¡Goool!

Fin de semana. Ciudad capital. Tarde parda, lluviosa. Embotellamiento en el sur. En el tablero del auto oprimo uno de los botones de la radio y me entero, cosa que alivia el agobio de una marcha vehicular a 50 metros por hora: si nos atenemos a los comentarios radiofónicos (graves, sesudos, prosopopéyicos) mi país  es la capital mundial del clásico pasecito a la red. Estimulante.

En una polémica que entrevera voces vehementes escucho que “me perdonan, pero el Chicharito no es Romny”.  Rápido el cambio al siguiente botón. “Bueno, pero notemos que el Atlas se sublima cuando juega con las águilas”. Y que el Tri ya tiene la nueva mentalidad que le inyectó un Piojo. Yo, los dientes apretados, de repente válgame, que me antellevo una de las vallas anaranjadas que asesinan tres de los cuatro carriles. ¿Que qué? Ah, bueno. Quezque mi madre. Gracias.

Apachurro el botón de junto. ¿Así que “empate intenso”? ¿Así que el Toluca, con ese portero? ¿Localía, nueva mentalidad, nueva filosofía? ¿En el clásico pasecito a la red? Motores recalentados adelante y atrás, que amenguan el frío de la tarde. El siguiente botón. Y qué campanuda la voz cuando afirma que “mientras en nuestro futbol no exista una fe y una mística vamos a seguir en la media tabla. Porque los dueños de clubes…”

¡Y el condenado micro, que casi me incrusta su trompa  en la salpicadera!  Freno el balón. El coche, quise decir. Aprieto los dientes. El  siguiente botón y la tronante voz: “El aficionado tendría que ¡exigir! a la directiva. ¿O qué, la opinión de quien paga su boleto no es prioritaria?”

Doble apretón al control, y el merolicronista: “porque lo acaba de asegurar el dueño de las chivas: amenacé al Piojo con transferir a Chicharito si no lo debutaba!” (si no lo debutaba, pa su). Y “algo  tiene que hacer el nuevo entrenador para sacar del bache a las chivas. Desde que a chivas lo adquirió  (vale) Vergara… (¡Ya me soltó el albur!)

Válgame. ¡”Alargan su invicto!” Siento seca la boca, y sí, en efecto: mi país es la capital mundial del futbol. Aquí se vive, se siente, se respira y se come futbol. Por lo visto (por lo oído) “nuestro” balompié debe ser el mejor del orbe, si así merece la gracia del comentario en nueve estaciones de radio capitalinas. De otra manera el aficionado no se dejaría  manipular por una cáfila de merolicronistas que así me lo convierten en héroe por delegación…

Oscurece. La lluvia, en un ser. Frío el ambiente, con un vientecillo que se incrusta en la médula de los huesos. Pero muy poco me falta ya para la cobija y el edredón. La última posibilidad en la radio y ahí el milagro: en la postrera de las opciones una  untuosa voz de varón me jura que el mejor guardaespaldas que puedo conseguir, uno que me enseña la caridad, el amor y la fe es Dios. Vaya, pues. En mi país no sólo de gol vive el hombre, gracias sean dadas al guardaespaldas divino.

Diez de la noche. Logré llegar a mi casa, tomar mi infusión para aplacar los nervios y tomar también la revancha, vengativo que soy. Solo y mi alma en mi habitación, clamo, alta voz:

Tienden los comentaristas a acentuar el carácter estético del futbol. Hablan de estilos y técnicas como hablarían de una escuela pictórica, pero no debemos engañarnos: tan sólo se trata de crear una seudo-cultura basada en valores irrisorios para uso de las masas a las que no se les permite tener acceso a la cultura. Simulan un serio estudio de algo de lo que nada hay que comentar, aparte de algunas elementales reglas de juego.

Merolicronistas del duopolio dejaran de ser.

¡Y goool de..! (México.)

 

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