¿Santo, ese verdugo?

“Ha llegado el momento de reconocer los signos de los tiempos, de tomar la oportunidad y de mirar lejos. Frente a los países subdesarrollados la iglesia es, y quiere ser, la iglesia de todos y en particular la iglesia de los pobres”.

Hermosos conceptos que en 1962 expresara el humano pontífice  Juan XXIII,  tan cercano a las enseñanzas del Cristo. Pues sí, pero pésimo para la cristiandad: más tarde iba a llegar Juan Pablo II, socio de Reagan en la Guerra de las Galaxias, que procedió de inmediato a asesinar la Teología de la Liberación, esa que de divisa proclama que “El amor preferencial por los pobres es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio la tradición de la Iglesia”.

Teología de la Liberación: “La Iglesia que vive en un continente marcado por la pobreza y la muerte temprana e injusta de tantos recogía la perspectiva del papa Juan y pedía en un hermoso texto de Medellín que se presente cada vez más nítido en Iberoamérica el rostro de una Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual, desligada de todo poder temporal y audazmente comprometida en la liberación de todo el hombre y de todos los hombres”. La Iglesia de los pobres, la llamó  Juan…

El Sínodo de 1985: “Después del Concilio Vaticano II, la Iglesia es más consiente de su misión al servicio de los pobres, los oprimidos y marginados. Brilla en esa misión el verdadero espíritu del Evangelio. Jesucristo declaró bienaventurados a los pobres, y él mismo quiso ser pobre por nosotros”.

Juan XXIII, benemérito: “Hoy más que nunca, ciertamente más que en los siglos pasados, estamos llamados a servir al hombre en cuanto tal y no sólo a los católicos: en relación a los derechos de la persona humana y no solamente a los de la Iglesia católica. No es el Evangelio el que cambia: somos nosotros los que comenzamos a comprenderlo mejor”.

Y los peligros de tomar partido por los pobres en los países al sur del Bravo: una semana antes de que lo asesinaran, don Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador:

“¡No nos callen a través de la violencia; no continúen matando a los que estamos tratando de conseguir (desde la Iglesia) que haya una distribución justa del poder y las riquezas de nuestro país. Hablo en primera persona porque esta semana recibí un aviso de que estoy en la lista de los que serán eliminados la semana que viene. Pero que quede constancia de que la voz de la justicia nadie la puede matar ya…”

Iglesia de los pobres. Cientos de católicos se reúnen en la Catedralde su ciudad y pregonan qué Iglesia desean:

“Queremos reunirnos en familia obreros, estudiantes y profesionistas, impulsados por la verdad del Evangelio. Queremos volver a ser una Iglesia del pueblo, como en el Evangelio, viviendo su pobreza, su sencillez y sus luchas. Por eso decimos:

 No a una Iglesia de estructuras de compromiso político – Sí a una Iglesia libre, servidora de los hombres – No a una Iglesia comprometida con el Poder y la riqueza – Sí a una Iglesia que por su fe en Jesucristo y en el Hombre se arriesgue a ser pobre – No a una Iglesia que tiene miedo de afrontar la Historia – Sí a una Iglesia valiente, que se compromete en la lucha por la auténtica liberación del pueblo.

Renunciamos a una Iglesia que hace alianzas con los poderes públicos, divorciada del Amor, la Justicia y la Paz que predica. Buscamos esa fe activa que enlace al hombre con su mundo y se realice en él.

En eso, mis valedores, que llega quien llegó dizque a santo. (Dios.)

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