Mediocridad e idealismo

Un rasgo común entre un joven europeo que ataca con bombas incendiarias y el muchacho que asalta y viola en un microbús: ambos son incapaces de ponerse en el lugar de los demás. Sin  la oportunidad de leer, su imaginación y su sensibilidad quedaron muertas

(José Emilio Pacheco, escritor.)

Y perdonando la curiosidad, mis valedores: ustedes, durante los doce  meses que van del año, ¿cuántos libros leyeron? ¿Cuántos alcanzaron a leer?  ¿Cuántas horas dedicaron a la lectura? Y a ver la televisión, ¿cuántas horas? ¿A cuál de los dos ejercicios (leer, ver TV) favorece el balance? Entonces rindámonos a la evidencia: cada uno de nosotros, en cuanto humano, es  lo que su espíritu es, y su espíritu es eso que le dimos por alimento. Y entonces la conclusión: somos entes de ideales o somos mediocres. Sin vuelta de hoja. Sin más.  Sin cambio de canal, para que algunos me entiendan.

Y luego por qué somos como somos; por qué estamos como estamos; por qué nos damos gobiernos como el del Verbo Encarnado, por qué lo permitimos; por qué soportamos a semejante Tartufo (lean esa obra de Moliere)  que ha  convertido el patrio territorio en un delirante almácigo de cadáveres descuartizados; por qué nos negamos a pensar y crear esa estrategia y la táctica correspondiente que nos lleven a darnos un gobierno aliado al que obedecer como sus mandantes. ¿No está ahí, mis valedores, la explicación del por qué nos hemos atornillado en el puro reniego y la pura mega-marchita, que de pura no tiene nada semejante redrojillo histórico? Ah, este nuestro país que así exhibe tan siniestro balance entre el ejercicio de la lectura y el de las horas que dedicamos aplastados a dos nalgas frente al cinescopio, en una postura que remeda la de El Pensador de Rodin,  pero que en materia de espíritu y de intelecto es la postura que se adopta a la hora y punto del lugar excusado…

Y hablando de leer, mis valedores: ¿alguno de ustedes conoce la obra de Kafka, o lo citan  como al Quijote, Romeo y Julieta, Fuenteovejuna o la Biblia, sólo de oídas? Que esta situación es kafkiana, y que si Kafka escribiese hoy día acerca de México su literatura sería costumbrista, y tonteras de ese calibre. Los mediocres son temerarios, y  no les arredra ponerse en evidencia como ignorantes que piensan con cabeza ajena y sólo repiten opiniones y conceptos que escuchan en los diversos medios de condicionamiento de masas. Lóbrego.

Uno, mediocre e ignorante, ayuno del más elemental sentido de recato y autocrítica, es ese de triste memoria como presidente del país que hoy, tragicómica figura del esperpento y la picaresca política, sigue causando lástimas y verguenza ajena. Hablo de un Vicente Fox que a medias de su sexenio se permitía la desmesura de llenarse la boca con citas de  “José Luis Borgues”, al igual que la “señora Marta”, la “pareja presidencial”, tan zafia e ignorante como él, que convertía a Rabindranath Tagore en “La Gran Rabina Tagore”. válgame. También el autor de El proceso iba a pasar por el bochorno de la cita del palurdo de Hummer y Jaguar blanco, y aquí me parece válida la aclaración:

Desde Alvaro Obregón y Plutarco Elías Calles hasta Salinas y Ernesto Zedillo todos, en los seis años justos de su mandato –que nada tuvieron de justos la mayoría de ellos- jugaron de forma espléndida el papel del personaje de Lewis Carroll que aparece en la obra titulada Al otro lado del espejo: Aludo, por supuesto,  a Humpty- Dumpty. (Del tema hablaré mañana.)

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