Kafkiano

Un rasgo común entre un joven europeo que ataca con bombas incendiarias y el muchacho que asalta y viola en un microbús: ambos son incapaces de ponerse en el lugar de los demás. Sin la oportunidad de leer, su imaginación y su sensibilidad quedaron muertas. (J.E.Pacheco, escritor.)

Y perdonando la curiosidad, mis valedores: ustedes, durante los casi siete meses que van del año, ¿cuántos libros llevan leídos? ¿Cuántas horas han dedicado a la lectura (no a un libro de «superación personal» o de  «desarrollo humano», donde los que aconsejan van a tener el castigo de quienes aconsejaron a Job)? ¿Cuántas horas alimentaron su espíritu con ese libro que alimenta el espíritu, lo robustece y enfila rumbo a la inalcanzable  entelequia, que dijo el clásico? Y a ver la televisión, ¿cuántas horas han invertido? ¿A cuál de los dos ejercicios (leer, ver la de plasma) favorece el balance? Entonces, ante el resultado que yo sospecho, rindámonos a la evidencia: cada uno de nosotros es lo que su espíritu es, y su espíritu es lo que le damos por alimento, y se impone la conclusión: por cuanto leemos y asimilamos de lo leído somos idealistas, pero no pasamos de mediocres por la acción de ese opio que el Sistema de poder, con objeto de mantenernos dóciles, mansos y domesticados, nos inocula desde la pantalla de plasma. Sin vuelta de hoja. Sin cambio de canal, más propiamente. Sin más.

Y luego por qué  somos lo que somos. Por qué somos como somos; por qué estamos como estamos; por qué nos damos semejante gobierno, por qué permitimos que nos lo impongan; por qué lo aceptamos y lo soportamos; por qué, debatiéndonos en tan mortificante crisis global, recurrente, nos mostramos negados para el ejercicio de pensar, que entonces pudiésemos ejercer la autocrítica y crear estrategias y tácticas que nos llevasen  a darnos un gobierno aliado al que obedecer como sus mandantes. ¿No está ahí, mis valedores, la explicación del por qué nos hemos atornillado en el puro reniego, la pura exigencia  y la pura mega-marchita, que de puras no tienen nada? Ah, este nuestro país, que así exhibe tan siniestro balance entre el ejercicio de la lectura y el de las horas que permanecemos aplastados a dos nalgas frente a la pantalla de plasma, en una posición que en la lectura reproduce la de El Pensador de Rodin y frente a la TV remeda la postura del lugar excusado. ¿Lo dije antes? Es México.

Y hablando de leer, mis valedores: ¿alguno de ustedes ha leído a Kafka, o tal vez  lo citamos como al Quijote o La Biblia, no por conocimiento de la obra sino tan sólo por imitación vil? Que esta situación es kafkiana, y que si Kafka escribiese la crónica mexicana su literatura sería costumbrista, y tonteras de ese calibre. Los mediocres son temerarios, y no les arredra ponerse en evidencia como ignorantes que «piensan» con cabeza ajena porque  sólo repiten opiniones y conceptos que escuchan en los diversos medios de condicionamiento de masas. A propósito:

Uno de los tales (mediocre, ignorante y ayuno del más elemental sentido de recato y autocrítica) es ese personaje de triste memoria como presidente que fue del país y que hoy, tragicómica figura del esperpento y la picaresca política, se nos ha convertido en el rey de burlas que sigue causando lástima y vergüenza ajena. Sí, un Vicente Fox que a todo lo largo  de su sexenio se permitió la desmesura de llenarse la boca con citas de libros que evidenciaba no haber leído.

– ¿Presidentes de México? A todos me los llevo de calle, incluido Juárez.

 (¡Dios! Esto sigue después.)

Rey de burlas

– Ya  en serio, don Vicente, ¿fue usted mejor presidente que quién y peor que cual?

– Pues mira, me los llevo de calle a todos, incluido Juárez.

¿Que qué? Esto es como para preguntarse: ¿cómo entender a Fox? ¿Como entender su disparatario? ¿Tanta insensatez cabe en un individuo que a su hora tantos motivos de queja, desánimo, frustración y burletas aportó a las masas? ¿Tendrá conciencia, el ex ya de tantas cosas,  de que las masas lo han erigido como  rey de burlas? ¿Es él quien se burla de ellas? ¿Es inmune a los aletazos de la humillación? ¿Tiene un formidable sentido del humor? ¿Lo tiene, o no,  del ridículo? ¿Es Fox un conchudo de siete suelas? ¿Cómo resiste la cargazón de un  ridículo que así le desgarra su fama pública? ¿Fuerza de carácter? De ser  este el caso, ¿de dónde saca tal fuerza? ¿De su pura enjundia? ¿De la yerba o del Prozac y demás cápsulas tranquilizantes? Uno que no fuera Fox y en tanto  las comunidades de aquí y allá lo señalan de insensato, ¿dónde ocultaría la cabeza? Mis valedores: ¿es Vicente Fox personaje trágico, o no pasa de ser uno más de los hilarantes protagonistas de la picaresca de rompe y rasga de mi país? Aquí me parece imperativo enviar un mensaje a la persona que considero adecuada. Señora Marta Sahagún:

Desde que terminó el malhadado sexenio de la «pareja presidencial» usted ha vuelto a ser lo que siempre ha sido y a lo que parece predestinada, porque no se le ven tamaños para nada mejor: la dama anónima que, enclaustrada en algún punto de la provincia, vegeta en un discreto anonimato, y nada más.

Otra característica que advierto en usted: no ha caído en lo que tantas compañeras de los que llegaron a alojarse en Los Pinos. Ni divorcio, ni separación, ni el ridículo que la que fue esposa de Salinas antes de Ana Paula: permitir que toda una colonia de esta noble y vial lleve el nombre de Cecilia Ochelli de Salinas, síndrome del que ni la actual ha resistido, que permitió que una cáfila de ser-viles enjarete su nombre a una desventurada colonia de alguna población de Veracruz. Muy distinta nos resultó usted.

Usted, la persona que tuvo tantísima influencia con su «alto vacío» en el sexenio de la «pareja presidencial»: ¿por qué no evita que su marido se convierta en el rey de burlas, befa que de alguna manera le llega a usted? Todo varón trata de quedar bien con la dama de sus amores, pero las acciones del suyo, señora, lo proclaman como carente de todo decoro, altivez, mesura y sentido de la dignidad. Boquiflojo sin asomo de autocrítica, precisa de alguien que le jale la rienda si no quiere sentir vergüenza ajena por gracejadas de su compañero como la más reciente, en la que se ubicó por encima del Benemérito. El, un Fox al que nadie con una mínima dosis de sentido común pueda alabar, de no ser el rastrerillo de la adolescencia fingida como la propia voz, ese Chavo del 8 que con Fox en Los Pinos se atrevió a asegurar: vocecita  fingida como todo lo que integró su personalidad:

–  Fox ha sido en 100 años el mejor presidente del México.

Doña Marta: ¿la gran masa mereció en el gobierno a ese Fox que se llevó de calle al Benemérito?

Aquí dejo de teclear, miro hacia el frente y la mirada se me extravía más allá de esos árboles, de la ermita, de un firmamento gris, pizarroso. Mirando sin ver (viendo sin mirar), pienso y medito: si a usted,  doña Marta, le sobrevive un tanto así de vergüenza, decoro, dignidad y autoestima, estas noches le han sido   le serán de insomnio. ¿O también usted? ¿O usted tampoco? En fin. (Sigo mañana.)

Tragicómico esperpento

Lo dije hace algunos ayeres: novelista soy; por achaques del oficio me aplico al estudio del ser humano desde ángulos sociológicos, psicológicos, fisiológicos, etc. Lector por oficio, intento bucear en aguas profundas de personajes como Hamlet, Macbeth, Lear y Ricardo III, o paradigmas del esperpento como El Lazarillo, El buscón, La celestina, El diablo cojuelo o La pícara Justina. Trágicos unos, esperpénticos los más, por ellos me asomo a la dimensión de reacciones, pasiones y  sentimientos desmesurados de la humana condición: amor y celos, odio y crueldad, avaricia, terror y las desbozaladas venganzas junto a la farsa, el astracán, el ridículo. Cito de memoria este pasaje de El Buscón cuando niño:

«Comencé a sospechar de mi madre cierto día en que llegué de la escuela. ¿Y esos moretones en la cara? Me preguntó. De un pleito que acabo de tener con uno de mis condiscípulos, respondí. Te motejó de puta, imagínate. Que ese es tu oficio, se atrevió a afirmar. A golpes defendí tu honor.  La carcajada de mi madre me escamó: Hay cosas evidentes, pero para qué comentarlas en un aula escolar».

Tales vidas y milagros de la ficción tomo de espejo (distorsionado) donde mirar mi humana estatura e intentar la hazaña de conocerme, reconocerme, según la clásica exhortación del oráculo de Delfos que Sócrates tomó de divisa: “Conócete a ti mismo”.

