Espantacigueñas

¿En México se practica? Sí,  por supuesto,  pero esta situación ha mejorado desde el 2007, cuando en esta ciudad y bajo circunstancias determinadas se legalizó la interrupción voluntaria del embarazo dentro  las 12  primeras emanas de gestación. Horroroso se advertía el panorama hace más de 3 décadas:

«En México las mujeres abortan a lo clandestino, pero queremos creer que no es cierto; el Estado cree castigar el aborto y por ello quiere creer que no existe. El número de juzgados y sentenciados  es casi imperceptible frente a los millones de abortos con las leyes actuales. La sociedad cierra los ojos  mientras aborta a escondidas, y el fenómeno sigue en aumento por la actitud puritana del Estado de mantener una norma legal impracticable. Es atroz que las mujeres aborten en condiciones antihigiénicas, pero es peor que el Estado las sancione por abortar.

La sociedad mexicana, durante toda la historia de su evolución, ha practicado y practica el aborto ilegal, al margen, a pesar y en virtud de la legislación penal que siempre lo ha sancionado. La clandestinidad en que se realiza, debido a la prohibición legal, repercute en creciente agravamiento en distintos aspectos de la vida comunitaria”.

Y lo que en 1976 ocurría en el país:  “El aborto lo practican mayormente mujeres casadas, con  hijos, católicas y en edad promedio de 30 años. No es, como se dice, un problema de jóvenes, de solteras o de relaciones extraconyugales o ligeras. En el DF los médicos practican sólo uno de  12 abortos producidos, y las mujeres mueren o en un alto porcentaje quedan lesionadas en su capacidad reproductiva, sexual y de estado general”.

Respecto a aquellas mujeres de pocos dineros que se ponían en manos de médicos «espantacigueñas»:

“Sólo un factor tiende a inhibir entre los pobres el número de abortos: el miedo. La paciente pobre no tiene los recursos económicos para acudir a un  sanatorio de calidad, de modo que se resigna a parir un hijo no deseado o se arriesga  y  se somete a un aborto barato, burdamente practicado y, por lo mismo, muy peligroso. El único factor universal en torno al aborto es la determinación de mujeres desesperadas que, al enfrentarse a embarazos no deseados, intentan a cualquier costo que se les practique un aborto».

Porque ocurría (¿ocurre?)  que en México coexistían dos países, uno ficticio y otro real. La contradicción entre estos dos niveles era enorme, en verdad. Su consecuencia era el predominio de la mentira que, a su vez, es una de las causas de la corrupción y la inmoralidad públicas. «El problema del aborto, se decía entonces, es un ejemplo muy claro de esta situación. Las prohibiciones contra el aborto prolongan y fortifican el país irreal, el país de las frases, frente al país real, que es el país de los hechos. La legislación que condena la práctica del aborto debe suprimirse».

México, oct.,2009. En un país garante de la libertad de conciencia, de la autonomía del Estado frente a lo religioso, la igualdad y la no discriminación, la alianza PRI-PAN ha propiciado que en 16 estados de la República se prohíba la despenalización del aborto y que la mujer,  amenazada de cárcel y excomunión, pueda decidir sobre lo que ocurre en su propio cuerpo. Roberto Blancarte:

“¿Dónde quedaron los argumentos científicos? ¿Dónde quedaron los derechos de las mujeres? ¿Dónde quedó el Estado laico, garante de la libertad de conciencia, de la autonomía del Estado frente a lo religioso y de la igualdad y la no discriminación? ¿Dónde?” Es México. (Este país.)

Aborto: ¿sí, no?

Una vez más ese tema polémico y controvertido que divide opiniones en nuestro país. Del pasado martes:

Las legislaciones de  Querétero, Oaxaca y Guanajuato, que reconocen, protegen y garantizan el derecho a la vida desde el momento de la fecundación, son inconstitucionales, según los proyectos de dictamen que en breve resolverá la SCJN.

La definición del aborto: la extracción o expulsión del feto (antes de que pese 500 gramos o tenga 20 semanas de gestación) de manera inducida, sea por razones médicas en relación con la madre o con el feto; sea por razones éticas o humanitarias (violación, incesto, trato sexual con menores o personas con deficiencia mental, planeación familiar, ilegitimidad, etc.) o por  razones  personales (voluntad propia).

Y la pregunta fundamental, hasta ahora no aclarada de forma fehaciente por la ciencia o las creencias religiosas: ¿existe la vida en el producto desde el momento de la fecundación? ¿Es un ser viviente el huevo no fertilizado? El embriólogo:

– En un sentido, no es un ser viviente. No puede reproducirse sin ayuda, ni siquiera mantenerse por un día o dos. En otro sentido sí, pues su configuración bioquímica contiene sustancias necesarias para la vida y que son producidas sólo por organismos vivos, en este caso por la madre, cuando se forma en el ovario, pero cuando veo al microscopio la estructura física del hombre embrionario no veo ningún vehículo del alma rumbo al cielo, sino sólo frágiles cúmulos de células animales.

J. R. Albaine Pons: En el mejor de los casos es a los seis meses in útero, de “vida”, (aunque todo ha estado vivo: el óvulo y los espermatozoides) cuando se inicia el proceso de integrar estímulos externos y programación genética intrínseca en un cerebro que comienza a hacerse único, entre todos los cerebros del mundo. Hablar de “ser humano” antes de ese tiempo es como decir que las moléculas que nos forman deben ser “respetadas y “tener derechos”, porque antes eran parte constitutiva de otro ser vivo que ya no lo está.

La Iglesia Católica. Conclusión del Concilio Vaticano II: “Cualquier cosa opuesta a la vida misma, como son cualquier tipo de asesinato, genocidio, aborto, eutanasia o la autodestrucción voluntaria. Todas estas cosas y otras de este tipo son en verdad infamias. Envenenan a la sociedad humana, pero hacen más daño a aquellos que las practican que a aquellos que sufren el daño. Además son un deshonor supremo para con el Creador».

El científico: «Somos personas, somos únicos, impares, originales, a partir del sexto mes de embarazo. Antes de eso somos la generalidad de la materia viva tomando forma en una especie particular. No somos personas, no somos únicos, no somos individuos humanos desde la fecundación. Ni el más recalcitrante reduccionista entre los neurobiólogos se atrevería nunca a decir que sólo los genes formarán un cerebro particular, son los genes más su ambiente;  en la fecundación y antes de los 6 meses no hay todavía posibilidad de captar ese ambiente y organizarse en consecuencia cerebralmente hablando».

¿El Estado? “Debe ser imparcial, reconocer que el aborto inducido no es un delito y aceptar que es una cuestión que cae en la jurisdicción de la moral individual y que la decisión corresponde a la pareja, esencialmente a la mujer. Así como el Estado no puede obligar a las mujeres a confesarse, comulgar o practicar cualquier otro rito, tampoco debe convertir en un delito un problema de moralidad íntima, como el aborto».

¿En México se aborta? Qué pregunta. (Mañana.)

Reniego y mega-marchita

México y el subdesarrollo mental, el más grave de los subdesarrollos. La Encuesta Nac. de Lectura (22-IV-13) revela que en el 2006 el mexicano leía apenas 2.9 libros al año, básicamente de horóscopos, «superación personal»  y «desarrollo humano», imagínense. Pero qué alentador: ya para el 2012 se anunciaba que al año ya leemos 2.94 libros. Tremendo avance que se mide en décimas. Y luego el por qué de nuestra aplastante mediocridad. Lo afirma el estudioso:

Un rasgo común entre un joven que ataca con bombas incendiarias y el muchacho que asalta y viola en un microbús: ambos son incapaces de ponerse en el lugar de los demás. Sin  la oportunidad de leer, su imaginación y su sensibilidad quedaron muertas.

Ustedes, mis valedores, ¿cuántos libros leyeron el año anterior?  ¿Cuántas horas dedicaron a la lectura? ¿Y a ver la televisión? ¿A cuál de los dos ejercicios (leer, ver la TV) favorece el balance? Entonces rindámonos a la evidencia: cada uno de nosotros es  lo que su espíritu es, y su espíritu es eso que le damos por alimento. Y entonces la conclusión: por la lectura y la reflexión somos entes de ideales o somos mediocres. Sin vuelta de hoja. Sin más.  Sin cambio de canal, para que algunos me entiendan.

Y luego por qué somos lo que somos y como somos. Por qué estamos como estamos. Por qué nos damos gobiernos como el del difunto beato del Verbo Encarnado (difunto político). Por  qué permitimos que nos lo dieran. Por qué el tanto de seis penosísimos años pudimos soportar a semejante Tartufo que convirtió el patrio territorio en un delirante almácigo de cadáveres descuartizados. Todo porque la apatía frente al libro nos esteriliza para pensar y crear estrategias y tácticas que nos lleven a darnos un gobierno aliado al que obedecer como sus mandantes. ¿No está ahí la explicación del por qué nos hemos atornillado en el puro reniego y el redrojo histórico de la mega-marchita?

