Macarena y Pancho Rojas

De repente, en plena tertulia, el escándalo. Las dos rijosas irrumpen por esa puerta, una llevando a la otra a remolque. La tía Conchis, jadeante:

– ¡Resuelto el misterio de la ropa perdida! ¡Vacía tu bolsón, Macarena!

La aludida, trabajadora doméstica de La Maconda (Sra. viuda de Vélez), intentaba zafarse, huir, escapar por la puerta falsa; no la del suicidio, sino la de servicio. “¡Vacíalo!”

– Nomás porque una es pobre la tratan de humillar, y tampoco.

– ¡Tu bolsón, Macarena, vacíalo aquí delante de todos!

Y ahí fue, mis valedores. Al unísono eran interrogados aquí La Maconda sobre el robo de ropa y allá Pancho Rojas sobre la compra de votos, y los dos inculpados  recurrieron a la tramposa maniobra de la «desubicación». Oí a la inculpada y al legislador:

– ¡Aunque pobre doméstica tengo mis derechos humanos!

– ¡Los priístas somos los principales interesados en que se aclare esta situación! ¡Porque nuestros actos han sido siempre éticos y legales!

– ¡Vacía tu bolsón!

– ¡No voy a caer en provocaciones!

– ¡Nosotros no vamos a caer en provocaciones.

– ¡Vacíalo!

A querer o no. Ahí, el desparramadero de sedas y ropita de algodón.

– ¿Hubo compra de votos y mucha mano negra en el triunfo de Peña?

–  Responderemos con acciones en beneficio del país.

– ¿Pero hubo graves irregularidades en el proceso electoral? ¿Sì o no?

– Esas obras son las acciones que propuso el triunfador en las urnas:  modernizaciòn de la vida econòmica para crear los empleos que se requieren.

– ¿Hubo o no hubo irregularidades graves, por màs que IFE y TRIFE, criterio de miércoles,  juren que fueron «leves»,

– Esto lo lograremos mediante un alto y sostenido crecimiento econòmico con el concurso de los sectores privado y social.

– ¡Què hay de Soriana y Monex?

– Todo esto lo lograremos con reformas profundas como la hacendaria y laboral.

– ¡Vacìe la bolsa de los votos, de las tarjetas de Monex y los millones en efectivo que demuestran el exceso en el gasto de su propaganda electoral!

A querer o no. La Macarena y Pancho Rojas variaron su respectivo bolsón. Y ándenle que ahí,  en la alfombra, a la vista de todos, el desparramadero. “¡Mi brasier de fayuca! ¡Mi fondo, que andaba perdido!”

Y ahí las sedas grifas de alforzas, encajes, tira bordada en forma de corazón. Chonchines de este tamañito, y esos sostenes con unas copas que ni las del torneo Libertadores.

– ¡Mi peluca tordilla y mi beibidol! ¡Esas pantimedias como que las quiero reconocer! ¡Mi porta-ligas!

– ¡Viejo, los que me compraste para mi cumpleaños! ¡Y estos colorados, que me los puse el 31 de diciembre! ¡Y estos calados que calamos tú y yo en una noche  pasional!  Primera lavada y volaron del tendedero!

Quedaban esos chonchines minusculitos, color magenta, cocolitos violeta y al frente moñito fiusha y un corazoncito traspasado, todo en diminutivito. Yo, de reojo mirábalos, cuando el juguero:

– ¿Son suyos, seño Lichona? ¿De usted, señito Maconda?

Yo, el sofocón. Un color se me iba y un trago de saliva se me venía cuando el Jerásimo: “Esos choninos, ¿no los conozco?” (Trágame, tierra. Alfombra y duela, más bien.)

La tía Conchis:  “¿Por qué escondías esta ropa en tu cuarto?”

– ¡Basta!, y al levantón, Valdès Zurita, invitado a la tertulia,  da con tetera y florero en la alfombra: “¡Exijo respeto para el triunfador y respeto por la democracia!

Alejandro Ramos, titular del TRIFE: «¡Todo fue legalito, y punto!»

Yo, con el sofocón de que identificaran al dueño del chonchín fiusha, me solté aplaudiendo. «Bien por nuestra democracia»! (¡Bravo!)

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