Usted no puede morir

(A su hora me informaron que mi padre había muerto allá, en su nidal zacatecano, pero juro que está vivo todavía, o qué hiciera yo sin esa estrella polar. Aquí, el retablillo anual a Dn. Juan, mi padre.)

Aquí le hablo, señor, a usted que es como la patria: inaccesible al deshonor, y de quien se aprende (con el ejemplo) valores morales de los que norman la humana conducta: justicia, verdad, libertad, amasijo que da sustancia a la varonía. Porque usted fue (es) decencia, dignidad y humanitarismo en todos sus actos de cada día. Porque tan comprensivo fue para con los demás como severo con usted mismo. Porque valedor lo fue de todos, y generosidad y humanismo en el trance en que hay que abrirse las telas del corazón. Filósofo de lo fugaz, del fatalismo suave y sin estridencias, usted se mantuvo tan ajeno al ruiderío como aledaño de la sonrisa y el buen humor. El  pudor y el decoro, la vergüenza y la dignidad, padre Juan.

Lo miro y miro de ojos adentro a tal varón de virtudes, pura reciedumbre y verticalidad, y una conciencia que en la humana conducta sólo un par de colores distingue: el blanco y el negro, sin más; el de la dignidad y el de su contraparte; sin medias tintas y sin matices, sin disculpas ni tartufismos. Y ya.

Miro esos ojos donde se columbran, machihembrados, mansedumbre y rebeldía, severidad y comprensión, la tolerancia, la gravedad y el humor juguetón, como también  una que otra lagrimilla de las enjundiosas, todo a su hora. Porque claro, usted tiene el don de las lágrimas, y ese don me lo enseñó a practicar con mesura; con decoro, aclaro; con claro decoro. Mis valedores:

Zapatero de nacimiento, o casi, don Juan fue cristiano en el mejor, en el único sentido del vocablo, el de la obra de amor a sus semejantes; religioso y creyente fue, pero sin fanatismos, sin sectarismos, sin dogmatismos, y tan respetuoso del ajeno derecho, la disensión y la disidencia, como de lo propio y natural. Mi padre, filósofo sin tratados de filosofía, antes de echarme su bendición porque la vida nos separaba me dijo cosas: que si habrá que volar sobre el vocerío y la estridencia, y volar tan alto como lo acepten las fuerzas; que apartar de sí la quincalla y moldear el espíritu; que, rebelde a toda mediocridad, “álzate, vuélvete pura ánima y después de encomendarte a Dios, el tuyo; sé siempre varón a los ojos de tu conciencia, tu único juez”. Y me echó encima su bendición, y con ella (sé que alguno me va a entender) me tornó indestructible, invulnerable con su bendición. La de don Juan, mi padre…

Óigame, usted que me hablaba quedo y sonreía:  frente a mi zozobra lo miro todo el tiempo, y de tarde en tarde frente a mi paz interior, cuando  emparejo mis hechos a mis proclamas. Lo tengo enfrente, donde quiera que estemos usted y yo, y sonríe, y sé entonces que para mí nada está perdido. Eso es todo, padre Juan. Con mi amor, el testimonio: usted es la sabiduría que encamina, el consejo que guía, la ponderación que sosiega,  el ejemplo que incita, la ausente presencia que sanciona mis actos y el impulso para poner la proa hacia esa estrella inasible. La conciencia de mi conciencia. Usted, padre…

Muy cierto, señor; ya lo veo, incómodo, menear la cabeza. Decirle esto que le digo salía sobrando, y en público, más aún; pero cuántos de quienes el domingo anterior celebraron, uncidos al calendario del comercio y más allá del regalito, tienen seco el corazón para la figura del padre. Algo podrá decirles esto que le digo a usted, padre Juan. Y la paz. (Vale.)

¿Lamebotas castrista?

Leo en El Comercio, el diario que superó todas las formas de la infamia en su campaña contra Ollanta Humala, un editorial escrito con gran moderación y, se diría, con entusiasmo, por la política económica que Humala se propone aplicar en Perú”. (M.Vargas Llosa, en Reforma del domingo anterior.)

Y que ahora lo alaban también jerarcas diversos de la iniciativa privada.  “¿Qué ha ocurrido para que todos se volvieran humanistas de pronto?” Mis valedores: tal es mi oficio de periodista, esa es la fascinación que en tantos colegas provoca el Poder. Yo, cuando me iniciaba en la radio, la TV y la prensa escrita, observé a los del oficio, y lo que vi me llevó a postular en ocho palabras el lema de mi actividad periodístaca: “Ni un ataque gratuito ni un elogio pagado”. Y hasta la fecha. A propósito…

Ahora que prácticamente pasó inadvertido un tal día de la libertad de prensa recuerdo aquel material atroz que ante el estallido del 68 en Tlatelolco exudaban algunos medios de condicionamiento de masas, como aquel hoy difunto sin que de él sobreviva memoria ni de su nombre, y que a resultas de la masacre de Tlatelolco en 1968 clamaba en su sección editorial:

“Transformados en opulentos burgueses, algunos montaron una grotesca conspiración golpista para derribar al gobierno y montar la dictadura marxista. Se estrellaron contra el Sr. Presidente Díaz Ordaz, a quien apoyó resueltamente el ejército. Sólo contaron con la militancia aborregada de la clase social más fácilmente manipulable por su inexperiencia e inmadurez: algunos estudiantes de universidades dominadas por la caterva intelectualoide del marxismo.

Utilizaron a su santón y lamebotas castrista: Lázaro Cárdenas, quien montado en el toldo de su auto, en el zócalo capitalino, arengó a una masa de gritones para ocupar Palacio Nacional. La respuesta de los motineros enemigos de México: ‘¡Revolución Sí, Olimpiada No!’ Pero obreros,  campesinos, clases medias y la Nación entera les dieron la espalda.

El 2 de octubre los traidores lanzaron a las juventudes a su última trampa sangrienta. Su estrategia: provocar a nuestras Fuerzas Armadas. Nuestro Ejército no cayó en la trampa. Nuestros soldados fueron agredidos por los francotiradores terroristas que previamente se habían escondido en lo alto de los edificios. El Ejército protegió a los civiles que se vieron envueltos en la balacera. El complot traicionero de la antipatria roja fue aplastado y el Ejército salvó a nuestra nación Si México es libre es gracias a la valerosa y fiel acción del Ejército Mexicano, que afrontó la guerrilla del golpismo extranjerizante, fundado en las férreas y patrióticas voluntades del Presidente Díaz Ordaz.

Al designársele embajador en España Díaz Ordaz recordó en una entrevista de prensa que si de algo se sentía orgulloso era de su conducta en los trágicos meses del 68, pero más de sus acciones el 2 de octubre. ‘Puse todo en la balanza, mi seguridad, mi nombre, mi honor, mi vida misma, pero al fin salvé a México de haber perdido nuestra libertad’.

La conjura comunista fue la gran derrotada. México y sus libertades los ganadores, gracias a la firmeza patriótica de Díaz Ordaz y nuestro Ejército Nacional.¡Y que sigan chillando los huérfanos del Kremlin!”

El periodismo, mi oficio. En 1999 Mario R. Méndez en la revista Por Esto: Una madrugada me llaman y me dicen: ¿Cuánto te tocó? / ¿Me tocó de qué?  / No había reconocido la voz. / No te hagas, que también tú recibiste tierras en Cancún. / Me empezó a sonar familiar la voz. / ¿Quién habla? Era El Mulixto, o sea Luis Donaldo Colosio, y me entera que Carlitos M. Navarrete recibió 300 hectáreas para guardar silencio absoluto sobre las actividades del narcotráfico en Quintana Roo”.

El  periodismo, mi oficio. (Dios.)

Escuelas de Jornada Ampliada

Los maestros deben perseguir la formación de seres humanos competentes para desarrollar un pensamiento alternativo y hacerlo realidad. (Silvia Shmelkes.)

La educación pública, mis valedores. Van aquí, en contrapunto con el dicho presidencial (“en la última década México avanzó de manera inédita en educación”), las opiniones de una educadora que ha pasado en el aula escolar el tanto de  35 años.