Pobre país el nuestro, que así exhibe tan siniestro balance entre el ejercicio de la lectura y el de las horas que permanecemos aplastados a dos nalgas frente a la pantalla de plasma, en una postura que remeda la de El Pensador de Rodin,  pero que en materia de espíritu y de intelecto es la postura que se adopta a la hora y punto del lugar excusado. Lóbrego.

Y hablando de leer, mis valedores: ¿alguno de ustedes conoce la obra de Kafka, o lo citan  como al Quijote, Fuenteovejuna o la Biblia, sólo de oídas? Que esta situación es kafkiana, y que si Kafka escribiese hoy día sobre asuntos de México su literatura sería costumbrista, y tonteras de ese calibre. Los mediocres son temerarios y  no les arredra ponerse en evidencia como ignorantes que piensan con cabeza ajena y sólo repiten opiniones y conceptos que escuchan en los diversos medios de condicionamiento de masas. Dígalo, si no, un cierto mediocre e ignorante, ayuno del más elemental sentido de recato y autocrítica, individuo de triste memoria como presidente del país que hoy, tragicómica figura del esperpento y la picaresca política, sigue causando lástimas y verguenza ajena. Sí, ese cocacolero proyanki Vicente Fox que en su sexenio se permitía la desmesura de llenarse la boca con citas de  “José Luis Borgues”, al igual que la “señora Marta”,  tal para cual en zafiedad e ignorancia,  convertía a Rabindranath Tagore en “La Gran Rabina Tagore, y aquí me parece válida la aclaración: tampoco el actual residente de Los Pinos se ha distinguido por su cultura y afición a los libros, ni mucho menos. Lástima.

(Sigo después.)

La soledad, ese achaque…

El arte de estar solos consiste en la capacidad de asumir nuestra propia y radical soledad y, al mismo tiempo, sentirnos identificados con una persona amada, con los demás, con todo ser viviente.

La soledad esta vez, mis valedores. Pudiese referirme a asuntos de requemante actualidad, como la Gordillo, la Coordinadora, las reformas, los «terroristas». De ello pudiese escribir,  pero no. Hoy habré de referirme a la humana soledad, que a tantos afecta a estas horas. Porque, mis valedores: ¿quién que es no es un ente abrumado con el sentimiento de la soledad, esa hija terrible y magnífica de la libertad humana que, a escala de mito, con el fruto del conocimiento se echaron sobre los lomos Eva y Adán para descubrirse dueños, pero también responsables, de sus propios actos? Lo dejó asentado el filósofo existencialista:

“Los humanos estamos irremisiblemente condenados a la libertad”.

Terrible y magnífico. Y es que antes de ser sólo éramos fetos, y de recién paridos sólo parte de la naturaleza circundante como lo son el árbol, el gato y demás irracionales, pero con el uso de razón nos descubrimos ya no integrantes de lo irracional y lo inanimado sino individuos únicos e irrepetibles, y por ello  esencial e irremediable solos. Yo, Atlas de pacotilla, cargo una soledad que fue más o menos llevadera cuando compartida con mi clan familiar, pero a la ley de la vida todos se fueron desperdigando con su soledad a otra parte, y yo me descubrí hablándome solo y solo contestándome,  y fue entonces…

La soledad reside en su laberinto, que el mito ubica en lo más profundo de nuestro ser y donde reside el centro sagrado del que fuimos expulsados para nunca volver, como reside también lo misterioso de la esencia humana y su primigenia soledad. A propósito: hace tiempo comencé a utilizar la computadora. Aislado de amistades y reuniones sociales me atreví  a esa especie de magia que atribuí a los mensajes del correo electrónico. Con mi ración de soledad encima lancé a los vientos de la rosa mis correos y me puse a esperar la voz de otros entes tan solitarios como yo mismo. Ya imaginaba a tantos seres anónimos que, abatidos por el achaque común, se comunicaban conmigo, y compartíamos la carga, y hablando nos aliviábamos. Y la que tomé por respuesta, válgame: semejantes mensajes sólo me agriaron la soledad:

«Visítanos. Te esperamos el próximo lunes. Estamos en calle Corrientes, Buenos Aires». «Estudia en la mejor academia de la Región de Los Lagos, Canadá». Las actividades sociales: que este domingo pase una tarde placentera en el Parque Popular, de Barranquilla, Colombia. ¿El renglón económico? Diez, 15 ofrecimientos diarios me aportarán 10, 15 millones de euros o libras esterlinas. Los Irish News, los Euro PW, los M. Sankoura, desde unas supuestas Europa, Inglaterra y Sudáfrica, me ceden herencias. “Mándenos los datos de su tarjeta de crédito”. Fácil.

Suertudo que soy; cómo no serlo, si dos docenas diarias de dadivosos desde su lecho de agonizantes me suplican, última voluntad, que me sirva aceptar esos millones de libras esterlinas. Diez, 15 correos cada mañana. Diez, 15 rabietas, y pepenar un ratón que mi rabia convierte en tigre de Bengala, y entonces tíznale, mandar al canaco a los agónicos donantes. A mí confundirme con los pobres (de espíritu). Y más allá del cascajo, más allá del ruiderío en mi correo, todo se torna como mi vida: ausencias, mutismos, distancia, indiferencia, nada. Lástima. Por cuanto a ustedes, ¿ningún achaque de soledad? ¿De veras? (Bueno.)

Redrojo histórico

Eso, y no más, es y ha sido usted, señor ex-presidente: un redrojo que al finalizar su mandato cayó a plomo en el desván de la historia, para nunca más.

¿Un recuerdo positivo para la ciudadanía mereció su paso por la presidencia? ¿Un busto de bronce, un óleo, o al menos el retrato hablado?  Desde su caída del poder  ya para nada se habla de usted. Ni para mal, señor ex-presidente, que tal es el destino de los mediocres, y usted lo es de tiempo completo, sin un asomo de carisma y magnetismo personal. Usted, encuevado en algún escondrijo de la Unión Americana, en silencio devora a estas horas las utilidades que le produjo su paso por los dineros públicos, que su gobierno fue el de la corrupción, la sinverguenzada y el predominio de mega-ricos que se sirvieron de usted como de un monigote para medrar. ¡Y lo que dio a ganar a los tales, que a su real antojo lo manejaron, dándole a usted tan sólo la vanidad de las primeras planas! Lo que a sus espaldas se habrán reído ésos que «haiga sido como haiga sido» instrumentaron una transa monumental para que usted afianzara su mandato y ellos sus ganancias ilícitas…

Execrado en su momento, despreocúpese: ya nadie se acuerda de usted. Si acaso llevó a cabo alguna acción meritoria para el país, ¿qué vale, si fue bautizada con sangre? Porque con sangre escribió usted su biografía personal, y como carnicero va a pasar a la historia. Porque pequeñajo como es, y rencoroso y empecinado (mixtura horrorosa),  apenas llegado a la presidencia decidió, a modo de compensación, enseñar la mecha corta y  exhibir el postizo poder. ¿Qué reportes le llegaban cada día a su escritorio?  Catálogos; muertos y heridos. La cosecha sangrienta, señor, a diario dejaba comaladas de viudas y huérfanos, de padres sin hijos e hijos sin padres, de familiares desaparecidos y familias desintegradas en medio del luto, el dolor y las lágrimas. Atroz, horroroso. (Por allá,  duelo y clamores, se aleja el éxodo colectivo.)

Centenares de pueblos fantasmas, en llamas algunos de ellos,  generó su carnicería. Cada  mañana, señor, su despacho sudaba sangre. Era usted el soberano de la nota roja. La industria del periodismo le vivía agradecida porque las cotidianas acciones de usted fueron la materia prima, chorreante de hemoglobina, del condimento con qué alimentar a unas víctimas enfermizas de sadismo, de morbo y crueldad. Para los noticiarios era usted una especie de Laura en América, pero a lo bestia…

Pero eso sí: misticoide y dogmático, en el oficio de matancero siempre supo invocar a su Dios. Que su Dios aprobaba la carnicería, lo juraba besando la cruz.

¿Malo, perverso, sanguinario por naturaleza? No, sus tamaños no le alcanzaban. Dipsómano, y ya. Es usted un adicto al licor que durante los años de su gobierno bien que supo disimular su enfermedad, pero a nadie pasaba inadvertido que borracho activo o pasivo, sus medidas de gobierno parecían obedecer siempre a los consejos de la botella, impartidos de boca a boca.

Y ahora permítame la desmesura del rencoroso: tantos magnicidios han ocurrido en la historia del mundo, y usted tan campante. Destrozó comunidades, provocó duelos y lágrimas, forzó a poblaciones enteras a emigrar, y a usted nadie lo ha agredido físicamente, si no fue el licor a sus hígados. Injusto.

En fin, allá usted, pero yo, cándido que no fuera, desde acá le pregunto: ¿duerme tranquilo en su cama, en la compañía de una esposa nada agraciada físicamente, por cierto? Por cuanto a mí eso fue todo, ex-presidente G.W. Bush. (Vale.)

Perros de guerra

La invasión de marines gringos en Veracruz, mis valedores. Después de analizar episodios patrios tan dolorosos como la anterior invasión (1847) se duele el historiador C.B. Delorme:

¿Existe tarea más ingrata que recordar un pasado repleto de desdichas, cargado de iniquidades?

