Paso de vencedores

Primero la aclaración que creo pertinente, mis valedores. Los juicios voy a expresar no se dirigen a ustedes, que con leer lo que están leyendo demuestran y se demuestran un nivel humano que los coloca muy por encima de esas masas irredentas que viven anuentes y abiertas a la acción devastadora de los medios de condicionamiento de tales núcleos sociales.

Colonización de las mentes, desarraigo cultural, prejuicios y dogmatismos, fanatismos y fetichismos, odios y simpatías inducidos, patrioterías alboroteras, masificación, enajenación, desnaturalización. Tales daños sociales y culturales provoca en sus víctimas el duopolio televisual. De ese calibre, fanático del cinescopio y del clásico pasecito a la red, es el individuo que estoy en la creencia de que enseguida van a identificar.

Lo conocen ustedes. Es su vecino, tal vez. Parte integrante de la Perra Brava. Pertenezca o no a la estridente porra toluqueña, su afición al clásico pasecito a la red lo convierte en un Perra Brava de corazón. Hoy mismo, después de los triunfos de la selección futbolera, con la que «ganamos» a Estados Unidos y «goleamos» a Costa Rica, «vamos por la revancha» contra Honduras. Nosotros, sí, patéticos héroes por delegación. Nosotros, vida sedentaria y ya a los 35, 40 de nuestra edad, carnes fofas y vientrecillo abultado. Nosotros, a los que el cigarrito, el licor y las desveladas han acabado con todo rastro de condición física. Hoy mismo, ¿nosotros «iremos a golear»? ¿Y después todos a la glorieta del Ángel, a beber, bailotear, desordenarnos y agitar banderas tricolores, o si no cómo testimoniar que «ganamos» a Honduras? ¿Cómo disfrutar de las mañosas compensaciones que nos da la tele por soportar a pie firme el áspero oficio del diario vivir una vida dificultosa?

Nosotros, los que «vamos a golear» a Honduras, ¿acudiremos al llano este domingo a corretear con el balón en los tenis, en los botines? ¿Este domingo iremos a sudar, eliminar toxinas, liberar endorfinas y sentir la adrenalina a flor de piel? ¿Ir bajando esa indiscreta llantita, ese vientre que se comienza a redondear? ¿Nosotros? ¿Asumir? ¿Y entonces para qué tenemos al Gío y congéneres, si no es para en ellos seguir delegando, para que ellos nos den la ilusión de que fuimos nosotros quienes logramos el dulce sabor del triunfo, de la victoria sobre el odiado rival? Sentados a dos nalgas frente a la tele o en el graderío del estadio (unas nalgas cada vez más nacidas, más desparramadas), nosotros vamos a paladear el dulzor del triunfo o el vinagre de la derrota, patéticos héroes por delegación. ¿Que Gío nos falló ese gol cantado, que nos traicionó a la hora de la verdad? Nosotros, como ante papá Felipe de Jesús, a renegar y e-xi-gir que no nos quiten el gusto, que basta ya de calcetinazos, que «necesitamos anotar». Nosotros…

Afirmé en un principio que ustedes, mis valedores, conocen al consabido fanático del clásico pasecito a la red. Ahora les digo que yo conocí al arquetipo de Perra Brava y que ello ocurrió de casualidad al anochecer de una tarde lluviosa después de que al término de una abstinencia de goles «le metimos» cuatro a Estados Unidos. Esa noche, y cómo pudiese ser de otro modo, nos la pasamos en pleno desmadre al pie del Ángel, en esta mano la tricolor y en esta otra el pomo, brincoteando, vociferando, intentando volcar, incendiar, los autos estacionados mientras amenazamos con golpear, con violar a los desdichados de aspecto de extranjeros. Una sola excusa y una justificación: que ya traemos entre pecho e intercostales, en revoltura con dos o tres fármacos, litro y medio de cacardiosidad. Cómo, si no es delegando en las zancas de Gío, vamos a conocer la euforia del triunfo. ¡Viva México, hijos de toda la suya..!

Qué noche aquella, mis valedores. «Habíamos triunfado, habíamos goleado, habíamos puesto muy en alto el pabellón tricolor». Eso mismo va a ocurrir esta noche septembrina y tricolor, cuando vamos a zarandear al viento y la llovizna nocharniega la enseña patria, la de los héroes nacionales. ¡México, México, sí se pudo…!

Hace unos años que sucedió aquello. Yo, recién salido de la librería donde adquirí uno más de Sabines, fui testigo del suceso aquel, y en llegando a mi depto. de Cádiz, trémulo todavía, y aún conmovido por un incidente del que fui actor y testigo, me senté frente a la cosa ésta y me puse a teclear, en mi mente el rostro asustado de la sota moza y los trémulos mofletes de su marido, digno representante de la Perra Brava nacional Mañana la crónica, pero esta noche, a propósito, ¿»ganaremos», golearemos»? ¿Festejo madrugador? (Perra Brava.)

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