La necesidad de preparación continua para docentes se realiza a través de cursos de actualización que anteriormente se impartían los sábados o en vacaciones. Hoy, en las escuelas del Edo. de México (no tengo noticias de otros Estados), en el año escolar se ha logrado el diplomado mediante la suspensión de labores dos o más días casi cada semana. Los alumnos se quedan sin clases recibiendo en casa la “educación” de la TV.

Ya que es obvio que el combate al rezago escolar no es prioridad de las autoridades educativas,  tendríamos que asumirlo; si no lo hacemos es, en principio,  por la falta de preparación, ya que el nivel académico en las escuelas Normales va en declive constante. “Las Normales deberían transformarse en escuelas de turismo”, declara la líder del SNTE, y eso nos comprueba que para la SEP no es prioridad  mejorar el nivel académico de los maestros y, por ende, el de los alumnos.

Un tema coyuntural: el grupo parlamentario de cierto partido político solicitó a la SEP que haga público el padrón de maestros comisionados al SNTE, en el que según la Auditoría Superior de la Federación, 10,279 profesores están comisionados por la SEP para tareas sindicales, pero 5,145 de ellos realizan actividades no gremiales. El hecho de que la presidenta vitalicia del SNTE tenga un partido político hace suponer que se trata de inducir, desde esos puestos de poder, a votar en el sentido que a ella le convenga, dando a cambio algunos privilegios para quienes se apeguen a sus intenciones.

Lo anterior no exime al magisterio de la responsabilidad por el lamentable nivel educativo del país. Los maestros somos responsables de a) Permitir que nos impongan planes y programas para adaptar a las nuevas generaciones a las exigencias de las reglas que  la globalización impone, en lugar de promover en nuestros alumnos la formación de un pensamiento crítico. b) De aceptar migajas a cambio de seguir al pie de la letra los lineamientos que en forma vertical nos imponen las autoridades  c) De no tener conciencia de clase porque nuestra cultura política es la que nos imponen, sin pensar que son los asalariados quienes nos pagan, y a quienes  traicionamos cuando omitimos hacer lo que nos corresponde. d) De ser reiterativos en estrategias desgastantes que conducen al menosprecio de la sociedad por nuestra labor, sin considerar alternativas que nos acerquen más a los que pagan nuestros servicios, y f) De no dar importancia a la preparación académica y política que es indispensable en nuestro trabajo.

Carezco de muchos detalles acerca del pobre estado de nuestra educación pública.  Otros colegas, con base en su propia experiencia, podrían enriquecer estos apuntes. Finalmente, creo que debemos empezar a adquirir conciencia social y asumir nuestra responsabilidad como educadores, o la sociedad seguirá criticando nuestro fracaso educativo, del cual somos parte integrante.  El hecho de persistir en nuestra propia ignorancia nos convierte en cómplices. Sin más. ¿No le parece?

Y yo pregunto, mis valedores: ¿con los gobiernos del Verbo Encarnado México ha avanzado de manera inédita? (¿Sí?)

La educación en México

¿Cuál es el dictamen de algunos organismos internacionales, la OCDE entre ellos, respecto a la educación pública que se imparte en nuestro país?  ¿Qué afirma, a su vez, el presidente de México? El pasado miércoles, al poner en marcha cierto programa de Escuelas de Jornada Ampliada, lo afirmó, categórico, el de Los Pinos: En la última década México avanzó de manera inédita en educación.

Para desmentirlo o certificarlo me arrimé a la maestra Graciela Cárdenas,  educadora que ha dedicado su vida a la enseñanza pública en el aula escolar, y que así me responde:

A lo largo de 35 años de trabajo docente en escuelas primarias y secundarias del DF veo la problemática de la educación en nuestro país me doy cuenta de que las situaciones difíciles a las que me enfrenté son cada vez más graves. Como se concluye en el estudio de la OCDE, Organización para la cooperación y el desarrollo económico, el bienestar de los niños mexicanos está muy por debajo del observado en los 34 países que pertenecen a esta organización. De los 45 indicadores evaluados, en 7 de ellos nuestro país ocupó el último lugar, como son los relacionados con la atención médica y mortalidad infantil, oportunidades de estudio, aprovechamiento escolar, embarazos de menores e inequidad social.

Tomando en cuenta que la construcción de la inteligencia se basa en la combinación de la genética y el medio ambiente, podemos comprobar que con estos indicadores no tenemos buenas expectativas para su desarrollo. Empezamos con números negativos, y los maestros no estamos preparados para revertir esta situación social adversa, aparte de que contamos con escaso apoyo institucional.

Hay que agregar, además, la violencia social en la que se encuentra México. Según el estudio mencionado, más de 700 niños son asesinados al año; 3.5 millones de menores trabajan para ayudar al gasto familiar; hay niños involucrados en más del 70 por ciento de los hechos delictivos; la tasa de suicidios de niños se ha duplicado en 20 años y 21 millones de ellos viven en la pobreza extrema.

Por otra parte, la violencia social se refleja en los alumnos en formas diversas que van desde depresión, ansiedad, falta de atención y desinterés por aprender, hasta conductas de agresiones verbales y físicas que llegan a causar daños graves. La falta de preparación del maestro para atender estos conflictos provoca  que se agraven aún más, pues en la mayoría de las veces se  recurre al castigo o a la expulsión en lugar de aplicar medidas que demuestren la forma racional de solucionarlos.

Tocante a indicadores relacionados con la familia también tenemos datos negativos: uno de cada 10 niños no cuenta con el material necesario en su casa para hacer la tarea. Tenemos la tasa más alta de desnutrición infantil entre las naciones de la  OCDE, y nuestro país ocupa el primer lugar en violencia física, abuso sexual y homicidios de menores de 14 años a manos de sus padres.

Como en las familias existen carencias culturales muy graves, la limitación en el lenguaje impide la comunicación clara de sus ideas y, por desgracia, los maestros somos también el resultado de esa sociedad, de esas familias y de esas escuelas. Es por ello que sólo podemos transmitir eso mismo que aprendimos, aunque hay quienes, conscientes de esas carencias, buscan opciones para superarlas. La necesidad de preparación continua para docentes se realiza a través de cursos de actualización que anteriormente se impartían los sábados o en vacaciones. Hoy día…

(Esto sigue mañana.)

Nostalgia

Pobre era México, mis valedores, hasta que el Cordero de Hacienda lo ubicó entre los países de clase media. Ayer tarde, a propósito,  regresé a la calle que habité hace unos años, varias cuadras de casonas porfirianas con recios portones que recordaba siempre cerrados, pero caramba, lo que ahora me vine a encontrar: setos parduzcos, banquetas destartaladas, cacarizos muros con tatuajes de grafitos, perracos en brama, cinco deyecciones por cada animal. Frente a mí, brazos abiertos, apenas la sombra de aquel José de los años viejos. En silencio nos abrazamos. Alguno suspiró. En el viento otoñal, tufarada de mal aliento, el trío de voces tipludas, amelcochadas: Eres la gema que Dios... “Extraño sitio donde me fuiste a citar”.

En el zaguán de la casa una mesa con su mantel, cuatro sillas, una cafetera doméstica, cucharas, azúcar, y una mesera que resultó ser… “Oye, ¿no es doña Nilda, de los Montalbán?”

Ella, sí, que a pasitos contados llegó, llenó las tazas, y paso a paso se alejó por el corredor. “Aristócratas víctimas de la crisis. Ahora verás lo que queda de la calleja. Vamos a casa. ¿Sabes que quiero poner mi propio changarro?”

Dejé unas monedas sobre el mantel. Ya en la calle, y según caminábamos: Dios, que en la zona de casonas porfirianas, afrancesadas, cortadas a la medida de las añejas familias de la aristocracia de principios del XX, contemplé el espejo de mi México actual, el del Verbo Encarnado: vejez, incuria, abandono. Conforme avanzábamos:

– ¿No es esta la residencia de los Aréchiga, caballeros de Colón?

El ánimo contristado leí en la ventana, detrás de unas rejas de mucho primor, el letrerito pudoroso: “Clases de piano. Ropajes de niños dios. Se preparan niños para la primera comunión”.  A poco andar, en otra casona un nuevo letrero: “Se renta pieza a dama de buenas costumbres”, y allá, enfrente, ¿qué utilidades  puede reportar a los Gálvez de Céspedes la venta de cochera? Observé la ringlera de “jeans” y chamarras de medio uso, tenis todavía de buen ver, camisetas. Para atraer clientela,   un radiecito con música a medio volumen. Boleros. Y a esperar marchantes.