Un pasado que por culpa de López de Santa Anna iba a ser de verguenza para los mexicanos. Cuántos culiprontos proyanquis seguirían  ese ejemplo para entregar al gringo los retazos que restan de soberanía nacional. Hoy, por que no se nos muera la memoria histórica, no la «defensa de Veracruz«, como dice, tímido y cauteloso, el discurso oficial, sino la invasión de marines gringos a la ciudad y puerto de Veracruz, tantas veces heroica. El pretexto del Pres.  W. Wilson para invadirla:

“Sabedor Huerta de la carga que traía el Antilla ordenó el bloqueo de Tampico y despachó dos cañoneros para que lo hiciesen efectivo; el gobierno americano se opuso, declarando que Tampico era puerto abierto y debía quedar abierto, y mandó dos poderosos acorazados, que siguieron de cerca de los cañoneros y protegieron el desembarco de las municiones”.

Huerta no actuó como proyanki esta vez. No por su culpa, como tampoco de  Venustiano Carranza, la de barras y estrellas, para verguenza nacional, amaneció tremolando a toda asta en el palacio de gobierno, como ocurrió en  1847 por causa de aquel López de Santa Ana precursor de vendepatrias.

Fue en 1914, un 21 de abril, cuando W. Wilson ordenó a sus  tropas invadir la ciudad de Veracruz. El telegrama que preludiaba la crisis: “Chihuahua, 21 de febrero, 1914. Sr. Venustiano Carranza: inglés William S. Benton trató de asesinarme en Cd. Juarez. Pude desarmarlo y lo entregué a un consejo de guerra, que lo condenó a muerte. Respetuosamente, Gral. Francisco Villa”.

La amenazante reacción de Washington: “Sr. Carranza: mi gobierno exige pronta averiguación. De otra suerte se complicará gravemente la situación y obligará a este gobierno a tomar medidas sumamente serias. Estamos seguros de que Usted obrará inmediatamente. W.H. Bryan, Sec. de Estado”.

Pero el fusilado era súbdito inglés, y así lo hizo saber don Venustiano al de la Casa Blanca, pero la fementida Doctrina Monroe estaba vigente desde 1823. La prensa de Washington: “Carranza desafía la Doctrina Monroe. Al negar el permiso a nuestro Depto. de Estado para investigar el asesinato de Benson, Carranza  no hace más que dar una bofetada al Presidente Wilson en plena cara y patear la Doctrina Monroe. En 90 años que tiene de vida esta Doctrina, ninguna de las más grandes potencias europeas ha hecho jamás lo que hace ahora el Jefe de los mexicanos que están fuera de la ley” (sic).

Washington, 15 abril, 1914. “El Pres. Wilson recibe a diputados y miembros de las Comisiones  de Relaciones Exteriores, Cámara y Senado, y expresa su decisión de invadir Veracruz porque sus autoridades se niegan a saludar a la bandera. El  Sen. Chilton: ¡Yo los obligaría a saludar a la bandera, así tuviera que volar toda la ciudad”.

El Sen. W. Borah: “Yo sólo puedo decir que si la bandera de EU. llega a ser izada en México nunca será arriada. Es el principio de la marcha hasta el Canal de Panamá”.

Aquel 21 de abril de 1914, a las 11 horas con 20 minutos… A contracorriente del Sistema de poder, que así distorsiona o nos extingue la conciencia histórica, el domingo 21 de abril, en nuestro Domingo 6 de  UNAM,  la crónica del desembarco de marines en Veracruz, con sus víctimas y victimarios.

(Perros de guerra.)

Lástima de huevos

El gallinero hierve de sol. Mediodía. De repente: ¡cócorocó!, un cacareo escandaloso, y uno más, y otro. Las ponedoras, que depositan su huevín en el nido. ¡Cócorocó! La parda, tras el esfuerzo, bebe agua a picotazos. La prieta (jadeos engrifar de plumas, zancas despatarradas) jala aire. La vareada al nido, ya con el suyo en la puerta. Un esfuerzo, un jadear, y achaparrarse, abrir ojos, pico, todo. En la pileta, a la sombra del pirul, van reponiéndose del esfuerzo. ¡Cócorocó! Pero ahí estuvo el problema: en los cócorocós.

Sí, que al escándalo, la pandilla de los gallos que pastorean el gallinero se dejó venir. De los comederos, que casi nunca abandonan, viniéronse sobre los huevos.

Gallitos jóvenes, fachendosos, cresta arriscada y prevenido el espolón, pisando fuerte se dejan venir sobre los huevines. Véanlos llegar con su porte alardoso; oigan su kikirikí amalditado; adviertan los picos atrabiliarios, que a piquetazos van despanzurrando nidales, picoteando yemas, desgarrando claras. Y el naufragio de los cascarones. Las pollas, a media voz: “Abusones, ventajistas, aprovechados de la ocasión. Como nos ven mansitas…”

Ah, ¿conque motín? Y por que se mire quién manda en el gallinero, a echarse sobre las rezongonas, y válgame, qué desastre de plumas, ahogos, jadeos, cuadriles despernancados. La búlica, la vareada, la pollita todavía, soportan una vez más, en tensión las dos zancas, el jineteo de los abusones. «¡Oh, ay, uf, agh, puf!»

Silencio. Los espolones tornan al comedero. Las pollas, entre sacudidas y espasmos: «Punta de atrabiliarios; se apropian de los comederos, se tragan nuestros blanquillos, y qué modo de violar a la que proteste. Ay, mi cuadril».

– Yo hasta herniada quedé con la sacudida, ¿tú crees? No había agarrado resuello después del huevo, cuándo échate encima todo el peso de los otros, o sea los del pinto, y que de meneos y de sacudidas.

– No, y los espolones del giro, de este grandor. Sentí que estaba malpariendo un huevo de yema cuata. Como me agarró cansada…

Oiganlos. Llega desde los comederos el claridoso ¡kikirikí!, pregón de los desbozalados. Al oírlo la jolina, polla todavía, no puede más, y recogiendo con el pico una de las plumas desprendidas del ala, bajo el ala cobija la cabeza y se echa a llorar, y su llanto contagia a las otras; reniegos, imprecaciones, lágrimas; que gallos aborrecidos, que violadores y neoliberales, que vendepatrias proyankis, Que ese Peña jijo de su mal dormir…

Fue entonces. A la vista de reniegos, quejumbres y gimoteos, ahí habló un búho dotado para mirar en la luz como en las tinieblas. Desde la rama más alta del más alto eucalipto de la granja avícola: “¡Eso! A llorar como gallinas lo que con huevos no logran. Sus violadores son unos cuantos, y ustedes millones con millones de huevos,  pero huevos de qué les sirven, si se niegan a pensar, al ejercicio de la autocrítica, a crear tácticas con qué vencer a los gallos sobrones, lástima».

Ellas, moviéndola, o sea la testa, y pelándolos, o sea los ojos. Reflexionando en que el búho tiene razón. ¡Y sí, a remediar el desmadre! Y a la movilización.

Tiempo después alardeaba la búlica:

– Ya nos organizamos y fuimos a e-xi-gir a los gallos. «Yo -la pinta- ando meneada, recolectando firmas». «Yo y las muchachas -la vareada-  nos vamos a ir de plantón a San Lázaro«. La prieta, la más activa del gallinero: «A ver si con la mega-marchita y una protesta de nalgas al aire no hacemos talco a esos atrabiliarios, qué le parece».

El búho suspiró. Qué más. (México.)

Dogma, prejuicio, muerte

Así como el hombre, cuando llega a su perfección, es el mejor de los animales, así también es el peor de todos cuando está divorciado de la ley y la justicia”. (El clásico.)

Alguno de ustedes pudiese tomar lo siguiente como un asunto de religión, pero no, que de religión nada tiene y sí mucho del salvajismo que el dogma vomita en heces de intolerancia, prejuicios y sectarismos que revientan en violencia demencial. Las notas siguientes, de hace algunos ayeres, nos permiten calcular cuánto hemos cambiado para bien, si es que hemos cambiado. La primera de estas notas nos llegó de Teopisca, Chis.:

“Existe un clima de hostigamiento e intolerancia religiosa. El cabildo acordó negar definitivamente a los cristianos evangélicos la celebración de sus actividades religiosas por ser un espacio reservado a la Iglesia católica. ‘Si quieren hacer sus celebraciones, pues háganlas en el panteón’”.

Hablando del panteón, la nota de Ixmiquilpan, Hgo.:

“La mayoría católica de esta población prohibió que los restos de la indígena evangélica Otilia Corona Chávez fuese sepultada en el panteón local. En abril del 2001, afirma Carlos Martínez García en La Jornada,  el entonces delegado municipal, Heriberto Lugo González, prohíbe la sepultura de un difunto protestante en el cementerio del Barrio de San Nicolás, porque sus parientes practican una religión diferente a la de la mayoría, que es católica”. Guillermo Cano, abogado de los Evangélicos:

– Los católicos rechazan a lo obcecado la coexistencia. No es la primera vez que se muestran intolerantes, ya antes impidieron enterrar a Jerónima Corona y Rosa Galindo, entre otros vecinos finados de distinta religión.

