¿Hombre, primate?

La televisión, mis valedores. Aquí, por tratar de entender su significado, sintetizo el análisis de Giovanni Sartori, investigador y analista de la ciencia política.

Fisiológicamente nada existe en el hombre que lo distinga  entro los primates, género al que pertenece (teoría evolucionista). Algo lo singulariza: su capacidad simbólica. Conformado por un universo físico y simbólico es, más que homo sapiens, animal simbólico, cuyo tejido de símbolos se conforma a base de lengua, mito, religión, arte, tradiciones, etc.

El hombre es animal racional y homo sapiens; pero, mucho más, es un homo simbolicus porque se comunica con una articulación de sonidos o signos “significantes” que aprende a decodificar desde niño, o no pudiera comunicarse con los demás. Esto que ahora redacto lo decodifican ustedes porque conocen el español, empresa imposible  para  quien ignore este idioma.

Porque nuestra capacidad simbólica se aplica en el lenguaje, en la capacidad de comunicar mediante una articulación de sonidos y signos provistos de significado, como es el lenguaje del libro, las artes, el cine, la radio, el telégrafo, el teléfono, los diarios, en fin. El esencial, que caracteriza al hombre, es el lenguaje-palabra. El hombre es un animal parlante, un animal loquax, que continuamente está hablando consigo mismo, y a veces con los demás. Porque el lenguaje no es sólo un instrumento de comunicación, sino también del ejercito de pensar. Y el ejercicio de pensar no necesita ver. Las cosas que pensamos no la podemos ver. Por cuanto a las civilizaciones…

Estas, en el transcurso de la historia, se desarrollan con la escritura, y es el tránsito de la comunicación oral a la palabra escrita el fenómeno que genera toda una civilización. Antes de Gutenberg la cultura era de transmisión oral. Después de él vino el periódico, y desde mediados del XIX el telégrafo y el teléfono. Y las distancias desaparecieron.

Llegaría después la radio que, como los anteriores adelantos en materia de comunicación, no interrumpe el avance en la decodificación simbólica. Hasta ahí y desde el nacimiento del lenguaje verbal  todo es comunicación a base de palabras orales o escritas. La civilización, adelante.

Pero llegó la televisión e interrumpió de golpe el «proceso civilizatorio» del ente humano, y de homo sapiens lo transformó en homo videns. De animal simbólico, de animal loquax, el hombre deja atrás el ejercicio cerebral de decodificar los símbolos y se convierte en animal vidente. Cualquiera, al mirar la imagen, la entiende.  La función de mirar lo acerca a sus capacidades ancestrales, al género al que pertenece: al primate. Y el embuste de sus publicistas:

«¡Una imagen vale por mil palabras!»

Mentira, afirma Sartori. Para el espíritu una palabra (yo pregunto: ¿amor?) vale por mil imágenes, porque la palabra es símbolo con el que ponemos a funcionar el cerebro, o ese lenguaje es letra muerta y sonido ininteligible. La imagen, por contras, es representación visual. Se ve, y  con eso es suficiente. Para ver basta con el sentido de la vista. La imagen no se ve en chino o en japonés. Para qué el cerebro. La llegada de la televisión no fue prolongación de la comunicación simbólica, civilizadora. Fue una sustitución del proceso: ya no entender; ver. Con eso basta.

Es así como la multicitada TV, afirma Sartori, genera un nuevo tipo de humanos. Entre los niños, principalmente. Del proceso educativo de los suyos, mis valedores, ¿cuánto tiempo entregan a la de plasma? (La computadora, después.)

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