Cable cifrado

Esta es una muestra, mis valedores,  del caló que en las primeras décadas del siglo XX arropó a la germanía contra la acción de los de uniforme, que traje a ustedes con ánimo de comparar su riqueza expresiva con el estreñimiento del habla del joven actual: “qué onda, guey, no te manches”.

El final del relato que narra el hampón sobre el crimen de su compinche:

Que lo mide hostigándole la retaguardia y al trascuerno y sin testimonio del guanaco…¡gueso frìo el betabel! Y pa pronto, que le baja la luz frisqueàndolo y ¡don pepe!, que se pinta de allantas con la cuera y nadaza de andar cabra..!

(Al peso de la noche saliò del cabarè solito, y el raterillo lo siguió hasta la calle màs oscura. Como caminaba con zapatos tenis, ni cuenta se dio el tipo de que lo seguían, y ¡zaz!, que le pega por la espalda con el puñal, sin que nadie se diera cuenta. ¡Ni el velador! Muerto quedò el viejo, y ràpido, que lo esculca y que huye de ahì con la cartera en la mano, sin nerviosismo”.)

Expresivo lenguaje, contraste del “chale” y el “guey” de hoy día. “¿No? O sea…”

Un gil, un afanador, una bellarina.  El final del relato:

“¡Como estás! El jale chido. Antioquìa, ¡puro trama de guarnetas muertas con gallina pinta o balines con permanente! ¡Puro escaria règules con su acordiòn de sirias hirvientes y blandas! Càscara de muñeca de orègano; tandos chidos con buena cresta. Hasta se amacizò `spàtula con règules curva de cacama. Ya nadaza de relingos de puros gosnes broncas de puras barbas. ¡La pura felicidà, ñeris”.

(“¡Y que vino el cambio! La felicidad, la buena vida. Antes sòlo comìa tortillas duras con frijoles tiesos, pero después: pura carne frita con sus tortillas calientes y suaves. Reloj de oro, trajes finos con buen sombrero. Hasta se juntò con una prostituta de buen cuerpo. Dejò de usar ropa vieja y regalada. ¡Era feliz!”)

“Pero: ¡de`mpalme! Que lo aparusca la tira a la de sinsusto porque la tela era del tendido pal rescate de un supremo y`staba dibujada: ¡puro jando cachuco, ñis! Y que lo encanan en el multi. ¡Al desgrase de chompirico y nel de chisparse del cordel! Así es el afane, ñis… son sus suspiro, ¿no? Y no hay fijòn, bato furriel, ningùn fijòn”.

(“Pero ¡sorpresa!, que un dìa lo detiene la policìa porque se supo que el dinero era para pagar el rescate de una personalidad y estaba marcado. ¡Puro dinero malo, mi amigo! Y que lo meten a Lecumberri y lo mandan a Las Islas sin poder librarse de la cuerda. ¡Así es el oficio! Son sus gajes, y ni hablar”.)

Mis valedores: por último. Cierto cura de barrio, conocedor del caló, vio desde el púlpito que dos hampones robaban los cepos de las limosnas, y por evitar el escándalo:

“¡Os jurnio afanes furris poniéndole en el tibor, embalsando las buchacas a los batos, a las baturras, y sonando las morenas! Trinquen varilmente y piren dejando una hebra de la baraña para mi menda en la otrofa morenáis.

Licad al Gran Doráis con un chutazo en el catecismo y otrofo en la vara de su mendurria, hostigado por la jara del romano entre un vati de afanes, toledano por vosicláis. Aliniáos, porque al rayo que morívios y vuestras mendas den cos de esta polvosa pa ribera, allá el Gran Doráis os licará fu. Aguzádeis afanes fu, la jara se aplacera en la burda del tibor echando los oclayos a sus mentolatos, San José el pintor y de retinto, si la jara os apaña, San Javier amuraba a los afanes. Amén”.

Sobre aviso,  los malandrines: “Claris, chirul chicharrón. Su partencia en la otrofa morenáis.

Latín, pensarían los feligreses. (Chale…)

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