Un sacerdote jesuita: Todos tenemos la suficiente religión para odiarnos, pero no la necesaria para amarnos los unos a los otros. Y Tertuliano: “Cada quien es libre para adorar a su propio Dios. Esto no daña a terceros. Imponer una religión es contrario a la religión.

El presidente municipal de San Juan Chamula, priísta en vida y a estas horas difunto (asesinado):

Vamos a seguir matando a todos los no católicos. Les cortaremos la cabeza. Paraje por paraje nos vamos, y a seguir cortando cabezas.

El finado Genaro Alamilla, obispo emérito de Papantla, Ver.:

“El mexicano es un analfabeta religioso. La Iglesia Católica ha olvidado orientar a los feligreses sobre el verdadero sentido del cristianismo. En lugar de impartir la doctrina sólo ha privilegiado el culto. No ha enseñado como debe ser la doctrina católica porque ha preferido dedicarse sólo al culto, provocando con ello que México sea una nación de analfabetismo religioso”.

Y ahora sí religión y pluralismo religioso. La voz de los místicos sufíes:

Lo importante no es lo que una persona dice de su fe, sino lo que esta fe hace de esa persona.  Si sientes en lo más profundo de ti mismo que eso que te incita al bien es tu amor por Dios y tu amor por los seres humanos que Dios ama; si piensas que el mal consiste en apartarse de las personas porque Dios las ama como te ama a ti, y que perderás tu amor por Dios si haces daño a aquellos a quienes él ama, es decir, a todos los seres humanos, entonces, tú eres discípulo de Jesús, cualquiera que sea la religión que profeses.

Cuando uno adquiere una cantidad, así sea infinitesimal, del Amor, se olvida de ser cristiano, musulmán o infiel.

No te apegues  a ninguna religión, que dejes de creer en las otras; perderás no poco bien, y aun más: no acertarás a reconocer la verdadera Verdad.

(Más del tema, después.)

¡Gasolina y cerillos!

México, paladín del linchamiento. Fue en el programa Domingo 6, de Radio Universidad, cuando en la fecha determinada hablé con ustedes en torno al asunto de los periódicos linchamientos que se producen en este país. Porque el raterillo cargaba con dos gallinas ajenas, porque el vecino, quién lo dijera, salía del templo con la virgencita de yeso escondida en el sarape, porque el violador fue sorprendido en plena flagrancia. «¡Gasolina y cerillos, rápido!» Mis valedores:

En el país de los linchamientos hoy, a estas horas, se perpetra uno más. Rudo, feroz, implacable. La víctima esta vez no ha sido el paidófilo, ni el presunto violador, ni el raterillo. En esta ocasión la víctima del linchamiento es el magisterio de la Coordinadora nacional de trabajadores de la Educación  en diversas secciones de Oaxaca y Guerrero. De víctima la han convertido en victimario. La violencia causa, originada en el Sistema de poder, es ahora violencia efecto de las protestas magisteriales. Y las masas sociales, que una vez más («¡un peligro para México!»)  caen de lleno en la trampa que les tiende el Poder.

Y cómo no, si contra los maestros y desde los   medios de condicionamiento de masas, voceros oficiosos del Sistema de poder han desabozalado una estridente campaña inflamada  de vísceras, hígados, bilis negra, en fin. Claro, sí, su vehemencia e indignación son fingidas, calculadas fríamente, de acuerdo a las reglas de la doble maniobra de opresión y represión que aplica el Sistema de poder contra los grupos disidentes. Aquí un ejemplo de la consabida maniobra combinada de gobierno y «medios» electrónicos e impresos que permiten al Poder la maniobra de represión sin costo político.

¿Hasta cuándo habrá grupos de autodefensa en el país? El gobierno federal, en coordinación con los gobiernos estatales, tiene la obligación (René Arce, converso, colaboracionista y, según acusaciones en las redes sociales, dirigente del Ejército Popular Revolucionario.)

Las actividades que un sindicato independiente (si alguno quedase en este país)  realiza en favor de sus afiliados  inquieta al Sistema, que por consideraciones de costo político no se atreve a reprimirlo en forma abierta y directa, y qué hacer: se comunica con el dueño de algún periódico, pongamos por caso, y le expresa su incomodidad ante el grupo sindical. El diario arranca con la consabida maniobra. De inmediato el titular:  «Algo sospechoso y oscuro se produce en el interior de ese sindicato».  Días después: «El grupo sindical, cada vez más sospechoso. El gobierno no se da cuenta, o no quiere enterarse,  de las maniobras que se perpetran en la sede sindical». Días de por medio: «¿Seguirá sorda la autoridad ante el reclamo de ciudadanos alarmados con la sospechosa conducta de ese gremio obrero». Al rato: «¡A encarar el problema, señores autoridades!

El momento llegó. Ya sin costo político (las masas ya han sido «convencidas» en tal sentido)  la fuerza pública irrumpe en la sede del sindicato y procede a reprimirlo y desmantelar sus instalaciones. Problema resuelto.

De la misma forma y con enérgicos requerimientos que atribuyen a «todo el pueblo de México» y la demanda de represión contra los «terroristas» («comunistas» ya es obsoleto), la industria del periodismo exige que caiga la represión del Estado contra la disidencia magisterial. Hoy, Guillermina Gómora:

Llegó el momento de que la autoridad fije un límite o se convertirá en cómplice de la mafia magisterial.

¡Gasolina y cerillos! Es México. (Qué país.)

El evangelista

El caso patético de Mateo el evangelista relaté a ustedes el pasado viernes, con la aclaración de que no me refiero al Mateo del Nuevo Testamento sino al viejo solitario que tenía por oficio redactar cartas en la Plaza de la Corregidora, allá por el Centro Histórico.

Solo y su alma en el mundo, según el relato de Rojas González,  al evangelista no se le conocía más vida propia que la vida ajena que columbraba en las cartas que sus clientes le mandaban escribir. La misiva de amor, la del joven que suplica a sus padres le permitan volver a la casa paterna o la de aquella anciana que suplica le escriban a su hijo, «que está en la peni».

Las vidas ajenas hacían vibrar a Mateo y aun alguna le exprimía una furtiva lágrima. Y qué de anhelos estrangulados, de ilusiones sumergidas en una charca de años estériles. Achaques, vejez, recuerdos desencuadernados. Polvo, sombra, nada. Una vida inútil, o casi, doliente y  aplastada de soledad. Frente a sus ojos de conjuntivitis enrojecida y bolsudos  párpados transitaba la vida: el hombre apresurado, la pareja de enamorados, la sota moza de saleroso andar. Mateo, de codos en su mesa de trabajo. Entre él y la vida, una vieja Oliver de teclas descoyuntadas.

(Viandante que tal vez pasaste frente a la Oliver de Mateo: ¿perteneces tú también a la humana ralea de quienes cargamos sobre los lomos el fardo del áspero oficio del diario vivir una vida arrastrada, carga pesada de soportar? ¿A estas alturas de tu vida arrastras tú también la tensión, la depresión, el sentimiento de minusvalía y la neurosis que añora el sepulcro como solución placentera? Porque mal podrás resistir a estas horas la burla de la gente, su mofa y desprecio, su vituperio, que te  hacen sentir un  humano redrojo. Tú, el despreciado…

Si tal es tu estado de ánimo, si tu ánima se frunce y contrista ante el mal fario del cotidiano vivir cuando ya tu vida se te ha tornado vida  aborrecible, y abominable comprobar cada mañana que, veneno dentro del pecho, aún sigues con la vida encima, y que la Moira te impone sobrevivir un día más en un mundo que te desprecia, que hace mofa de tu persona, te veja y te befa y de ti se averguenza e intenta arrojarte de sí como un desecho orgánico; si a ti, infeliz, esa Moira te ha arrumbado en cualquier rincón, entre los trastos inútiles. Tú, el malquerido del mundo, de la pequeñez de tu mundo, en el que mal sobrevives, ánimo. No ir a tomar el vericueto que tomó el evangelista.)

Porque  le llegó la fecha funesta. Fue la tarde de un día ceniciento cuando la Moira le pintó una raya que no iba a pasar. Esa  tarde  vivía su propia existencia, y la examinaba, y la encontró  tan vacía de sentido como colmada de abandono, desaliento, soledad…

Parda era la tarde, y macilenta, muy en consonancia con el ánimo de aquella alma magullada por el choque repetido de mil ajenas aflicciones, exprimida de lágrimas por los  dolores ajenos y el infortunio de los tantísimos desdichados; y fue entonces. Hasta su mesa llegó un cierto individuo sombrío, de impresionante catadura. “La tragedia se columpiaba en sus pestañas y había en su porte un aire macabro. Casi en secreto dictó unas palabras. Por la espalda de Mateo corrió un calosfrío. Pero siguió tecleando».

Después del velorio los compañeros remataron la vieja Oliver en la que el difunto Mateo había tecleado para el cliente sombrío: “No se culpe a nadie de mi muerte».

