Ratones y flautas

La flauta de Hamelín, mis valedores, ¿recuerda alguno la antañona leyenda?   ¿La desconoce alguno? La síntesis del legendario incidente ubicado en el siglo XIII alemán:

La ciudad de Hamelín fue sacudida por una plaga de ratas, y no atinaban los lugareños en la manera de exterminar los roedores. De repente aparece un desconocido que ofreció  la solución del mortificante problema; mediante el pago correspondiente libraría de los bichos a la ciudad.  Los aldeanos se comprometieron al pago, y fue entonces: el fuereño tomó su flauta y comenzó a sacarle unos sones extraños, misteriosos, a cuyo sonido todas las ratas salieron de sus escondrijos y como hipnotizadas se fueron detrás del son. Ya congregada la nata de roedores en derredor del flautista, éste se dirigió hasta el río cercano, y la solución: todas las ratas   perecieron ahogadas. El  misterioso flautista reclamó su recompensa, pero los payos se negaron a pagarle. Ofendido, desapareció de Hamelín.

Tiempo después, la venganza: mientras los lugareños, en el templo, se dedicaban a sus devociones, el personaje de la flauta volvió a tañer su instrumento, pero esta vez  frente a los niños de Hamelín que, hipnotizados, a los mágicos arpegios avanzaron hasta el río. Luto general. Llanto y rechinar de dientes.  Ya cumplida su venganza, del flautista nunca volvió a conocerse su pardero. En la tertulia de anoche, y sobre la alienación que produjo el flautista,  el maestro:

– Algo está alienado cuando su existencia no corresponde a su esencia, cuando está fuera de sí.

Y en ese estado, fuera de sí,  detrás de la flauta de Hamelín que en nombre del Poder (son el Poder) tañen los medios de condicionamiento de masas, como sonámbulos avanzan  unos pobres de espíritu cuyo ánimo pendulea  entre la desilusión por el que se fue y la desalada esperanza por el recién llegado a Los Pinos, y entre la esperanza que generan casillas y votos, y la desilusión y sombría pesadumbre  que les provoca un tal Chepo Hamelín  de la Torre porque al  mal manejo de su flauta ante una plaga de roedores del clásico pasecito a la red “nos hizo perder hasta con unos amateurs de Panamá”.  Mis valedores:

No voy a tratar ante ustedes un tema que me repugna, como es ese del héroe por delegación que sentado  a dos nalgas mueve el esférico, gambetea, se perfila y tira a gol, pero la suerte en contra o el árbitro… Todo con el par de nalgas aplastándose  en el estadio o frente a la pantalla de plasma. No, que en breve habré de referirme a la mansedumbre, la dependencia y la inercia de ese desdichado que así se va tras la flauta del Poder Aquí, en torno a la manipulación colectiva de los flautistas del Hamelín futbolero:

“Tienden los comentaristas a acentuar el carácter estético del juego; se habla del estilo de los jugadores del mismo modo que se puede hablar de una obra pictórica. Pero no debemos extrañamos: se trata de crear una pseudo-cultura basada en valores irrisorios para uso de las masas a las que no se les permite tener acceso a la cultura. Se simula un serio estudio de algo de lo que no hay nada que aprender o comentar más allá de algunas elementales reglas de juego”.

Futbol. “Como espectáculo para las masas sólo aparece cuando una población ha sido ejercitada, regimentada y deprimida a tal punto que necesita al menos una participación por delegación en las proezas donde se requiere fuerza, habilidad y destreza, a fin de que no decaiga por completo su desfalleciente sentido de la vida”.

¡Y goool! Ah de las masas. (Sigo después.)

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