¡Viva la muerte!

El grito que un 12 de octubre de l936 lanzó algún franquista anónimo en la Universidad de Salamanca, repetido ahí mismo por el general franquista José Millán-Astray, parece  resonar nuevamente, de manera simbólica,  en el mundo occidental: ¡viva la muerte!

Porque ocurre que con motivo de la masacre de 11 funcionarios del semanario Charlie Hebdó, más un policía que guardaba las instalaciones, perpetrada el pasado 7 de enero, funcionarios gubernamentales  con muy poca aceptación por parte de los ciudadanos aprovecharon el derramamiento de sangre por parte de algunos fundamentalistas islámicos para elevar sus bonos reprobando el asesinato y entonando loas a una hipotética libertad de expresión. ¡Viva la muerte! ¿Por los suelos la popularidad de Francois Hollander? ¡Viva la muerte! ¿Marino Rajoy en dificultades ante sus paisanos españoles? ¡Viva la muerte! ¡El genocida Benjamín Netanyahu! ¡Y los comentaristas a mentar choques de civilizaciones y exaltar una hipotética libertad de expresión. Bien hayan  oportunismo y doble moral, porque quienes protestan contra la barbarie son los representantes de naciones invasoras, guerreras, genocidas, colonialistas, saqueadoras de las riquezas de las naciones débiles. ¡Viva la muerte! Dígalo, si no, el comercio en brama desatado por la masacre.

Así es como el orbe vive a estas horas un estridente ruiderío mediático y un obsceno proceso de doble moral,  dividido entre los buenos, los civilizados, y los fanáticos fundamentalistas que no soportan, en obsequio de la libertad de expresión, burlas recientes y befas de los caricaturistas de Charlie Hebdo contra Mahoma el profeta, como antes tomaron de blanco para sus befas a Cristo Jesús. Y que viva la libertad de ofensa, blasfemia y sátira, y que nadie trate de tomar represalias contra la libertad de expresión…

Por lo pronto, el asesinato de casi una veintena de entes humanos ya reditúa buenas ganancias: de un modesto semanario que de un tiraje de 60 mil ejemplares ahora amanece entregando a los ávidos ¡5 millones! Y lo que falta. Todo por la acción de un grupo de fanáticos asesinos, sin más.

¿Sin más? El de los asesinos de casi una veintena entre periodistas y policías es terrorismo,  y hay que castigarlo según la ley. Por supuesto, pero cabe aquí la pregunta: ¿se trata de un terrorismo causa o de un terrorismo efecto? ¿Pasado y presente de naciones europeas con sus acciones de guerras, invasiones, colonizaciones, masacres y genocidios, saqueo de los recursos naturales e imposición de dictadores y gobiernos peleles, esos no constituyen actos de terrorismo? ¿Los  Nixon, Truman, Kennedy, los Bush y sus aliados ingleses, franceses y demás gobiernos anuentes, no  perpetraron monstruosos actos de terrorismo al por mayor, como lo llama Noam Chomsky para distinguirlo del terrorismo al por menor, el contestatario (táctica errónea) que perpetran sus víctimas?

Causa y efecto. El horror ocurrido hace días en París, ¿la eterna lucha de Oriente contra Occidente?  No. Grecia frenó a los persas de Darío y Jerges, pero éstos fueron agredidos por la rebelión de los jonios. En Platea, Maratón y Salamina los griegos se redujeron a la defensa de su territorio. Ahí, en el IV a.J., Occidente rechazó la autocracia y como sistema político impuso en el mundo la democracia. ¿Y? ¿Cuál es la historia de las naciones europeas y del dañero mayor, el de la atómica sobre Hroshima y algunas más? Pero  la hipocresía y una doble moral que, misterios de la axiología, por ser doble carece  de autoridad moral. (Sigo después.)

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