¡Regresaré la seguridad a Michoacán!

Ay, Dios. Señora Cocoa: en plena campaña rumbo a la gubernatura de Michoacán se ufanó usted hace días: “Yo no tengo miedo”. Usted no, tal vez,  ¿pero Michoacán? ¿No tendrá miedo de usted? ¿Los michoacanos no estarán alarmados ante la perspectiva de que haga usted del Estado lo que su hermano a escala de país? A propósito:

Su lenguaje, señora, ¿genes, educación familiar, un exceso de exposición ante la pantalla de plasma? Porque su hermano (¡el  de la banda tricolor!) arroja frases de este jaez: “No la traigo contra los jueces, pero nosotros los agarramos, y los agarramos, y los agarramos, y ellos los sueltan, y los sueltan, y los sueltan”. No, y aquello de que “terminaré mi sexenio a tambor batiente”, florido lugar común. Usted, al unísono: “Sé que por ahí vienen unos malosos y les dicen a los resineros ‘que se pongan la del Puebla’. (¿La marca de la casa Calderón?)

Nosotros hemos hablado claro. Hemos tenido el trabajo de decirles (¿el trabajo, doña Cocoa?) que nuestro Gobierno va a ser transparente, equitativo, de orden y participación ciudadana. Si van a aceptar estas reglas, bienvenidos.

¿Y que será la gobernadora del empleo, como su hermano? ¿Y que no va a aumentar impuestos y gasolinazos, y a suprimir la tenencia vehicular, y a prometer todo lo que el otro Calderón? Semejantes mentiras, ¿también usted? Mentir sin que se le encienda el rostro, ¿genes también? ¿Herencia familiar? ¿Está usted segura de que el “Calderón Hinojosa” le va a ser propicio? ¿No ancla, lastre o grillete?

Ah, entonces su Gobierno va a ser la copia al carbón (y a  la podre, al cochambre, a la tiznadura) del de su hermano, y si tan transparente y equitativa prometer ser su campaña, ¿tuvo ya el tino de contratar a  Solá como director de la táctica (negra,  de lodo y excrementosa)? ¿A cuál de los dos adversarios políticos,  Vallejo o Aureoles,  ha elegido usted como “un peligro para Michoacán”?

Desde Los Pinos, señora, ¿ni un peso para su campaña? ¿Y el apoyo de los mega-ricos Servidje,  El Yunque de Elías Villegas, la industria del periodismo y el alto clero político que encaramó a su hermano hasta Los Pinos? Con ésos detrás es seguro que pueda usted pronunciar la frase sacramental de la familia: “Haiga sido como haiga sido” yo soy la gobernadora. Exultante.

De llegar al gobierno, ¿convertirse en la Guadalupana de los michoacanos?  Eso, al menos, insinúa su promesa de campaña: “Defenderé a los michoacanos como una madre que no permite que nadie abuse de ellos dentro de su casa”. (“¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?”)

Que el nuestro es un Estado de derecho, ¿lo sabe usted? ¿Planea, como gobernadora, tomar calles, avenidas y parques públicos de adoratorios del Verbo Encarnado? ¿Cuántos viajes a El Vaticano? ¿Suplicar a Ratzinger que visite a los michoacanos, deprimidos por usted, y los consuele y enjugue unas lágrimas que les arranca el daño colateral, apenas el 10 por ciento del total de cadáveres que produzca su “lucha” contra el narcotráfico?

Si esa no le basta, señora Cocoa,  ¿más sangre en jeringas, en cápsulas, en ampolletas?  ¿De qué beato va a gestionar que traigan a Michoacán?

Usted también, temerosa de las iras populares, ¿miles de guaruras para atreverse a dar un paso fuera del bunker? De calmantes, ¿Prozac o algo que raspe el gaznate?  ¿No teme, como mediocre,  el desván de la historia? ¿Cree que al final de su gobierno podrá permanecer en Morelia? Los logros de su sexenio, ¿del tamaño de la Estela de Luz? Seguiré de preguntón. (Vale.)

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