– No, y los apretados Orendáin, ¿ves?

Ellos, que ya habilitaron uno de los cuartos que dan a la calle, y en la ventana han colocado ringleras de yerbas de olor; sin letrero ninguno, que el pudor mantiene la vendimia en una discreta exhibición. “¿Te acuerdas de la señorita Gracia, la solterona que fue sobrina de curas diversos? La vas a ver”.

La vi. Una puerta que nunca se había abierto, cierta mañana se entreabrió, y ahora así vive, entreabierta –entrecerrada, más bien-, y la Gracia solterona tras una mesita con mantelito de mucho primor, y encima envoltorios diversos con su leyenda: moles, pipián, estofado, tamarindo, jamaica, guajillo y cuaresmeño. Y camarones secos y hojas de infusión. Como a lo furtivo,e silla de bejuco, la solterona. José me hizo señas para cambiar de banqueta. “La narcotiendita de la Nena Durán. Pocas ganancias, que todas se la llevan los de la patrulla”. Y cuando rebasamos un nuevo negocio familiar (antojitos mexicanos, comidas corridas): “Aquí es. En el quinto piso”.

¿Un departamento este huevito? “¿Y tu casona porfiriana?” “Vino el remolino y me la alevantó. Cartera vencida”.

Atardecía. Desde el quinto piso contemplé la ciudad; sentí su pulso, su arritmia, su taquicardia. Marchas, asaltos, plantones, levantones, atorones, el aullar de  ambulancias como mujeres en parto. La calle nuestra, México nuestro, el de la clase media en versión del de Hacienda. (Lóbrego.)

Sicalíptica

¿Me atreveré a comunicar a ustedes mi tragedia personal, con semejante tufillo a desvergüenza y cinismo? Aquello fue embarazoso en verdad: tener que usar a mi vieja, cuando ya ni ella ni yo estamos para tales excesos.

Todo eso me sucedió una noche de miércoles.Yo ya me había acostumbrado a la joven recién llegada. Cuando me vi precisado a requerir los servicios de la vieja, válgame, que ni los iniciales manoseos la hacían entrar en calor. Seca, reseca, sin gota de lubricación, que al tentalearla percibía sus articulaciones reumáticas. “Anímate, viejita, tú puedes”. Y dale con las dos manos, e inténtalo con los dedos, pero ella, nada, que a estas alturas de su vida se me ha vuelto insensible a cualquier incitación, así las yemas de mis dedos toquetearan sus puntos sensibles, ahora tan, pero tan insensibles. Y ni cómo revivir un cadáver. (No que más antes, ella y yo, vibrando al unísono. Qué tiempos.)

Insensible, sí, pero no por culpa suya, sino de este insensato, que por la recién llegada la abandoné durante años. Si la pobre hubiese sido estimulada de vez en cuando no porque me proporcionase placer sino por que no se marchitase del todo, ahora, tal como cuando era joven (cuando éramos jóvenes), podría dar de sí; no que ahora me estaba dando de no; y qué hacer. Derrotado en mis intentos, pensé, con Neruda:  “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”. Melancólico.

Esa noche la requerí, y por principio de cuentas me la acerqué al pecho, la sobé con mis manos y válgame con mi vieja, qué respuesta frustrante: ella reseca, impaciente yo; ella insensible, yo con los entusiasmos que de tan ruda manera se me iban enfriando. (Y qué hacer, sino…)

Pero yo soy tenaz, y andaba excitado. Cuando me convencí de que con la vieja todo era inútil pensé en la práctica de mi juventud, y a echar mano de la técnica manual. A mis años. Muy animoso comencé, pero no, que al esfuerzo me fui desinflando, lástima.

Total, que ni con la vieja ni a lo manual, y ahí el dilema ¿renunciar al intento, cuando las imágenes excitantes me acalambraban la mente? Con brusquedad hice a un lado a la estéril y también renuncié al intento manual. Qué desaliento, qué sentimiento de frustración. En la penumbra del íntimo recinto de mis escarceos permanecía en silencio, respirando gordo, aguardando una mejor ocasión. (Qué pena, no debería ser tan explícito, pero en fin.)

Recordé: tengo una amiga ducha en estos menesteres, ¿la llamaré por teléfono? Pero ella, a estas horas ya a punto de ir a la cama (a su cama), qué puede hacer. Tengo también un amigo,  ¿pero llegar al extremo de molestar a un varón, sabiendo que en el trance en el que me encuentro nadie, que no sea hacerme la labor por propia mano, lo puede llevar a cabo por mí? Mis valedores:

Fue así como descubrí mi inutilidad para escribir a mano después de comprobar cuánto se ha deteriorado mi vieja máquina de escribir, que el tanto de décadas me acompañó en el oficio de escritor, y cuánto dependo de la recién llegada computadora. Esa noche me fui a la cama, y herido por la frustración, pensaba: ¿en un país civilizado dejarían a toda una colonia inutilizada horas y días por falta de luz? Y sin energía eléctrica qué pudiesen hacer mi amiga y mi amigo, técnicos en electrónica.  Total que ayer, a media mañana…

Dos de Luz y Fuerza se estacionaron enfrente, y trépate a la escalera, y el tanto de tres minutos jurgunearon cables, y  hágase la luz. “Un papalote trasroscó los cables”. Y el remate nacional: “Ai pal chesco, ¿no?” (Ah, mi país.)

Libertad de expresión

El día de la libertad de expresión y de prensa, una celebración hoy totalmente obsoleta, apestosa a formol y a cadaverina. En el matutino:

La monotonía de la adulación y el invariable optimismo de los diarios serviles acabaron por hacer que sus opiniones sean rechazadas, sus palabras desconocidas, sus mismas informaciones tenidas por falsas o adulteradas. Está unánimemente condenado por su opinión, que al condenarlo condena naturalmente al gobierno que la inspira. En vez de amigos, el periódico de esta categoría sólo concita malas voluntades al Poder Público. Sólo en defensa de las leyes y al amparo de ellas un periódico se hará respetable y hará, por lo tanto, sus opiniones dignas de respeto.

Hermosos conceptos, y tan actuales; pues sí, pero lástima: se publicaron en el Excélsior  de 1917, un matutino que ha venido a caer en el elogio de “la sonrisa de Calderón”. Aquí opiniones diversas sobre la industria del periodismo, tema polémico, controvertido, que inicio con la visión de Roberto Zamarripa:

Los medios de comunicación están atravesados por la corrupción. Es un problema general que va de los “chayos” entregados a los reporteros hasta las componendas entre los empresarios de la prensa y el poder político.

La compra-venta de conciencias, mis valedores, ahí donde los “medios” son industria y comercio; una industria y un comercio tan costosos que su creación exige recursos económicos fuera del alcance  del periodista. No hay uno, ni un grupo de periodistas, que sean los dueños de una industria, impresa o electrónica; de existir, su sobrevivencia dependería, a su vez, del Sistema de poder. El periodista no es más que un asalariado al servicio del dueño del diario o  la estación de radio o de televisión, una industria, con intereses comerciales.

En tanto instrumentos, los “medios” no juegan otro papel que el que le asignen sus dueños. Así, podrán ser instrumentos de cultura o instrumentos de incultura; medios de dominio o medios de liberación; elementos para unir a un pueblo o para desorganizarlo; para elevarlo o para hundirlo. Es la propiedad sobre el medio de comunicación la que determina al servicio de quienes éste se coloca, a favor de qué causa, de qué valores, de qué clase social.

No existe la información por la información. Se informa para orientar en determinado sentido a las diversas clases y capas de la sociedad, y con el propósito de que esa orientación llegue a expresarse en acciones determinadas. Es decir: se informa para dirigir. En ese sentido, el mimetismo de periodismo y política llega a ser total. El grueso de las ganancias de los “medios” no proviene de la “venta de noticias”, sino de las ventas de espacio para la publicidad a las otras empresas, principalmente al gobierno. Ellos le darán o negarán subvención mediante publicidad y otras concesiones, en la medida que prensa escrita, radio y TV. defiendan los intereses de los anunciantes. Sin más.