Mateo el evangelista  llegó a su casa y…

Vacío, soledad, abandono, desesperanza. De Mateo, de ti, de mí, de…      (Humanísimo.)

Humanísimo

Es otoño. Estoy solo. Pienso en ti. Caen las hojas – Vaga la  melodía de una pena que ignoro – El viento que estremece marchitadas congojas – pasa como un recuerdo por el bosque sonoro…

La soledad, mis valedores, esa segunda naturaleza de algunos desdichados (yo, tú, él, nosotros) que en los días, las madrugadas de un mes como el presente se emponzoñó y tornó virulenta para algunos infelices que mal sobrevivimos en el tuétano de la soledad: el fuereño recién arrancado de su remoto hogar que en su cuarto de azotea se cimbra a los ramalazos de la  nostalgia; el viajero memorioso en su cuarto de hotel; en el asilo los viejos redrojillos humanos y en su confinamiento los enfermos de su razón. Ah, el recluso en su celda y en su  inhóspito lecho el viudo reciente de la que se le murió o el viudo de la que no se ha muerto, sé lo que digo. Ah, en su noche que no cesa ese enfermo desahuciado que aguarda el momento decisivo de enfrentar la Gran Interrogante. “Y mide mi corazón la noche”, se duele Job. Los solitarios. Yo, tú, él…

Y qué a la medida de un ánimo todavía a estas horas apachurrado me llega Mateo el evangelista, y no precisamente el que remata su evangelio con la promesa del Ungido que parece dirigida a los abandonados (yo, tú, etc.): “Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. No, sino el Mateo del relato literario de Rojas González que se inicia así:

«Agazapados detrás de los párpados bolsudos, sus ojillos veían al cliente con mansedumbre”. Fue en la plaza de La Corregidora, en el Centro Histórico, donde el escribano público, tras de su vetusta Oliver, sobrevivía de redactar la misiva que el cliente le requería. Hasta su mesa de trabajo iba a recalar aquella incesante avalancha de penas y angustias, soledades o súplicas de amor que Mateo el solitario, solo y su alma en este mundo, y macerado de años, regaños, engaños y desengaños, a lo amoroso volcaba en la hoja de papel regaños. “Quiero una carta para Hilario Guerra”, la viejecilla, trémula voz. “Señor Hilario Guerra”. “No, no es un señor. Es mi hijo, y está en la peni…” Drama humanísimo; Mateo, espíritu sensible, a sacar el paliacate…

En la diaria jornada de labor y a falta de vida propia,  el solitario vivía la vida de todos sus clientes con cada pena y angustia, con cada alegría que cada uno vaciaba frente a la mesilla de trabajo. “Dígale lo que sufro por no poderlo abrazar. Que si le echan una sentencia muy larga no lo volveré a ver…” Con los sollozos de la vieja, el paliacate fingía secar el sudor. Y aquella carraspera de Mateo el evangelista… (¿No los estaré aburriendo? Sigo, pues.)

Ah, pero no fueran requerimientos de amor, porque entonces (“Señorita, desde el primer momento que la vi…” “Caballero, su cartita me sorprendió gratamente”) la Oliver aderezaba la misiva con toda suerte de firuletes y ringorrangos retóricos. Era así como Mateo vivía mil vidas ajenas con tan sólo soltarle amarras al corazón, y cada telilla del sentimiento vibraba cuando ahí, frente a mesa de trabajo, la del embarazo a trasmano solicita perdón, o ante el dramatismo del hijo pródigo, ese muchachejo empalidecido por la anemia, el abandono, el remordimiento: “Querido padre: imploro su perdón y el de la madrecita. Quiero volver con ustedes…”

Y llegó la fecha funesta para Mateo el evangelista. Fue la tarde en que el pobre escribano vivía su propia vida, y la examinaba, y la encontró  tan vacía de sentido como colmada de abandono, de vacío, de soledad.

Su suerte, el lunes. (Vale.)

¡El pueblo unido jamás será vencido!

¿Y acaso está unido el pueblo de México? ¿No lo integran 115 millones de átomos que de repente deciden congregarse en multitudes efímeras para tomar plazas, atrios y demás espacios abiertos de la vía pública, y nada más? ¿Esa frase del «pueblo unido», repetida hasta la náusea, no será sólo una invocación, un conjuro que en los terrenos del pensamiento mágico se convirtió en dogma incontrovertible? Porque la frase, ya vacía de sentido, es consigna de toda mega-marchita, esa «movilización» que de iniciarse como un medio para denunciar un problema y exponer una inconformidad han convertido en un fin en si mismo. Trágico, porque a lo largo de muchas décadas los movimientos sociales han caído en una trampa estratégica de la que derivan todas sus derrotas frente al Sistema de poder. Ya en los terrenos tácticos y estratégicos:

Consecuencias de una estrategia equivocada:- A lo largo de muchas décadas los movimientos sociales han caído en una trampa estratégica de la que  derivan gran parte de sus derrotas.

El razonamiento estratégico que se repite de manera consuetudinaria se sintetiza  en la siguiente fórmula:

Razón + legalidad + consenso popular = triunfo.

El planteamiento es así de sencillo: si tenemos la razón, la ley y el apoyo popular, el resultado inequívoco va a ser el triunfo. A tal estrategia el gobierno le ha opuesto una que así se sintetiza:

Poder político y económico armados = triunfo.

Hasta hoy, la razón desarmada no ha podido derrotar al irracionalismo del poder armado (no con armas de fuego.) (armado (armado no con armas de fuego.) sino creando sistemas de lucha pacífica superiores a las citadas armas de fuego). Pero durante décadas y décadas se han forjado “conjuros” que se pregonan a grito abierto en la calle y las plazas en la creencia de que para alcanzar el triunfo basta con gritar esas frases a lo estridente. Una frase “mágica” consiste en repetir la consigna de que “el pueblo unido – jamás será vencido”. No se entiende esto, elemental: para que el pueblo se una no basta un grito que convoque a la realización del milagro. El pueblo no se va a unir por sí solo ni con gritos, sino con tácticas y estrategias científicas respaldadas con un trabajo eficiente y constante.

La marcha-mitin.- A una y a otro se les ha cambiado su función objetiva, la de demostrar una conformidad y preparar a las bases combatientes para pasar a formas de lucha específicas en su área de operación. Se les ha asignado, en cambio, la capacidad de ser el todo de la lucha. Al sobredimensionar ambas tácticas y enraizar tal concepción a nivel de dogma incuestionable hemos quedado desarmados ante el enemigo histórico.

El dogma de la marcha-mitin no es cuestionado por sus practicantes, por más que una y otra vez ha demostrado sus limitaciones, su inoperatividad como arma contra las desmesuras del Poder. Cuántos luchadores bienintencionados no han caído en la trampa de semejante “canto de sirenas”. Y es que al convertir la marcha-mitin en el todo de la lucha se falseó su función práctica; se le dio carácter de liturgia secular, de peregrinación que enarbola conjuros que claman por el milagro que haga desaparecer el enemigo histórico, y por medio de esa magia lograr un paraíso terrenal donde ya no exista este perverso mundo, el de la explotación del hombre por el hombre. Con el tiempo, los marchistas-peregrinos se desencantan por al no ser escuchados por el gobernante y porque el conjuro mágico no logró el milagro, y entonces… (Esto sigue después.)

¿Este puño sí se ve?

¿Están ustedes seguros  de que  su puño sí se ve? ¿Tan seguros están, señores marchantes? ¿Esa seguridad, que los lleva a aplicar una y otra vez la misma táctica para rendir a su interlocutor y arrancarle concesiones para ustedes benéficas,  se basa en los buenos resultados para la causa, justa la más de las veces, que los impele a tomar la vía pública?  Grupo, contingente, muchedumbre, ¿cómo, dónde, por qué, señores marchantes, a qué horas se les ve el puño? Ese del puño, como todo el repertorio de consignas, ¿no será para ustedes (pensamiento mágico) el conjuro que invoca  y las danzas que ejecuta el chamán para atraer la lluvia? ¿Este puño sí se ve? ¿Es posible que les haya pasado inadvertido el antídoto que contra marchas y consignas alardeó hace años el recipendario de tales conjuros, Carlos Salinas? ¿Les pasó inadvertida su ironía?

Ni los veo, ni los siento, y háganle como quieran.

La justeza de las causas que los arrojan a la vía pública, señores marchistas, ¿no merece mejores tácticas nuevas y novedosas, para las cuales los congéneres de Salinas aún no sinteticen el antídoto correspondiente? Pero no, que para crear esas tácticas se precisa el ejercicio de pensar, el de la autocrítica y el de la verdadera acción. No la costumbre de delegar que suponen la mega-marchita, sino el reto de asumir el propio compromiso histórico. A propósito y en materia de marchas, ¿de ayer a hoy  ha cambiado la situación? ¿Cuánto ha cambiado?  La noticia del cinco de diciembre del 2008:

Maestros marchan de nuevo contra la alianza educativa y la Ley del ISSSTE. (¿Y?)

