A los jugueteros de mi país

Ustedes se quejan de la competencia china. Yo me quejo de ustedes, culpables de un acto fallido y un romance frustrado, porque al intento aquel de lograr los favores de una sota moza se lo llevó el tren (uno de juguete, regalo de navidad, orgullosamente hecho en México. «Y lo echo en mexico esta biéN echo»).

Al pie de un árbol cuajado de luces vi a mi sobrino desenvolviendo su tren y a la madrecita soltera, prima mía, sonriéndome. «Doy el alegrón al hijito, me lo agradece su mamacita, y una vez que nos atasquemos de muslos (del pavo), los muslos nuestros a la camita». Fantasías de solitario incestuoso, y sí:

A su hora el chamaco le desbarató el moño al regalo y sacó aquella preciosidad de juguete que parecía la pura verdad. El alegrón del sobrino, y a armarlo. Yo aquella emoción, la expectación aquella, la ansiedad por mirar la locomotora pita, pita y caminando, y llamar a la prima, mostrarle el juguete (el de corriente eléctrica) y enchufarla (la vía del tren). Pues sí, pero a la hora del enchufe…

¿Cómo enchufar un tren nacional,  si este tramo de vía  tenía por donde, con qué y toda la disposición de unirse al siguiente, pero el siguiente carecía de orificio por dónde? En el otro extremo se le erguía un gancho de este grosor, pero trozado  por la mitad, que hagan de cuenta circuncisión fallida. Sólo dos, tres tramos se dejaron enchufar, y esto a la viva fuerza, que aquello resultó violación. Ah, los juguetes aborígenes…

– Tío, ¿si lo intentamos con los vagones?

Apareamiento imposible. Traté con uno, con dos, con todos. Tomé este y lo coloqué de ladito, pero de enchufarse, cómo, por dónde. Lo coloqué boca arriba y le abrí las ruedas. Nada. ¿Por atrás? Agujero oxidado por falta de uso. Primero se acható el gancho que abrirse el hoyo. Tenso, el sobrino:  “Con paciencia y salivita, tío”.

Me pegué el enchufe a la boca. La saliva se me pintó de arcoiris y agarró un saborcillo a hojalata oxidada, pintura reblandecida y bilis desparramada. “¡Alicatas, martillo, échatelos para acá!”

– Así menos. Mejor fueras a reclamar a los jugueteros que se transaron al niño Dios.

– ¿Reclamar? ¿A quién, ante quién?

Con las alicatas empecé a jurgunear rieles y vagones de tren, pero nada. Comencé a resollar recio, a jadear, a pujar. El sobrino: “¡Ma, ven a verlo, ya está echando humo!”

– ¿Humo, m¨hijo? ¿Pues qué no es diesel?

– El del humo es mi tío. Por las orejas, míralo.

– ¡Bigotón, cierra esa boca!

Ahí, sobre la alfombra, el desastre. Se acuclilló la prima. Dentro de la minifalda su  provocativa postura dejaba adivinar el, la, los, las, unos, unas… Yo, viéndola de ganchete, comencé a sacudirlo (el juguete), las manos acalambradas. Sentí que ojos y boca se me torcían, los tomates chispándose.

– ¡Rápido, que se electrocuta!

La prima corto la corriente y observó la catástrofe:  “¡Virgen de Zapopan, qué desastre de ferrocarril! ¡Pero si no parece sino que por aquí acaba de pasar Zedillo el bracero.

Señores jugueteros de mi país: ahí terminó la aventura con la prima y el juguetito. Ya de vuelta a mi camastro y a mi soledad reflexioné en la frustrante experiencia con los juguetes producidos en México. Hoy, víctimas de la competencia china, ustedes chillan,  rabian, reniegan y se la jalan, su greña, porque juran andar en el filo de la quiebra, la ruina, el cierre de sus empresas.

Trágico, sí, ¿pero qué hay de los tiempos aquellos en que una industria sobrona y sin competencia como la de ustedes  nos vendía trenecitos chatarra?  (Acuérdense.)

México adolescente

Lo dije en la radio y lo digo ante ustedes: el 2012 fue un año más en el calendario y uno menos en nuestra vida temporal. Se nos fueron año y sexenio, y vale aquí el consejo de  arrieros: de vez en cuando aprovecha hacer un alto en la marcha, volver atrás la mirada y calcular por lo andado lo que nos falta por caminar. Y a propósito:

¿Para nosotros, en lo individual, cómo fue el 2012? ¿Y el difunto sexenio para nuestra economía familiar? ¿Se notó algún cambio en nuestro país? ¿Positivo, negativo? ¿Seguimos igual o peor? ¿Avanzamos, retrocedimos en cuanto individuos, comunidad, país? ¿Algún provecho obtuvimos en el sexenio del Verbo Encarnado?  ¿Qué provecho obtuvimos con el difunto político que ahora tantea las posibilidades de seguir entre nosotros o refugiarse en algún otro país? ¿Se mantiene en nosotros ese fenómeno de pensamiento mágico, de lo real maravilloso que nos mantiene esa irracional esperanza en el nuevo santón, esa terca esperanza que nos pone en evidencia como inmaduros o adolescentes en asuntos políticos? ¿Esperanzas de qué, esperanzas en dónde, esperanzas por qué? ¿En quién vamos a confiar esta vez? ¿En quién delegamos una tarea que sólo a nosotros atañe? Ah, esa esperanza inútil, esas ganas de creer, ese pensamiento mágico, semejante universo de lo real maravilloso donde se ubica una perpetua adolescencia.  Ah, este México adolescente…