Al seleccionar las noticias que apoyan su propia política y omitir otras, los tales “medios” producen en la mente de las masas una impresión totalmente alejada de la verdad, lo cual se realiza dentro de la exactitud más minuciosa para reproducir los hechos. El dueño del “medio”, por interés económico, para privilegiar el de los patrocinadores  y someter al usuario,  lo atiborra de nota roja y escándalos,  el clásico pasecito a la red, sexo, telenovelas y todo lo que alimentan a las masas del ombligo para abajo.

¿Libertad de expresión y de prensa? ¿En México? (Bah.)

Ayer y hoy, el Sistema

El halconazo  y la memoria histórica, mis valedores. Aquí las opiniones de Echevería y sus intelectuales orgánicos, retrato hablado de quienes, ante el reguero de cadáveres del 10 de junio del 71, se erigieron en defensores del matancero tal como lo hicieron en la masacre del 2 de octubre del 68 y más tarde en  la guerra sucia de los 70s., para rematar con  carnicerías como las de El Bosque, El Charco y Acteal. Es México.

Aquí las opiniones de obispos y periodistas, políticos e intelectuales y del propio Echeverría,  ese redrojo histórico todavía hoy encuevado en la impunidad que así se manifestó frente a los periodistas que le reclamaban la regazón de cadáveres que malparió el halconazo:

– ¡Si ustedes están indignados, yo lo estoy más!  ¡Yo deploro y condeno los acontecimientos en los que varios jóvenes perdieron la vida. ¡Que los mexicanos no se dejen sorprender por movimientos opuestos entre sí, ambos evidentemente minoritarios, cuyo único objetivo es la anarquía! La institución encargada dará todos los pasos que se requieran para tocar el fondo del asunto y detener a los culpables. En cuanto la investigación haya llegado a sus conclusiones, ¡yo  tomaré las medidas oportunas lo antes posible!

Voceros del PRI: “Algunos grupos sin tesis ni bandera pretenden trastornar el orden público. ¡No lo permitiremos!”

Y Alfonso Martínez Domínguez, regente de la ciudad y responsable del grupo paramilitar entrenado y financiado por el Gral. Alfonso Corona del Rosal: “¿Halcones? ¿Cuáles halcones? ¡Los halcones no existen! ¡Esa es una simple leyenda!” (Que le costaría el puesto.)

De la renuncia opinó un Luis Velázquez, diputado y  sobrino de Fidel: “¡Debe entenderse como una nueva línea, una nueva tónica del gobierno del Pres. Echeverría, dispuesto al sacrificio para disipar cualquier sombra de duda que pudiera surgir en la opinión pública! El Presidente se ganó nuestra confianza”.

José Garibi Rivera, cardenal  de Guadalajara:

– Exhorto a los jóvenes a que reclamen lo que sea justo, pero siempre por los caminos legales. Es de lamentarse que los jóvenes de quienes México espera mucho, tomen caminos equivocados. Que estos muchachos, llenos de entusiasmo, de optimismo por la vida, tomen un ideal digno de ellos.

Sobre el autor de la maniobra de excarcelar dirigentes del 68 para cooptarlos y que desde dentro desmantelaran el Comunista Mexicano y los logros del movimiento estudiantil, Heberto Castillo, apodado el “aperturo” porque exaltaba la “apertura política” del carnicero:

– ¡Compañeros: estoy a favor de las medidas tomadas por el Pres. Echeverría! Esto revela que podemos avanzar y actuar luchando por la vía legal. ¡Las brechas para el diálogo democrático están abiertas, debemos transitarlas! ¡No empujemos a LEA al lado de los sectores más reaccionarios!

Carlos Fuentes: “Después de los sucesos del año 68, Echeverría no tenía sino dos opciones: una era reprimir, otra era democratizar. Creo que evidentemente no ha tomado el camino de la represión, sino el de la democratización en bien del país. Afortunadamente, creo que los hechos de hoy nos dan una enorme esperanza de que el camino de la democratización ha triunfado.  ¡Echeverría o el fascismo!”

Para que no se pierda la memoria histórica. Para que justipreciemos la clase de apoyo que el intelectual orgánico es capaz de ofrecer a un Sistema de poder cuya represión impune es capaz de tan delirante regazón de cadáveres, un simple  “daño colateral”.  Es México, el de los halconazos de ayer y hoy. (Qué país.)

A la cuenta de Echeverría

México, 10 de junio de 1971, 10 de junio del 2011. Aquí,  por que no se nos pierda la memoria histórica, traigo a la memoria de ustedes la masacre del halconazo.   La crónica:

A 3 años de distancia de la matanza del Dos de Octubre  la violencia del Jueves de Corpus estalló con el pretexto de la manifestación organizada por cierta Alianza Obrero-Estudiantil que en apoyo a los estudiantes de la Universidad de Nuevo León y la renuncia de su rector Elizondo –ya había renunciado-, logró congregar a unos  10 mil estudiantes y “gente del pueblo” que fueron rudamente reprimidos por el gobierno de  LEA.

Pero la historia no se escribe en blanco y negro como una tajante diferenciación de verdugos y víctimas; de ese doble carácter participaron tanto los Halcones como los propios estudiantes. En torno a los sucesos que sembraron su almácigo de cadáveres un estudiante, en la reseña correspondiente:

“A las 3:45 p.m. el camión  en que viajábamos un compañero estudiante y yo entró a la calle de Cedro en la colonia Santa María y de inmediato advertimos que había mucha vigilancia policiaca. La calle de Nogal estaba invadida por camiones de bomberos, carros de agentes y policías de tránsito. En la Calzada México-Tacuba divisamos transportes de granaderos y cinco tanques.

Al llegar a la Calzada comprobamos que el tráfico hacia Instituto Técnico estaba bloqueado y que en las contraesquinas del cine Cosmos había grupos bastante numerosos de jóvenes armados con palos y en actitud provocadora. De inmediato los asociamos con otra banda de sospechosos que divisamos en la calle de Sor Juana…”

Un halcón, en su crónica: “El entrenamiento se realizó como una entidad paramilitar y al servicio de la regencia del Gral. Alfonso Corona del Rosal. Días antes del 10 de junio me ordenó  El Fish, mi jefe: Habla a los Halcones. Vamos a trabajar de nuevo, ahora no con el gobierno sino como brigadas de choque al servicio de la COPARMEX y su presidente, señor Guajardo Suárez, que ve con terror el avance del comunismo en la Universidad, en el Poli, en las Normales y en todos los sectores de la población. Ellos nos van a pagar.

Ese señor sabía que nosotros habíamos sido los autores del fin de la huelga estudiantil de 1968, cuando aplastamos a los comités de lucha, vencimos a sus grupos de choque y dimos confianza a las mayorías tímidas para que asistieran a las aulas y se reanudaran las clases”

Cómo acudir a la manifestación (folleto de la Alianza Popular-Estudiantil). 1.- Acompáñese con la gente que conoce. 2- ESi se incorpora a la mitad, busque un grupo conocido. 3.- No llevar libreta de direcciones. 4.- Avisar a alguien para que notifique en caso de desaparición. 5.- Organízate con las gentes que conoces para que en caso de represión se tenga un lugar común de reunión fuera del orden policíaco o militar para formar brigadas o saber de cualquier desaparición. 6.- No dejarse provocar en ningún momento. Abajo la Ley Orgánica de la UANL y UNAM. Comité de Lucha de la Fac. de Ciencias Políticas y Sociales.

“Las mantas –cuenta el halcón- se pintaron en la Escuela de Economía. Varios coches descargaron palos y varillas. Diez estudiantes fabricaron bombas Molotov. Por la noche, en un automóvil Volkswagen, llegó, procedente de la Normal, una caja de madera con pistolas, tres subametralladoras y su dotación de cartuchos. De la Casa del Estudiante de Sinaloa llegan más cajones que nadie sabe qué contienen, y que pesan mucho”. (Sigo mañana.)

 

Hora Cero

El halconazo,  mis valedores. A los sucesos trágicos del 10 de junio de 1971 me referí ayer aquí mismo, apalancado en la memoria de los hechos que años más tarde publicó alguno de los asesinos, cronista de la masacre. En su relato afirma que un día de aquellos lo llamó  el Fish, su jefe: “Habla a los halcones. Vamos a trabajar de nuevo”.