Conócete y busca la salud mental, que has de conseguir con arraigo, identidad, vinculación y varios otros elementos, uno de ellos imperativo: la trascendencia; si no por lo que construyes, sí por lo que logres destruir. De la humana necesidad de “no morir del todo” sirva de ejemplo cierto individuo que en Efeso se agostaba en el oficio de borreguero y, según calculó su aplastante mediocridad, poco margen tenía de obtener la tan anhelada trascendencia. Pero sí, la consiguió cabalmente, ¿y saben ustedes cómo logró trascender? La misma noche en que nacía Alejandro Magno el pastor incendiaba una de las siete maravillas del mundo: el templo de Diana (otra, que no la cazadora). ¿Que si el borreguero logró trascender? Búsquenlo por su nombre en todos los diccionarios y en todas las enciclopedias: Eróstrato.

Pero el estudio de lo humano no se reduce a los entes  literarios o a los de la Antiguedad; comienza y termina con seres reales del diario vivir, donde se incluye la fauna que gesticula en ese sub-mundo del surrealismo y el esperpento que es la política del país. Uno de ellos observo, de la vida real, que reputo a la medida de la ficción, así para el drama como para la farsa, y que con holgura pudiese hermanarse con entes de la picaresca como con los condenados del Dante. ¿Es un ser trágico? ¿Un conchudo y  baquetón? ¿Un inconsciente, un irresponsable? Porque el varón de vergüenzas en su nidal trae el pudor, la vergüenza y el decoro a flor de conciencia, y tiene en tanto su imagen y  fama pública, por lo que mucho se cuida de mantener el recato como salvaguarda de la propia dignidad, o cómo lo van a recordar cuando fallezca si es que no consiguen olvidarse de él. Y a esto, mis valedores, quería yo llegar: el que fue el presidente (de fachada) de mi país en el sexenio, el sarcasmo lo afirma, de Marta Sahagún. Vicente Fox, por supuesto.

Fox. El Fox de José Luis Borgues y de la mujer como simple «lavadora de dos patas» llega ahora al clímax de la ridiculez y la falta de autocrítica con su más reciente autoelogio, donde se ubica muy por encima de sus colegas en el gobierno del país.  Los recovecos de la humana condición. (Mañana.)

Pocos hombres quedamos

La tasa de desempleo se mantiene elevada, informa el matutino. Yo, mientras tanto,  dolorido y nostálgico, me rindo a la evidencia: ya no hay hombres en mi región. Y pensar que más antes, como allá decimos…

Cierro los ojos y en la añoranza contemplo mi Jalpa Mineral, por aquel entonces tan nueva como yo mismo, que estrenaba mi primera juventud (hoy vivo la quinta, pero a todo vivir). Hombres muy hombres conocí en mis derrumbaderos zacatecanos, desde el hazañoso Pánfilo Natera hasta una Jovita Valdovinos de arriscada tradición, con el padre y los hermanos caídos a media serranía de Morones, la 30-30 en las manos y el Viva Cristo Rey en el último aliento. Bien haya los de corazón bandolero y redaños en su nidal…

De ahí la fama de bragados a los valientes en la región: de la militancia cristera, con sus secuelas de odios, rencores y reconcomios, de modo tal que al valor de un sotol o un tequila salía en hervores la mala sangre por cosas de la mujer, los linderos de la tierra o agravios que van heredándose de padres a hijos y familiares. Y quién que es no lo es con el arma en la diestra, fusca o puñal cachicuerno, de esos afamados de Jalpa, Zac. que ya deben tantos muertitos. Y qué familia que se respete no tiene un cristiano en el panteón, en la conciencia, en el recuerdo y los rezos del oficio de los fieles difuntos…

Dos calles paralelas tenía mi pueblo, y los bragados mantenían una sana costumbre: fusca en la diestra, jinetes en prieto retinto o alazán tostado, desde el arranque de ambas calles se venían uno por esta calle y el otro por la paralela, a pasito corto, como sin prisa mayor,  rumbo a la plaza, donde ambas calles desembocaban. Los aldeanos, observando desde la puerta del zaguán, desde la ventana. Alguna estrujaba el escapulario. Animas santas…

Allá vienen los dos rivales, y al llegar a la bocacalle quedan al descubierto, y entonces se apuntan ya con la 45, ya con la 38 especial. Y a descargarla contra el rival en amores cuando no en odios mortales, y si la puntería andaba falla o era voluntad de Dios ambos buscaban la próxima bocacalle, y llegaban a las cuatro esquinas, y vuelta a empezar. ¿Que resistían hasta llegar a la plaza? Ya ahí obstáculo ninguno les impedía el sano propósito de darse en toda la madre, a  toda  cargazón de plomos contra las carnes del aborrecido rival. Y uno cae, cuando no los dos, y aquí se acaban pasiones. Dios los haya perdonado. Los machos de mi región.

Pero no, no quedan hombres en mi querencia, donde yo conocí el sabor del miedo y las noches en vela. Porque nueve años tenía de vida, mi padre ausente, cuando   me trencé en amigable discusión con el hijo del matancero. En un callejón sombrío nos topamos  e intercambiamos razones él con un leño y con una piedra yo, que gané la polémica y las manos tintas en sangre de mi rival. Y ahí el juramento de mi  muerte, y el cuchillo fajado a la cintura. Yo, de ahí en adelante, el pánico.

Y ocurrió que la noche aquella, en plena oscuridad, el cuchillo topó con carne ajena a la mía. «Ah, perdona, no era contra tí». «No tengas cuidado», y otro día sepultaron al adolescente que no la debía. Huí del pueblo, y hasta hoy, que lo supe:  ya no hay hombres en mi terruño. “La alta migración deja sin hombres a muchos municipios zacatecanos que se convierten en pueblos fantasmas, o donde sólo quedan hogares con jefas de familia y mujeres solas”.

De esto alguno o algunos tienen la culpa, ¿pero quién, quiénes? (México.)

Ratones y flautas

La flauta de Hamelín, mis valedores, ¿recuerda alguno la antañona leyenda?   ¿La desconoce alguno? La síntesis del legendario incidente ubicado en el siglo XIII alemán:

La ciudad de Hamelín fue sacudida por una plaga de ratas, y no atinaban los lugareños en la manera de exterminar los roedores. De repente aparece un desconocido que ofreció  la solución del mortificante problema; mediante el pago correspondiente libraría de los bichos a la ciudad.  Los aldeanos se comprometieron al pago, y fue entonces: el fuereño tomó su flauta y comenzó a sacarle unos sones extraños, misteriosos, a cuyo sonido todas las ratas salieron de sus escondrijos y como hipnotizadas se fueron detrás del son. Ya congregada la nata de roedores en derredor del flautista, éste se dirigió hasta el río cercano, y la solución: todas las ratas   perecieron ahogadas. El  misterioso flautista reclamó su recompensa, pero los payos se negaron a pagarle. Ofendido, desapareció de Hamelín.

Tiempo después, la venganza: mientras los lugareños, en el templo, se dedicaban a sus devociones, el personaje de la flauta volvió a tañer su instrumento, pero esta vez  frente a los niños de Hamelín que, hipnotizados, a los mágicos arpegios avanzaron hasta el río. Luto general. Llanto y rechinar de dientes.  Ya cumplida su venganza, del flautista nunca volvió a conocerse su pardero. En la tertulia de anoche, y sobre la alienación que produjo el flautista,  el maestro:

– Algo está alienado cuando su existencia no corresponde a su esencia, cuando está fuera de sí.

Y en ese estado, fuera de sí,  detrás de la flauta de Hamelín que en nombre del Poder (son el Poder) tañen los medios de condicionamiento de masas, como sonámbulos avanzan  unos pobres de espíritu cuyo ánimo pendulea  entre la desilusión por el que se fue y la desalada esperanza por el recién llegado a Los Pinos, y entre la esperanza que generan casillas y votos, y la desilusión y sombría pesadumbre  que les provoca un tal Chepo Hamelín  de la Torre porque al  mal manejo de su flauta ante una plaga de roedores del clásico pasecito a la red «nos hizo perder hasta con unos amateurs de Panamá».  Mis valedores:

No voy a tratar ante ustedes un tema que me repugna, como es ese del héroe por delegación que sentado  a dos nalgas mueve el esférico, gambetea, se perfila y tira a gol, pero la suerte en contra o el árbitro… Todo con el par de nalgas aplastándose  en el estadio o frente a la pantalla de plasma. No, que en breve habré de referirme a la mansedumbre, la dependencia y la inercia de ese desdichado que así se va tras la flauta del Poder Aquí, en torno a la manipulación colectiva de los flautistas del Hamelín futbolero:

“Tienden los comentaristas a acentuar el carácter estético del juego; se habla del estilo de los jugadores del mismo modo que se puede hablar de una obra pictórica. Pero no debemos extrañamos: se trata de crear una pseudo-cultura basada en valores irrisorios para uso de las masas a las que no se les permite tener acceso a la cultura. Se simula un serio estudio de algo de lo que no hay nada que aprender o comentar más allá de algunas elementales reglas de juego”.

Futbol. «Como espectáculo para las masas sólo aparece cuando una población ha sido ejercitada, regimentada y deprimida a tal punto que necesita al menos una participación por delegación en las proezas donde se requiere fuerza, habilidad y destreza, a fin de que no decaiga por completo su desfalleciente sentido de la vida».

