Quinientos años después

Las supersticiones perpetúan el odio y la injusticia. Son residuos fósiles de creencias ya extinguidas; del remoto pasado, inmenso sepulcro, se levantan sus fantasmas para cruzar el paso a los que investigan la verdad. Son males que en el porvenir no tendrán remedio si es irreparable la mentira que esclaviza a los hombres y la ignorancia que los domestica. (J. Ingenieros.)

El pensamiento mágico y la superstición mis valedores, y a propósito: ¿cuál fue hace 500 años  la reacción de Hernán Cortes ante las fumarolas del volcán Popocatépetl? ¿Cuál ha sido la de algunos mexicanos 500 años después?

Hernán Cortés: «A ocho legua desta ciudad de Churultecal (Cholula) están dos sierras muy altas y muy maravillosas, porque en fin de agosto tienen tanta nieve que otra cosa de lo alto dellas sino la nieve no se parece».

Del México actual. «Habitantes de San Pedro Benito Juárez, comunidad de la de más alto riesgo, realizaron una procesión por las calles de esta población para pedirle a Dios que cuide sus vidas, la de sus hijos y calme la situación en el volcán Popocatépetl».

Cortés: «Quise désta, que me pareció algo maravillosa, saber el secreto, y envié diez de mis compañeros, tales cuales para semejante negocio eran necesarios, y les encomendé mucho procurasen de subir la dicha sierra, y saber el secreto de aquel humo, de dónde y cómo salía».

Cierta dama difusora de la «mexicanidad«: «Venus dilata en su traslación 500 años, por eso cuando llegaron loe españoles se hablaba del regreso de Quetzalcóatl, no de ese pendejo idiota». (Hernán Cortés.)

«Los cuales trabajaron lo posible para subir, y jamás pudieron, a causa de la mucha nieve que en la sierra hay, y de muchos torbellinos que de la ceniza que  de allí sale andan por la sierra, y también porque no pudieron sofrir la gran frialdad que arriba hacía».

Una vendedora: «Me  dijo el volcán: Arrepiéntanse porque lo que están haciendo ya enojó a Dios. Yo los puedo castigar fácil,  pero si Dios se conmueve tal vez no pase nada».

Lo afirmó un campesino: «Tengo una comunicación estrecha con el volcán, el cual a través de los sueños me indica la gravedad de su enojo. Mientras me diga que no pasa nada no hay de qué preocuparnos, no hay por qué salirnos».

«Pero llegaron muy cerca de lo alto, y tanto, que están arriba comenzó a salir aquel humo, y dicen que salía con tanto ímpetu y ruido que parecía que toda la tierra se caía abajo».

San Pedro. Alcohol, música y baile durante los festejos en honor a la Virgen de Guadalupe continuaron con normalidad hasta que comenzaron los destellos en la boca del volcán. Los amigos se abrazaron y chocaron sus caguamas. «Aquí nos vamos a morir, no aplastados ni chocados, pues a la salida todos se van a hacer bolas».

Puebla. Tres mil cristianos se congregaron y pidieron perdón identificativo para que la ira de Dios no se desate sobre los hombres y haga erupción el Popocatépetl. «Lo cierto es que a veces cuando un pueblo se va llenando de maldad y la perdición y la destrucción interna de sus habitantes empieza a crecer de forma acelerada, Dios interviene para sacudir, para limpiar y llevar a su pueblo a sentarse a reflexionar sobre susa caminos».

«Y así se bajaron, y trujeron mucha nieva y carámbanos para que los viésemos, porque nos parecía cosa muy nueva en estas partes, a causa de estar en parte tan cálida, según ha sido opinión de los pilotos».

La difusora de la «mexicanidad»: Era Quetzalcóatl el que regresaba, no ese pendejo idiota estúpido de Cortés«.

Ah, México. (Nuestro país.)

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