Las marchas son necesarias, pero insuficientes, afirma mi maestro de teoría política, y explica la causa de que algunos sectores sociales las sigan utilizando frente al gobierno para exigirle a su enemigo histórico que les resuelva un problema que afectaría a la super-estructura. Hoy mismo se sigue utilizado esa táctica a contrapelo de la historia reciente del país, que  lleva años, décadas, siglos, demostrando la ineficacia de las marchas cuando se toman como fin y no como medio. Lo afirma el maestro:

– Cuando se analizan científicamente la fortaleza y la debilidad de un enemigo cualquiera se logra localizar aquello que lo hace vulnerable a pesar de que cuente con elementos que mantengan su poder. Un principio fundamental consiste en entender que la fortaleza del enemigo es directamente proporcional a la debilidad nuestra. En este sentido tenemos que autoanalizarnos y detectar todo aquello que nos hace débiles ante el enemigo histórico de nuestro cambio, que no es coyuntural sino histórico.

Dogmas enajenantes.- El enemigo del cambio de estructuras con las que logremos darnos un gobierno al que obedecer como sus mandantes  encontró una forma de control y dominio que le proporciona excelentes resultados: ha inoculado en los movimientos sociales concepciones y formas de lucha ineficaces y obsoletas.

Una vez que el gobierno ha inoculado tales formas obsoletas de lucha social y una vez que han sido introducidas en el imaginario colectivo se enraizan a nivel de dogma incuestionable, con lo cual cobra vida propia esa forma inservible de concebir las cosas; los mismos luchadores sociales, con su falta de lucidez, se han encargado de reproducir las concepciones que pretenden combatir. Ya habiendo logrado este fenómeno enajenante, los agentes gubernamentales sólo necesitan darle “mantenimiento”.

Consecuencias de una estrategia equivocada:- A lo largo de décadas los movimientos sociales… (Sigo mañana.)

Gringos de segunda

Que en el 2009 la mente colonial lloriqueó con la muerte del andrógino gringo Michael Jackson, dije a ustedes ayer. A imagen y semejanza del engendrillo negro-blanco-gallo-gallina la manipulación del Imperio nos diluye el perfil de nacionales para volvernos caricatura gringa, sin más. Comentó mi amigo  Octavio Medina, médico:

– Si quiere usted recobrar su fe en el humanista que saca la cara por la comunidad, ¿sabe usted quién fue Eprhaim McDowel? ¿Qué saben de él esos de la psicosis colectiva que acalambra al mundo?

Esos hombres eran moralmente superiores porque cada uno era capaz de sentir gran amor por la humanidad

Mi amigo esbozó el retrato hablado del  visionario que nos legó una herencia invaluable:

Existió a fines del siglo XVIII y principios del XIX en Estados Unidos el citado Ephraim McDowel, médico de profesión en una época en que se realizaban pocas intervenciones médicas como amputaciones y abrasiones, porque la experiencia les decía que al abrir la cavidad abdominal el aire frío, lleno de “miasmas”, entraba en contacto con los intestinos y producía una inflamación inmediata, seguida de fiebre supurada que provocaba una muerte inevitable. Los enfermos morían en la operación por el choque causado por el dolor, que la anestesia comenzó a experimentarse quince años después de fallecido el doctor McDowel. Si el médico se atrevía a abrir  el vientre de un enfermo era llevado ante un juez, y en su caso juzgado por homicidio. Si no había tribunal, los vecinos tenían facultades para juzgarlo y ejecutar la sentencia. Y ocurrió aquella fría mañana de diciembre de 1809, a la enferma Jene Crawfod:

“Lo que tiene usted no es un niño sino un tumor. ¿Se arriesga a que le abra el vientre y se lo extirpe?” Ella aceptó. “Tengo 5 hijos. Prematuro morir”.

El doctor la ató a una tosca mesa e intentó cubrirle la boca. “No es necesario, que no he de gritar”. Y comenzó  la operación. El doctor le abrió el vientre y fue avanzando hasta toparse con la gran tumoración.  La enferma, cantaba salmos. (De abajo subía el rumor de la multitud que había rodeado la casa gritando amenazas. Dos hombres trepaban a un árbol y colgaban la cuerda con la cual hacer “justicia”. El canto de salmos se tornaba débil en unos labios blancos, traslúcidos.) Así hasta que el doctor terminó de extraerle del vientre  un líquido gelatinoso que pesó siete kilos. En ese momento se presentó el alguacil, que desde el quicio de la puerta observó la escena, y al ver tanta sangre: “Ha matado a la señora.  Ya sabe lo que le espera. Vamos”.

Suturando la herida, el  doctor McDowel: “La he operado, y vive”.

El peligro no había cesado. Ahora se producirían la fiebre y el olor pútrido de la supuración que anunciaban la muerte, pero llegó el tercer día y la fiebre no aparecía. Jene se había salvado. Se levantó y dio unos pasos. Al quinto día se alzó de la cama. Dos semanas más tarde hacía su vida normal. El doctor McDowel había traspasado la “frontera de Dios” y desafiado creencias y conocimientos científicos de principios del XIX para crear un nuevo paradigma y hacer avanzar la ciencia médica. Como todo humanista y varón de ideales, el doctor McDowel no juzgó relevante publicar detalles de  la novedosa intervención quirúrgica, agregó Octavio Medina, médico.

En fin. Ha sido este humanista Ephraim Mcdowel, médico norteamericano, quien me regresa la fe en la humana ralea. Para  un saltarín de vocecilla atiplada siempre existirá un doctor Mcdowel, y entonces para el humano no todo está perdido. (Creo.)

«Para bailar como Michel Jackson»

Esta vez la mexicanísima aspiración a convertirnos en gringos de segunda, mis valedores. A modo de evidencia, lo ocurrido en julio del 2009 en la Unión Americana:

El estadio Stapless Center de Los Angeles se convirtió hoy, martes, en La Meca de miles de peregrinos, la mezquita que guarde las plegarias de millones de fans a lo largo del globo.

Leí en el periódico, escuché en la radio  y contemplé en las fotos la locura colectiva que produjo en el orbe el deceso de aquel drogadicto esmirriado que dejó a nuestro mundo, por toda herencia, unos pasitos de baile y algunos sonsonetes entonados con vocecilla de andrógino degenerado. Ya en México, tiempo después, miles de jóvenes con atuendo de Michael Jackson se congregaron al pie del Monumento a la Revolución y permanecieron contorsionándose en el intento imposible de convertirse en la reencarnación del afroamericano. El espectáculo recordaba la aseveración del irónico:

Cuando la moda se torna proletaria se vuelve caricatura.

Nauseabundo. Por cuanto a la multitudinaria concurrencia que acompañó al  engendrillo hasta el panteón, el comentario del médico Octavio Medina, amigo mío y generoso melómano:

– ¿Sabe usted cuántos dolientes asistieron al sepelio de Mozart..?

Semejante psicosis por el deceso del gallo-gallina paidófilo me avergonzó. “Qué le parece el innoble espectáculo ante el fallecimiento por exceso de droga de esa especie de cantante y bailarín cuyo duelo ha contaminado todos los países del orbe».

Yo, aquel sentimiento de pena y verguenza por sentirme uno más de esa humana ralea que Chomsky moteja de rebaño de perplejos que exhiben el espectáculo de la necrofilia ante el féretro del negro desnaturalizado. Hasta ese grado el innoble espectáculo que exhibe el rebaño ante la muerte. El poder del Imperio, que a la viva fuerza nos encaja una tabla de valores extraña al modo de ser de nuestra mente colonial. México.

A la mente se me vino la figura mitológica de Anteo el gigante, hijo de Poseidón (Neptuno) y de la Madre Gea (la Tierra), que desafiaba, vencía y asesinaba a todo viajero que cruzaba por sus dominios. Consciente de su fuerza física se atrevió a retar a Heracles y se enzarzó con él en fragoroso combate  cuya victoria dudaba entre este o aquél. Ah, la feroz trabazón de músculos tensos, la pelleja perlada de sudor, los resoplidos, la lucha mortal. ¿A dónde se decidiría la victoria? Imposible adivinarlo, que tan vigoroso era el hijo de Zeus como forzudo el hijo de la Madre Gea. El combate se prolongaba…

Porque ocurría que a la acometida de la fuerza heracleana un disminuido Anteo parecía vacilar, tambaleante, y con zancas vacilantes afianzaba sus pies en la tierra, y entonces lo extraordinario: entero otra vez, el hijo de la Madre Gea reanudaba sus embestidas y emparejaba la lucha. Una y otra vez. ¿Por qué, se preguntaba Heracles, tan asombrosa recuperación? Y fue entonces. De súbito lo entendió y procedió a alzar en vilo al gigante, para con toda facilidad estrangularlo en el aire, y ahí murió Anteo.

Porque ocurría que al posar los pies en el suelo, su Madre Tierra transmitía al gigante renovado vigor. Arrancado de su fuente de vigor, el forzudo perdió fortaleza y encontró su muerte. Mis valedores:

Un perverso Heracles, gringo de origen. con el arma contundente de «medios» impresos y electrónicos, nos desnaturaliza al adulterarnos leyendas, tradiciones e idiosincracia, memoria histórica y hábitos alimenticios, formas de hablar y de pensar, de ser como mexicanos. (Sigo mañana.)