– ¿Trabajar con el gobierno?

– ¡Nooo! –me contestó casi gritando-. ¡No seas bárbaro! Vamos a servir de brigadas de choque al servicio de los hombres más ricos de México, que ven con terror el avance del comunismo en la Universidad, en el Poli, en las Normales y en todos los sectores de la población. Ellos nos van a pagar.

En un principio, por sugestión de Guajardo Suárez, el de la COPARMEX, se había planeado en la Ibero una manifestación estudiantil lo suficientemente tumultuosa como para provocar una reacción violenta del régimen. Ellos iban a injuriar al Presidente, cometer atropellos y hacer todo lo posible para provocar la represión del ejército y de la policía. Pero como estaban tan desacreditados por lo de Tlatelolco, tal vez no reaccionarían. En ese instante entraríamos nosotros y los haríamos pedazos.

Los halcones, mientras funcionamos como tales al servicio de la regencia del Gral. Alfonso Corona del Rosal, estuvimos organizados a la manera de una entidad paramilitar. Insisto: en la Universidadéramos porros. Y recibíamos nuestra paga de la Universidad”.

Y amaneció el 10 de junio…

Recorrí  lo que sería el campo de batalla; no había gente sospechosa en los pasillos, angostos y semioscuros,  donde iba a meter a los halcones que irían armados con pistolas y  metralletas. Me agradaron una rejitas que están frente a la casa 268 de Alzate, desde las cuales se puede disparar como trincheras. La orden del Fish:

– ¡Pártanles toda la madre! Ah, pero a los periodistas patadas, golpes y romperles las cámaras. A ellos ni un balazo.

Y llegó la hora cero. El estudiante: “Al llegar a la México-Tacuba se escuchó un disparo de lanzagranadas y de atrás de los granaderos aparecieron unos mil halcones divididos en seis grupos, que portaban garrotes de bambú de dos metros, macanas y varillas forradas. Oímos sus gritos. Iba por el cine Cosmos. Luego se oyeron los primeros disparos. De pronto parecía que los disparos provenían de todas partes. Sus cargas eran respaldadas por descargas de gases lacrimógenos. Venían armados con metralletas, fusiles automáticos M-1, M-2 e incluso M-16. Comenzaron a caer compañeros. Muertos unos, otros heridos. Los halcones se entregaban a la persecución, a la masacre, a la caza de seres humanos y al saqueo y la destrucción. Los granaderos permanecían inmóviles.

El halcón: “Cuando faltaban siete minutos para las cinco p.m. arrancó la descubierta de la manifestación. Se empezó a escuchar el grito de guerra: ¡México… libertad! ¡México… libertad! Los nuestros ripostaron: ¡Viva Nuevo León!…¡Viva el Che Guevara! ¡Libertad para los presos políticos!

A mí me sudaban las manos. Tenía seca la boca. Venían como diez mil estudiantes y gente del pueblo. Nada mansos se notaban. Algunos traían metralletas, palos, cuchillos, unos bultos. ¿Granadas de mano? Dí el grito:

– ¡Halcones!…¡Halcones! El ataque, con todo.

De atrás escuché el tableteo que hizo caer a medio metro de mí a un halcón herido con cuatro balas en la espalda y nuca. Ahogándose en su sangre que vomitaba con fuerza, pues estaba herido en los dos pulmones me rogó:

– ¡Ayúdame… no me dejes… ayúdame hermanito!”

(Mañana, 10 de junio, el final.)

Cordero y las medias

Sigue aquí  la radiografía de las clases medias que inicié ayer. Invitado a comer por el doctor Pérez Y Hernández, amigo mío hasta el grado del gasto de los mariscos, en su volks enfilamos hacia Toluca, y en el camino fui sopesando a las clases medias de mi país. Me dieron una lástima…

– Mire, me dijo; serranías pachonas de vegetación. Abedules, algarrobos o chicozapotes, sepa la madre. ¿Qué le piden estos bosques a los de Viena? Esos pinos, ¿qué le piden a Los Pinos espurios? Para qué derrochar divisas en Europa, ¿no le parece?

Lo miré de reojo. Y aquella  lástima…

– Y es que aquí en nuestro México tenemos de todo, como en botica.

Como en botica que no sea del Seguro Social, que ni aspirinas –pensé, pero mucho me cuidé de expresarlo. Por aquello de las patas de mula que me invitaba para comer.

Mediodía. Toluca. La entrada del restaurante. En el atascadero de coches y entre dos que dejaban un espacio que ni para carro de camotes, el de dos apellidos maniobró en forma tal que dejó la trompa a media banqueta y la trasera acomodada sobre una alcantarilla. La trasera del volks.

– ¿Se dio cuenta, mi valedor? El chicampiano lo meto en cualquier huequito, no aquel estorboso “seis cilindros” del que me tuve que deshacer.

Hasta acá comenzó a llegarme el olor de las patas. De mula. Al rato ya el doctor y su gorrón estábamos de las de acá, miren, leyendo la carta, pero leyéndola al  estilo crisis de clases medias: de derecha a izquierda. A ver: 50, una orden de mejillones; 65, jaibas rellenas de pulpos, o pulpos rellenos de jaibas, al gusto; callo de hacha, en oferta. Sonriendo como estreñido, el doctor:

– Precios razonables. Media de ostiones, tantos pesos.

– Son dólares, doctor. (Palideció. Yo tragué saliva, y fue lo único que tragué en el restaurante, porque el de los dos apellidos):

– Se me ocurre una idea. ¿Y si mejor nos regresamos al DF? A mi casa. Porque después de todo qué mejor comida que la casera, y si viera que mi señora  uh, qué mano tiene. Limpieza, sazón. ¿A mi casa, a la pura proteína pura, mi valedor?

Y acá venimos, clasemedieros, a desandar el camino, rumbo a la casera. Yo, aquella compasión; por mí, por el de los dos apellidos. Y ni cómo liberarlo del compromiso sin herir su susceptibilidad. Apechugué. Y a casita, la de él, y cuatro horas más tarde entrábamos a la casa de mi amigo el doctor Pérez Y Hernández, casa típica de clase media.  Me dio el encontronazo un tufo a patas de mula, pero agrio, rancio.

El antecomedor. Mi anfitrión descorchó una de tinto. La olisqueó.

– Mmm, uva añejada en barricas de ayacahuite. Tres larguísimas semanas en reposo antes de llegar al tianguis. Los vinos del país qué le piden a los del Rhin. Texmelucan legítimo, aspire su bouquet.

Y que salucita. Yo con agua, que conmigo vino y licor toparon en hueso; en tepetate. Y válgame, que fue entonces: por la puerta de la calle entraba aquella figura enteca, de chal y trapos oscuros. Tensa una voz cascada:

– ¿Y eso, Filiberto? No te esperaba tan pronto. Pues qué, ¿no ibas a derrochar la de crédito gorreándole la tragazón a alguna panza aventurera?

– Mira, Chagüita, te presento aquí a nuestro huésped. Le prometí que iba a saborear tus artes culinarias. ¿No habrá modo, digo?

La de los bifocales me la dejó tendida, mi diestra. Ceño fruncido: “Yo, por si acaso, en misa te encomendé a San Ramón Nonato, no vaya a ser que ese pseudo-neo-comunistoide te la contagie y vayas a terminar tú también en terrorista, una nunca sabe”.

Tragué saliva una vez más. (Y mañana el final.)

Los herederos de la promesa

Los mexicanos tienen que estar preparados para administrar la abundancia.

Tal afirmó en el sexenio de López Portillo, y a nombre de él, un cierto priísta Rubirosa Wade, y lo que tantos temíamos: no se extinguía el eco de la promesa cuando ahí nomás, ominosa, en la economía petrolizada se reciclaba una más de las tantas crisis que a lo recurrente padece la economía familiar. Y hablando de la abundancia, lo afirmó en su momento el actual presidente  de Estados Unidos Barack Obama:

La clase media será prioridad. Para rescatarla aplicaré de inmediato el plan adecuado.

Algo semejante a lo que afirmó Fox en llegando a Los Pinos:

Nuestra clase media se está cayendo a pedazos, pero yo trabajo fuerte para extenderla y construirle un futuro mejor para las siguientes generaciones.