Porque así es, mis valedores: comienza un nuevo año, y con toda su fuerza retoñan los yerbajos de lo real maravilloso y la superstición. Es este el tiempo que vive el pobre de espíritu, tiempo que mantiene encendida la flama de la desatinada esperanza en unas fuerzas sobrenaturales que le van a cumplir todas las metas inalcanzables para las propias fuerzas. Y vengan los tiempos de la magia, el milagro, el encantamiento, lo sobrenatural…

En torno a tales patrañas: todas las religiones naturales, afirma el estudioso, surgen del asombro ante fenómenos inexplicables, del terror a los males y del deseo de bienes que no se pueden adquirir por las propias fuerzas. De todo esto proviene la ilusión que nos hace aceptar la existencia de entes que nos liberan del miedo y satisfacen nuestros anhelos. El hombre inquiere forzosamente los fenómenos que afectan a su propio yo y a sus iguales. La muerte, las enfermedades, el amor, la fortuna y la vida son los factores principales de esa atención.

Es así como al inicio de año y sexenio vivimos el tiempo contradictorio de la frustración y la expectativa del prodigio que para nosotros habrá de producir «nuestro» nuevo santón, y es así como hoy mismo andamos como esas víctimas de los cazadores en la entraña del bosque: lampareados por efecto de atolondramientos y temores subjetivos, esperanzados en factores externos porque, tercos adolescentes, no confiamos en nosotros mismos.

Y lógico en el pobre de espíritu: a recurrir a «las fuerza ocultas»  del amuleto y el talismán, el sortilegio y el horóscopo, la piedra imán, los unguentos mágicos y la invocación a las fuerzas zodiacales, y a arrimarnos a la advocación del zahorí y el agorero, del arúspice y el falso adivino, y el chamán y demás vividores. Y que nosotros te  retiramos la salación y te damos las buenas vibras, pero acude a alguno de nuestros establecimientos, donde te vamos a proporcionar la sanación. Para de sufrir.

Ah, cáfila de embusteros. Ah, la manipulación de las «brujas blancas» que así violan el Código penal. Ah, el candor de las víctimas, adolescentes irredentas. Ah, México. (Nuestro país.)

¡Pare de sufrir!

Nuestras vidas son los ríos – que van a dar a la mar -que es el morir…

Y esos ríos que son nuestras vidas ya arrastraron en su corriente toda la hojarasca y  las basurillas que generaron las festividades de Navidad y Año Nuevo. Ahora mismo, mis valedores, estrenamos el año que viene a ocupar el sitio del año anterior,  uno menos en la cuenta regresiva de nuestra vida, y qué hacer, si no vivir el tiempo que nos queda de vida. A toda sangre, a todo pulmón, a redaños y espíritu. Vive, a cada rato nos exhorta la muerte. ¡Vive!

Y ustedes, mis valedores,  ¿cómo vivieron las fiestas decembrinas? Porque para la grey católica, la inmensa mayoría de mexicanos, el rito de la Natividad de Jesús tuvo que ser, de acuerdo a la fe y las creencias de semejantes católicos,  una celebración encuadrada en el fervor de la liturgia religiosa, que de otra manera tales católicos  no habrán pasado de ser unos Tartufos que convirtieron la llegada del Cristo en la fiesta pagana de las saturnales romanas, una  ocasión a modo para beber y engullir hasta límites del desarreglo estomacal. Porque somos o no somos. Somos o sólo lo parecemos. Somos de esencia o de apariencia tan sólo, de fondo o de forma únicamente. ¿Somos? ¿Sí..?

Navidad y Año Nuevo, noches a la medida para empantanarse de alcohol y embrutecer el espíritu. Días en que se afianzó y extendió entre los jóvenes el hábito del alcoholismo, esa enfermedad de la que el paciente no está consciente o no quiere estarlo. Y es que entre nosotros cualquier celebración cívica, familiar, cultural o de índole religiosa resulta un buen pretexto para acudir al licor. El bautizo, la primera comunión, los 15 años, el día onomástico, el rapto de la novia, el casorio, el velorio, en fin, y a la lista hay que agregar la Feria Internacional del Caballo, la de San Marcos, el Cervantino, Navidad y Año Nuevo, la noche del Grito y el Día de las Madres,  la fiesta del santo patrono con su estruendo de pólvora y sus cataratas de licor. Tales fiestas se han convertido en borracheras descomunales en las que anfitriones e invitados recorren la ruta del intoxicante en todas sus variedades: whisky, pulque, tequila, mezcal, vodka, ginebra, cerveza.  ¡Y salú!

