Descanse en paz

«¿Por qué, estando tan enfermo, no ha renunciado usted?», le preguntaron a Juan Pablo II. «Porque Cristo no aceptó bajar de la cruz», la respuesta.

A propósito y con el respeto debido va aquí un mensaje a quien sí decidió bajarse de la cruz. Su emérita Santidad  Joseph Ratzinger:

Así que ya no es usted más el pontífice de Roma. Así que ha quedado reducido a la dimensión de Papa emérito, expresión eufemística y figura decorativa, no más.  Conque al finalizar su papado todos los Cordero de dios que se arrodillaban a implorar su bendición y que quedaron huérfanos de pastor ya tienen un nuevo pontífice, uno de tiara tricolor,  ante cuya hornacina pendulean incensarios de humo oloroso. ¿No estará usted echando de menos a aquellos validos que a balidos lo reverenciaban mientras ponían en manos de usted el destino del PAN y el vino, litros de vino que lo derribaban de la bicicleta? Por acá una parte de su grey anda a estas horas destanteada porque,  compulsión masoquista, añoran los arranques de usted, fulano de mecha corta como todos los inseguros. ¿Qué le parece la errática actuación del cardenal Madero, que anda como  enfermo y Solano frente a  un lozano Bertone, de apodo Javier?

Ya no es usted,  nunca volverá a serlo, el pescador de El Vaticano, pero consuélese: al dejar el solio papal no tuvo que huir a Dublin.  Usted ligó cátedra en Harvard, así sea de entrada por salida, como es el caso de algunas trabajadoras domésticas. Que cuando asiste a su cátedra Harvard hierve de concurrentes. Alumnos no, pero sí guardaespaldas. ¿Vitalicia su guardia personal? ¿Y esos gastos quién, quiénes los están pagando..?

Su emérita Santidad: ¿se resigna a quedar al margen de la actividad eclesiástica? ¿Para qué, entonces, con el impulso que le restaba alcanzó a incrustar en el Congreso vaticano a su hermana mayor, Cocoa de nombre, alias Luisa María? Apoco piensa mantenerse  en sosiego,  apartado en un rincón del refugio que ya le prepararon a modo de premio de consolación. ¿Una jugosa pensión vitalicia? ¿La necesita para sus gastos menores? ¿Pues qué,  no acumuló durante su reinado una riqueza espeluznante?

Pero milagros del Santo Espíritu: hasta hoy no ha sido acusado oficialmente del robo de  media cuenta secreta, como alguno de sus predecesores. ¿La acción de la Justicia, si es que se les ocurre investigarlo como usted nunca mandó investigar a ninguno de sus antecesores? Despreocúpese. No tema una auditoría, una revisión de sus cuentas, un cateo a sus mansiones en El Vaticano y en el exterior. Alcahueta es una ley creada a modo,  que se hace la disimulada ante la evidente riqueza ilícita que usted haya logrado redondear durante los seis años de su pontificado? ¿Ah, ocho? ¿Reelección?

La ley es «una red que atrapa charalitos y deja escapar peces gordos». Despreocúpese. ¿No, acaso, su antecesor, con los magros recursos de su salario, edificó un gigantesco Centro en terrenos que antes de trepar al sillón de San Pedro eran de San Cristóbal? ¿No tiene un apestoso Tamarindillo que adquirió a trasmano y por medio de prestanombres? ¿La Sec. de la Función Social? ¿La ley? ¿La Justicia? Bah…

Su emérita Santidad: tranquilícese. Al treparse usted, «haiga sido como haiga sido», en la Silla del pescador, provocó odio y desprecio de su grey, pero descanse en paz. De un mediocre ni odios, rencores y aborrecimientos perduran en la memoria de la feligresía. Su paso atroz por la Santa Sede ya está olvidado.  Y la paz con usted, Papa emérito. Por cuanto a nosotros… (Dios.)

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