Hijos putativos

Las alianzas políticas. El enemigo de mi enemigo es mi amigo, reza la síntesis de esos acuerdos de dos o más elementos disímbolos que en un momento determinado transigen en lo accesorio con ánimo de unir fuerzas e intentar una acción exitosa contra el enemigo común.  Ya después cada uno por su camino, y la paz.

No es el caso de ciertos individuos a los que la historia certifica de colaboracionistas de oficio y de beneficio, que por el medo personal y de tribu se ponen al servicio del Poder,  siempre  dispuestos a realizarle la obra negra y el trabajo sucio. Los Chuchos de Nueva Izquierda, pongamos por caso, tanto los hijos putativos del talamantismo logrero como los ex-comunistas y los guerrilleros arrepentidos a tiempo. Aquí, a diferencia de ésos, va un ejemplo de alianza provechosa para dos que en otras circunstancias son enemigos mortales.

¿Por qué la grotesca personalidad de ese individuo? ¿Una infancia tan desdichada que hasta hoy no ha podido superar frustraciones y esos empozados rencores que lo forjaron ruin y torcido? Hoy mismo (taras, complejos) disfruta (disfrutaba) con todo lo yerto,  lo corrompido y la destrucción de los más débiles, que ante los fuertes su cobardía lo empuja al reculón. La muerte de los animalillos indefensos, pongamos por caso. Aquella tarde, a propósito:

Deleitoso sería observar agonía y muerte de algún animal. Tuvo qué conformarse con una araña que  logró capturar y encerrarla en un frasco de cristal y a deleitarse observando cómo fallece de hambre y de sed. Pero de súbito: ¿y si atrapo una mosca, la encierro con la araña y observo la lucha y la destrucción de las dos, una devorada y la otra de sed?

Atrapó una mosca y la encerró en el frasco, y a disfrutar de su mutua destrucción. He ahí la mosca, intentando volar en el recipiente y con los ojos de la araña fijos en ella. Y a gozar el final…

Pues sí, pero… ¿qué ocurría dentro del frasco? El ataque se posponía.  Para apresurar la lucha los privó de alimentos, pero ni así. En el fondo del frasco, la araña  parecía desinteresada de una mosca atejonada en lo más  alto de su prisión. Y parecían crecer, hasta el punto de que tuvo que mudarlos a recipientes más amplios, porque su tamaño aumentaba de forma antinatural. ¿Alimento? Ni agua, y a esperar…

¿Pero cómo?  Mosca y araña crecían  de tamaño; una parecía más feroz que nunca, y la otra más que nunca dispuesta a luchar por su vida. El sádico se regodeaba  ante la inminente destrucción. Entre más grandes de tamaño más feroz iba a ser su contienda y más deleitosos los resultados. El inválido espiritual no llevaba prisa, y el fenómeno del crecimiento de mosca y araña lo mantenía a la expectativa. Las trasladó a una enorme pecera, y a aguardar el final. Pero contra lógica e instintos naturales, en el recipiente nada ocurría que no fuera el crecimiento de tamaño. ¿Cuándo, cómo llegaría el final?  Gigantescas, inmóviles, los ojillos clavados hacia el frente, mosca y araña parecían aguardar. No se observaban entre ellas, sino que miraban hacia allá  donde,  después de media botella y despatarrado en el sillón,  el hombrecillo se había dormido. Y así, dormido, lo sorprendió el final. Porque, mis valedores,  fue entonces…

Lenta, la araña se había desplazado en dirección de la mosca, que se aproximó a la araña. Entre ambas hicieron saltar la tapa del recipiente y brincaron fuera de su prisión. Y así fue como de aquel hombrecillo….

Toda la casa  había corrompido la osamenta cuando lo encontraron.  (Vómito.)

¿Un México nuevo?

Cambió el gobierno de México, mis valedores. El PAN fue desplazado por un Tricolor que con renovada energía regresa a Los Pinos, su querencia natural. La hora sonó de la cooptación y el colaboracionismo, de la alianza y el arreglo, del acuerdo  y las reformas de papel. El gobierno cambió. ¿Cambió México? A ver:

El precedente fue el gobierno del narcotráfico, un Estado dentro de un Estado y un Poder dentro del Poder, con  una regazón de cabezas tronchadas en un almácigo de cadáveres descabezados como seña de identidad. Con Calderón el país descendió hasta los niveles del Estado fallido, según juicio del gringo consumidor de la cosecha de estupefacientes. El de Peña, ¿distinto? Traigo, retrato hablado del país, las reflexiones del filósofo.

El hombre íntegro y  justo se ha convertido en bribón. Ladrones, saqueadores, he aquí los altos funcionarios que fueron nombrados para reprimir el mal. El país se ha tornado escondrijo  para el violento y refugio de unos altos funcionarios que fueron designados para reprimir el delito, los crímenes, la impostura…

Quien debe impartir la justicia es un ladrón; quien debe apaciguar es el mismo que causa el desorden; quien debe allanar las dificultades es el que provoca inquietud. El bellaco menoscaba la justicia. (Salinas, Montiel, Fox, la Sahagún y Romero Deschamps en libertad. Es México.)

La justicia, arrojada de su sitio, se arrastra ante el juez. Los altos funcionarios practican el mal; la rectitud se tuerce; los jueces roban. Aquél que deben prender a un hombre medra con la orden de aprehensión. Los dineros corrompen al juez. Todos ellos se nutren de la mentira. Dejan libre a la Casséz y al inocente lo mantienen en cautiverio.  Un policía que roba, un gobernador que depreda, un jefe de gobierno encargado de reprimir el latrocinio y que se ha convertido en modelo de ladrones…

Aquel que debe dar aliento yace sin respiración Aquel que debe aliviar provoca nuestro jadeo. Aquel que debe repartir justicia es un ladrón, y su transa lucrativa e impune. ¿Y los jueces..?

El mandatario no lo es. Debe paliar la pobreza, pero es el mismo que la origina para sí y los de su camarilla. Es inicuo quien debe corregir la iniquidad. Las masas, entre tanto, negadas para la autocrítica,  a renegar, a exigir, sin más.

A continuación, aspaventero y retórico:

Piedad por la nación que está llena de creencias y vacía de religión. Por la nación que viste telas que no teje, come el pan que no amasa y bebe el vino que no fluye de su propio lagar. Piedad para una desdichada nación que aclama al vanidoso como héroe y juzga al demagogo como hombre de bien. Una nación que en el sueño desprecia el ideal y en el despertar procura la esclavitud. Una nación que no levanta su voz sino cuando camina en un funeral, que no se vanagloria más que entre sus ruinas y que no se rebela sino cuando su cuello ya está entre la cuchilla el madero. Una nación cuyo presidente es un rapaz y depredador,  cuyo filósofo es un impostor  y cuyo arte es el de remendar y remedar, sin más.

 Piedad por la masa ignara que con pompa y circunstancias recibe a su nuevo gobernante, y lo despide a insultos  tan sólo para dar la bienvenida a otro peor que el antecesor.

Pues sí, ¿pero piedad para una nación cuyos salvadores se han extraviado en el reniego, la denuncia y la exigencia a su enemigo histórico?

Cambió el gobierno, mis valedores, ¿pero hasta hoy día, más allá del toma y daca  de logreros y oportunistas,  ¿algún cambio se va notando en este país?

(Lóbrego.)

Gordillo, Romero Deschamps…

Esta vez la Justicia, mis valedores. Hacer depender la justicia de las convenciones humanas es destruir toda moral,  Cicerón lo asegura.

La Justicia. Vocablo complejo como los de la Verdad, la  Libertad y otros más, la Justicia constituye la aspiración suprema del ente humano y la savia de una comunidad, su sangre y su oxígeno. Cuando en esa comunidad existe la Justicia las masas viven ordenas y son, por lo mismo, justas, armónicas y equilibradas, a la medida de la epopeya: la larga marcha de Mao, el corte de caña y la campaña alfabetizadora en Cuba, y en México la expropiación petrolera, con la gente entregando a Cárdenas las joyas de la familia. Cuando percibe que no existe la Justicia, esa comunidad se agosta, se erosiona, se resquebraja y termina en cínica. Mis valedores: ¿en este país existe la Justicia? (Con la maestra Gordillo sí y no  con el líder petrolero Romero Deschamps, ¿Justicia selectiva? ¿Es eso Justicia?)

Cuando vive sumido en la injusticia ese conglomerado sobrevive en la inseguridad y en la incertidumbre; ha perdido la fe en sus valores establecidos y en las instituciones del Estado,  y habita en el miedo, la desconfianza  y el rencor, carente de un mañana que le dé confianza, seguridad, certidumbre. ¿Y así qué no ocurre, qué no puede ocurrir en una sociedad como la nuestra, que a lo simultáneo  padece falta total de Justicia, una nota roja que crispa la vida pública y proyecta en la comunidad miedo,  zozobra y el flagelo de la más desaforada corrupción lucrativa e impune?  Libres los Fox, los Salinas, los Bribiesca, Sahagún y Montiel. ¿Justicia? Como lo afirma Platón:

Yo, declaro, que la justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte.