Pero al licor se empalma un achaque más, al tamaño de los pobres de espíritu: la subcultura de la superstición, de la superchería y la engañifa que en los días de crisis y en los del fin de año medra con la debilidad de esos encanijados  espíritus. Es en el principio de año y en la persistencia de la crisis recurrente cuando florece la industria de charlatanes, brujas y brujos, augures, zahoríes y el falso adivino, los embusteros del arcano y los arúspices de la irracionalidad. Es entonces cuando se vive  la época de oro de pícaros de la engañifa y el fraude que se ensañan en  cándidos e ignorantes, tan  escasos de bienes como blandos de espíritu. Salud, suerte, dinero y amor con tan sólo depositar la esperanza irracional y las escasas monedas  en el vividor, y entonces:  préndete aquí este amuleto, y cuélgate allá  el talismán, y ejecuta este ritual  y compra (¡en mi establecimiento!) la mágica vela, el aceite milagroso, la piedra imán. Con mis poderes astrales todo el zodíaco te va a ser propicio. ¡Pare de sufrir! Ah, cándidos…

Esas infinitas ganas de creer. A lo irracional, pero creer en alguien más allá de tramposos santones de la política, la economía  y la religión que los han venido defraudando sañuda y metódicamente. Delegar en brujos más confiables que los tales.. (Sigo después.)

El disfraz, la careta, la máscara

Aquí sigue el recado que envío a un cierto funcionario público de apellido Olivo, Oliva u Olivos, titular de una agónica Función Pública ahora disfrazada de instancia anticorrupción. ¡En un régimen de signo priísta!

La nota del matutino, funcionario Olivos, me trajo de golpe mis iniciales años escolares: “Admite Ebrard malas condiciones en mil 200 sanitarios de escuelas». ¿La relación con mis años de escuela? Allá voy.

Entre los tipos pintorescos que no faltan en cualquier población deambulaba en mi Jalpa Mineral un individuo de aspecto común y ocupaciones múltiples, que lo mismo mirábamos  de cargador que de mandadero y gritón al servicio del vecindario. Con su bocina de victrola:

«¡Atencióóón! ¡Se notifica que se extravió una mula propiedad de don Pantaleón Lozano! ¡Se gratificará a quien dé razón…»

En el palacio municipal habían instalado un excusado descomunal, de aquellos de caja y tabla de tres agujeros, para servicio del personal de la presidencia y la muchachada escolar. Fue ahí, licenciado Olivos, donde se originó el incidente que se encuevó  en mi mente y que no hay orden de desahucio que lo pueda desalojar. Ahora retoña por cuestión de sanitarios escolares en mal estado y el nombramiento de usted como titular de la instancia (¡priísta!) anti-corrupción.

Ocurrió que el excusado llegó a su capacidad máxima y empezó a derramarse. La presidencia convocó a diversos artesanos, pero la maniobra les pareció riesgosa y ninguno aceptó la encomienda. Pero el tiempo pasaba, pasaba la gente al lugar excusado y el problema rebasaba todos los cálculos. El hedor, ya intolerable.

Fue ahí donde el insignificante individuo  aceptó la encomienda de vaciar el depósito inmundo.  ¿Va usted captando la idea, señor licenciado encargado de la anticorrupción… ¡priísta!?

Fue cierta mañana, el sol alto, cuando los gendarmes se aparecieron con una carretilla que detuvieron a medio patio de la presidencia y se aplicaron a arrojar cubetadas de agua sobre el bulto informe depositado en la carretilla.

Asqueroso: los chorros de agua bañaban el esperpento aquel, todo de podre  hasta los pies forrado, que desparramaba un espeso hedor y al que lavaban para el funeral después de ahogado en la inmundicia.  No, si manipular excusados no es tan sencillo, señor Olivos…

Pero milagros de una férrea voluntad de sobrevivir a retretes rebosantes de lodo biológico: el individuo sobrevivió,  y al poco tiempo se fue del pueblo dejando tras sí sólo el hedor a boñiga en la presidencia donde unos atónitos payos nos cubríamos la nariz. Señor Olivo(s):

Ya lo pusieron al frente de un organismo que vagamente va a encargarse de sancionar conductas ilícitas de saqueadores que se enriquecieron en el ejercicio de su gestión como servidores públicos. ¿Está usted dispuesto a limpiar los depósitos de heces que colmó tanto saqueador que ahora deja el poder? Ahí nomás, en Tabasco, como ocurre también en Coahuila y en muchas más entidades federativas, antes de huir a su finca de  Miami Andrés Granier dejó atrás un excusado rebosante y pestífero. ¿Va usted a atreverse, señor? ¿Irá a vaciar el depósito y a cambiar a Granier de su gringa residencia a alguna celda de El Altiplano, o seguirá el oficio de alcahuete que ejercieron los titulares de la agónica Función Pública, especialmente el susodicho Salvador Vega? Claro, sí, su actuación como alcahuete de sinverguenzas lo trepó hasta el  Congreso. ¿Son esas las miras de usted?

