Esta vez la Justicia, mis valedores. Hacer depender la justicia de las convenciones humanas es destruir toda moral, Cicerón lo asegura.
La Justicia. Vocablo complejo como los de la Verdad, la Libertad y otros más, la Justicia constituye la aspiración suprema del ente humano y la savia de una comunidad, su sangre y su oxígeno. Cuando en esa comunidad existe la Justicia las masas viven ordenas y son, por lo mismo, justas, armónicas y equilibradas, a la medida de la epopeya: la larga marcha de Mao, el corte de caña y la campaña alfabetizadora en Cuba, y en México la expropiación petrolera, con la gente entregando a Cárdenas las joyas de la familia. Cuando percibe que no existe la Justicia, esa comunidad se agosta, se erosiona, se resquebraja y termina en cínica. Mis valedores: ¿en este país existe la Justicia? (Con la maestra Gordillo sí y no con el líder petrolero Romero Deschamps, ¿Justicia selectiva? ¿Es eso Justicia?)
Cuando vive sumido en la injusticia ese conglomerado sobrevive en la inseguridad y en la incertidumbre; ha perdido la fe en sus valores establecidos y en las instituciones del Estado, y habita en el miedo, la desconfianza y el rencor, carente de un mañana que le dé confianza, seguridad, certidumbre. ¿Y así qué no ocurre, qué no puede ocurrir en una sociedad como la nuestra, que a lo simultáneo padece falta total de Justicia, una nota roja que crispa la vida pública y proyecta en la comunidad miedo, zozobra y el flagelo de la más desaforada corrupción lucrativa e impune? Libres los Fox, los Salinas, los Bribiesca, Sahagún y Montiel. ¿Justicia? Como lo afirma Platón:
Yo, declaro, que la justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte.
Y qué hacer, si tal como nos ocurre con la soledad primigenia, la injusticia y la desigualdad están presentes en el ente humano desde su nacimiento, y lo acompañan hasta que deja de ser. Y qué hacer, si en la injusticia afloran en la comunidad el miedo, la frustración y el rencor, y vive entonces una existencia de oprobio e indignidad, e inexorablemente acaba por sucumbir y cae en aberraciones como el linchamiento, esa patología que la ignorancia nombra “Justicia por propia mano”. Mediocres caídos en el más bajo nivel de lo humano, no distinguen entre Justicia y venganza. Si dijeran: “Es venganza, y así la perpetramos”, semejante manifestación de animalidad y primitivismo no sería así de salvaje.
Tan escasa entre los humanos resulta la Justicia, y tan apreciada, que la imaginación le ha urdido mundos ideales, donde esa aspiración justiciera es un hecho fehaciente: El Edén y La Antártida, La Edad de oro y la Ciudad del Sol, La ciudad de Dios, La Utopía, El Falansterio y el socialismo ideal. Semejantes utopías han sido imaginadas en razón directa de nuestra imperfección como humanos, como lo son también las distopías El mundo feliz, 1984 y algunas más. Por cuanto a los mexicanos: de la Justicia poco sabemos, pero con la injusticia todos estamos familiarizados, porque de ella existen siempre entre nosotros cuando menos un par de testigos: la víctima y el victimario. Es México.
Conclusión: México es un estado de derecho, jura el discurso oficial. Todo derecho es justo, y si no es justo no es derecho. ¿Es nuestro país un estado de derecho? ¿Lo es de dicho o de acciones? ¿En México se ejerce la Justicia? México es un estado democrático, pero donde no hay Justicia no puede haber democracia. ¿Es el nuestro, en los hechos, un estado democrático? ¿Sí? ¿Lo es? (Lóbrego.)