¡Y goool! Ah de las masas. (Sigo después.)

¿Santo, ese verdugo?

“Ha llegado el momento de reconocer los signos de los tiempos, de tomar la oportunidad y de mirar lejos. Frente a los países subdesarrollados la iglesia es, y quiere ser, la iglesia de todos y en particular la iglesia de los pobres”.

Hermosos conceptos que en 1962 expresara el humano pontífice  Juan XXIII,  tan cercano a las enseñanzas del Cristo. Pues sí, pero pésimo para la cristiandad: más tarde iba a llegar Juan Pablo II, socio de Reagan en la Guerra de las Galaxias, que procedió de inmediato a asesinar la Teología de la Liberación, esa que de divisa proclama que «El amor preferencial por los pobres es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio la tradición de la Iglesia”.

Teología de la Liberación: “La Iglesia que vive en un continente marcado por la pobreza y la muerte temprana e injusta de tantos recogía la perspectiva del papa Juan y pedía en un hermoso texto de Medellín que se presente cada vez más nítido en Iberoamérica el rostro de una Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual, desligada de todo poder temporal y audazmente comprometida en la liberación de todo el hombre y de todos los hombres». La Iglesia de los pobres, la llamó  Juan…

El Sínodo de 1985: “Después del Concilio Vaticano II, la Iglesia es más consiente de su misión al servicio de los pobres, los oprimidos y marginados. Brilla en esa misión el verdadero espíritu del Evangelio. Jesucristo declaró bienaventurados a los pobres, y él mismo quiso ser pobre por nosotros”.

Juan XXIII, benemérito: “Hoy más que nunca, ciertamente más que en los siglos pasados, estamos llamados a servir al hombre en cuanto tal y no sólo a los católicos: en relación a los derechos de la persona humana y no solamente a los de la Iglesia católica. No es el Evangelio el que cambia: somos nosotros los que comenzamos a comprenderlo mejor».

Y los peligros de tomar partido por los pobres en los países al sur del Bravo: una semana antes de que lo asesinaran, don Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador:

“¡No nos callen a través de la violencia; no continúen matando a los que estamos tratando de conseguir (desde la Iglesia) que haya una distribución justa del poder y las riquezas de nuestro país. Hablo en primera persona porque esta semana recibí un aviso de que estoy en la lista de los que serán eliminados la semana que viene. Pero que quede constancia de que la voz de la justicia nadie la puede matar ya…”

Iglesia de los pobres. Cientos de católicos se reúnen en la Catedralde su ciudad y pregonan qué Iglesia desean:

“Queremos reunirnos en familia obreros, estudiantes y profesionistas, impulsados por la verdad del Evangelio. Queremos volver a ser una Iglesia del pueblo, como en el Evangelio, viviendo su pobreza, su sencillez y sus luchas. Por eso decimos:

 No a una Iglesia de estructuras de compromiso político – Sí a una Iglesia libre, servidora de los hombres – No a una Iglesia comprometida con el Poder y la riqueza – Sí a una Iglesia que por su fe en Jesucristo y en el Hombre se arriesgue a ser pobre – No a una Iglesia que tiene miedo de afrontar la Historia – Sí a una Iglesia valiente, que se compromete en la lucha por la auténtica liberación del pueblo.

Renunciamos a una Iglesia que hace alianzas con los poderes públicos, divorciada del Amor, la Justicia y la Paz que predica. Buscamos esa fe activa que enlace al hombre con su mundo y se realice en él.

En eso, mis valedores, que llega quien llegó dizque a santo. (Dios.)

Ariel

Tal es en La tempestad, de Shakespeare, el genio del aire, que representa a esa fauna de intelectuales orgánicos que viven, y viven muy bien, enquistados al Poder al que sirven y del que reciben toda clase de prebendas.  ¿Conocen ustedes, mis valedores,  La ley de Herodes? No esa que están pensando, ni la película, sino el relato de Jorge Ibarguengoitia donde el protagonista narra sus inicios marxistas y su relación con las prebendas que otorga el Poder. La síntesis del relato:

Sarita me ilustró.  Antes de conocerla el porvenir de la Humanidad me tenía sin cuidado. Ella me mostró el camino del espíritu, me hizo entender que todos los hombres somos iguales, que el único ideal digno es la lucha de clases y la victoria del proletariado. Me hizo leer a Marx. ¿Y todo para qué?”

Muy marxistas él y Sarita, pero como buenos pragmáticos solicitaron una beca para estudiar en EU. Y a someterse a los exámenes, que pasaron sin dificultad hasta llegar al de carácter médico. Al día siguiente tendrían que llevar sus muestras “del uno y del dos”.

“¡Qué humillación! ¡Esa noche busqué dos frasquitos para guardar aquello! ¡Y la noche en vela esperando el momento oportuno! ¡Y cuando llegó, qué violencia! Cuando estuvo guardada la primer muestra volví a la cama, y muy de mañana me levanté para recoger la segunda. Guardé los frascos en bolsas de papel para evitar que se adivinara su contenido”.

En el lugar de la cita tuvo que esperar a Sarita, que había tenido  dificultades en obtener una de las muestras. Ambos llegaron, rostro desencajado, con su envoltorio contra el pecho. Se  miraron sin hablar; su dignidad humana era pisoteada, y algo peor: delante de la pareja la recepcionista tomó los envoltorios, los sacó del plástico y exhibiendo su contenido les pegó una etiqueta.

Un nuevo paso en la humillación de los novios marxistas: que  un doctor de la Fundación que otorgaría la beca hace pasar al consultorio al joven intelectual, y venga el humillante interrogatorio sobre dolencias y contagios: neumonía, paratifoidea, gonorrea; y al cubículo: “Desvístase”.

“Yo obedecí, aunque mi corazón me avisaba que algo terrible iba a ocurrir”. El doctor procedió a revisarle el cráneo, y a meterle un foco por las orejas y ante los ojos un reflector, y a escucharle  el corazón. “Luego  tomó las partes más nobles de mi cuerpo y a jalones las extendió como un pergamino, y las examinaba». (¿Nobles las partes de un intelectual orgánico?)

Siguió, implacable, la revisión del marxista. “Tomando algodón, el doctor empezó a envolverse dos dedos. ¡Hínquese sobre la mesa!” A gatas.

Tomó un objeto de hule, introdujo en él los dos dedos envueltos en algodón: “Comprendí que había llegado el momento de tomar una decisión: o perder la beca, o perder aquello. Trepé a la mesa, me hinqué, apoyé los codos sobre la mesa, me tapé las orejas, cerré los ojos y apreté las mandíbulas. El doctor comprobó que yo no tenía úlceras en el recto”. “Vístase”.

Salió tambaleándose. Encontró, pálida, a Sarita. Miráronse de reojo. Y el remate fatal: entre amigos de la pareja trascendió el secreto de que el marxista se había culimpinado ante el imperialismo yanqui, y se burlaban: “Como el de Los Pinos a la Casa Blanca”.

Al terminar la lectura me quedé pensando. ¿Y qué, nomás el marxista se culimpina?  ¿Y esos suspirantes, aspirantes a ser “gringos de segunda” que adoptan formas, modos y vocablos clonados del inglés?  Esos, a lo de siempre: a aprontarlo y ponerse flojitos para que no se los lastimen demasiado. (¡Up!)

Yo soy macho dondequiera

El mexicano, mis valedores. El incidente ocurrió en el consultorio de mi amigo el oncólogo. Observé al paciente que con dificultad abandonaba el consultorio: en la medianía de su edad, pero macilento su rostro, amarilla la piel, abatidos el mirar y los lomos.  Al pasar a tres pasos de distancia, vacilantes pasos, me azotó su aliento cadavérico.

– La próstata, aclaró mi amigo.

– Una dolencia menor, con los avances de la ciencia médica.

– ¿Y esos avances qué pueden contra el machismo de un paciente enfermo más de su mente que de su próstata? Ignorancia, falsa hombría, prejuicio. Como tantos otros machos muy machos, este acaba de rechazar el tratamiento médico.

(Más café.) – Cáncer de próstata. Para iniciar el tratamiento le solicité  varios exámenes. Sanguíneo, para empezar. Se indignó: «¡A mí  ningún Drácula de sanatorio me la va a chupar!» Su sangre.  ¿Este mexicano que así rechaza una insignificante sangría estará enterado de la sangría de miles de millones de dólares que yo, usted, él y 118 millones de mexicanos hemos venido aguantando tan sólo en lo que toca al Fobaproa zedillista?  ¿Sangría tan brutal ha dolido a este canceroso mexicano? ¿Se lamentó, protestó? ¿Se enteró, tan siquiera? ¿Y los gasolinazos, y los impuestos, y la carestía de la canasta básica?

Que le pidió un examen coprológico, y la indignación: «¿Yo, doctor, con tales inmundicias?”