Es cuanto, y vale. Es el PRI. Es México. (Es este país.)

¡Contra la pública corrupción!

Así que el gobierno priísta se dispone a combatir la corrupción lucrativa e impune de los servidores públicos. Nada menos que ese PRI que en sus anteriores 71 años de existencia se la pasó practicando toda suerte de corruptelas, al grado de que cada sexenio, a decir de  Emilio Portes Gil, uno de sus jerarcas, arrojó comaladas de millonarios. Y ahora el lobo con piel de etc. se nos presenta como el apóstol de la honradez y la honestidad públicas. ¿Qué dice la historia, a propósito? A las masas sociales ya nos tomaron la medida…

Hablando de ese Tricolor que se nos presenta con ropón de virtud va aquí un atento recado a un cierto licenciado o algo por el estilo acerca de cuyo nombre, profesión y filiación política los «medios» aún no se ponen de acuerdo:

Señor licenciado Julián Alfonso Olivo, Olivos u Olivas, titular de un proyecto de  dependencia gubernamental que ya desde ahora algunos nombran «Atención ciudadana» y otros «Normatividad ciudadana» o algo parecido, y que en fecha aún no determinada habrá de suplir a esa alcahueta de corruptos que fue la hoy agónica  Sec. de la Función Pública, que regentearon titulares de la alzada de Salvador Vega Casillas y Rafael Morgan Ríos.  Es México.

Señor Olivo, Olivos u Olivas, que para el caso es lo mismo:

Mi recado comienza con un episodio estrictamente familiar, pero cuya moraleja pudiese serle útil en esa encomienda gubernamental no por ambigua e imprecisa menos trascendental para la buena marcha de este país de corruptos. De contexto una referencia al edificio que fungió como recinto escolar donde cursé mis primeros estudios: la presidencia municipal, escenario del suceso de marras.

“Fue mi libro de texto un amor escolar”, rememora el poeta de la niña aquella que tenía en las manos “el aroma de un lápiz acabado de tajar”. En su añoranza se advierte un dejo de tristura por el tiempo que se fue para nunca más. Ella, ¿dónde estará? ¿Vive o muere a estas horas? Y aquel regusto a nostalgia…

El poeta habló del aroma; yo, de la fetidez, porque mi libro de texto escolar fue la pestilencia de un lugar excusado ubicado a la vera de la cárcel, que recuerdo con su reja de este grosor, miren, corazón de mezquite, lo único que tenía de corazón, y que a la entrada lo advertía en letras de molde: “Horror al crimen”. Horror…

Pero un momento, señor de los Olivos, no pensar mal. La cárcel se alzaba en un rincón del palacio municipal de mi Jalpa zacatecana  y es sólo un punto de referencia y el escenario del episodio que a usted pudiese resultar de provecho.

Saliendo de la cárcel (por dinero o por influencias), a mano izquierda se extendía un corredor atestado de mesa-bancos, donde docenas de cabeza-duras intentábamos entender quién, cómo y por qué determinó que dos y dos fueran cuatro, si es que viene a resultar que lo son. Ahí, entre sofocos de geografía y matemáticas presencié algunas veces el arribo de víctimas y asesinos, aquellas envueltas en un petate y éstos  liados con sogas, y al calabozo.

“Horror al crimen”. Conocí entonces el rostro del matón y, amarga la boca, las bocas abiertas a lo bestial con una chaveta cachicuerno en una carne ahora  ya rígida; yo, el muchachejo que araña la adolescencia con su sensibilidad a flor de espanto. Lóbrego.

¿Que a qué viene todo eso, preguntará usted, señor tal vez  licenciado y quizá  Olivo, Olivos u Olivas? Porque ya en el remate de la gestión de Marcelo Ebrard Casaubón -seguridad en su nombre, si no en su ideología política… (Esto sigue después.)

Apócrifo

Los abajo firmantes manifestamos a la opinión pública nuestra indignación por la flagrante injusticia de la mayoría perredista en la Asamblea Legislativa que creó unas leyes a modo para dejar en libertad a los protagonistas de los actos vandálicos del pasado uno de diciembre en esta ciudad capital. Inconcebible en un estado de derecho.

A estas horas disfrutan de una mal habida libertad no únicamente los 69 alborotadores a quienes de forma sospechosa abrieron las puertas del reclusorio «por falta de pruebas», sino que con las reformas de ley aprobadas por  la aplanadora del PRD, también abandonaron el reclusorio los 14 vándalos que aterrorizaron una ciudad a la que tomaron de rehén. ¿Inocentes? Nosotros los vimos en la televisión mientras arrojaban huevos contra las cámaras y agredían a los camarógrafos y reporteros de los «medios». ¡Nosotros los vimos arrojar bombas molotov contra los comercios y romper los cristales en los establecimientos comerciales! ¡Hay policías lesionados, hay víctimas con heridas, contusiones y quemaduras a resultas de acciones vandálicas de esos sujetos que se hicieron acreedores hasta a 30 y 40 años de prisión y que hoy, ya en libertad, tal vez se alistan para cometer sus próximos actos vandálicos.

