Sotanas y narcos

La nota del matutino fechada hace tres días: “La Iglesia católica aceptó que dinero del “más sucio y sanguinario negocio”, el narcotráfico, podría haber sido utilizado en algunas comunidades para “la construcción de algunas capillas, lo cual resulta inmoral y doblemente condenable, y nada justifica que se pueda aceptar esta situación”.

– ¡Mentira que la Iglesia reciba dinero del narco!, clamó cuando Secretario de Gobernación  el fallecido Carlos María Abascal. ¡Mentira!   ¡Son intereses jacobinos los que intentan deslegitimar la misión eclesiástica! ¿Acaso es un crimen que los narcotraficantes arrepentidos de sus pecados se acerquen a la Iglesia? Ella, la Iglesia, no está obligada a rendir información sobre los recursos que le entran”.

Eso, ayer. Hoy, en el semanario Desde la Fe, órgano oficial del Episcopado Mexicano, con esa sintaxis:  “¿Qué estado de la República está libre de este flagelo?, ¿qué sector de la población no está involucrado con el poder corruptor del narcotráfico y la delincuencia que de allí se deriva?, podemos comenzar por políticos de gran altura, sin duda alguna desde gobernadores hasta corporaciones policíacas enteras, pasando por militares y policías federales”.

“Podemos mencionar ambientes empresariales, periodistas y algunos ambientes religiosos, desafortunadamente. Para vergüenza de algunas comunidades católicas, hay sospechas de que benefactores coludidos con el narcotráfico han ayudado con dinero, del más sucio y sanguinario negocio, en la construcción de algunas capillas, lo cual resulta inmoral y doblemente condenable y nada justifica que se pueda aceptar esta situación”.

Julio del 2008. La nota de prensa: La Arquidiócesis de México defendió los donativos con dinero público canalizados a la Iglesia. Subrayó que la pobreza se combatiría de manera más eficaz si los gobiernos incrementaran sus aportaciones al clero para la labor de ayuda social que éste realiza.

Mis valedores: si no es ahora cuándo. En un sexenio de Yunques, legionarios de Cristo y mamás Mauritas (¿continuará Ratzinger con el empeño de Juan Pablo II de beatificar a la madre de Maciel?), las sotanas han logrado colocarse tanto en la grilla política como entre los capos del narcotráfico. A propósito: curas encuentran ustedes en todos los rumbos, menos, al parecer, en uno de ellos. Vamos a ver:

Con el índice señalen al norte: ahí están; al sur: mírenlos; al oriente tanto como al poniente: ¿los distinguen? Señalen hacia abajo: ¿observan al hervidero de curas paidófilos y pederastas? ¿Distinguen a los Maciel que no hayan realizado a tiempo un acto de contrición? Apunten ahora hacia arriba, donde a ninguno pudiésemos ubicar. ¿O piensan ustedes en algún beato reciente?

Hoy mismo, mientras algún pederasta practicante de abusos erótico-sexuales amaneció en el calabozo, otros pelean por espacios de “fe y devoción” en la TV y otros más exigen la educación religiosa en las escuelas y la formación de un partido católico. De la ligazón entre curas y narcos lo afirmó Ramón Godínez cuando obispo de Aguascalientes:

–          Las limosnas de los narcotraficantes al entrar a la Iglesia  se purifican.

¿Que qué? Leonardo Boff, religioso. “Es profundamente antiético que jerarcas de la Iglesia Católica Mexicana se hayan involucrado con el narcotráfico. El poder religioso entra siempre en articulación con el poder político y el poder económico. Si el poder religioso no es vigilado, controlado; si no mantiene su altura ética degenera en negocios sucios”.

(Esto continúa el lunes, porque mañana…)

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