curas encuentran ustedes en todos los rumbos, menos, al parecer, en uno de ellos. Vamos a ver:

Con el índice señalen al norte: ahí están; al sur: mírenlos; al oriente tanto como al poniente: ¿los distinguen? Señalen hacia abajo: ¿observan al hervidero de curas paidófilos y pederastas? ¿Distinguen a los Maciel que no hayan realizado a tiempo un acto de contrición? Apunten ahora hacia arriba, donde a ninguno pudiésemos ubicar. ¿O piensan ustedes en algún beato reciente?

Hoy mismo, mientras algún pederasta practicante de abusos erótico-sexuales amaneció en el calabozo, otros pelean por espacios de “fe y devoción” en la TV y otros más exigen la educación religiosa en las escuelas y la formación de un partido católico. De la ligazón entre curas y narcos lo afirmó Ramón Godínez cuando obispo de Aguascalientes:

–          Las limosnas de los narcotraficantes al entrar a la Iglesia  se purifican.

¿Que qué? Leonardo Boff, religioso. “Es profundamente antiético que jerarcas de la Iglesia Católica Mexicana se hayan involucrado con el narcotráfico. El poder religioso entra siempre en articulación con el poder político y el poder económico. Si el poder religioso no es vigilado, controlado; si no mantiene su altura ética degenera en negocios sucios”.

(Esto continúa el lunes, porque mañana…)

Los del dinero, instrumentos de Dios

¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que habíais de practicar. (Jesucristo.)

Más sangre en México. Por si no fuese bastante la de criminales y “daño colateral”, la de Juan Pablo II se añade a la que se ha derramado desde Los Pinos. Un jeringazo de sangre beatífica hunde aún más nuestro  Estado laico en el pantanoso terreno del Verbo Encarnado. Yo, el ánimo fruncido ante el espectáculo de un fervor de fachada y ritual, recuerdo la 2ª. visita de Wojtyla a nuestro país (1990), cuando se rodeó de empresarios y comerciantes y les bendijo el negocio. De rodillas le juró un Fernández  de Castro:

Su Santidad: los empresarios deseamos el bienestar social de todos los que dependen de nosotros. Los empresarios somos un medio del que Dios se vale para la administración de la riqueza temporal.

Y un Eduardo García, comerciante:

– Yo soy partidario de un capitalismo popular (¡Capitalismo popular!); de uno que, como la imagen de María, se intuye y se preanuncia. (¡Tíznale!)

JP. II le echó su bendición. Y sonreía…

Así explicó la presencia del Papa Patricio Martínez, negociante:

Su Santidad vino a reafirmar lo que nosotros ya teníamos como doctrina social, tal como él lo expresó en torno al capitalismo, al lucro exacerbado, al amor del dinero y a la mala retribución al trabajo e injusta distribución de la riqueza. De alguna manera nosotros ya la practicábamos, porque nosotros no defendemos el individualismo egoísta que algunos practican porque, ustedes saben, siempre hay abejas (sic) negras, ¿no? El Papa no dijo que el dinero sea malo, lo que pasa es que, por supuesto, no lo podemos amar al mismo nivel que los empresarios amamos a Dios.

Finalizó la visita papal, y G. V. Madero, empresario: “Qué paquetón nos vino a dejar el Papa. Claro, él habla de lo que debería ser, no de lo que es. En fin. No podemos quejarnos, porque lo  importante es que gracias a Dios, la visita papal redituó una ocupación hotelera del 100 por ciento”.

Manolo Lapuente,  que dirigía un equipo de futbol:

Su Santidad  logró la determinación que tuvimos en el Mundial de Francia.

Pero lo mejor de la influencia papal se reflejó, y cuándo no, en el cinescopio. Millones de adictos y millones de dólares. La enajenación colectiva, el delirio, el orgasmo, el éxtasis. El Papa vino y se fue, y hoy regresa en estatua de cera y en ampolleta.  ¿Semejante delirio, tal enajenación,  esa histeria colectiva lograron elevar el tanto de esta uña, miren, la moral personal y la moral colectiva de esos que al paso del taxi papal cayeron en trance, en deliro, en éxtasis?