– El, que día, tarde y noche, se atasca hasta el cuello (¡hasta la mente, hasta el espíritu!) con inmundicias que traga en la TV. Le hablé de un electro. Que cómo iba a estar enfermo un corazón que le ha salido tan querendón. Querendón con la vecina, la «criada», la oficinista. Con todas, a excepción de la esposa. Al puro examen con el estetoscopio –sobre la camisa, que a un macho ninguno le anda por las tetillas-, soplos, arritmias.  “Se requieren algunos otros exámenes”, el oncólogo.

“¿De mi qué? ¿Mi semen? Recato, doctor, qué desfiguros.

El cual, recatado, es macho promiscuo que se vive regando semen debajo de cuantas faldas, faldillas y minifaldas se le paran por enfrente. Y a desparramar preñeces, abortos, contagios venéreos.

El oncólogo se atrevió a sugerirle un examen más.

– A golpes me hubiese atacado, de no impedirlo su extrema debilidad, cuando le insinué un posible daño en su izquierdo, con la eventualidad de operárselo. “¿Y atentar contra mi virilidad?” Que uno de su condición se para frente a la vida con la frente muy en alto y toda  la hombría en su nidal. “Yo con ella soy hombre cabal, y con ella me van a enterrar. A mí la hombría nadie me la corta, doctor”.

Una hombría que permite que ahí nomás, frente a su testículo canceroso, los gobernantes de este país, tan faltos de testículos cuanto sobrados de indignidad, aguanten que Obama, al pretexto de narcos y similares, siga espiando el país y metiéndonos CIA, DEA y FBI en  zonas estratégicas del país.  Los gobernantes  se agachan ante las desmesuras del gringo, pero un mexicano se niega a extirpar de su organismo un foco de infección cancerosa. No, pero lo que faltaba…

“¿Tacto rectal? ¿A mí? ¿Que me baje los pantalones y me empine ante usted?  ¿Yo, dejar que me viole la hombría? ¿Soy un maricón al que le puede meter el índice?»

– El, que en el 2006 se dejó hurgar no por el índice, sino por la mano entera de un impostor. ¡Y la chueca!  El, mansurrón que el tanto de 70 años se dejó gobernar por un PRI al que ahora permite volver a Los Pinos. ¿Ante mexicanos de ese calibre qué puede la ciencia médica, valedor?

(Pues…)

Humo y niebla

Y  no más. Ese es el hábito del cigarrito, que más allá de aumentos en costo de las cajetillas y  prohibiciones humear los lugares públicos, el adicto sigue ingeniándose para aventar humo por boca y nariz. Ojalá que las medidas restrictivas contra la quema indiscriminada del tabaco baje la cifra millonaria que la Sec. de Salud se ve precisada a invertir, de nuestros impuestos, en curación de garganta, alvéolos pulmonares y anexos, pero lo fundamental: que en algo se aligere la carga a una señora Muerte a la que Calderón tanto sobrecargó de labor y a la que forzó a trabajar horas extra. Total, que aumentos e impuestos al precio del humo han venido salvando vidas humanas. Qué mejor. Mis valedores:

Yo en un tiempo fui una de las víctimas del humo del tabaco. En bofe propio conocí los males que acarrea el cigarrito; y cómo no conocerlos, si media juventud la viví pegado al cancerígeno para, aturdido que soy, tender una cortina de humo a mis problemas personales. Calmar los nervios, sí. Estabilizarlos. Cándido de mí, porque a amamantones de nicotina cuál problema iba a solucionar, que sólo se me encrespaba, y préndete otro, y a humearte los bofes, bofes. Mortífero.

Y de repente ocurrió (para mi mal, pensaba, pero fue una bendición) que de Guadalajara fui aventado hasta esta ciudad, y vine a dar al cuarto de vecindad en la Plaza del Estudiante. Engentado, azorado, pistojeaba en derredor, y como me decía la suriana del trabajo doméstico: “Así andaba yo, que nomás no me hallaba. Ora ya nomás aguantarse, joven».

Me hallé, y hallé a la estudiante de lentes con la que coincidía en el cine Sonora, que así, desdeñosa, me mantenía a distancia al igual que las tantas más que antes de ella me habían rechazado. Traté de arrimármele. Me frenó: «De lejecitos lo oigo mejor».

¿También ella? ¿Ella también? Le confesé mi frustración: ese era mi destino, el rechazo de la mujer. «¿Y aún no sabe por qué lo rechazan? ¿No se ha puesto a pensar? Oiga, ¿por qué fuma?»

–  Para calmar unos nervios atirantados porque ninguna muchacha acepta que me le acerque. Mis intenciones son sanas, créamelo.

– Sus intenciones puede que sí, pero no su aliento, ese  hedor.

¿Mi qué? ¡Lo vine a saber entonces, rayo que me estalló en seco! «¿Pues cómo se le van a acercar, con ese su aliento rancio,  que  me tiene a punto de vómito? Oiga, ¿y si dejara de fumar?»

Mucho lo había intentado; poco a poco retirarme del vicio, rezar, chupar pastillas de nicotina, chupar caramelos, chupar pomo, chuparme este dedo, chuparme el otro, el de allá, el de acuyá. Todo inútil. Nada lograba zafarme del cancerígeno que se me había tornado segunda naturaleza, y qué hacer.

Pero qué vicio resiste semejante bochorno, vergüenza como aquella que una estudiante de lentes me hizo pasar. Arrojé por delante mi fuerza de voluntad, arrojé un escupitajo, arrojé el cigarro, la cajetilla, me lavé la boca, y hasta hoy, suertudo como soy de que me tengas contigo, Nallieli mía, mientras (mi aliento rechinando de limpio y nunca un humazo ni una  gota de licor) miro fumar sin mojarme, pero sí con tristeza: las campañas de segregación y desprecios, discriminación, reglamentos, multas e impuestos que se abaten sobre los fumadores, con la heroicidad de tantos  por desahijarse del humaredón y vanas a veces las medidas oficiales por rescatarlos del humo. Lástima.

Por cuanto a las autoridades que intentan liberar a lo fumadores de plaga tan perniciosa, ¿se habrán puesto a pensar el origen de tal adicción? De ello hablaré después. (Vale.)

Amaestrados

Mis valedores: reseca está la pradera y harta la masa social de las desmesuras del Poder. Porque (un ejemplo) en tanto sinverguenzas como Granier y Gordillo están en la cárcel, muchos otros presuntos saqueadores de los fondos públicos siguen sueltos y en su libertad. Los Fox y Bribiesca,  Montiel y Sahagún, los Salinas, los… en fin. Es México.

¿No temerá la burocracia política que en un movimiento espontáneo (que es decir efímero) pueda reaccionar de forma violenta esa masa social? No, que para mantenerla mansa, dócil, pasiva y domesticada, la saturan de los consabidos opiáceos: radio, cine, futbol, televisión. ¿Que por ahí quedan algunos descontentos? No hay problema, que van a acudir a los recursos de siempre: el plantón y la mega-marchita. Ya nos tomaron la medida. Nos vencen por nuestra pura ignorancia. Para qué leer, para qué estudiar, para qué aplicar el ejercicio de pensar, si ya en materia política todo lo sabemos desde que Echeverría nos troqueló en la mente el cuerpo de tres catálogos:

El gobierno es malo. El gobierno debería ser bueno. Exijámosle. Y no más.

Esto me remite a un relato que juzgo a la medida del tema: El elefante encadenado, del que cuenta su autor, Jorge Bucay:

–  Cuando niño me atraían los circos, y de ellos los animales, sobre todo el elefante. La bestia, durante la función, hacía exhibición de peso, tamaño y fuerza descomunal. Pues sí, pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo, un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Aunque la cadena era gruesa y poderosa era obvio que ese animal, capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría con facilidad arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente:

¿Qué lo mantiene atado? ¿Por qué no huye? Yo, niño aún,  pregunté a alguien por el misterio del elefante, y ese alguien me explicó que el elefante no se escapaba porque, con toda su fuerza, estaba impedido para huir;  estaba amaestrado. ¿Si está amaestrado por qué lo encadenan? No recibí respuesta.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca, pero de repente alguien me dio la respuesta: el elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca desde que era muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse, y que a pesar de su esfuerzo no pudo lograrlo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Me puedo imaginar que el elefante se  durmió agotado, y que al otro día volvió a probar, y también al otro y al siguiente, y así hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. (¿Vamos captando la moraleja, mis valedores?) Poderoso y enorme, el elefante del circo no escapa porque cree que no puede. (Digan: ¡Sí se puede!, clamaba yo desde la radio, pero oigan en lo que vino a parar mi pregón.) El elefante tiene el recuerdo de su impotencia, la que experimentó a poco de haber nacido, y  lo peor es que jamás intentó de nuevo poner a prueba su fuerza. Mis valedores:

¿Seremos capaces de entender el “síndrome del elefante encadenado?” Porque si no, entonces qué otro remedio: a seguir renegando, exigiendo, forjando mega-marchitas y confiando en promesas del gobierno (¿verdad, Sicilia?) Todo esto per secula seculorum. (México.)

Del matrimonio homosexual

El matrimonio entre personas del mismo sexo, mis valedores, tema de requemante actualidad. Según la nota fechada el pasado jueves en Costa Rica, cierta decisión parlamentaria atribuida a engaños, un error accidental y al desconocimiento de documentos en debate, legitima las uniones de personas del mismo sexo, con limitaciones. «Un avance, de todas maneras, reconoce una diputada lesbiana».