¿Y si los tales resultaron ser inocentes, dónde están los vándalos que todos vimos en la televisión cometiendo actos de vandalismo en esta ciudad?

No es posible. ¡Esto no puede ser posible en un estado de derecho como es el nuestro! Por este medio alzamos nuestra voz y al unísono protestamos ante semejante atentado contra la recta administración de la Justicia en la que de instrumentos de la ilegalidad advertimos la mano de un Miguel Angel Mancera al que vemos cambiado desde que era candidato hasta lo que es el día de hoy. Malos tiempos se avizoran para los capitalinos.

Advertimos también la intromisión del mesías tropical y sus huestes delirantes, que se disponen a irrumpir en el panorama político con su grupo de violentos al que han enjaretado el alias de «Morena«. Nosotros, en la medida de nuestras fuerzas, nos encargaremos de obstaculizar las acciones violentas de López Obrador y su fuerza de choque encuadrada en una «Morena» que pretende alcanzar el status de partido político.

Por este medio hoy  nos unimos a la gallarda protesta de esa pléyade de verdaderos periodistas que desde la industria del periodismo han utilizado cámaras de televisión y micrófonos de la radio para día con día, desde el primer noticiario hasta el que cierra la transmisión, censurar en todos los tonos esa artera  maniobra de los asambleístas amarillos que así torcieron la ley y la violentaron para que una cáfila de vándalos eludiera la acción de la Justicia.  Una y otra vez, ávidos de Justicia, los comentaristas de los «medios» protestan de forma enérgica, visceral y reiterativa, por la burla de que hemos sido víctimas los mexicanos. ¡Cuánto nos estimulan los vehementes clamores  de Justicia de esos señores comentaristas!

A tales comentaristas de los «medios»: damos gracias a ustedes, voceros de nuestra indignación porque se tuerce la ley y no se aplica la Justicia. Gracias a ustedes, que a base de opiniones exaltadas y viscerales exigen cada día que los  jóvenes «anarquistas» sean encerrados en una celda del reclusorio durante 30 años.  ¡Aplicar la ley, caiga quien caiga, o nuestro estado de derecho es una mera ficción! Vale.

Familias Salinas, Montiel, Fox, Gordillo, Bribiesca, Sahagún, Romero Deschamps, Calderón. (Siguen firmas. Muchísimas. México.)

¿Voto minoritario?

Lo que se esperaba, mis valedores, lo que se temía se ha consumado. Enrique Peña gobierna el país y se espera y se teme que lo gobierne hasta el 2018. Como ocurre en algunas versiones de la democracia liberal, las mayorías se impusieron, y las minorías no tienen más recurso que resignarse. ¿O qué, resistencia civil?

Pero a ver, un momento: ¿fue la mayoría de votos la que lleva a  Peña Nieto al poder? Los 15 millones de papeletas del triunfador rebasan las que cosecharon Vázquez Mota y López Obrador? Por cuanto al voto duro, el voto cautivo, el voto corporativo que llevó al priísta a Los Pinos, ese fue el de campesinos,  obreros y organizaciones populares, que es decir el de los mexicanos menos favorecidos por la economía y la educación. Este es el sufragio corporativo, base y estructura de todo sistema fascista como los que florecieron en la Europa de entreguerras, de 1918 a 1939. También regresa el Tricolor al gobierno gracias al voto inducido desde los medios de condicionamiento de masas. Mis valedores:

Peña es el presidente del país. El PRI del autoritarismo y la corrupción delirante retorna a Los Pinos. Hoy todos los medios impresos y electrónicos se empalagan en loas a «nuestra democracia».  ¿Que resta a unas minorías que,  bien contado su número, resultan ser mayorías? ¿Acaso la propuesta de López Obrador, candidato perdidoso por segunda vez, que como respuesta al dictamen del TRIFE, Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, propone la desobediencia civil? Pero lo advierte la teoría política: ninguna estrategia como la del boicot, la movilización de masas o la desobediencia civil rebasarán el nivel de lo espontáneo  (efímero) si no tienen como cimientos la fuerza de unas masas organizadas a la manera de los comités autogestionarios en donde cabe como forma de lucha la desobediencia civil. ¿Pero en qué consiste semejante estrategia?

Desobediencia civil. Antecedente remoto se ubica en el mito de Antígona, hija de Edipo, al que sirvió de guía cuando él se arrancó los ojos, y que más tarde ejerció la piedad con su hermano Polinice hasta el grado extremo de perder la vida.

Antígona, trágico personaje de la mitología griega, es la protagonista de una de ocho tragedias que sobrevienen de las tantas que escribió Sófocles. Ahí, el rey Creón publica un edicto prohibiendo que se sepulte a Polinice, muerto en el ataque a la ciudad de Tebas. La desobediencia será castigada con la vida. El desobediente será sepultado vivo.