“¡Nos vio, María! ¡Oh, Dios, el papa nos ha visto!” “¡Y nos dio su bendición! ¡Nos ha dado su santísima bendición!” “¡Ahora todo irá bien! ¡Jesús está con nosotros! ¡El Santo Padre nos ha visto, ha escuchado nuestros ruegos! ¡La tierra será buena otra vez!” “¡La lluvia llegará, Miguel, ya verás que la lluvia llegará..!” “Ella, agradecida, volvió su mirada al Cielo y soltó el llanto. El sacó una imagen de Juan Pablo II. Con esfuerzo se arrodilló y empezó a musitar: Padre nuestro que estás en los Cielos…”

Tú, el protector de Maciel, ¿en los cielos? Porque acá nosotros andamos amándote hasta el delirio.  De rezo, que no de acciones. Con la cabeza en llamas, pero frío el corazón. Hoy un Estado laico soporta el jeringazo de la beatífica sangre papal. ¿La política del negocio? ¿El negocio de la política? (Mi país.)

¿Católico? Ser o no ser

 

De la superchería hablé a ustedes ayer. Ahora continúo con el tema.

“Combatir la superstición es deber de todo católico. La superstición es la única religión de que son capaces las almas ruines”.

Y algo más advierten a ustedes la sotana y la capa pluvial: “La consulta de horóscopos y la lectura de cartas están prohibidas por la Iglesia Católica”.

Ello, mientras una “bruja blanca” se da vuelo en la radio: “Acuario su tendencia a expresarse con aire autoritario puede provocar que las personas demasiado sensibles no actúen como usted espera que lo hagan”. (¡!)

Superstición y feligresía. Desde la fe, semanario católico: “El pretender conocer el futuro mediante los horóscopos, lo único que se consigue es poner la vida en manos de simples suposiciones. La astrología, creencia antigua planteada en nuestros días como ciencia, no es más que charlatanería. Si fuera científica, si fuera cierta, arrojaría predicciones con cierto grado de precisión, como las ciencias naturales para un mismo signo en un mismo día vemos que no es así”.

Y esta verdad, para que la mediten esos “religiosos” practicantes de una fe meramente milagrera: “Ni siquiera Dios quebranta la libertad, mucho menos lo pueden hacer un planeta o una estrella”.

La “bruja blanca”: Cáncer. La Luna entró en su signo a las 22 horas y eso ha exaltado tu tenacidad en el terreno profesional. (¡Sic!)

Simón Bolívar: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción. Los ignorantes adoptan como realidades lo que son puras ilusiones”.

La Biblia: “No os volváis a los encantadores y a los adivinos; no los consultéis ensuciándonos con ellos. No serás practicante de adivinaciones, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni fraguador de encantamientos, ni quien pregunte a pitón ni mágico, ni quien pregunte a los muertos. Es abominación a Jehová cualquiera que hace estas cosas”. (Y se dicen católicos.)

¿Una ciencia, la astrología? El científico: “Según ella el sol, la luna, las estrellas y los planetas, pueden influir en lo que sucede en la tierra, pero las propiedades zodiacales de las diversas constelaciones son pura imaginación. Los astrólogos primitivos no sabían nada de Urano, Neptuno o Plutón, que fueron descubiertos cuando se inventó el telescopio.  ¿Su influencia en las tablas astrológicas trazadas siglos antes? Aberrante. Además, ¿por qué debería ser buena o mala la influencia de planetas, cuando ahora  la ciencia sabe que todos son básicamente acumulaciones de rocas o de gases inanimados en viaje por el espacio?”

A propósito: que las monedas de los pobres de espíritu han vuelto archimillonario a un tal  Walter Mercado.

Algunos de ustedes, ¿católicos? ¿Buenos católicos? Porque el cardenal Juan Sandoval alerta a la población sobre la proliferación de grupos que promueven el espiritismo y la astrología y condena magia, idolatría, superstición y  quiromancia, “prácticas que en el católico suponen una aberración y una gran ignorancia religiosa que los lleva a experimentar con la hechicería y la lectura de las cartas, las manos o el café. “La Iglesia Católica rechaza con firmeza toda clase de superstición, idolatría, adivinación y magia”.

El científico: El tiempo del viaje del sol entre las constelaciones como hoy lo ve un observador en la Tierra está atrasado por más de un mes de lo que era hace dos mil años, cuando se trazaron las tablas astrológicas. La astrología no tiene, no puede tener base racional ni científica.

La ciencia. ¿Qué tiene que ver la ciencia con la ignorancia? (¿Qué?)