Descendí a los infiernos

Los festejos regionales. Hace unos días fui invitado a  descubrir la placa con el nombre y los dos apellidos de un connotado político en una calle de un caserío cuya ubicación no registro con fidelidad. Los organizadores me treparon a un vehiculo, me plantaron en el cuarto de una posada y hasta mañana, a la festividad. ¿Sería en las goteras de esta ciudad o en la entrada de una población aledaña? ¿En el Edo. de México, posiblemente? En fin, que la ceremonia resultó trepidante con la alharaca de toda la población.  En la tarde se agasajaron con carnitas y barbacoa (yo no), y por la noche bebieron licor (yo menos) y prendieron fuegos artificiales. Sólo la santa Iglesia se abstuvo de participar y permaneció con sus campanas mudas, como atufadas. Ni rezos ni agua bendita, lástima.

Mientras en el jolgorio y la jácara de los aldeanos yo descorría la cortinilla que dejó al descubierto nombre y apellidos en un bronce recién pulido, pensé: que al festejado no vaya a atacarlo el síndrome Colosio, un personaje tan gris como turbio a la hora de las comaladas de millonarios de que habló Portes Gil. Como la exaltación inmerecida del sonorense, los ejemplos abundan de la gloria efímera que han conocido algunos que dieron su nombre a calles, auditorios, dispensarios y plazas públicas, para después retirárselos para nunca más. En el Estado de México, sin ir muy lejos.

¿Recuerdan ustedes a Arturo Montiel cuando tenía de pareja a una Maude, francesa? ¿Recuerdan que en su sexenio Montiel colocó su nombre y el de toda su Maude a calles, auditorios, hospitales y demás? Ni Colosio ni Maude, mucho menos Montiel, merecen tal desmesura ni semejante  culto a la personalidad. Y a propósito, mis valedores:

¿Qué resta del nombre de Arturo Montiel? ¿Qué de toda su reverenda  Maude? ¿Y qué de la muy honorable familia Salinas, desde Raúl el viejo hasta el exconvicto Raúl? En mayo de 1999 el Congreso retiró el reconocimiento de hijo predilecto de Nuevo León al expresidente Salinas, que había sido concedido por el gobierno estatal priísta en 1994. Patético.

Dic. del 2002. “Diez empresas (TV 4, Sabritas, Pepsi, Bimbo, etc.) impondrán su sello corporativo en la placa de identificación de miles de calles, por un convenio que suscribieron con la Sec. de Desarrollo Urbano y Vivienda, Laura Itzel Castillo de titular. Sobre las críticas perredistas a los anuncios el delegado de la Miguel Hidalgo, el panista Arne aus den Ruthen Haag, ironiza: Provienen del pudor socialista”

Agosto de 1991. Una calle de la Colonia Guerrero llevará el nombre de Daniela Romo, popular e internacional cantaautora, que dice: “Creo que no lo merezco, porque yo lo único que he hecho es dar lo mejor de mí cuando canto: Todo, todo, todo”.

Mayo de 2002. En la delegación Gustavo A. Madero existe una colonia que ostenta el nombre de ¡Verónica Castro!

Cancún, 1992. Centenares de habitantes del municipio Felipe Carrillo Puerto realizaron una marcha-plantón para protestar por el cambio de nombre que las autoridades pretenden realizar a esa cabecera municipal y denominarla Chan Santa Cruz.

Y así los Echeverría, Salinas, Bribiesca Sahagún, su segundo marido y los hijos de toda su reverenda Marta. ¿Qué caparazón de armadillo los amuralla, que han logrado sobrevivir a la vergüenza, las befas y las maldiciones, y en la más abyecta impunidad devoran las buscas que lograron agenciarse en su paso depredador por los dineros de todos nosotros, que deberían haber servido para el beneficio de nosotros todos?

(Viene mañana el final.)

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