Taller de lectura correspondiente al 9 de septiembre del año 2012.
Mes: septiembre 2012
Programa Domingo 6 – 9 Septiembre 2012
Programa Domingo 6 de Radio UNAM, correspondiente al 9 de septiembre del año 2012
¿Pompa de jabón?
«Democracia en construcción». Con ese título inició su análisis del pasado proceso electoral el semanario «Desde la Fe», del Episcopado Mexicano, en su edición del domingo pasado. El párrafo inicial:
«Finalmente tuvo lugar la conclusión jurídico-legal del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación sobre los comicios del pasado 1° de julio, en cuya grave responsabilidad se encontró la verificación de que el proceso electoral respondiera a los criterios de legalidad, libertad y equidad. Su labor ha sido ampliamente cubierta por los medios de comunicación y su decisión ofrece certeza razonable de que, institucionalmente, hay mecanismos para fortalecer y salvaguardar los derechos democráticos de los mexicanos. Sin embargo, aunque el proceso electoral concluya y se resuelva en plenitud tras el fallo que el Tribunal ha sentenciado, el ejercicio de la construcción democrática y de las responsabilidades ciudadanas debe permanecer en el ánimo y voluntad de la sociedad».
Esto, hoy, pero en el 2006 y en los días previos al proceso electoral, el clero político se valió del púlpito para prender entre sus feligreses el temor a López Obrador y provocar el voto a favor del panista:
«¡No permitamos que se siembre el miedo! Llamamos a los mexicanos a no permitir que por intereses muy particulares se violente la institucionalidad de los órganos electorales».
Y una vez que las instancias electorales otorgaron el triunfo al beato del Verbo Encarnado:
«La Conferencia del Episcopado Mexicano se congratula por la labor realizada por los medios de comunicación en el proceso electoral. El seguimiento que hicieron del escrutinio de los votos nos habló de la transparencia reinante en la elección. Todos los medios estuvieron a la altura de lo que el pueblo ha querido».
Pero frente al descontento popular que originó el «triunfo» de Calderón lo proclamó El Semanario, que por aquel entonces dirigía Juan Sandoval Iñiguez, cardenal de Guadalajara, Jal. hoy en retiro:
«¡López Obrador y los perredistas lloran como plañideras lo que no supieron ganar como hombres!»
Por su parte un Francisco Gil Díaz, Secretario de Hacienda, se refería a la labor del Instituto Federal Electoral, que validó el triunfo del Verbo Encarnado:
«¡El IFE se ha cubierto de gloria!»
Al propio tiempo, como estrategia para forzar a las instancias legales correspondientes a contar voto por voto en las casillas impugnadas, el candidato de la Alianza por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, convocó el domingo 16 de julio del 2006 a una concentración de masas sociales que logró congregar a más de un millón de personas. Una plaza de armas repleta con todo y las calles adyacentes, mostró al Sistema el estado de ánimo de unas multitudes que no querían volver a los tiempos priístas de la alquimia electoral y la subcultura del fraude. Ahí mismo se anunció la estrategia con la que se pretende forzar al Poder al recuento de votos en todas las casillas impugnadas: la resistencia civil. Para una próxima fecha se anunciaba otra concentración multitudinaria, quizá más nutrida que la anterior. Hasta ahí la estrategia del movimiento civil.
Eso, en el 2006. Hoy, según el editorialista del matutino (martes pasado), el panorama es distinto:
«El estallido: una pompa de jabón. (…) Así transcurrieron las 72 horas decisivas que siguieron a la declaración de Peña Nieto como presidente electo, sin estallido alguno que no fuera el de una pompa de jabón».
Resistencia civil. De ella hablaré después. (Vale.)
La serpiente se muerde la cola
Y a fin de cuentas, mis valedores, en la costosísima «democracia» que nos vende el Poder las masas sociales vivimos, una vez más, los tiempos aborrascados del 2006 y del 1988, primero contra Cuauhtémoc Cárdenas y más tarde contra López Obrador. Todo sea por el sistema neoliberal que nos impone el Imperio.
Cierto es que en cuestión de matices los tiempos cambian, pero no los sistemas de poder. A diferencia del fraude electoral del 88, hoy no hay 25 mil paquetes electorales que urge incinerar. Hoy, transición de terciopelo, se va un beato del Verbo Encarnado y un priísta se dispone a tomar el poder. Y todos ellos contentos. Es México.
Por cuanto a la quemazón que produjo la «democracia» en 1988: un neo-priísta fue impuesto en Los Pinos y un contingente de neo-panistas le ayudó a cargar el paquete; los paquetes que certificaban el fraude electoral. Ahí, prepotente y protagónico, se alzó la controvertida figura del «jefe» Diego Fernández, que apodaron «la ardilla» porque no se bajaba de Los Pinos.