Yo por aquel entonces relaté aquí mismo cierto incidente que me mostró con más elocuencia que cualquier análisis de economista la depreciación que mal soportaban las clases medias de este país. Pero sucede que en el sexenio del Verbo Encarnado  las clases medias ya no se cae a pedazos. Hoy mismo nuestro país se afana en plena tarea de administrar su abundancia, según el martes pasado lo comunicó a todo México Ernesto Cordero, titular de Hacienda ante una tandada de patroncitos de la COPARMEX congregados en el auditorio de la Univ. Autónoma de San Luis Potosí. Sus palabras:

México dejó de ser un país pobre. Ahora se considera un país de clase media alta. No somos un país de desarrollo bajo, sino de desarrollo humano medio.  México es ya un país de renta media que viene a consolidar clases medias como hace tiempo no se lograba.

¿Esa explosiva revelación del Cordero,  mis valedores, habrá tornado obsoleto el incidente que hace algunos años me aconteció con un cierto representante de las clases medias de mi país? Aquí, para el juicio de ustedes, el incidente de marras.

Fue aquel domingo a media mañana. El doctor Pérez Y Hernández (como los políticos mediocres, el profesionista más fácilmente perdona una mentada de madre que su apellido de madre se omita) me invitó a comer.

– Pero como Dios manda, no a lo que da el pago de sus fabulillas. Trépese.

A su volks rojo. “Directamente a las patas, mi valedor. Patas de mula, ¿le gustan los mariscos? No, y más antes eran todavía mejor para el organismo. ¿Le gustan?”

Se me hizo agua, me refiero a la boca. El doctor de los dos apellidos:

– Conozco un restaurante en Toluca donde mmm, una gloria de camarones.

Y a la gloria nos fuimos; la de  los mariscos. Dizque por su virtud tonificante no estoy seguro si del cerebelo, el apéndice o no sé qué clase de bulbo, ha de ser el raquídeo. Ya en la carretera (carretera libre, para evitar el peaje)  por boca del doctorcito se expresaron las clases medias de mi país:

– Mire nomás qué chulada de arboledas. De ensueño, ¿no? Lindo mi México, se lo digo yo, que todavía en pasados sexenios no perdonaba mi viaje semestral a las Europas, nomás gastando divisas a lo pendejo. ¿Sabe que aquí donde me ve yo he andado desde Sumatra hasta La Sutra?

Iba a contestársela, pero me aguanté. Por una pata de mula, a este mula doctor le aguanto cualquier patada. De mula.

– Mire: serranías pachonas de vegetación. Abedules, algarrobos o chicozapotes, sepa la madre. ¿Qué le piden estos bosques a los de Viena? Esos pinos, ¿qué le piden a Los Pinos espurios? Para qué derrochar divisas en Europa, ¿no le parece?

Lo miré de reojo. Me dieron una lástima las clases medias de mi país…

(Esto sigue mañana.)

Bandas pueblerinas

Los viejos sones de la tierra vieja, dije a ustedes ayer. El ánimo lastimado por las laceraciones que provoca el áspero oficio del diario vivir,  por un momento hice a un lado sinfonías y cantatas y me puse a escuchar algunos de los aires pueblerinos que había abandonado hace décadas, y oyéndolos describía los instrumentos de la murga que ejecutaba los sones de mi región. Aquí el final del escrito.

Ese que se áhija al clarinete, dije a ustedes ayer, cuál  otro, si no el saxofón, haciéndole una segunda que va ladereando, contrapunteándosele como pariente mal avenido, yéndosele de pronto por la travesía y como al sesgo, como buscándole dificultades. Pero qué de armonías en tono de sol…

¿Y qué me dicen de la flauta dulce, escarmenadora de hilitos de oro, paridora de esos lloraderos de música que salen del mero cogollo del corazón? En la banda pueblerina la  flauta dulce es pura mielecita en penca, un barroco  cuajarón estallante como la cantera del frontispicio en la ermita de Ajusticiados. Y esta nostalgia, terca como un repentino sarpullido, y el suspirar…

Se me viene  a la mente el trombón aquel con que se lucía el mi señor tío don José Encarnación, ciudadano de Las Güilotas, Zac., y padre natural de mi primo el Jerásimo, licenciado del recién resucitado Revolucionario Ins., el cual tío retacaba de fiorituras las callejas de mi niñez con aquel madrigal romántico donde el machismo ha encontrado su cabal y aborrecible expresión al darse gusto (tristeza, más bien) cantando (increpando, más bien) contra esa amantísima compañera a la que tratamos de ofender ofendiéndonos, el sonsonete arreado a tamborazos que a la letra dice:

“Para que salga el lucero, carbona primero sale la guía – para que tú te enajenes, carbona – falta la voluntad mía

Oigan el redoblante: faceto y alborotero de profesión, salpimentando el sonsonete con  un ritmo brincadito que repercute en las corvas y saca ganas de raspar en la tierra del tecorral dos que tres quiebras de danza apicarada en los bailes mezquiteros, donde en medio de la jácara salta el grito motivoso:

– ¡Ya repican las doce y todavía ni un muerto!

Ah, y la tambora, mis valedores, esa tambora que, parodiando al poeta, cuando suena es una lástima que no la escuche el Papa (mejor que Ratzinger ni la oiga. Mucha campana para él). Esa tambora que a los muertos resucita, que hagan de cuenta clamor del juicio final; unas percusiones de cuero crudo que pegan aquí, miren, en la mera boca del estómago, que es decir la boca de este sentimiento que acalambra los compañones. La tambora zacatecana, y no digo más…

Bandas pueblerinas. Hoy que los aspirantes al gobierno del Edo. de México levantan su tinglado para manipular a unas masas sociales necesitadas de creer y esperar contra toda esperanza, y al venteo del voto instrumentan la rutinaria campaña politiquera de promesas y buenos propósitos, digo: callen las bandas pueblerinas, que tambora y ejercicio político mutuamente se ofenden, porque decir ejercicio político es mentar lo más noble del humano quehacer, el humanismo en su más alta expresión. ¿Y badajearlo a tamborazos?  Pero corrijo: callen los sones porque la banda de música es mucho de arte y de sentimiento para engordar acarreos politiqueros.  ¿Permitir que el trío de bergantes reincidan en la horrorosa tradición de violar la vihuela y la flauta dulce para pespuntear con arpegios sus embusteras promesas y labiosos discursos? Terminarían por empañar la dignidad de El Rascapetate y  La culebra pollera. (A’hijuesú.)

Esta vez La Chirriona

Pero un momento, mis valedores, no pensar mal. Cuando hablo de La Chirriona, y perdonen el tufo un tanto cuanto machista,  no me refiero a figura política alguna, ya sea la Gordillo, la Paredes de batón y huipil o una Vázquez Mota escritora de la reputadísima obra que a modo de título eleva a los santos cielos esa plegaria: “Dios mío, hazme viuda”. Tampoco aludo a esa Martha que allá en tierras nayaritas, convenenciera que nos resultó, acaba de pegar estridente chaquetazo desde el Sol Azteca para ir a caer en aureolas y beatitudes  del Verbo Encarnado.

Yo, al mentar La Chirriona, tampoco aludo a una cierta Luisa María Calderón Hinojosa, apellidos que no me son del todo desconocidos, y que cuando en la tertulia  los mienta algún contertulio imprudente se me estrujan los compañones y los pelos del espinazo se vuelven alfileres en la pelleja. Es por eso que evito testerear a esa Luisa María que con el alias de La Cocoa intenta pegar un  michoacanazo más escandaloso que el de los treinta y tantos funcionarios inocentes encerrados en la de alta seguridad, y asentar sus dos reales en el  sillón que en noviembre deje vacante Godoy. Ninguna figura política evoco con La Chirriona de marras.