Antes de dar sepultura a su hermano, ante el tirano expone sus argumentos: ante una ley injusta que va en contra de la justicia y a favor de la innoble venganza imperan las leyes eternas que establecen los dioses para impartir verdadera justicia. «Serás sepultada viva», determina Creón. «Cumple con tu deber. Yo he de cumplir con el mío», le responde Antígona.

La hija de Edipo no había sido educada, como los héroes,  para las hazañas heroicas. Antígona cumplió un deber de conciencia. Ejerció la desobediencia civil,  y eso la eleva por sobre todos los héroes.

¿En qué consiste esta forma de lucha contra un injusto  Sistema de poder? De entre las muchas definiciones: «Desobediencia civil: cualquier acto o proceso de oposición pública a una ley o una política adoptada por un gobierno establecido, cuando se tiene conciencia de que sus actos son ilegales o de discutible legalidad, y es llevada a cabo y mantenida para conseguir unos fines sociales concretos». Sin más.

«Democracia»,   resistencia civil, México.  (Vale.)

¿Brujo mayor, bruja blanca?

El ignorante vive en un mundo supersticioso, poblándolo de absurdos y temores y de vanas esperanzas. Es crédulo como el salvaje y el niño.

Y esas supersticiones, pústulas purulentosas, revientan en todo tiempo y lugar, pero es en estos días de fin de año cuando sueltan toda su virulencia Es hoy cuando el vividor, el embelecador y toda suerte de charlatanes, se dan a medrar con la ignorancia la credulidad y la irracionalidad de esos pobres de espíritu que, en un intento de reforzar su desfalleciente sentido de la vida y una vez que les ha fallado la fe en su Dios, en los políticos y sobre todo en sí mismos, depositan toda la carga de su irracional esperanza en el licor, en la droga o en Saturno y Plutón. Y vengan sobre los lomos del crédulo el ensalmo y la limpia, el sortilegio y el talismán, y a echarle dinero bueno al malo, y a cebar los ahorros de los picaros de la engañifa y la estafa.

Desde la fe,  semanario católico: “La astrología, creencia antigua planteada en nuestros días como ciencia, es pura charlatanería Si fuera científica, si fuera cierta, si fuera ciencia arrojaría predicciones con cierto grado de precisión, como las ciencias naturales, para un mismo signo en un mismo día vemos que no es así”.

Simón Bolívar: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción. Los ignorantes adoptan como realidades lo que son puras ilusiones”. Y La Biblia: “No os volváis a los encantadores y a los adivinos: no los consultéis ensuciándocon ellos (…) No serás practicante de adivinaciones, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni fraguador de encantamientos, ni quien pregunte a pitón ni mágico, ni quien pregunte a los muertos. Es abominación a Jehová cualquiera que hace estas cosas».

Desde la Fe: “El pretender conocer el futuro mediante el horóscopo lo único que se consigue es poner la vida en manos de simples suposiciones”. Y esta verdad, para que la mediten esos “religiosos” practicantes de una fe meramente milagrera: “Ni siquiera Dios quebranta la libertad, mucho menos lo pueden hacer un planeta o una estrella».

Una que en la radio comercial se enjaretó el alias de  “bruja blanca”:  La Luna entró en su signo a las 22 horas y eso ha exaltado tu tenacidad en el terreno profesional. (Bueno…)

¿Una ciencia astrología? El científico: “Según ella el sol, la luna, las estrellas y los planetas, pueden influir en lo que sucede en la tierra, pero las propiedades zodiacales de las diversas constelaciones son pura imaginación. Los astrólogos primitivos no sabían nada de Urano, Neptuno o Plutón, que fueron descubiertos cuando se inventó el telescopio. Entonces, ¿cómo se trató de sus influencias en las tablas astrológicas trazadas siglos antes? Además. ¿por qué debería ser buena o mala influencia de planetas, cuando la ciencia sabe ahora que los planetas son acumulaciones de rocas o gases inanimados en viaje por el espacio?  ¿Por qué debería ser buena o mala la influencia de planetas, cuando la ciencia sabe ahora que todos son básicamente acumulaciones de rocas o de gases inanimados en viaje por el espacio?”

La astrología y el científico: El tiempo del viaje del Sol entre la constelaciones como hoy lo ve un observador en la Tierra está atrasado por más de un mes de lo que era hace dos mil años, cuando se trazaron las tablas astrológicas. La astrología no tiene, no puede tener base racional ni científica.

La ciencia. ¿Con semejante ignorancia qué tiene que ver la ciencia? (¿Qué?)

Los muladares de la superstición

El ignorante vive en un mundo supersticioso, poblándolo de absurdos y temores y de vanas esperanzas. Es crédulo es como el salvaje y el niño.

Y esas supersticiones, pústulas purulentosas, revientan en todo tiempo y lugar, pero es en estos días de principios de año cuando sueltan toda su virulencia Es ahora cuando el vividor, el embelecador y toda suerte de charlatanes se dan a medrar con la ignorancia, la credulidad y la irracionalidad de esos pobres de espíritu que en el  intento de reforzar su desfalleciente sentido de la vida y una vez que les ha fallado la fe en su Dios, en los políticos y sobre todo en sí mismos, depositan toda la carga de su irracional esperanza en el licor, la droga, Saturno y Plutón. Y vengan sobre los lomos del crédulo el ensalmo y la limpia, el sortilegio y el talismán, y a echarle dinero bueno al malo, y a cebar los ahorros de los picaros de la engañifa y la estafa.

