Vidas paralelas

Echeverría y López Portillo, deshecho par de desechos arrumbados en el desván de la Historia. Hoy día, cuando cualquiera de los políticos escribe más libros de los que lee, copio estos  párrafos de Mis tiempos. Aquí, lamentable sintaxis:

“Consolidé mi amistad con Echeverría. Le ofrecí toda mi lealtad”.

Matrimonio de Echeverría. Lo relato porque participé  activamente en ello. El 1º. de enero de 1944, fue a mi casa Luis, y me dijo más o menos esto: Mi hermano. Creo que mañana me voy a casar con María Esther Zuno.

No quería avisar ni a sus padres ni a sus hermanos, por el lío que se armaría con la sorpresa y acudió a mí. Yo tenía algo más de 40 pesos que puse a su disposición.

“El 17 de septiembre de 1975. Brusca, aunque no inesperadamente, Echeverría me dijo algo como esto: Señor licenciado López Portillo, el Partido me ha encomendado preguntarle si aceptaría usted la responsabilidad de todo esto, y con un gesto envolvió el ámbito del Poder Ejecutivo, concentrado allí en el despacho de Los Pinos”:

– Sí, señor Presidente. Acepto.

– Bien. Entonces prepárese usted, pero no se lo diga a nadie, ni a su esposa ni a sus hijos.

“Recuerdos, lealtades y afectos para LEA: las autoridades de  Gobernación  pasaban información inquietante sobre las actividades  del ex presidente y que se vinculaban con las que realizaban quienes habían sido sus colaboradores, especialmente Muñoz Ledo y Gómez Villanueva.  Por primera vez en mi vida, iba, poco a poco, asumiendo guardia frente a un viejo amigo. Mantenía abiertas sus relaciones públicas con muchos resentidos, desubicados, que vaciaban en él angustias y rabias”. (El de la politiquería, terreno pantanoso.)

Por cuanto a los sucesivos matrimonios de JLP, de Carmen Romano, primera esposa de JLP, lo publica  la crónica:

“Vestida con elegancia, la ex-primera dama de la nación reveló que estaba escribiendo dos libros. “Uno, de mis experiencias como esposa de un presidente, y otro, que yo llamo “mis primeras veces”, que será no sólo para México, sino para el mundo entero”. (Sus primeras veces…)

Acompañada por guardianes en el recinto del Poliforum cultural Siqueiros, ataviada con un llamativo juego de aretes, gargantilla y anillo de filigrana en oro con diamantes y granates, la ex-esposa del ex-presidente señaló: “Yo soy quien soy, lo que soy y lo que hice; no me interesa que me reconozcan. Los ataques no me lastiman”.

Sobre las numerosas acusaciones de que era objeto tocante al dispendio con que se manejó cuando fue primera dama: “¿Cuál dispendio? No hubo dispendio alguno, quienes así lo dicen es por desconocimiento, pero reconozco que como esposa del presidente no tuve limitaciones económicas, pero eso depende también de las personas, ¿no?”

– ¿Y de sus tantísimos viajes por todo el mundo?

– Esos eran invitaciones.

Carmen Romano murió de una enfermedad mortal de necesidad, se dice; de una que se transmite por contagio sexual. López Portillo, todavía garañón por aquel entonces, tomó por esposa a la actriz Sasha Montenegro, pero tiempo más tarde se advierte la decadencia del figurón: “López Portillo  en el sanatorio. Sasha Montenegro no lo ha visitado. A los que dicen que está en estado de coma, ironiza: Eso quisieran, que yo  estuviera en estado de coma, pero estoy en estado de come y come en mi cama”.

Al término de su existencia quien ostentara la banda presidencial, con susurrante vocezuca se dolía,  redrojo senil:

–          Sasha me maltrata, me cachetea, de pendejo no me baja…

(Abyecto.)

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