¡Excrementos!

A Los viajes de Gulliver, novela de Swift,  me referí  ayer aquí mismo, y concretamente a la academia de Lagado, capital de Laputa, y los audaces experimentos que en el reputado centro de experimentación realizan los científicos. El final de la historia:

Los anfitriones llevaron a Gulliver a visitar la academia, cuyos sabios le mostraron unos experimentos que los habrían de llevar a revolucionar las técnicas hasta hoy aplicadas al arte y la ciencia. Y lo que en materia de estudio científico encontró el visitante. Mírenlo ahí, frente a los sabios que laboran en audaces experimentos que habrán de asombrar al mundo. Ahora el equipo de arquitectos le mostraba los avances logrados en las técnicas de construcción de casas y edificios “con los que el Padre Patricio habrá de concretar su ambicioso programa de vivienda popular. Nuestra técnica revolucionaria consiste en comenzar la edificación por los techos e ir descendiendo hasta los cimientos. Con ello sólo tomamos el ejemplo de  la abeja y la araña».

Conoció Gulliver a la artista ciega de nacimiento que tenía a su cargo el arte pictórico, y trabajaba con aprendices ciegos también, artistas plásticos a quienes enseñaba a mezclar pinturas de todos colores y pintar lienzos con los que dotaban a Laputa de una muy apreciada obra pictórica.

– Nuestra artista enseña a los aprendices a mezclar colores por el tacto y el  olor. Es un genio pictórico que goza de un bien ganado prestigio entre todos  los hijos de Laputa.

Condujeron a Gulliver al  aula siguiente, y entonces, de súbito: “¡Un tremendo hedor me detuvo! ¡Excrementos! Mi guía me aconsejó que no ofendiese al sabio mostrando mi repugnancia. Mucho cuidado con taparme la nariz. La  cara  del sabio tenía un pálido color amarillo; sus manos y ropas estaban embadurnadas de inmundicia. Al verme diome un estrecho abrazo. Contuve la respiración. ¿Su tarea? Intentar convertir los excrementos humanos en alimento para Laputa. El sabio lograría su propósito separando las varias partes de los desechos humanos, eliminando el olor que les da la bilis, disolviendo lo no aprovechable y quitando la mucosidad”.

Con este logro científico ya no habrá hambre en Laputa.

Pero aquí la dificultad: «¿Quién proveerá a los científicos de la gigantesca acumulación de excrementos que se habrán de necesitar?»

– Una buena parte será aportada por los chuchos.

– Ah, excremento de perro.

– De los chuchos de Nueva Izquierda. De Ortega y Zambrano, principalmente.

– ¿Ellos solos? Empresa imposible.

– Pero además contamos con las heces de toda la burocracia política y las de la gran masa social de Laputa. No obstante, cuando manifestamos al Benefactor que nos seguiría faltando la indispensable materia prima para concretar nuestro experimento, el Padre Patricio se las ingenió para generar la cantidad suficiente de materia prima para elaborar los alimentos con que piensa satisfacer el hambre de los habitantes del país.

No comprendió Gulliver cómo sería posible producir tantas heces.

– Es la fortuna de ser gobernados por un verdadero estadista.  ¿Sabía que el Benefactor afina los trámites para llenar de excrementos Laputa?

– Insignificante, su cotidiana aportación.

– Pues sí, pero  nuestro Visionario ya se dispone, con el auxilio de  un Cordero, una runfla de chuchos y la apatía de los hijos de…este país, a convertir en excremento toda la industria de Pemex, ¿se imagina? ¿Qué le parece el proyecto de nuestro Benefactor?

Gulliver agachó la cabeza, y entre dientes decía: todo esto es México. (Nuestro  país.)

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