Nuestro país, por fortuna, contra dogmas, prejuicios y perjuicios, es el primero en Iberoamérica que quiebra un tema tabú para ciertas doctrinas religiosas, cuando ya en el 2005, en el Reino Unido, tras 10 años de noviazgo un tal cantante Elton Johon se casó con su novio mientras El Vaticano hacía público un documento que condenaba la legalización del matrimonio homosexual: “Intentamos iluminar a los políticos católicos y darles líneas de conducta coherentes con la conciencia cristiana”. Y en el pasado gobierno de Bush, perro de guerra, un Scott Mc Clellan, funcionario de la Casa Blanca:

– El matrimonio es una institución sagrada entre un hombre y una mujer. No transigiremos en la cuestión del matrimonio entre homosexuales.

Mientras tanto en Ottawa, Canadá, escribe Francisco G. Escobedo, mexicano: Hoy en este país existe la probabilidad que se nos confiera el matrimonio a los homosexuales, yo creo que se nos da pues es ya una institución que está en franca decadencia, que pierde importancia, al menos en los países boreales debido a que, cada vez es menor el número de la gente que se casa y, por contrapartida, cada vez es mayor el número de las parejas que se unen en concubinato o amasiato.

Son ya algunos milenios que las religiones monoteístas, milenarista y mesiánicas, nos condenan y tildan de anormales y enfermos; por ello se nos odia y se nos persigue; el origen de este odio llamado homofobia son mitos, ideas y creencias de las religiones monoteístas, milenaristas y mesiánicas, las que finalmente no tienen base científica alguna, pero que el ochenta por cien de las culturas del mundo validan como genuinas y verdaderas.

Y que cuando en junio de 2003 Quebec perdió uno de sus grandes pensadores, Pierre Bourgault, homosexual, se le rindió un conmovedor homenaje donde tres ex-primer ministros y el actual, así como diputados, ministros e intelectuales, lo despidieron en la neogótica Basílica de Nuestra Señora. El dramaturgo y poeta  era ateo. Un egregio homenaje en un majestuoso templo a un político homosexual. Desde el año de 2003 el Parlamento Provincial de Quebec decretó que cada 4 de junio será el Día Nacional de Lucha Contra la Homofobia.

Pero, ya en este México cierta Fundación Vida y Valores:

– Pretender que la actividad homosexual y sus consecuencias sean legalizadas, cuando por sí mismas constituyen una perversión moral, violenta el principio de justicia. Nadie tiene legitimidad alguna para pretender la protección jurídica a comportamientos inmorales e irracionales. El homosexualismo no es fuente de derecho. (¡!)

En un matutino de hace algún tiempo: “Grupo católico dice que cura la homosexualidad. Cinco mil gays y lesbianas toman terapias en una asociación que ofrece clases de masculinidad y feminidad”.

Lo afirman científicos: Los gays nacen, no se hacen. Desde las evidencias de la ciencia y la sexología modernas, la homosexualidad ya  no es considerada como patología, sino como una orientación sexual. No debe negárseles la posibilidad de formar una familia o adoptar hijos, como a cualquier heterosexual.

Contra prejuicios, perjuicios y dogmas. (Espléndido.)

¡A opinar!

¿A opinar? ¿Y permitir que la invasión del Sistema alcance hasta nuestros pensamientos? ¿Qué seguirá después? Por otra parte,  ¿qué tanto sabemos del tema que se nos propone? ¿Podremos, en un ejercicio de honestidad, contestar que de ello nada o muy poco sabemos? Ah, los sondeos de opinión en este país, mala copia del original extranjero…

Los sondeos son una expresión del poder de los medios de comunicación sobre el pueblo. Son simples «rumores»‘, opiniones débiles, deformadas, manipuladas y desinformadas.  Opiniones ciegas.

Ciegas les llama el investigador G. Sartori, porque la gran mayoría de los interrogados desconoce los temas sobre los que se le pregunta, y es así como la plaga de  encuestas, de sondeos de opinión que, imitación de formas ajenas, ha cundido en el país, no pasa de ser un recurso más del Poder contra las masas sociales. Cuidado.

Al tema aludí hace unos meses apenas, pero yo imaginaba que semejante plaga importada cesaría con el pasado proceso electoral. Me equivoqué, y lo que en materia de encuestas acaba de llegarme al correo renueva mi asombro ante la audacia del preguntón y la falta de autocrítica del entrevistado.

Nada es obstáculo para que cuando un encuestador empieza a preguntar surjan opiniones inventadas en ese momento.

«¿Qué sabe usted del tema?», debería ser, repito, la pregunta clave en las tales encuestas de opinión. El resultado, afirma Sartori, es que la mayoría de las opiniones son frágiles e inconsistentes y que  se expresaron en relación  a unos temas que se desconocen de manera total. Pero aquí lo inaudito, mis valedores: en la presente encuesta el preguntón interroga acerca de un tema por demás oscuro, de muy difícil comprensión: el trafico de influencias que se genera tanto en el gobierno como en la iniciativa privada.  Y el grotesco surrealismo de los resultados en el resumen que publica la casa encuestadora:

«En la percepción de la opinión pública, las relaciones cercanas con funcionarios del gobierno son las que se utilizan con mayor frecuencia: 30% de la población aprecia que ‘siempre´ se dan este tipo de relaciones con servidores públicos, 18 % cree que ‘casi siempre’ sucede (18 por ciento, conste, no 20, no 15. 18 por ciento); 14 % opina que ‘rara vez’.

En contraparte, son pocos los entrevistados que observan tráfico de influencias en el sector privado: 41 % piensa que ‘nunca’ se utilizan las relaciones con familiares, amigos o conocidos que trabajen en una empresa privada, 18 % opina que esto sucede ‘rara vez’; y 16 % advierte que ‘siempre’ y ‘casi siempre’ hay uso de influencias en empresas o instituciones privadas.» (¡!)

«¿En qué nivel de gobierno considera que se dan más casos donde se usan ilegalmente las relaciones con funcionarios del gobierno para verse favorecidos o recibir un trato especial: en el gobierno federal, en el gobierno estatal o en el gobierno municipal?» (¡!)

Audacia en el tema de consulta y falta de pudor de la casa de encuestas para hacer públicos semejantes resultados:

«En el gobierno federal: 20 por ciento. En el gobierno estatal: 13 por ciento. En el gobierno municipal: 19 por ciento. En todos: 38 por ciento. En ninguno: 1 por ciento. No sabe: 9 por ciento».

«Creo que somos muchos, afirma Sartori, los que estamos de acuerdo en que la sondeo-dependencia es nociva y que las credenciales demócratas de semejante instrumento son sólo espurias«.

Pero a opinar se ha dicho. ¿No es una práctica corriente en EU? ¿Entonces? ¿Por qué ser menos nosotros, gringos de segunda? ¡A opinar! (Uf.)

Es México

Así que atentados de narcos obligan a cancelar campañas políticas. Conque  en Sinaloa matan a hijo de coordinador de coalición y a sobrino de algún candidato, mientras que en Saltillo ejecutan a ex-diputado y en Oaxaca emboscan a abanderada del PRI y asesinan a su marido. Todo esto es México, sin más.

Pero el plomo no es la única arma de control con que cuentan los narcotraficantes. Con el plomo la plata también, y esto lo  saben sus reverencias de la Iglesia Católica. Juan Sandoval, por ejemplo, cardenal arzobispo emérito de Guadalajara, que en el sexenio de Fox fue acusado de complicidad con jefes del narcotráfico. La PGR le abrió el respectivo expediente, lo que encrespó a Norberto Rivera:

– Los obispos del Episcopado y yo apoyamos totalmente al cardenal  Sandoval. Nada le encontrará la PGR.

Nada ilegal pudo encontrarle, y esto gracias a un oportuno milagro de San Cristóbal, no el santo descontinuado sino el rancho de Fox, a donde el purpurado acudió buscando el carpetazo de su expediente. Y la paz.

Norberto Rivera. A su hora doce obispos del Episcopado se solidarizan con el susodicho por las agresiones que recibió de “enemigos políticos»:

“Como colaboradores estrechos de Su Eminencia le mostramos nuestra plena comunión y reconocimiento a su valiente ministerio pastoral”. (De su presunta protección al sacerdote paidófilo Nicolás Aguilar, ni una palabra.)

Narcotráfico y lavado de dinero: el negocio de narcos y jerarcas del dinero sucio (dinero socio) ha corrompido y ha sido corrompido por magistrados, policías y políticos, pero siempre ha estado corrompido  por los altos clérigos de basílicas y catedrales. José Raúl Soto, de la Univ. Pontificia de México:

– Aquí, en la Basílica de Guadalupe, como párroco se los digo, los narcotraficantes son muy generosos. Sin dejar de ser traficantes ayudan y dan limosnas que nosotros ya quisiéramos hacer. Todos han sido muy generosos, desde Rafael Caro Quintero y Amado Carrillo hasta hoy.