Ya sea este sopor vespertino, ya sean la fatiga, el desánimo, el desencanto del diario vivir o una especie de menopausia que me ha acarreado la edad; lo cierto es que yo, amador de cantatas, conciertos y sinfonías, ahora me he puesto a escuchar en el aparato, como en los años en que yo lucía, mis viejos sones de la tierra vieja, la mía; sones arribeños, sones abajeños, sones de tarima y esos de tambora que es decir los de mis derrumbaderos zacatecanos. Por reanimarme púseme a oírlos, y salió peor, que escuchándolos se me fue empantanando el ánimo de una terca nostalgia, de una porfiada decepción. Y este desánimo…

Oí hace rato La culebra, Las olas, El cuatro, Las alazanas; cambié a La Chirriona y Los górgoros, con sus frases apicaradas: De la pi- de la pila nace lagua – delaguá – delaguá caracolitos – señorá – señorá no vaya a lagua – donde lehá – donde le hace gorgoritos, seño-rááá…

No, y esta lloroncita en tono menor que entre desgarros de voz se duele, se queja, llora: Si oyes tocar a difunto-no me reces agonías – que alcabo no me quisiste – que tú nunca me quisiste – como yo a ti te quería…

Ustedes, los que me atienden y entiende han de dispensar,  porque de pronto se me ha contristado la enjundia del ánima según voy oyendo en el par de bocinas  el pespunte de esos regocijamientos, como allá decimos, que me están faceteando de cuero adentro-, esos que han sido la alegría del diario vivir y que hoy, esta tarde…

Escúchenlos. Oigan esos instrumentos ejecutados (“ejecutados”) por manos gafas a punta de arado y barzón, manos de aquellos mis músicos cimarrones que son los mantenedores de la buena música de la buena tierra. El pregón gozosamente lamentoso:

Ay, Virgen del Patrocinio -ayúdame con mis penas – mi vicio son los conquianes – y las mujeres morenas… (Aolí.)

Distingo los instrumentos; ese que lleva los arreboles de la voz cantante, cantarina voz en primera de sol mayor, es el clarinete. Juguetón él, medio sentimental, llorón cuando se propone reblandecer voluntades de enagua y corpiño y un su poquito de amalditado cuando de pagar mal se trata, jijodiún…

Ese que se le ahija al cuadril es el saxofón, haciéndole una segunda que va ladereando, contrapunteándosele como pariente mal avenido, yéndosele de pronto por la travesía. (El final de la murga, mañana.)

 

Democracia, libertad, cinismo…

¡Llamamos al presidente de Yemen a ceder inmediatamente el poder! (B. Obama, 26 de mayo, 2011.)

Aquí finaliza, mis valedores, la carta abierta que acaba de enviar un “Premio Nobel de la Paz” a otro  galardonado:  Adolfo Pérez Esquivel a Barack Obama, que nos ha resultado perro de guerra.

Tú, dice a Obama; tú,  argumentando en la mentira y la soberbia del poder que todo lo haces para salvar al pueblo, en nombre de “la democracia y defensa de la soberanía” llegas al cinismo de decir que la muerte de mujeres y niños son “daños colaterales”. Eso lo viví en Irak, en Bagdad con los bombardeos a la ciudad y el hospital pediátrico, y en el refugio de niños, víctimas de esos “daños colaterales”.

La palabra vaciada de valores y contenido: al asesinato lo llamas muerte y dices que por fin EE.UU. ha “muerto” a Bin Laden. No trato de justificarlo, estoy en contra de todo terrorismo, tanto de esos grupos armados, como del terrorismo de Estado que tu país ejerce en diversas partes del mundo apoyando a dictadores, imponiendo bases militares e intervenciones armadas, ejerciendo la violencia para mantenerse por el terror en el eje del poder mundial. ¿Hay un solo “eje del mal”? ¿Cómo lo llamarías? ¿Será por ese motivo que el pueblo de los EE.UU. vive con tanto miedo a las represalias de quienes llaman el “eje del mal”?

La paz es una dinámica de vida en las relaciones entre las personas y los pueblos; es un desafío a la conciencia de la humanidad; su camino es trabajoso, cotidiano y esperanzador, donde los pueblos son constructores de su propia vida y de su propia historia. La paz no se regala, se construye, y eso es lo que te falta, muchacho: coraje para asumir la responsabilidad histórica con tu pueblo y la humanidad.

No puedes vivir en el laberinto del miedo y la dominación de quienes gobiernan los EE.UU., desconociendo los tratados internacionales, los pactos y protocolos, de gobiernos que firman pero no ratifican nada y no cumplen ninguno de los acuerdos, pero hablan en nombre de la libertad y el derecho.

¿Cómo puedes hablar de la paz si no quieres cumplir con nada, salvo los intereses de tu país?

Cómo puedes hablar de la libertad cuando tienes en las cárceles a prisioneros inocentes, en Guantánamo, en los EE.UU., en las cárceles de Irak, como la de Abu Graib, y en Afganistán?

¿Cómo puedes hablar de los derechos humanos y la dignidad de los pueblos cuando siempre los violas y bloqueas a quienes no comparten tu ideología y deben soportar tus abusos?

¿Cómo puedes enviar fuerzas militares a Haití después del devastador terremoto y no ayuda humanitaria a ese sufrido pueblo?

¿Cómo puedes hablar de libertad cuando masacras a los pueblos del Medio Oriente y propagas guerras y torturas, en conflictos interminables que desangran a los palestinos e israelíes?

Barack: mira para arriba de tu laberinto; encuentra la estrella que te guíe, aunque nunca puedas alcanzarla.

Busca ser coherente entre lo que dices y haces. El Nobel de la Paz es un instrumento al servicio de los pueblos, nunca para la vanidad personal.

Te deseo mucha fuerza y esperanza, y esperamos que tengas el coraje de corregir el camino y encontrar la sabiduría de la paz.

Buenos Aires, 5 de mayo de 2011.

Hoy hace 34 años, tras un vuelo de la muerte durante la dictadura militar argentina apoyada por los EE.UU., sobreviví; salí por arriba del laberinto de la desesperación y descubrí en las estrellas el camino. Dice el profeta: “La hora más oscura es cuando comienza el amanecer”. (Vale.)

¿Armas para la paz?

Obama no debe olvidar que por convicción pertenece a ese grupo de  de estadunidenses que creen que la tolerancia, la compasión y la generosidad son valores definitorios de la identidad nacional (¡!) (S. Muñoz Bata, Reforma, 26-V-11.)

Sigue aquí, mis valedores, la carta abierta que acaba de enviar Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980, al premiado también Barack Obama.

Eras muy joven Barack durante la Guerra de Vietnam; tal vez no recuerdes la lucha del pueblo norteamericano por oponerse a la guerra. Los muertos, heridos y mutilados hasta el día de hoy sufren sus consecuencias.

Tomás Merton decía –frente a un matasellos del correo que acababa de llegar, The U.S. Army, key to peace, “El ejército estadounidense, clave de la paz”–: Ningún ejército es clave de la paz. Ninguna nación tiene la clave de nada que no sea la guerra. El poder no tiene nada que ver con la paz. Cuando más aumentan los hombres el poder militar, más violan la paz y la destruyen.

He compartido y acompañado a los veteranos de guerra de Vietnam, en particular a Brian Wilson y sus compañeros, quienes fueron víctimas de esa guerra y de todas las guerras.

La vida tiene ese no sé qué de lo imprevisto y sorprendente, de la fragancia y belleza que Dios nos dio para toda la humanidad y que debemos proteger para dejar a las generaciones futuras una vida más justa y fraterna; restablecer el equilibrio con la Madre Tierra.

Si no reaccionamos para cambiar la situación actual de la soberbia suicida, arrastrando a los pueblos a recovecos profundos donde muere la esperanza, será difícil salir y ver la luz. La humanidad merece un destino mejor.

Sabes que la esperanza es como el loto que crece en el fango y florece en todo su esplendor mostrando su belleza. Leopoldo Marechal, ese gran escritor argentino, decía que “del laberinto se sale por arriba”.

Y creo, Barack, que después de seguir tu ruta equivocando caminos, te encuentras en un laberinto sin poder encontrar la salida y te entierras más y más en la violencia, en la incertidumbre, devorado por el poder de dominación, arrastrado por las grandes corporaciones, el complejo industrial militar, y crees tener el poder que todo lo puede y que el mundo está a los pies de los EE.UU. porque impone la fuerza de las armas, e invades países con total impunidad. Es una realidad dolorosa, pero también existe la resistencia de los pueblos que no claudican frente a los poderosos.

Son tan largas las atrocidades cometidas por tu país en el mundo que daría tema para largo, es un desafío para los historiadores que tendrán que investigar y saber de los comportamientos, política, grandeza y pequeñeces que han llevado a EE.UU. al monocultivo de las mentes que no le permite ver otras realidades.