«La ardilla» fue el Nerón de los paquetes electorales. La razón del incendio:
«Ya nada representan y ya nada significan. A la historia nadie la puede reformar. Por eso nos pronunciamos por que se destruyan esos paquetes».
Pues sí, pero interrogado al respecto en julio de 1994, él ya como candidato presidencial de su partido, eludió precisar si era necesario reabrir la investigación para llegar a la verdad:
«Acción Nacional apoyó al PRI para que se quemaran los paquetes electorales de 1988 porque esa elección presidencial es parte ya de la historia y porque no deben seguir alimentándose ni odios ni rencores. Por ahora yo, como candidato a la Presidencia, creo que mi deber fundamental es hacer campaña, tratar de ganar adeptos y ganar la elección, pero no centrarme en los problemas del proceso anterior. Mi tarea fundamental es hacer campaña».
En ese mismo año Ignacio Pichardo, por aquel entonces dirigente del PRI:
«La caída del sistema en 1988 es una cosa juzgada, en donde el triunfo de nuestro partido fue validado de acuerdo a la legislación vigente. Para nosotros los priistas 1988 es una fecha de júbilo porque ahí se confirmó una vez más el triunfo de la Revolución Mexicana en el poder político del país».
El ex-director del IFE Emilio Chuayffet:
“En materia electoral, en México estamos desde hace muchos años en una sola línea, en la de la transparencia, y cualquier persona debe tener acceso a cualquier tipo de información. ¿Los documentos del 6 de julio de 1988? Fueron destruidos en 1991, así es que la caída del sistema es imposible indagarla».
Por su parte, Miguel González Avelar, uno de los seis aspirantes a la candidatura presidencial del PRI:
“En 1988 las autoridades no actuaron de manera irresponsable. Hicieron una proyección muy optimista de la capacidad tecnológica que estaba a su disposición; lo que ocurrió realmente es que hubo tal flujo de información que el sistema se azolvó”.
Octubre de 1994. Miguel de la Madrid:
“¡Yo rechazo que el sistema de cómputo se haya caído! Esas fueron ideas de propaganda política. El fenómeno fue tardanza en las cifras. Eso es todo. ¡Lo demás son especulaciones sin fundamento alguno!”
El diputado Florencio Salazar encaraba a las víctimas del fraude electoral:
“¡Ya dejen de andar haciendo acusaciones sin fundamento! ¡Si tienen los elementos suficientes para probar lo que sostienen, preséntenlas o dejen ya de andar haciendo sus escandalitos!»
Hoy, como ayer, esto es México. Esto somos nosotros. (Lástima.)
Malmaridada de la soledad
Media tarde de domingo en el jardincillo del manicomio, a donde acudí a visitar a mi tía Gabriela. El final de la historia que inicié anteayer:
La tía Gabriela, que nació y vivió media vida en tierra zacatecana, de pronto tiró su fortuna al mar. En una de sus fugas cayó en esa manía: barco que llegaba a puerto, barco al que trepaba la malmaridada de la soledad, y entre los marineros buscaba al ausente, y al desengaño se acercaba a babor, echaba al vuelo las zarcas pupilas, humedecidas de yodo y de sal, y de su escarcela extraía las monedas que sus dedos alcanzaban a tomar y, los ojos cerrados y en la boca, en susurro, la invocación del ausente, a lo calmoso las dejaba ir a las ondas del mar.
Curiosa manía de la tía Gabriela y su verídica historia de amor, tan verídica como son todas esas historias donde intervienen amor y cordura, locura y soledad. “La herencia me hubiese durado unos años más, y con ella mi afán de maromear de barco en barco navegando con bandera de trascuerda, pero qué fortuna resiste tantos sexenios de infamia».
Ya le afloró la loquera, pensé. No lejos, un esquilón. El rosario. Aquí, la cabeza se nos llenaba de pájaros. En el follaje, condóminos alboroteros, los visitantes nocturnos se preparaban para dormir. Dije, nomás por decir:
– Qué relación pueda haber entre el derroche de su fortuna y la mala fortuna de los sexenios priístas, el de Fox y el del causante de ciento y tantos miles de cadáveres. Usted arrojó al mar todos sus dineros hasta quedarse como está, mírese. ¿Y ahora culpa al «Sistema»? No veo la…
– Yo te la voy a enseñar. Más antes, cuando México disfrutaba de un discreto pasar, ¿cuántos barcos llegaban a sus puertos? Pocos, ¡y a cargar mercancía, no a descargarla! Uno a Manzanillo, dos o tres a Coatzacoalcos, a Veracruz. ¿Cuántas monedas podría yo sembrar en el mar? Ah, pero priístas, Fox y el beato ese del Verbo Encarnado del que ni el nombre conozco, permitieron y permiten la rapacidad del modelo neoliberal, y entonces ¡la invasión de los barcos! Barcos extranjeros copeteados de carne y maíz para puercos (que nosotros consumimos), y frutas del trópico, que de las que les exportamos, falluca, quincalla, y tú sabes: quincalla otorga. Barcos y más barcos, cargas y más cargas, pacas y más pacas: repelos de llantas, calzones de segundos cachetes, armamento para narcos, dinero sucio del Vaticano, tequila, medicamentos, viagras y afrodisíacos. No, y huevos, a ver si a ti, cuando menos a ti, te da algún amago de vergüenza. Tantos navíos, tantos marineros, ¡pero nunca el mío!