Años después  Ramón Godínez, obispo que era de Aguascalientes:

– Aquí en el templo se purifica el dinero del narcotráfico que recibimos en calidad de limosnas.

En la revista Proceso  Gonzalo Guízar, hermano de monseñor Jesús Guízar (¿asesinado?): “A la Basílica de Guadalupe la han convertido en una cueva de Alí-Babá”. (Diego Monroy, su abad, enriquecido de forma “inexplicable”.)

Cuando obispo de Hermosillo, Son., Carlos Quintero:

– Admito que recursos provenientes del narcotráfico han llegado a las arcas de la Iglesia, particularmente en esta frontera. En Tijuana hay familias que han sostenido parroquias con dinero del narcotráfico. Seamos realistas. Sí, no podemos ocultar el mal, pero tampoco debemos omitir las cosas buenas del mal. En Tijuana hemos encontrado familias buenas que han ayudado a sostener el seminario y muchas otras que han aumentado el número de parroquias.

Sergio Obeso, obispo: Yo rechazo que la Iglesia esté utilizando dinero del narcotráfico. Se pueden decir tantas cosas…

G. Prigione, cuando nuncio apostólico del Vaticano en México: “El padre Montaño fue el enlace entre los Arellano Félix y yo, pero no volveré a hablar con narcotraficantes”.

Mis valedores: omito nombres de más “religiosos” coludidos con el narco (se habla de Emilio Berlié Belauzarán) para terminar con la frase del empresario taurino y bont vivant Onésimo Cepeda, obispo emérito de Ecatepec en sus ratos perdidos:

Nosotros los clérigos les decimos los narcos: váyanse, hijos, el Señor los perdona y no pequen más”. El resto es silencio. (Dios…)

Playas, petróleo…

Tierras, aguas, energético.  ¿Por fin, con su solapada maniobra, lograrán esta vez empresarios y legisladores eliminar las restricciones que marca el 27 constitucional no sólo al energético, sino también a tierras y aguas en la franja de 50 kilómetros a lo largo de las costas nacionales? ¿La enajenación se ha iniciado en la zona de Baja California?  ¿Ya se olvidó la pérdida del 55 por ciento del territorio mexicano por una maniobra similar a la que hoy se intenta (se realiza, se perpetra) en Baja California? ¿Ya hemos olvidado que todo comenzó con el territorio de Texas, codiciado por el vecino imperial, que con el auxilio de apátridas, inmigrantes y arrimadizos, iba a convertirse en una estrella más en la bandera de EU? ¿Debemos entender y aun admitir que Baja California será (es) un nuevo territorio de aquel país?  ¿Y entonces las enseñanzas que imparte la Historia? ¿Ignoramos que así comenzó el proceso que iba a culminar con el despojo de media patria, una de las páginas más desdichadas en la historia de nuestra Nación? Ah, la «democracia» representativa, la de semejantes legisladores…

Porque no sólo PEMEX. Baja California también. Como si nunca hubiese ocurrido la pérdida de territorio patrio, ahora aparecen noticias como esta (y nos dejan indiferentes, cuando no es que nos pasan inadvertidas):

La Paz, B.C. Sur: “La falta de fuentes de trabajo estable orilla a propietarios de terrenos urbanos a venderlos a extranjeros. Es común ver en poblados tan tranquilos y atractivos como Todos Santos incontables letreros anunciando en inglés la venta de casas, terrenos y otras propiedades junto a la playa o en zona urbana. La situación de las familias las obliga a allegarse fondos para su mantenimiento o la educación de sus hijos. Esta es una de las incontables causas de la transculturización en la zona, aunque no en el grado que se observa en el sur de la península, donde las costumbres y tradiciones se han perdido totalmente».

Con Santa Catarina, Morelos, ¿olvidarnos de Texas? “El poblado indígena, desde su pasado ancestral, nunca ha permitido la venta de tierras comunales a extranjeros. Ahora, cuando el pueblo se opone a la venta de 5 mil hectáreas a los extranjeros, los indígenas son denunciados ante las autoridades. Con el decreto presidencial de 1929, que reconoce como área comunal 28 mil hectáreas, no se puede vender ninguna porción de tierras y ahora cierta familia  ofertó lotes de terreno inmerso en la zona ecológica. Denuncian, al propio tiempo, la venta ilegal de 50 hectáreas”.

Guadalajara, Jal. “A precios de super-ganga, el gobierno de Jalisco vende o vendió a la empresa norteamericana Morey Hospital, 39 hectáreas de tierra que no le pertenecen porque son parte del patrimonio de la comunidad indígena de San Juan de Costán. El gobierno autorizó la enajenación de 30 hectáreas de la ex hacienda de La Mora a un precio tan bajo que los indígenas consideran ridículo, para favorecer a una transnacional que intenta no un hospital de beneficencia, sino un centro hospitalario de alta especialidad para gente muy rica”.

“Hasta empresarios de Liechteinstein, minúsculo país europeo de una extensión de 160 kilómetros cuadrados, tiene inversiones en zonas prohibidas: playas, fronteras y riberas de México. La inversión extranjera en este rubro es casi toda de empresas estadunidenses. De los 3 mil 146 fideicomisos turísticos en zonas prohibidas en México, con inversión extranjera, un 92.16 por ciento proceden de los Estados Unidos”. (Ah, México, qué país.)

Pero aquellos cayeron a la cárcel

PEMEX, ¿privatización encubierta? Su presente corrupto, con Romero Deschamps y familia, lo conocemos bien. Su pasado produjo casi tanta corrupción como hoy día, pero con una diferencia fundamental: que yo vi a La Quina y a Chava Barragán en la cárcel. ¿Y Deschamps? ¿Qué dice Peña al respecto? Por matizar la zozobra que más allá de gobierno y empresarios provoca la privatización solapada de PEMEX, aquí los tufos de un pasado corrupto,  pintoresco y floklórico:

Dic., 1979. Treinta guardaespaldas protegían a «La Quina» cuando éste llegaba a la sede de la CTM. «¿Por qué tantos pistoleros? – Son sólo ayudantes, y  andan conmigo porque nunca falta un pinche loco. –  ¿Teme a sus enemigos políticos?, el reportero. – Cuáles enemigos. Lo que temo es que la gente me aplaste en las aglomeraciones al saludarme. – ¿Muchos enemigos políticos? – Poquitos, pero hasta en el gobierno hay gente que me tiene envida porque no pueden aceptar que un líder obrero, que empezó vendiendo chicles y boleando chanclas, les ponga el ejemplo de honradez en el trabajo y la forma de sacar adelante nuestra Revolución Mexicana. – ¿Su ideología, señor? – Yo qué sé de ideologías. Yo sé de postulados, los de mi partido, el PRI».

En 1982 el lider «Chava» Barragán:

– ¡El gremio petrolero revolucionario reitera su apoyo al señor López Portillo! ¡Porque a usted, señor Presidente, lo queremos con todos los defectos que tenga o le inventen. Para nosotros siempre será usted un Presidente super y archi-valuado!

Sept., 1982. En el escándalo que produjo López Portillo con la estatización de la banca, el reportero a  «Chava»  Barragán:

– ¿Tiene alguna opinión? – Sí, se ha nacionalizado la banca, y qué bueno. Con la nacionalización de la banca que decretó nuestro presidente ahora más que nunca nuestros fondos sindicales están seguros, ¡porque están en manos de la patria!

– Se dice que usted es un sacadólares.

– Cuál sacadólares. Vivo a nivel del más humilde trabajador.

– ¿Y sus fotos en las Cataratas del Niágara?

– Derecho de viaje. En mi sindicato ninguna cláusula prohíbe viajar.

Agosto, 1985. El sindicato petrolero cumplía 50 años de vida en el chapopote. Prepotente, agresivo contra el entonces dirigente de PEMEX Mario Ramón Beteta clamó en el consabido discurso  Emérito Rodríguez, dirigente de la sección 30 del sindicato petrolero:

– ¡Ayer se dijo: a colgar gachupines! ¡Hoy podemos decir: a sacar pitufos de  PEMEX! ¡Porque la unidad del Sindicato se agiganta ante la crisis! ¡Que la tenacidad se crezca ante la adversidad! ¡Que la capacidad y no la terquedad norme nuestras acciones! ¡Que la sencillez y no el orgullo nos ilustren para que nuestro país no pierda su independencia jurídica, pues la económica ya casi la perdimos!

Julio de 1983. Como el «líder moral» de los petroleros convalecía de reciente operación quirúrgica en las cuerdas vocales, en el festejo petrolero se escuchó una cinta magnetofónica grabada antes de la operación. Decía, entre otros conceptos, la cinta:

«Y cuando te sientas solo, petrolero, cuando te sientas completamente solo, canta, recita, siembra, trabaja, vive, pero por encima de todo… ¡sigue tenaz… y volverás a triunfar!»

Esa misma voz, una vez que el líder petrolero hubo recuperado su salud:

«Compañeros! ¡Aun después de muerto aquí su amigo Joaquín seguirá sembrando unidad, lucha, dignidad, autonomía, alimentos, cariño y… ¡amor! Sobre todo amor, mucho amor, aun después de muerto!»

