Reciclado Big Brother

El lenguaje del hampa, mis valedores. Porque conozco el lenguaje del joven. Porque lo he oído expresarse en la UNAM, en el Metro y en tantos otros lugares. Porque escucho que es un habla  rutinaria, sin asomo de creatividad y de originalidad; que la uniforma un mismo entramado de muletillas iniciadas con un “qué onda”, seguidas por un “no te manches” y rematadas con el obligado  “guey”. Por eso transcribo sobrevivencias del habla del pìcaro y el malviviente en las primeras décadas del siglo anterior: para que se advierta la riqueza y expresividad manifiesta en el añejo cable cifrado de la germanìa.

(A viejos y adultos no me refiero; nosotros ya no tenemos remedio, y lo que nos resta por comunicar lo tartajeamos con vocablos de escamocha, cascarones de palabras, lugares comunes y  basurillas de carbòn descargadas desde la baba del conductor de radio y TV hasta la de su mediocre imitador: los “shoping”,  “hoy inicia”, “ropa casual”, “a la brevedad”, “cuestionado” -por interrogado-, “agresiva” -por vigorosa- “look” por aspecto,  y la diarrea de muletillas: “este”, “o sea”,  “digo”,  “¿no?”, y “¡guau!”, ladrido aprendido del gringo. En fin.)

Aquì, lenguaje del corazón bandolero, un hampón relata a su colega cierto suceso delictuoso perpetrado por otro del mismo jaez:

“Solicitó de boleto una sersia bien muerta ¡y poninas a pastorear al gilberto! Como afanaba dia soledá, ¡pos niguas quien lo batiera en la desgrase! Y el ruco ya tostonero… media astilla y canasta del adobe, pero cubriendo un resto de luz…

Y que se aplacera una´ndadora de forro chido y se cotejan una vidriosa de tecitos d’ándosela de chaquira en la bellerina. Lo chamucó guaracharse un purrúm bien sonado: maletón pa´l guarache, pero como ya´staba coconoco, por ni color de las regadas…”

Y su correspondiente traducción, con esa sintaxis:

“Pues sí, mi amigo: que el raterillo le ve el dinero al tipo aquel que iba vestido con buen traje. ¡Puro dinero nuevecito, amigo! Recién salido del banco. ¡Y claro!, lo esperó a que saliera del cabaret para asaltarlo. Pidió una cerveza helada y se dedicó a vigilar a su futura víctima. Como andaba solo, no tenía quién le ayudara en el trabajito. Y el tipo ese era ya cincuentón, medio flaco y con bastantes canas en la cabeza, pero con mucho dinero.

Sentò a su lado a una mariposilla de buen cuerpo y se bebieron una botella de licor. El presumìa de mucho dinero… Lo vio bailar; malo para el baile, pero como ya estaba bebido, pues ni cuenta se daba de sus desfiguros”.

Sigue el relato el hampón: “Alegò con el meseta por cosas del pàpiro y cuando salinas del trrabuco la cuera pa`villas… pa tender el guano: ¿de`mpalme al licar como trài la saña el bato! Nel de pàpiros dia camaròn o dia cristóbal. ¡puraza papiriza añil dia siglo y dia quimera y dia milagro! ¡Dia bùtifar! La neta que  aguantaba el resto ls`speranza del rebalse”.

La traducción:

“Peleò con el mesero por cosas de la cuenta, pero cuando sacò la cartera para pagar, para entregar el dinero… ¡que sorpresa al mirar còmo llevaba repleta la cartera! Nada de billetes de a peso o de a cinco pesos…¡puros billetes de a cincuenta, cien, quinientos y mil pesos. ¡Muchos! De veras que valìa la pena esperar  que saliera del festejo…”

“Y al peso de raroche salustio del ratòn dia solimàn el remoto y lo ampaniò hasta la fiusa onde`l resto de oscurana. Como abananaba en bici ni color se dio andoba y ¡sastres! que lo mide hostigàndole la retaguardia y al trascuerno con el fierro”. (Mañana el final.)

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