Y qué hacer, si tal como nos ocurre con la soledad primigenia,  la injusticia y la desigualdad están presentes en el ente humano desde su nacimiento, y lo acompañan  hasta que deja de ser. Y qué hacer, si en la injusticia afloran en la comunidad el  miedo, la frustración y el rencor, y vive entonces una existencia de oprobio e indignidad, e inexorablemente acaba por sucumbir y cae en aberraciones como el linchamiento, esa patología que la ignorancia nombra “Justicia por propia mano”. Mediocres caídos en el más bajo nivel de lo humano,  no distinguen entre Justicia y venganza. Si dijeran: “Es venganza, y así la perpetramos”, semejante  manifestación de animalidad y primitivismo no sería así de salvaje.

Tan escasa entre los humanos resulta la Justicia, y tan apreciada, que la imaginación le ha urdido mundos ideales, donde esa aspiración justiciera  es un hecho fehaciente: El Edén y La Antártida, La Edad de oro y la Ciudad del Sol, La ciudad de Dios, La Utopía, El Falansterio y el socialismo ideal. Semejantes utopías han sido imaginadas en razón directa de nuestra imperfección como humanos, como lo son también las distopías El mundo feliz, 1984 y algunas más. Por cuanto a los mexicanos: de la Justicia poco sabemos, pero con la injusticia todos estamos familiarizados, porque de ella existen siempre entre nosotros cuando menos un par de testigos: la víctima y el victimario. Es México.

Conclusión: México es un estado de derecho, jura el discurso oficial. Todo derecho es justo, y si no es justo no es derecho. ¿Es nuestro país un estado de derecho? ¿Lo es de dicho o de acciones?  ¿En México se ejerce la Justicia? México es un estado democrático, pero  donde no hay Justicia no puede haber democracia. ¿Es el nuestro, en los hechos, un estado democrático? ¿Sí?  ¿Lo es? (Lóbrego.)

Montes Azules y el lacandón

La selva lacandona y la invasión de transnacionales. Apenas ayer fue Cuauhtémoc González Pacheco, investigador del Inst. de Investigaciones Económicas de  la UNAM y autor de El capital extranjero en Chiapas; hoy mismo es el sacerdote e historiador Jan de Vos. Ambos han dejado constancia en obras diversas en torno al conflicto que viven los lacandones por la invasión y devastación de la selva, conflicto con más de cien años de vida; de muerte, más propiamente, y de destrucción, por culpa de la voracidad con que  las transnacionales han explotado a lo irracional las finas maderas de la selva chiapaneca.

Que en la región lacandona la comunidad plantea a las autoridades, una exigencia siempre incumplida,  el desalojo de los poblados que se han asentado de manera irregular en la reserva de la biósfera de Montes Azules porque los invasores están talando muchos árboles en la zona. Que la comunidad ya está cansada, y que fijan un plazo a los talabosques, que “no  excederá de dos meses. Entonces vamos a actuar”. Riesgoso. El resultado hoy: sangre derramada.

Las primeras madereras.

– Durante las décadas de 1880 y 90, esas compañías se apropiaron de importantes extensiones de la selva lacandona. Las primeras fueron la llamada Sub-Oriental, de nacionalidad francesa, la Compañía Valenzuela e Hijos, del mayor terrateniente de Tabasco, don Policarpo Valenzuela –un millón de hectáreas lo confirman-, la Casa Romanoy la Casa Bulnes, españolas. Tales compañías vivieron la edad de oro de la caoba, de 1880 a 1915.

Un cálculo conservador, en base a documentos y testimonios, sugiere que durante los treinta y cinco años que duró la edad de oro, los extranjeros extrajeron de la selva tres millones y medio de metros cúbicos de caoba y cetro que fueron enviados al extranjero. Es México.

– Es característico de la forma en que operan las transnacionales en Latinoamérica el que en tan corto lapso hayan extraído de la Lacandona tan importante volumen de madera sin estar sujeto a ningún proceso de valor agregado dentro del país, y que parte de la madera fuera devuelta a México convertida en exquisitos muebles londinenses de caoba o en olorosas cajas de cedro mexicano con cigarros puros alemanes, a precios incomparablemente superiores a los desembolsados por la materia prima.

Mis valedores: ¿tan inicua situación de ventaja impune en que operaban las transnacionales ya ha sido superada en este país?

De los trabajadores:

– La tienda de raya (bodega, en las monterías) llevaba las cuentas con las que se endeudaría permanentemente a los trabajadores. Las condiciones de trabajo y sobreexplotación a que fueron sometidos redujo para miles de hombres la esperanza de vida a sólo unos cuantos años. La plusvalía arrancada por la Casa Romano permitió a la familia formar, en 1912, otra empresa que operaba en Guatemala: la American and Guatemala Mahogany Company. También pudo adquirir gran cantidad de propiedades urbanas en Tabasco, Chiapas y Campeche, que ascendían a 69,316 metros cuadrados, más 126,899 hectáreas de predios rústicos.

Hasta aquí de selva por hoy,  y del saqueo, la rapacidad,  el vandalismo y la ventaja que gobiernos vendepatrias otorgaron a las trasnacionales. A querer o no. ¿Pero el día de hoy ha cambiado tan gravosa situación? Nosotros, sus hipotéticos dueños, ¿nos interesamos en el saqueo  de la riqueza natural del país? ¿nos enteramos, cuando menos, de tan escandalosa depredación?

Todo esto, mis valedores, es nuestro país. Esto somos nosotros. (Lóbrego.)

La ley de la selva

La selva lacandona, mis valedores. Me referí el viernes pasado a la referencia que consigna Pedro Salmerón Sanginés en La jornada del pasado martes, en donde cita al sacerdote e historiador Jan de Vos, que habiendo llegado a Chiapas hace 40 años fue testigo y actor de la asombrosa biodiversidad de Los Altos y la selva lacandona, así como «las abismales diferencias entre indígenas y no indígenas, y la devastadora pobreza de las minorías». Y que habiendo tomado partido por los excluidos, ha decidido dar a conocer las condiciones atroces que se viven en algunas de tales regiones chiapanecas.

Yo tiempo atrás me había entrevistado con Cuauhtémoc González Pacheco, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM y autor de El capital extranjero en la selva de Chiapas (UNAM, 1983), quien me proporcionó material referente a la pobreza del indígena y la riqueza vegetal que depredaban las transnacionales. Con base en su apasionada exposición del problema y en los documentos que me dejó sobre esta mesa de trabajo sigo aquí con la historia del lacandón y su selva o, para no mentir:  de la selva y sus lacandones, porque nunca la selva ha sido del lacandón. Asombro mostraba el investigador:

– Uno se pregunta cómo fue posible que las grandes transnacionales descubrieran, escudriñaran y desposeyeran a la selva y a sus habitantes de sus riquezas, cuando la mayoría de los mexicanos de entonces ignoraban su existencia.

Por cuanto a las primeras compañías madereras:

Los descubridores de la selva.

Ellos fueron Felipe Marín y Juan Ballinas. Ellos descubrieron en los ríos el medio para sacar los árboles de maderas preciosas de la selva lacandona. Marín cortó 72 árboles en la década de 1860 y los lanzó desde el punto donde el río Usumacinta toma tal nombre, para comprobar que eran conducidos hasta la salida de la selva, a un sitio llamado Boca de Cerro, no lejos de Tenosique, Tabasco.

Este lugar muy pronto se convertiría en un importante centro de empresas madereras, pues en él se asentaron los hombres encargados de atrapar las trozas que el río conducía y entregarlas a los empleados de las compañías madereras, «quienes las llevarían por el mismo río a los hombres encargados de atrapar la madera». Que ahí se asentaron quienes recuperaban los troncos, y que aquellos  troncos recién cortados los entregaban a los empleados de las compañías madereras, que las llevaban por el mismo río a los  puertos de embarque: Frontera y Ciudad del Carmen.

– El descubrimiento de Marín inauguró la explotación de las empresas llamadas montería, que operando desde Guatemala y con permiso otorgado por ese gobierno extrajeron madera de la selva lacandona de 1860 a la siguiente década.

Las firmas madereras más importantes que operaron desde el vecino país fueron Manuel Sisniaga Otero y la Casa Janet y Sarté. Un cálculo conservador, basado en los permisos expedidos en Guatemala, permite asegurar que en sólo una década las empresas madereras cortaron 73,710 árboles de caoba y cedro de la selva mexicana.

Enero del 2005. La Jornada:

Está en marcha, el reacomodo de comunidades zapatistas en el sur de Montes Azules. El viaje desde La Realidad hasta Boquerón tomó tres horas. La media que falta por caminar no es nada con las seis horas de selva y lodo que anduvieron ayer. “Estamos llegando en tiempo para trabajar la tierra y preparar la siembra de maíz».

Y que en la selva lacandona la comunidad exige a las autoridades…

Esa terca exigencia nunca satisfecha. (Mañana el final.)