El jubileo de la máscara

Ser o no ser, mis valedores. He ahí el problema, que dijo aquél. Porque se es o tan sólo se aparenta ser. Porque se es un rostro o tan sólo una máscara, un fingimiento, una falsedad. Ahí radica ese problema que degenera en la apariencia, el tartufismo,  la simulación, la gesticulación. Ser o no ser, y a propósito:

Estos que ahora vivimos, los de la Semana Santa que hace ya algunos ayeres ciertos jacobinos del gobierno apodaron Semana Mayor, son días de prueba para el mexicano que profesa la religión mayoritaria del país, la católica. Pero abran ustedes la ventana, asomen la cabeza, dejen ir la mirada y podrán comprobarlo: los días de la inconmensurable pasión y muerte del Ungido son para el católico los días de la playa, la “discotec”,  la bebida y la práctica desaforada de la sexualidad. Y ahí, de alcahuete, el pragmatismo del alto clero católico. El año anterior, en su sermón de Semana Santa, lo afirmó el cardenal Francisco Robles Ortega, arzobispo de Monterrey, y su prédica fue secundada en la radio por un tal  padre Aguilar:

– Tengo el gusto de recordar a los católicos que durante la Semana Santa hay que combinar paseos y actividades vacacionales con oración y meditación acerca de la muerte y resurrección de Jesucristo. La Semana Santa también debe tener su dosis de espiritualidad.

Atroz. Pragmatismo puro que ofende a Dios y ni agradece el Diablo, y si se habla de la religión que la mayoría de los mexicanos asegura practicar: Jueves y Viernes Santo, Sábado de Gloria y Domingo de Resurrección, ¿qué significan para el cristiano primitivo? Para el moderno católico, ¿qué significan? Uno proviene de la religión humanista de Jesús el Cristo y el otro de la religión autoritaria de Constantino que reafirmó Teodosio, y ahí la notable diferencia de actitud y de conducta, de los dichos y las acciones. Trágico.

Por cuanto al católico mexicano, el difunto obispo Genaro Alamilla lo definió, generalizando:

En materia de religión el mexicano no pasa de ser un analfabeta. Es muy doloroso reconocerlo, pero la Iglesia Católica debe reconocer que se ha olvidado de orientar a los feligreses sobre el verdadero sentido del cristianismo. En lugar de impartir adecuadamente la doctrina, sólo ha privilegiado el culto. La Iglesia no ha ejercido la capacidad de enseñar adecuadamente la doctrina católica porque ha preferido dedicarse sólo al culto, provocando con ello que México sea una nación de analfabetismo religioso. Yo considero que de nada sirve que haya muchas misas, rosarios, imágenes de santos y procesiones, si el pueblo no conoce realmente el significado de la cristiandad, y no respeta los diez mandamientos.

Y es así como el mexicano católico arrastra esta  Semana Santa y befa su “religión” sin que a nadie le parezca una conducta aberrante.

¿Los clérigos, mientras tanto? Esos, hundidos hasta el alzacuello en la grilla política. Cuando se les conmina a concretarse a los asuntos de su ministerio responde Norberto Rivera, cardenal arzobispo de México:

–         ¡El profeta no debe callar!

¿Profeta él? Onésimo y Sandoval Iñiguez, ¿profetas? La diferencia abismal entre dichos y acciones la explica el teólogo:

La fe sin obras está muerta, pero las obras tienen vida aun sin la fe. El bien que hace el ateo cuenta igual que el bien de los creyentes. Las buenas obras acercan a Dios incluso a quienes no creen en él. Un incrédulo que hace el bien está salvado. Un creyente que no hace el bien está perdido. Crear el reino de Dios es más valioso que solamente creer en él”.

(Vale.)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *