Reforma energética, estallido inminente

¡El sindicato petrolero es el más honesto del país! ¡No es un sindicato blanco! ¡Es revolucionario, y los ataques provienen de los enemigos de la Revolución! (En 1987 Miguel Osorio Marbán, priísta.)

Y a fin de cuentas, ¿cuál fue la causa de la explosión? ¿Fuga de gas o atentado? ¿Vamos a creerle a los investigadores de la UNAM, a los de la Autónoma Metropolitana o a ninguno de los tales? ¿Algo ha declarado al respecto Carlos Romero Deschamps, dirigente formal del sindicato petrolero? Por asuntos de salud mental, mis valedores, ¿no nos sería más de provecho detener aquí el natural impulso especulativo para no ir a trastabillar dentro de ese resbaladizo, pantanoso terreno de  los supuestos y las hipótesis sin conocimientos ni bases de ninguna especie que nos pudiesen llevar a la verdad? Por qué no dejar atrás el accidente del antepasado jueves, 31 de enero, y prepararnos para una explosión en verdad escandalosa que está por estallar, y cuyo explosivo exhibe la etiqueta de esa inminente “Reforma energética” que huele a gas explosivo, gas venenoso para todo el país. A propósito:

|        Tuvo razón el poeta al afirmar que fue el Diablo quien escrituró a nuestro país los veneros del energético. Tuvo razón porque la paraestatal es abastecedora no sólo de crudo y de más de un billón de pesos por concepto de impuestos que apuntalan el presupuesto de la administración pública, sino también de intereses políticos y económicos, confrontaciones “ideológicas” entre nacionalistas a ultranza y entreguistas proyankis, una corrupción demencial y desbozalados saqueos y depredaciones de aquí y del exterior. Trágico.

Pero esta situación de crisis y rebatiña no es de hoy ni de gobiernos de estos o aquellos colores. No nacían como aliados contra natura  PRI y PAN  ni esa “nueva izquierda” de unos chuchos colaboracionistas encargados de la obra negra y el trabajo sucio, cuando ya se criticaba la  acción de las compañías extranjeras y nacionales que se aprovechaban de petróleo y gas.

La historia del energético, desde la expropiación hasta el día de hoy, sintetiza la del propio país: sus luchas, tropiezos, acechanzas del vecino imperial, logros pequeños y fracasos grandísimos, con todo y la corrupción desbozalada e impune de su “sindicato” (organismo corporativo de control de obreros),  manejado directa o sesgadamente por toda una galería de hampones de todo mayor, desde Joaquín Hernández Galicia (La Quina) y Rogelio Montemayor, hasta Ricardo Aldana y el polémico, cuestionable y cuestionado Carlos  Romero Deschamps, todos ellos peritos  en el saqueo, la depredación y el bandidaje desbozalado. Aquí unos botoncillos de muestra que arrancan con el testimonio de Julián Amado Saade Atille, superintendente  general  del Complejo Petroquímico de Poza Rica (el primero que se fundó en el país), citado en el semanario de 1978 por Isabel Morales:

“A 40 años de su nacionalización, a la industria petrolera mexicana la mantienen a flote los técnicos responsables, mientras algunos dirigentes sindicales y políticos persisten en hundirla”.

El petrolero nombra la prehistoria de la corrupción en PEMEX: Jaime J. Merino y Pedro Vivanco, dos caciques corruptos de la década de los cincuentas, y a contratistas que tiempo después se aprovecharon de la corrupción: Jorge Díaz Serrano y políticos priístas, dirigentes sindicales y compañías transnacionales. “México es tan rico en energético como la cantidad de sus pillos. (La historia de PEMEX y sus hampones sigue después.)

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