Y aquel manso llorar en el más apartado rincón de un manicomio hasta donde la intolerancia familiar fue a empozar a la Tía Gabriela, porque: “Quien alimenta el mar con dinero sólo puede estar mal de la cabeza”
– Hijo, ¿me llevarás algún día a las orillas del mar?
La tarde se oscurecía cuando dejé a la tía Gabriela. Mientras trepaba en el volks me sentí basura, redrojo, pariente de los Salinas, de la Gordillo, de Romero Deschamps, de Peña y Montiel. Basura, porque eso de prometer a una pobre loca llevarla algún día hasta los puertos donde decenas y más decenas de barcos, frenéticos, siguen acarreándole al México soberano e independiente su qué comer. Ahí, sobre el asiento del volks., los diarios: “México, importador creciente de alimentos”. “Para fines de noviembre habrá huevos en México. Los importaremos de Estados Unidos. Pero los precios de hace unos meses, esos no volverán».
El huevo gringo. Mi tía Gabriela. México. (Mi país.)
Loco amor
Aquí sigue la crónica de la extraña locura que atacó a la tía Gabriela, pariente mía lejana. Y lo que es el imperativo de la soledad, la fuerza de las ensoñaciones, el espíritu aventurero de algunos. De la tía Gabriela, pongamos por caso, a la que atacó súbita locura de amor por el mar, las gaviotas, los marineros. La enamorada anocheció en tierra adentro, tierra zacatecana, y fue a amanecer a la orilla del mar.
De puerto en puerto, de ahí en adelante: Tuxpan, Salina Cruz, Manzanillo, algún Champotón, algún ignoto Puerto Peñasco. Y entonces a marinar, en la mejor de sus acepciones. La tía Gabriela, novelera velera de vela y timón…
Un hombre de mar, danés, fue el gran amor de aquella de la fantasía encandilada. Con aquél de nombre impronunciable anduvo los siete mares y algunos más, y con él dilapidó media fortuna por la fortuna de dilapidarla con él. Pero ya de vuelta al hogar, todavía paciente impaciente de aquel sufriente amor, malaventurado, la tía mostraba que había quedado para siempre dañada del mar y sus marineros.
Entonces de los peñascales de mi Zacatecas se volvió a desaparecer, y en mucho tiempo de la tía Gabriela no volvimos a saber ni su rastro.
Y es que la malquerida, buscando de puerto en puerto al danés de impronunciable nombre (que ella repetía en sueños) pasó de Tuxpan a Veracruz, y de ahí a Coatzacoalcos y Salina Cruz, buscando durante doce, quince años, al perdido amor. Y vaciando en los mares el resto de su fortuna.
– Tú sí me entiendes, ¿verdad? Siento que tú me comprendes porque estás chiflado como yo, pobrecillo niño viejo. ¿O viejo niño, tal vez? ¿Qué edad tienes? ¿No sientes que tú y yo andamos viviendo de más en un mundo ajeno? Como que habitamos en vidas hurtadas a sus legítimos dueños, ¿no lo percibes a medias de una tarde de domingo? Ay, que lo dijo el poeta: tanta vida y jamás. Tú sí me entiendes, ¿verdad que tú sí me entiendes?
Las zarcas pupilas se le rasaron. Una gota exprimida del ánima se deslizó mejilla abajo. En un pecho que fue de cimas y era de simas, el suspirar. Yo, el deseo de salir de aquel sitio, de huir, de recomponer la figura, que se me desencuadernaba. Porque yo digo, mis valedores, ¿habrá dolencias más pegadizas que locura y tristuras? Dios, yo con estos mostachos y haciendo pucheros…
– Tú sí entiendes que yo, buena amante del mar, nunca iba a poder vivir en nuestro Zacatecas, ¿verdad? Demasiada tierra, demasiados peñascos. ¿Sabes, hijo? En ciertas noches de fantasías en brama hasta mi duermevela arribaba el barco aquel cargado de marineros, y atracaba en un puerto en penumbra, y mi amor danés bajaba la escalerilla al encuentro de mis brazos, y me subía a bordo, y esto era pasarnos la infinita noche tocando puertos de nombres exóticos y atracar en muelles fantasmales, y en barrios penumbrosos acompañar a mi danés entre rones y negras de pechos empitonados que llevan pelambre color azafrán. Lástima, todo en mis sueños. Y escucha, porque tú, chiflado también, sí me entiendes: duelen los sueños más que la realidad porque son mucho más crueles, que ellos no se prestan a la ilusión, como la realidad. ¿Oyes allá, lejos? Como trenes que se despiden, ¿Estás oyendo?