A Bin Laden, supuesto autor ideológico del ataque a las Torres Gemelas, lo identifican como el Satán encarnado que aterrorizaba al mundo y la propaganda de tu gobierno lo señalaba como el “eje del mal”, y eso le ha servido para declarar las guerras deseadas que el complejo industrial militar necesita para colocar sus productos de muerte

Sabes que investigadores del trágico 11 de septiembre señalan que el atentado tiene mucho de “autogolpe”, como el avión contra el Pentágono y el vaciamiento anterior de las oficinas de las Torres; atentado que dio motivo para desatar la guerra contra Irak y Afganistán y ahora contra Libia; argumentando en la mentira y la soberbia del poder que todo lo haces para salvar al pueblo, en nombre de “la libertad. (El final, mañana.)

Perros de guerra

Adictos a la guerra, Washington y Londres parecen no darse cuenta de que ya no funciona la política compartida por ambos de generar cambios de régimen a través de la agresión militar (Milenio, 25 de mayo, 2011.)

Hablando de Obama, mis valedores: en este mismo mes Adolfo Pérez Esquivel, defensor de los derechos humanos contra los crímenes que comete el terrorismo de Estado y Premio Nobel de la Paz 1980,  acaba de enviar una carta abierta al presidente de EU.,  Nobel de la Paz él también, quien hoy mismo, en compinchaje con un David Gordon, primer ministro de la Gran Bretaña, anda en agencias de derrocar al jefe de Estado de Libia  Muamar Gadafi. A cualquier costo, incluyendo el “daño colateral”. Obama,  Nobel de la Paz…

Va aquí, para probar nuestra capacidad de asombro e indignación, el texto íntegro de la carta, con todo y sintaxis.

Estimado Barack:

Al dirigirte esta carta lo hago fraternalmente y a la vez para expresarte la preocupación e indignación de ver cómo la destrucción y muerte sembradas en varios países, en nombre de la “libertad y la democracia”, dos palabras prostituidas y vaciadas de contenido, terminan justificando el asesinato y es festejado como si se tratase de un acontecimiento deportivo.

Indignación por la actitud de sectores de la población de los EE.UU., de jefes de Estado europeos y de otros países que salieron a apoyar el asesinato de Bin Laden, ordenado por tu gobierno y tu complacencia en nombre de una supuesta justicia. No buscaron detenerlo y juzgarlo por los crímenes supuestamente cometidos, lo que genera mayor duda; el objetivo fue asesinarlo.

Los muertos no hablan, y ante el miedo a que el ajusticiado pudiera decir cosas no convenientes para los EE.UU., la salida fue el asesinato y asegurar que “muerto el perro se terminó la rabia”, sin tener en cuenta que no hacen otra cosa que incrementarla.

Cuando te otorgaron el Premio Nobel de la Paz, del cual somos depositarios, te envié una carta que decía: “Barack, me sorprendió mucho que te hayan otorgado el Nobel de la Paz, pero ahora que lo tienes debes ponerlo al servicio de la paz entre los pueblos; tienes toda la posibilidad de hacerlo, de terminar las guerras y comenzar a revertir la grave situación que vive tu país y el mundo”.

Sin embargo has incrementado el odio y traicionado los principios asumidos en la campaña electoral ante tu pueblo, como poner fin a las guerras en Afganistán e Irak y cerrar las cárceles en Guantánamo y Abu Graib en Irak. Nada de eso has logrado hacer; por el contrario, decides comenzar otra guerra contra Libia, apoyada por la OTAN y la vergonzosa resolución de las Naciones Unidas de apoyarla; cuando ese alto organismo, empequeñecido y sin pensamiento propio, ha perdido el rumbo y está sometido a las veleidades e intereses de las potencias dominantes.

La base fundacional de la ONU es la defensa y promoción de la paz y dignidad entre los pueblos. Su preámbulo dice: “Nosotros los pueblos del mundo…”, hoy ausentes de ese alto organismo.

Quiero recordar a un místico y maestro que tiene en mi vida una gran influencia, el monje trapense de la Abadía de Getsemaní en Kentucky, Tomás Merton, quien dice: “La mayor necesidad de nuestro tiempo es limpiar la enorme masa de basura mental y emocional que atasca nuestras mentes y convierte toda vida política y social en una enfermedad de masas. Sin esa limpieza doméstica (sic) no podemos comenzar a ver. Si no vemos no podemos pensar”.  Eras muy joven. (Mañana.)

Chaquetazo

Que la señora Martha regresa al barroso terreno de la política, dije a ustedes ayer. Que si en el primer intento no pepenó el sillón del gobierno ahora viene por la revancha y dispuesta a robar cámara con todo y micrófonos, y atragantarse de protagonismo y fuegos y juegos  fatuos. El mensaje se lo dediqué en el intento fallido; hoy, debidamente actualizado, se lo dedico una vez más.  Señora Martha:

Flor de un día, en un tiempo soñó usted con encaramarse en el sillón del gobierno, y ya sus dos reales en él darse entera al derroche y los lujos desaforados, al saqueo de las arcas públicas y a aplacar la delirante ambición de todo mediocre, arribista y logrero: por no ser,  tener. ¿Para quién? Para usted y toda la parentela, de aquí a la quinta generación. Señora:

¿Pues qué sueños de opio me la llevaron a imaginar tal desmesura? Nada era usted, y a la nada había vuelto. “Conócete a ti mismo”, exhortaba el oráculo de Delfos, y Sócrates recogió aquella frase y la tomó de divisa.  “Conócete”. Y usted nunca tuvo conciencia de su pequeñez, y cuando el remolino cesó vino el porrazo. El hechizo se esfumó. La carroza tornó a ser lo que siempre fue, calabaza. El onanismo mental de gloria, poder, lujos y derroches: todo se tornó un montón de ceniza, la de los sueños de opio que incinera la realidad. Y a volver a lo oscuro, a esa mediocridad que es el santo y seña de usted, y a desandar lo andado, a recular, como tarde o temprano recula la fauna de los trepadores, los arribistas, los oportunistas, los oficiantes del rastacuerismo. Señora:

¿Ahora a qué se dedica usted?, le preguntaba al finalizar el sexenio de su marido. ¿Qué oscuras actividades la mantienen ocupada  en su refugio provinciano? Después de que vivió en el cogollo del poder y aspiró los humos de ese avieso copal que a su hora le quemaron  los serviles que nunca faltan y siempre salen sobrando, ¿qué fue de sus lambiscones? ¿Cuántos de esos cortesanos siguen alimentándole su vanidad y devaneos de frustrada estadista? Por mantener vivos los amarres concertados en sus tiempos de influencia y poder, ¿mantiene usted una copiosa comunicación telefónica?  ¿Por internet? ¿Tiene un íntimo circulillo de amistades? ¿En algún club, lonja, cofradía o asociación religiosa consuela su frustración? ¿Mira por su familia? ¿Le ha dado por  cultivar su jardín, criar pájaros, tejer chambritas para los nietos? Pero cuidado, no le dé por escribir, que últimamente personas de muy baja estofa, fabiruchis de la coprofilia televisiva, han abaratado mi oficio de escritor con mamotretos que al atizar el morbo de unas pobres masas adictas a los chismes, recámara y excusado, de las estrellitas gran canal, con productos de excusado han terminado por alimentar el espíritu de esas masas. Doña Martha:

Miré satisfecho que volvía usted a su mundo minúsculo, cortado a la medida de su propia mediocridad, ese que usted merece y del que nunca debió haber salido. Que ahí permanezca, deseé por aquel entonces; que nunca ventolera ninguna  la regrese al juego y rejuego politiquero, que es decir a maniobras, concertaciones, amarres e intereses oscuros de politiquería barata, que a los paisas nos sale tan cara. En fin.

Es cuanto, señora Martha E. García, frustrada aspirante a suceder a un Antonio Echevarría Domínguez, marido de usted,  en la gubernatura de Nayarit y que hoy día, perredista de corazón, públicamente muda de chaqueta, refajo, o corpiño,  y disfrazada de panista (¿de cuándo a acá?) se arroja a jugarse la de Nayarit. (¡Puagh!)