El hombre no necesita, para avanzar, las muletas de ninguna superstición. Las supersticiones nos hacen retroceder en razón inversa a nuestra capacidad de vivir. En razón directa a nuestra propia mediocridad. Todo progreso moral es el triunfo de una verdad sobre una superstición.

Las fuerzas morales emancipan al humano de ese yugo nefasto. El varón de ideales concilia sus sentimientos con su razón a tenor del aforismo clásico: no hay religión más elevada que la verdad.  Y que todo progreso moral presupone el triunfo de la verdad sobre la superstición. Y la síntesis de eso horroroso que ocurre en los muladares del pensamiento mágico: la ignorancia, el dogma, el prejuicio, la debilidad. Año nuevo, vieja superstición. Lástima.

Es así, por “arte de magia”, como en un terreno abonado por la ignorancia retoña una vez más y florece y echa vaina la industria del fraude que perpetran brujas y brujos, zahoríes y augures, hechiceros y ensalmadores, el falso adivino y los embusteros del arcano, los arúspices de la irracionalidad y toda la cáfila de charlatanes de la falsa esperanza. El arranque del año es la edad de oro de pícaros buscavidas peritos del fraude y de la engañifa, cuyas víctimas se encuentran entre los cándidos, los ignorantes y los analfabetos funcionales, y aún más doloroso: entre los débiles, los angustiados y los desprotegidos, tan pobres de espíritu como de bienes terrenales. Y rápido, a comprar  zarandajas “mágicas…”

Hoy les propongo, mis valedores, que hablemos de brujos, santones y merolicos; de pícaros, de videntes, de vividores que medran con la neurosis de los angustiados. Hablemos esta vez del pensamiento mágico, ese universo de embuste,  fantasmagoría y esperanza irracional en que se refugian los pobres de espíritu cuyo carácter encanijado se deja vencer por una realidad objetiva que los rebasa en el áspero oficio del diario vivir una vida dificultosa.  Hablemos de los embelecos del pensamiento mágico que florecen en estos días iniciales del año, cuando en algunos aflora lo que guardamos de crédulos e inseguros, que nos  fuerza a refugiarnos en lo pretendidamente sobrenatural. El pasado oprime a los débiles y los ata a dogmas que otros forjaron; los muertos se imponen a mortecinos en razón inversa a nuestra capacidad de vivir. El pensamiento mágico.

No, y los fementidos horóscopos. De Acuario afirma en la radio una tal “bruja blanca”, negociante de basura “mágica”:

Católicos y charlatanes

Las supersticiones perpetúan el odio y la injusticia. Son residuos fósiles de creencias ya extinguidas; del remoto pasado, inmenso sepulcro, se levantan sus fantasmas para cruzar el paso a los que investigan la verdad. Son males que en el porvenir no tendrán remedio si es irreparable la mentira que esclaviza a los hombres y la ignorancia que los domestica.  (J. Ingenieros.)

La industria de la superstición, mis valedores, esa plaga recurrente,  grotesca superchería que vive su época de oro a principios de cada año, tiempos en que florece y echa su fruto mostrenco. ¿Los logreros? Los de cada día y  cada año: brujas blancas, brujos “mayores” y el engaño de los «mensajes estrelleros».. ¿Sus víctimas? Los pobres de siempre, sobre todo de espíritu, que se niegan a crecer, a madurar y, criaturas irremediables, andan en busca de la teta materna. Son esos crédulos que,  impotentes para enfrentar por sí mismos los coletazos del áspero oficio del diario vivir, buscan la protección de la “limpia”, el tarot y demás zarandajas (amuleto, talismán) de las que medran los charlatanes.

Pero lo que más admira es que  las víctimas voluntarias de las «brujas blancas» se asuman católicos. Cómo admitir que quienes tengan como guía las enseñanzas bíblicas puedan creer en semejantes supercherías. ¿No, acaso, se los prohíbe la Biblia, y el Papa y los cardenales? ¿Qué clase de catolicismo es el ésos que así recurren a aberraciones tales como el ensalmo y los amuletos de brujos, videntes y demás charlatanes? La religiosidad del católico: ¿creer en su Dios, confiar en él o en Venus cuando anda en la cuarta casa de Júpiter y demás embustes? ¿Qué dice, al respecto, la Biblia? Leo, en el Levítico (si el católico quisiera entender):

“No os volváis a los encantadores y adivinos: no los consultéis ensuciándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios”.  en Crónicas, el caso del crédulo, ignorante rey de los descendientes de Abrahám:

“De 12 años era Manasés cuando comenzó a reinar, y 55 años reinó en Jerusalén. Mas hizo lo malo en ojos de Jehová, conforme a las abominaciones de las gentes que había echado Jehová delante de los hijos de Israel. Porque Manasés (…) adoró a todo el ejército de los cielos, y a él sirvió (…) Y miraba en los tiempos, miraba en agueros, era dado a adivinaciones, y consultaba pithones,  Consultaba y encantadores, y subió de punto en hacer lo malo en ojos de Jehová para irritarle”. (Si el católico entendiera los conceptos vertidos en el semanario Desde la fe, vocero oficial del Episcopado Mexicano:

«El acudir a prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo, aunque sea para procurarle su salud, además de ser gravemente contrarias a la virtud de la fe, son un fraude».