Y suspiraba, su vista fija en el muro. La vi perderse, desasirse de mi, fuera del mundo. Más dentro de el. En sus entresijos…
Me removí en la banca, y la tía Gabriela regresó al rincón sombroso de una casa de salud en una ciudad de locos pacíficos en cautiverio y peligrosísimos cuerdos en libertad.
(Vuelvo mañana.)
El amor, esa estrella marinera
Prevén alzas en la carne por sequía en EU.
Esta vez el problema del huevo, mis valedores. Que si fiebre aviar, y que si no hay tal, y que si se trata de un problema ficticio, artificial, y que si…
Para el consumidor esta falta del huevo es una mortificante realidad. Pero, optimismo oficial, la producción y venta del huevo se habrá estabilizado para fines de noviembre, «aunque no a los precios de hace un par de meses», advierte la voz oficial. Bruno Ferrari, secretario de Economía:
– Hemos iniciado los trámites para importar huevo de diversos países. De los Estados Unidos, principalmente.
Yo, ante la incómoda situación de un comercio emasculado, recuerdo la fabulilla que me inspiró cierta pariente lejana (a mí, a su mundo) que enloqueció de amor. La crónica:
Fue un domingo en la tarde, me acuerdo. Apático, el sol. Entelerido.
– Acércate, hijo. Mi chifladura es pacífica –y la tía Gabriela sonreía.
Yo, por aquello de las dudas, al reunirme con ella en el jardincillo apacible del manicomio me fui a sentar en el otro extremo de la banca. El bochorno me impedía hablar. Ni dónde poner los ojos. Y ella:
– Acércate, que tu tía es inofensiva, no temas.
De ganchete la observé; la reclusión le ha conferido una apariencia de beatitud: carnes amojamadas, traslúcida la piel y mansos sus ojos garzos, como moldeados para columbrar distancias y ausencias, sobre todo de pupilas adentro, donde más lejanas son las ausencias y más ausentes las lejanías. Mi tía Gabriela. La oí suspirar…
Y fue así, mis valedores, como aquel cacho de domingo lo pasé con ella por hacerle compañía, por aligerarle la soledad. Ah, las tardes de domingo, del día más lóbrego, letárgico y macilento para quienes habitamos en la almendra de la soledad; los suicidas en ciernes, los nostálgicos, los desahuciados, los abandonados, yo…
Una historia de amor, dije antes. Según la plática familiar, desde muy tierna mi tía Gabriela vivió las horas muertas hojeando un viejo álbum de estampas marinas que le cayó por causalidad. Barcos, sí, todo tipo de barcos: balandros, veleros, bajeles, navíos de ágiles velas, trasatlánticos que, frente a las pupilas de una tía fantasiosa, cruzan eternamente las ondas del glauco mar, que mentaba Homero. A la de fantasía atorrenciada los ojos se le iban, encandilados, tras la salina inmensidad, y su espíritu se llenaba de gozo y se sacudía en unas escondidas urgencias de tornarse gaviota que, alas de argentada espuma, marcara la ruta marinera sobre los lomos del mar. “Boga, boga, marinero. Boga, boga, bogavante…” Canturreos.
Mi tía Gabriela creció, alcanzó la edad de merecer, y entonces vino a heredar la fortuna de aquel su padre minero de ascendencia rubia y apellido con reminiscencias de whisky escocés. Fue entonces cuando la susodicha tía se desapareció por primera vez. Cierta madrugada anocheció y no amaneció, porque se nos fue de viajante en aquel carromato sonámbulo que, como el son, “se lleva a los hombres a las orillas del mar”. La enamorada del océano y sus marineros iba al encuentro de su destino: conocer el mar, las gaviotas, los barcos, los marineros. “Boga, boga, bogavante…”
Veracruz. Ahí estaba aquella mañana la tía Gabriela, el vivo asombro en las zarcas pupilas, frente a la rizada inmensidad. En el muelle, cabeceando su modorra, aquel barquito camaronero.
– Uno de juguete, comparado con los navíos de mi niñez, los del libro de estampas. ¿No te estoy aburriendo, mi hijo?
De ahí en adelante, los puertos del país. (Sigo mañana.)
Programa Domingo 6 – 2 Septiembre 2012
Programa Domingo 6 correspondiente al 2 de septiembre del año 2012.
Taller de Lectura – 2 septiembre 2012
Taller de lectura correspondiente al 2 de septiembre del año 2012.