Pero visitaron la cárcel. ¿Y Romero Deschamps, señor Peña? (Ah, México.)

Pemex

Reforma energética. Mis valedores: mucho cuidado con las trampas verbales de Peña y sus corifeos. Afirma la historia que la pretendida reforma de Pemex  promovida por Peña y avalada por unos Corderos derechistas y unos Chuchos de «izquierda» siempre dispuestos a ejecutar la obra negra y  el trabajo sucio del gobierno en turno, no es el primer intento encubierto de privatización del energético. Se trata de una paraestatal que es abastecedora no sólo de billones de pesos para la administración pública, sino también de pugnas «ideológicas», intereses políticos y económicos, una desbozalada corrupción y saqueos demenciales. Aquí, indicios del discurso tramposo y la demagogia  de los diversos «mandatarios» desde un De la Madrid que abrió la puerta al neoliberalismo hasta un Peña cuya demagogia y trampas verbales, expresadas ante los grandes empresarios, derivaron a  «todos los mexicanos» los beneficios que sólo alcanzan al gran capital:

«Este es momento para México porque estamos todos, gobierno y sociedad, decididos a generar la sinergia necesaria para impulsarlo a mejores condiciones en beneficio de todos los mexicanos».

Reforma energética. A su hora, Calderón: “La inversión privada en PEMEX, garantizará el desarrollo nacional en las próximas generaciones. PEMEX se fortalecerá, y así contaremos con recursos para vivir mejor: escuelas, medicinas, hospitales, clínicas, carreteras, agua potable, vivienda, electricidad. Con la reforma tendremos los recursos para crear universidades. La inversión privada nos permitirá superar la pobreza y garantizar la educación y la salud de los mexicanos. Habrá fondos para todas las entidades del país; tren suburbano en la zona metropolitana, tarifas eléctricas más justas para la población y más competitivas para la industria; servicios más elementales para la población, disminuir la brecha de la desigualdad, construir un México mejor, solidario, terminar con la pobreza y la desigualdad, acelerar el paso por la justicia, construir el México unido que todos queremos, cerrar la brecha de México con el México agraviado, olvidado, con el México de la pobreza».

Fox: “Las privatizaciones sacarán adelante al país. Los recursos excedentes se destinarán al pago de la deuda social”.

De la Madrid: «La política privatizadora permitirá encauzar el desarrollo integral del país y el crecimiento autosuficiente”.

Salinas: “Este cambio es nacionalista. Celebremos el nuevo desarrollo. Estas reformas estructurales permitirán democratizar el capital, atender los objetivos nacionales de la soberanía y de la justicia y recorrer la vía moderna de México”.

Financial Times: El arresto de dirigentes sindicales de PEMEX tiene por objeto  la privatización y no un intento de moralización de la industria petrolera.

Zedillo en  1996: “La privatización que promovemos en ferrocarriles, telecomunicaciones, terminales portuarias, aeroportuarias, gas natural y petroquímica secundaria, marchan de acuerdo con los tiempos previstos y en forma exitosa”.

Y la respuesta de Romero Deschamps: “¡En nombre de todos los petroleros del país y en el mío propio, gracias, señor presidente por esta lección de democracia, por el ejemplo de patriotismo y por esta muestra de sensibilidad al sentir del pueblo de México, por escuchar los argumentos y darnos su respaldo! ¡Gracias a su patriotismo, su democracia y su sensibilidad, el petróleo y sus derivados están a salvo de la privatización! ¡Gracias a nombre del pueblo de México, señor presidente!

Y le aplaudieron. Es México. (Este país.)

¡Excrementos!

A Los viajes de Gulliver, novela de Swift,  me referí  ayer aquí mismo, y concretamente a la academia de Lagado, capital de Laputa, y los audaces experimentos que en el reputado centro de experimentación realizan los científicos. El final de la historia:

Los anfitriones llevaron a Gulliver a visitar la academia, cuyos sabios le mostraron unos experimentos que los habrían de llevar a revolucionar las técnicas hasta hoy aplicadas al arte y la ciencia. Y lo que en materia de estudio científico encontró el visitante. Mírenlo ahí, frente a los sabios que laboran en audaces experimentos que habrán de asombrar al mundo. Ahora el equipo de arquitectos le mostraba los avances logrados en las técnicas de construcción de casas y edificios “con los que el Padre Patricio habrá de concretar su ambicioso programa de vivienda popular. Nuestra técnica revolucionaria consiste en comenzar la edificación por los techos e ir descendiendo hasta los cimientos. Con ello sólo tomamos el ejemplo de  la abeja y la araña».

Conoció Gulliver a la artista ciega de nacimiento que tenía a su cargo el arte pictórico, y trabajaba con aprendices ciegos también, artistas plásticos a quienes enseñaba a mezclar pinturas de todos colores y pintar lienzos con los que dotaban a Laputa de una muy apreciada obra pictórica.

– Nuestra artista enseña a los aprendices a mezclar colores por el tacto y el  olor. Es un genio pictórico que goza de un bien ganado prestigio entre todos  los hijos de Laputa.

Condujeron a Gulliver al  aula siguiente, y entonces, de súbito: “¡Un tremendo hedor me detuvo! ¡Excrementos! Mi guía me aconsejó que no ofendiese al sabio mostrando mi repugnancia. Mucho cuidado con taparme la nariz. La  cara  del sabio tenía un pálido color amarillo; sus manos y ropas estaban embadurnadas de inmundicia. Al verme diome un estrecho abrazo. Contuve la respiración. ¿Su tarea? Intentar convertir los excrementos humanos en alimento para Laputa. El sabio lograría su propósito separando las varias partes de los desechos humanos, eliminando el olor que les da la bilis, disolviendo lo no aprovechable y quitando la mucosidad”.

Con este logro científico ya no habrá hambre en Laputa.

Pero aquí la dificultad: «¿Quién proveerá a los científicos de la gigantesca acumulación de excrementos que se habrán de necesitar?»

– Una buena parte será aportada por los chuchos.

– Ah, excremento de perro.

– De los chuchos de Nueva Izquierda. De Ortega y Zambrano, principalmente.

– ¿Ellos solos? Empresa imposible.

– Pero además contamos con las heces de toda la burocracia política y las de la gran masa social de Laputa. No obstante, cuando manifestamos al Benefactor que nos seguiría faltando la indispensable materia prima para concretar nuestro experimento, el Padre Patricio se las ingenió para generar la cantidad suficiente de materia prima para elaborar los alimentos con que piensa satisfacer el hambre de los habitantes del país.

No comprendió Gulliver cómo sería posible producir tantas heces.

– Es la fortuna de ser gobernados por un verdadero estadista.  ¿Sabía que el Benefactor afina los trámites para llenar de excrementos Laputa?

– Insignificante, su cotidiana aportación.

– Pues sí, pero  nuestro Visionario ya se dispone, con el auxilio de  un Cordero, una runfla de chuchos y la apatía de los hijos de…este país, a convertir en excremento toda la industria de Pemex, ¿se imagina? ¿Qué le parece el proyecto de nuestro Benefactor?

Gulliver agachó la cabeza, y entre dientes decía: todo esto es México. (Nuestro  país.)

Gulliver y sus viajes

¿Quién de ustedes ha leído la novela de Jonathan Swift? Obra de interés esencial para todos nosotros, Los viajes de Gulliver se publicó allá por el 1720, pero su actualidad es categórica hoy día, con sólo que para aprovechar a cabalidad sus enseñanzas sepamos  desentrañar sus significados múltiples.

Ahora he de referirme al viaje de Gulliver a la ciudad de Lagado, capital de un imaginario país (que Swift denomina Balnibarbas) donde conoce a diversos proyectistas especulativos y arbitristas políticos, como los llama el autor. ¿El aspecto de la ciudad capital?

En su libro de memorias cuenta Guliiver que en Lagado las casas se miran ruinosas, que los transeúntes caminan de prisa y ofrecen un aspecto huraño, muchos de ellos cubiertos de andrajos. Por cuanto a los terrenos labrantíos: “Vi a muchos labradores trabajando el suelo, pero no advertí perspectiva alguna de crecimiento de hierba o grano, aunque la tierra era excelente. No pude explicarme la causa de que habiendo tantas manos, cabezas y rostros ocupados y preocupados en campo y ciudad, no se descubriese ningún buen efecto de sus actividades e inquietudes, ya que, muy al contrario, nunca había visto yo suelo tan infortunadamente cultivado, casas tan mal aderezadas y ruinosas, ni gentes cuyas ropas y apariencia delatasen tanta miseria y necesidad”.

¿Y dónde operaban los susodichos arbitristas y proyectistas? En un muy famoso edificio de aquella ciudad. Según la crónica de sus viajes, en aquel edificio el visitante conoció a un ingeniosísimo arquitecto que había descubierto un método para construir casas empezando por el tejado y descendiendo hasta los cimientos, “lo que justificó mostrándome análoga práctica de dos industriosos insectos: la araña y la abeja”. Proyectismo.