Un fraude, delito en el que caen esos charlatanes que como las «brujas blancas» desde la radio, la televisión y los medios impresos inducen al de carácter endeble y temple de jericalla a creer en los astros, someterse a “limpias” y, por salir del bache económico hundirse más al echarle dinero bueno al malo. En el Código penal: «Fraudes». En su artículo 386: “Comete el delito de fraude el que engañando a uno o aprovechándose del error en que éste se halla se hace ilícitamente de alguna cosa o alcanza un lucro indebido”.

Y que ese delito se castigará  con penas que van de la multa en metálico a los días, meses o años de prisión. (Sigo mañana.)

¿Atenco ya se olvidó?

(Lo dije hace meses y por obvias razones hoy lo reitero. La factura de Atenco sigue aún sin cobrar.)

Estoy mirando las fotos, y el espeluzno: cabezas resquebrajadas, rostros amoratados, bocas que chorrean sangre, manos y bocas a la defensiva. Golpes, maltratos, manoseos nauseabundos a la intimidad de algunas mujeres, extranjeras varias de ellas, a manos, a dedos, a hormonas encabritadas de los policías de un mediocre Peña puntero en la carrera presidencial. Miro este cuerpo tronchado y ese que, macerado a leñazos de tolete y culata de rifle, cae de rodillas, codos y frente contra el asfalto. A ese otro  cuatro de uniforme derriban a garrotazos, y a aquel otro  llevan a rastras. Hago a un lado las fotos y me pongo a pensar: cuánto hacía que  hasta antes del Verbo Encarnado y su cementerio particular (el territorio patrio) las primeras planas no se habían empapado hasta grado tal. Sangre de humano.  Atenco.

Todo se inició un día de tianguis en Texcoco los días 3 y 4 de mayo del 2006. La venta de flores por parte de algunos comerciantes de San Salvador Atenco derivó en una guerra florida de fulgurantes rencores, violencia aberrante y sangre desparramada. Resecos yerbajos en aquella pradera, una chispa bastó, y unas flores, para convertir Atenco en hornaza que estalló entre unos machetes enardecidos y unos sicópatas disfrazados con uniforme policíaco al mando de un lobo con piel de humanista y antifaz de demócrata. Dígalo, si no, la respuesta que esa mala copia de Díaz Ordaz dio hace algunas semanas a los requerimientos de 132 estudiantes universitarios:

– ¡Para eso tiene el Estado el monopolio de la fuerza legal, para ejercerla cuando las circunstancias lo ameritan!

Una violencia legal como la que perpetró en Atenco  su horda de sádicos disfrazados de cuerpo represivo. El ejecutor intelectual de un asesinato y un delirio de sangraduras encabeza las preferencias en la carrera presidencial. Tal es el poder de las «fuerzas vivas» del país; tal es la desmemoria de las masas sociales. (Mañana ese Peña  se encueva en Los Pinos. Es México.)

Y los resultados de una violencia que el Díaz Ordaz de masquiña provocó en Atenco: los enjuiciados no fueron los de uniforme, no fue el autor intelectual; fue un Ignacio del Valle, dirigente del Frente del Pueblos en defensa de la Tierra, condenado con varios de sus compañeros, libres el día de hoy, a más de un siglo de prisión. Fue  una América del Valle tiempo después refugiada en la sede de alguna embajada. Aberrante.

Tal es la justicia en México. Tal  es el violador los derechos elementales de los habitantes de aquel caserío. Tal es la desmemoria de las masas sociales, que a la manipulación aplastante  de Televisa lo mantienen como posible sucesor del Verbo Encarnado. «Para eso tiene el Estado la violencia legal».

Pero ante la pasividad y la indiferencia de quienes se disponen a votar: América del Valle sentenció a los agresores, comenzando con el de la «violencia legal».  América del Valle:

– ¡Que esos perros  se cuiden las espaldas, porque mañana, porque  hoy mismo, el muerto será uno de su lado. El pueblo de Atenco tiene licencia para machetear a cualquier militar, policía o granadero!

Atenco,  mayo del 2006. El autor intelectual de la masacre va a embrocarse mañana la banda presidencial. Paisanos, tengan presente, no se les vaya a olvidar. El 1o. de julio se les olvidó. ¿En el retorno del PRI-Gobierno lo tendrán presente?   Es Atenco, es Peña, es el pobre de espíritu que votó  por él.  (Es México.)