Cursilería rosada

Trepidante en verdad la tertulia de anoche. De este lado La Maconda y La Macarena, su asistente doméstica, junto con un ente acusadamente bergante y vagamente hom­bre de bien: El Síquiri. De adversarios to­dos los demás. ¿Tema de la discusión? Uno de vida y muerte para la República: el dere­cho que asiste a Juanito para presumir su estatua, y a Mouriño su busto de efebo. Que con ello se ha condenado al país a la befa, el ludibrio, la burla general. Aquí, necrofilia y cursilería color de rosa y magnolias:

«La zona de cruces y de olvido se transformó en zona de luces y magnolias. El baldío se convirtió en un campo florido, con arbustos provisionales y reflectores portátiles… Es el El Parque de la Luz…»La leyenda: «Estarás presente dondequiera que haya una sonrisa…”

Y que al bienamado le atornilla­ron un busto en la sede de Acción Nacio­nal y otro en el Paseo de los Héroes, allá en Campeche. El de aquí está a resguar­do, pero el de allá, en plena vía pública, ¿cuánto durará antes de que lo destruyan las masas populares?

Porque, mis valedores, los merecedo­res de estatua y bustos no lo son por de­creto, como Camilo Mouriño, cuya exage­rada adoración oficial ha terminado por enfadar a la gente y mostrar su irreverencia ante exequias de Estado y estatura de héroe del oportunista que sólo se distin­guió por el medro familiar en los pantano­sos terrenos de PEMEX.

Par de héroes a la altura del arte, ya Juanito y Mouriño son bronces. Y hablando de mediocres y sus estatuas, el maestro, que en la polémica se mantuvo imparcial: «¿Re­cuerdan a un tal Pepe Alameda, cronista de la fiesta brava? Lo declaró en El Heraldo»:

A la espalda del busto que me coloca­ron en la entrada de sombra de la plaza de León, alguien descubrió que había unas letras grabadas. No en el pedestal, sino en el rostro de mi efigie. Es que el artista Peraza había grabado un soneto mío, colo­cando además al pie un facsímil de mi fir­ma, que tomó sin duda de la que le había dado para la placa que está en la puerta principal de la Plaza México…»

– Mayor que la estatua la inmodestia del tal. Pero, merecidas o no, aquí les van más estatuas: Nueva Delhi: «Una estatua de Pelé adorna las calles de Durgapur». (Aquí un Ángel Fernández, merolicronista, exigía estatuas de futbolistas mexicanos «héroes» del torneo futbolero «México 70.» «¿Alguno de ustedes recuerda quiénes fueron Valdi­via, Cuéllar, Fragoso?» El maestro. Su libreta de pastas negras seguía pariendo estatuas:

«En homenaje a los mejores deportis­tas del IMSS: Girón y Tibio Muñoz». «Fer­nando Valenzuela en estatua de cera junto a Cantinflas y el excelso Chabelo». «Bus­tos de los Hnos. Rodríguez». Santa Ana, Calif.: «Fue inaugurada una estatua de Jo­hn Wayne». Boston, Mass.: «Apareció la estatua para la cual posé Bette Davis, ha­ce 50 años, ¡en traje de rana!» (Textual en la nota de prensa) «Junto a las del Ayatollah, Pedro Infante y Reagan, la estatua de Manolo Fábregas. «Almacenes Nac. de De­pósito impuso el nombre de Díaz Ordaz a su sistema mecanizado y bodega del Valle del Carrizo. José López Portillo, represen­tante del Pres. López Mateos, descubrió la estatua de Díaz Ordaz». La Prensa «El Dir. Gral. de ANDSA, Lic. Miguel Osorio de­veló un busto de López Portillo e impuso su nombre a los almacenes de mayor ca­pacidad en el país». Pero para bajarle los humos a los Pepes: «¡Erigen una estatua al Pájaro Loco y celebran en Richmond, EU, el Día del Osito de Peluche…!»

Silencio, reflexión. Y de repente ahí, rayo en seco, la propuesta de La Macare­na: «Pues yo a un estadista de tanto pres­tigio como Juanito y Mouriño deseo que se la levanten».

La estatua. Dijo su nombre: Vicen­te Fox. El de 60 wats parpadeó. En la can­tata de Bach la soprano soltó un gallo. El maestro: «Fox ya tiene su estatua la ciu­dad tres veces heroica que con semejante esperpento en el malecón ya puede nom­brarse: Veracruz, cuatro veces heroica».

La Macarena no escarmentaba «Que hagan una como ordena este periódico: Su escultura estará unida a la de su esposa con su brazo izquierdo apoyándola lo que sig­nifica la mano suave con la cual tratara los problemas políticos, a la población humilde y a los indígenas. En tanto, el brazo derecho lo mantendrá en alto, con la mano empuña­da que demuestra la fuerza y la energía que usa para los problemas difíciles del país».

¿Que qué? La explosión de iracun­dia ¡cursilería a la medida del bienama­do Mouriño! Y la propuesta formal de un linchamiento como Dios manda «¡Eitale, que los chorié. La estatua que les leí no es para los Fox. Es la de Colosio y su Diana Laurita después de Lomas Taurinas!»

Ah, bueno. En fin. Pepe Alameda Co­losio, Chabelo, el Pájaro Loco, Juanito, Mouriño, (¡Puagh!)

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