Cierta funcionaría, ciega de nacimiento, era la encargada del arte pictórico. La artista trabajaba con diversos aprendices, ciegos de nacimiento también, en la mezcla de pinturas de todos colores, que serían la materia prima para el equipo de artistas plásticos privados de la vista que dotarían al país de una muy apreciada obra pictórica. ¿Cómo operaban los aprendices? La funcionaría les enseñaba a distinguir los colores por el tacto y el olor. “Esta artista gozaba de gran apoyo y admiración en todo el país gobernado por el proyectista especulativo y promotor de la sabiduría especulativa».

Y que cierto funcionario, manos y rostro enhollinado, llevaba años trabajando en un proyecto para extraer rayos de sol de los pepinos, que debían ser puestos en recipientes herméticamente sellados y sacados para caldear el aire en los más fríos e inclementes veranos. “Me aseguró que no dudaba de que en unos ocho años podría proporcionar a los jardines del palacio rayos de sol suficientes a una tarifa razonable. Pero necesitaba una mayor cantidad de pepinos”.

En otro departamento encontré a un arbitrista que había encontrado el modo de cultivar la tierra con cerdos, evitando los gastos de arados, ganado y mano de obra. El método era este: en un acre de superficie se enterraban, a seis pulgadas de distancia y ocho de profundidad, cierta cantidad de dátiles, nueces, bellotas y otros vegetales de que gustan los puercos. Luego, soltando a seiscientos o más de éstos en el campo, el tal, de allí a pocos días, habría sido revuelto hasta las raíces por los animales en busca de aquellos alimentos, dejándolo apto para la siembra y abonado con sus excrementos.

¡Excrementos! ¡Un tremendo hedor me detuvo!

La crónica de Gulliver sigue mañana. (Vale.)

Del esperpento

Ustedes, señores, ¿conocen el cine mexicano? ¿Recuerdan las cintas de humor, casi siempre involuntario? Yo ahora mismo, empapado de nostalgia, me pongo a rememorar los sketches de aquellas beneméritas matronas del bataclán y el sainete que parió la carpa y que más tarde se lucieron en escenarios del teatro y la  radio,

y en el cine vinieron a despercudir la pantalla de las intolerables parrafadas de un Arturo García ya encaramado en el alias De Córdoba. «No tiene la menor importancia». Agh.

¿Recuerdan ustedes a pioneras de la comicidad como Amelia Wilhelm y a  sus discípulas y seguidoras Martha Ofelia Galindo y María Luisa Alcalá, pasando por las clásicas Delia Magaña, Virma González, Las Kúkaras, la Viveros y la Arozamena y esa Salinas que, chapoteando en la fosa séptica de cualquier Aventurera malamente apodada obra de teatro resulta menos repugnantona que la otra Salinas, Adrianita? Las cómicas.

Hoy, en el ejercicio de la nostalgia, recuerdo a aquella soberbia Susana Cabrera, a la que algún reportero, micrófono al frente, interroga: “¿Profesión?”  “Payasa”, contesta sin titubear. Payasa.

Susana Cabrera. Qué símbolo insuperable, qué espléndida caracterización de la talonera del arrabal. Cierro los ojos y de párpados adentro contemplo la fina estampa de la ramera de la que la «payasa» hacía toda una creación. Señores, ¿la observan ustedes? Allí,  rameruca en procura de clientes, en la esquina de la avenida con alguna transversal, pierna derecha plegada, el tacón del zapato contra la pared. Noche cerrada. La prostituta aguarda fumando (tabaco, posiblemente) a la espera del marchante. «¿Un servicio, papito?»

Obsérvenla. Vean el atuendo de la depravación: minifalda que deja los muslos a la intemperie y esa blusita, y esos pechotes,  y el cigarrito en la diestra, quizá de tabaco. Guila barata, piruja del arrabal, un rostro de pútrida con cargazón de cosméticos, jetas estallantes de carmín, vientre rotundo, aguayones tamaño familiar y un temperamento tropical en corpachón de tamal mal fajado. No, y esas caderas presas (¿arraigadas?) en una mini-mini tres tallas menores de lo que  a gritos, proclamas y mega-marchitas imploran, demandan, exigen semejantes carnazas, flor y almendra de la depravación. “¿Un servicio, papito? Te hago de todo». ¡Ay, Cabrera! ¿La visualizan?

Observen ustedes que bajo las ojeras de pintura se esconden  las ojeras del vicio y las desveladas. En este cachete un lunar simulado, y en el cogote una verruga auténtica de cerdoso escobillón. ¿Las postizas? De este tamaño, miren; tirantes, enhiestas, revolcadas en rímmel. Y con las pestañas la peluca tordilla, y al cuadril el bolsón con los trastos del oficio. Guila del arrabal.

Señor Peña. ministros de cortes supremas y ralea de jueces y similares: espléndida caracterización  de su «justicia» es esa de la Cabrera: en la zurda la balanza y en la diestra el pomo de cacardí. De venda en el rostro, la pantaleta, con los ojillos apicarados al descubierto. Ah, su «justicia», puta vieja y viciosa, alcahueta de corruptos y compinches que los solapan. Eso, y no más, han hecho de una «justicia» selectiva, logrera y aprovechada de la ocasión, donde danzan a lo esperpéntico las deyecciones morales de unas ratas Gordillo, Granier, Moreira, Yarrington, Fox y familia Bribiesca-Sahagún que marchan al son de la flauta del Hamelín Salinas. Señor Peña, a propósito:

¿En qué reclusorio purga sus raterías el azote de las ratas, su pariente (de ellas y de usted), don Arturo Montiel? (Agh.)

Usted no puede morir

(A su hora me informaron que mi padre había muerto allá, en su nidal zacatecano, pero juro que está vivo todavía, o qué hiciera yo sin esa estrella polar. Aquí, el retablillo anual a Don Juan, mi padre.)

A usted le hablo, señor; a usted que es como la patria: inaccesible al deshonor, y de quien se aprende (con el ejemplo) valores morales de los que norman la humana conducta: justicia, verdad, libertad, amasijo que da sustancia a la varonía. Porque usted fue (es) decencia, dignidad y humanitarismo en todos sus actos de cada día. Porque tan comprensivo fue para con los demás como severo con usted mismo. Porque valedor lo fue de todos, y generosidad y humanismo en el trance en que hay que abrirse las telas del corazón. Filósofo de lo fugaz, del fatalismo suave y sin estridencias, usted se mantuvo tan ajeno al ruiderío como aledaño de la sonrisa y el buen humor. El  pudor y el decoro, la vergüenza y la dignidad, padre Juan.

Lo miro y miro de ojos adentro a tal varón de virtudes, pura reciedumbre y verticalidad, y una conciencia que en la humana conducta sólo un par de colores distingue: el blanco y el negro, sin más; el de la dignidad y el de su contraparte; sin medias tintas y sin matices, sin disculpas ni tartufismos. Y ya.

Miro esos ojos donde se columbran, machihembrados, mansedumbre y rebeldía, severidad y comprensión, la tolerancia, la gravedad y el humor juguetón, como también  una que otra lagrimilla de las enjundiosas, todo a su hora. Porque claro, usted tiene el don de las lágrimas, y ese don me lo enseñó a practicar con mesura; con decoro, aclaro; con claro decoro. Mis valedores:

Zapatero de nacimiento, o casi, don Juan fue cristiano en el mejor, en el único sentido del vocablo, el de la obra de amor a sus semejantes; religioso y creyente fue, pero sin fanatismos, sin sectarismos, sin dogmatismos, y tan respetuoso del ajeno derecho, la disensión y la disidencia, como de lo propio y lo natural. Mi padre, filósofo sin tratados de filosofía, antes de echarme su bendición porque la vida nos separaba me dijo cosas: que si habrá que volar sobre el vocerío y la estridencia, y volar tan alto como lo acepten las fuerzas; que apartar de sí la quincalla y moldear el espíritu; que, rebelde a toda mediocridad, “álzate, vuélvete pura ánima y después de encomendarte a Dios, el tuyo; sé siempre varón a los ojos de tu conciencia, tu único juez”. Y me echó encima su bendición, y con ella (sé que alguno me va a entender) me tornó indestructible, invulnerable con su bendición. La de Don Juan, mi padre…

Óigame, usted que me hablaba quedo y sonreía:  frente a mi zozobra lo miro todo el tiempo, y de tarde en tarde frente a mi paz interior, cuando  emparejo mis hechos a mis proclamas. Lo tengo enfrente, donde quiera que estemos usted y yo, y sonríe, y sé entonces que para mí nada está perdido. Eso es todo, padre Juan. Con mi amor, el testimonio: usted es la sabiduría que encamina, el consejo que guía, la ponderación que sosiega,  el ejemplo que incita, la ausente presencia que sanciona mis actos y el impulso para poner la proa hacia esa estrella inasible. La conciencia de mi conciencia. Usted, padre…

Muy cierto, señor; ya lo veo, incómodo, menear la cabeza. Decirle esto que le digo salía sobrando, y en público, más aún; pero cuántos de quienes en fecha impuesta celebraron, uncidos al calendario del comercio y del regalito, tienen seco el corazón para la figura del padre. Algo podrá decirles esto que le digo a usted, padre Juan. Y la paz. (A su memoria.)