Retrato hablado

Los mexicanos y la soberanía popular, mis valedores, esa que nos garantiza el 39 Constitucional. ¿En donde queda tal «soberanía» tan bien trovada por el Sistema de Poder? ¿No ocurre que nos la ha escamoteado con el artificio  de una democracia representativa por la que el mexicano carece de figuras constitucionales que le garanticen la participación en decisiones de gobierno que le conciernen, así fuesen tan limitadas como el plebiscito, el referendo y el mandato revocatorio?

Democracia representativa. ¿Y quiénes nos representan a más de cien millones de mexicanos? Nos representan individuos de la catadura de los chuchos colaboracionistas de Nueva Izquierda y una Luz María Beristáin de la misma divisa, de cuya existencia me entero por un par de videos que llegan a mi computadora y donde la «representante popular» convierte razón y lógica en un inmundo lodo biológico.

El primero de los videos alude a cierto alboroto que la representante popular armó en algún  aeropuerto  frente al mostrador de una empresa aérea. La dama llegó tarde a tomar el avión. ¿Cuántos minutos? Eso es lo de menos. Llegó tarde, y ya.  En la aerolínea existen reglamentos que impiden abordar el transporte a quien se atrasa en la hora señalada.  Sin más.

Pues sí, pero ahí la prepotencia y el agredir la lógica, y el cantinfleo de la «representante etc.» ante una empleada que no se dejó amedrentar.  Llegó tarde, qué más. ¿Cuántos minutos? Eso es lo de menos. ¿Estaba en una sesión del Congreso local donde salvaba el país? Eso es, también, lo de menos. Llegó tarde a tomar el avión. Sus alegatos de que existen muchas quejas contra la aerolínea no anulan el hecho de que la «representante etc.» llegó tarde a abordar el avión.  Ah, pero la mentalidad del mediocre al que la altura de un simple ladrillo marea. ¡Soy senadora! ¡Legisladora de la más alta tribuna del país! ¡Soluciono los problemas de todos ustedes!

Nada anula la circunstancia de que llegó tarde a tomar el avión.

Y la elocuencia de los  antecedentes personales. Tiempo atrás  la «representante»  había mostrado unos instintos a la medida del pleito de lavadero. Al aplicar la técnica del mediocre intentó con el grito y los aspavientos anular  la lógica, y entonces se dio a gritonear frente a un agente de tránsito que detuvo a alguna conductora que infringió el reglamento. ¿Que qué? Ahí se alza, prepotente, la Beristáin, y con todo cinismo, arrogancia y desverguenza que parecen ser su segunda naturaleza se pone a ventosear su estridencia contra el de tránsito, contra los transeúntes, contra el sentido común. «Con usted no es el problema; no iba usted manejando». Y la lógica de la futura «representante popular:»

– ¡Pero yo iba dentro del coche! ¡Nos encañonaron con metralleta! ¡Nos salvamos de puro milagro!

– Señora, permítame dialogar con quien cometió la infracción.

Y el cantinfleó de la «democracia representativa» al intentar la maniobra del desplazamiento: levantar del banquillo a la infractora y ahí  sentar al de transito:

– ¡Lo que ocurre es que ya comienzan las represalias contra el PRD! ¡Como somos candidatas del PRD! (¿Que qué?)

– Señora, permita que levante la infracción.

– ¡Claro, como se trata de una mujer! ¡Misógino! ¡Ni mexicano merece ser! ¡Pero aquí hay muchos testigos de este ataque contra el PRD y contra mujeres indefensas! ¡Que alguno, con su camarita, registre esta violación a nuestros derechos humanos y garantías individuales!

Ah, la democracia representativa. Ah, la representante popular. Ah, México. (Qué país.)

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