¡Quémenlos vivos!

Reforma, 14 de febrero. «El amor que José Manuel sentía por su novia lo llevó, junto con dos de sus amigos, a una terrible muerte (…) Pocos en San Mateo Huitzilingo sabían con exactitud lo que ocurría la noche del viernes, pero ante los gritos que se multiplicaban de ¡mátenlos, son secuestradores!, no dudaron en descartar su ira contra tres albañiles. Ahí los traían arrastrando, todos lastimados…»

El linchamiento, mis valedores. Esa es la mortal diferencia entre las masas y el hombre de ideales. Al tornarse hombre-masa, afirma el especialista, el individuo desciende varios peldaños en la escala de la civilización. Por el solo hecho de integrarse a una multitud y formar parte de ella, el individuo se aparta del proceso «civilizatorio» para despeñarse en el salvajismo. “Aislado era hombre culto; en multitud es un instintivo, y por eso mismo un bárbaro. Tiene espontaneidad, violencia, ferocidad, entusiasmos y heroísmos de los seres primitivos. Es como si su creatividad, su espíritu de idealista se disolviera en la colectividad”.

Y sí, es en tales circunstancias cuando el individuo pierde su personalidad consciente y dentro de la masa acomete los actos contrarios a su carácter y costumbres. El hombre-masa está hipnotizado, fascinado por obra del hipnotizador, y queda en sus manos; su personalidad consciente desaparece; su voluntad y discernimiento son abolidos; sus sentimientos y pensamientos se orientan según el manipulador de la masa; él pierde la conciencia de sus actos; ya no es un ser consciente,  ya forma parte de una masa inconsciente. Ya es un autómata sin voluntad. A propósito…

Estoy mirando la foto que ilustra un linchamiento más, y qué clase de foto: un rostro tumefacto, desfigurado, rota la nariz, inflamados los mofletes y desflorados los labios. Roberto es su nombre, y Alamilla Negrete sus apellidos. En este individuo los vecinos de San Miguel Ajusco se cobraron un agravio descomunal, y se lo cobraron con una golpiza bestial y un amago de linchamiento, de desgarrarle la vida a golpes y chorros de gasolina. Este Roberto ni con la vida pudiese pagar el agravio que infirió a toda la comunidad de San Miguel Ajusco: intento de asalto a los pasajeros de un microbús. Mortífero.

“¡A echar a vuelo todas las campanas! ¡A matar, a descuartizar! ¡A hacernos justicia por propia mano!”

 Otumba, Méx. Habitantes del municipio de Otumba golpearon e intentaron linchar a dos hombres, entre ellos a un agente ministerial, que fueron a aprehender  a un profesor acusado de actos libidinosos.

Macabro, sí, y  es que cuando las pasiones más primitivas, exacerbadas hasta el paroxismo, se congregan en multitud, la masa se vuelve versátil, impulsiva; guiada sólo por lo inconsciente y visceral, que obedece a impulsos del más variado valor moral, nobles o bajos, valientes o cobardes. “Una muchedumbre de cobardes es una muchedumbre valiente. Integrada por individuos que sean  tímidos o cobardes, la multitud es capaz de realizar las acciones más valientes o las más reprobables, porque pensamientos y actos del individuo son los de la multitud, pero una multitud que no sabe pensar por cuenta propia, de modo tal que es fácil llevarla ejecutar acciones contrarias a su propio interés y hasta a su instinto de conservación».

San Fco. Chimalpa.  “Enardecidos por el intento de violación  a una joven de 16 años de edad, vecinos de esta localidad pretendieron linchar a Julio César Luna, de 22 años. Golpeado por los vecinos, la policía logró rescatarlo”.

(México.)

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