¿Lujuria mal reprimida?

Moralina y buenas conciencias. Sigue aquí la aspaventera visión del fraile Predicador de Su Majestad, y apostólico del Colegio, y Misión de Propaganda Fide de Las Indias Occidentales, de la Cd., de Santiago de Querétaro, Fray Antonio de Ezcaray, que lo hizo saber a su rebaño en el año de gracia de 1691:

“Qué más incentivo a la lujuria que ver a las mujeres con una zaya toda abierta por delante, para que por la abertura se vea la otra zaya, o a los hombres con unos calzones tan ajustados, que en la misma estrechez manifiestan la forma del muslo, y algo más que por la decencia conviene callar”.

De esto hace ya siglos y décadas, pero el anatema del fraile retoñó la semana anterior en Huatulco, Oax., donde el ayuntamiento acaba de emitir un código de vestimenta con la prohibición expresa de que las trabajadoras del municipio usen escotes, minifaldas, pantalones ajustados y afeites exagerados, que incluyen “sombras en los ojos”.

Y fulminante la excomunión del clero católico no en 1691, sino hoy día, cuando moralina y buenas conciencias satanizan las “malas costumbres” de la sociedad:

Quienes practican esa cruel masacre de inocentes e indefensos que es el aborto son peores que los secuestradores y los violadores, ya que son auténticos asesinos.

Mérida, 2005. “Las instalaciones de la Unidad de Atención Psicológica, Sexual y Reproductiva, que aboga por el derecho al aborto y al sexo con responsabilidad, fueron apedreadas por militantes de grupos religiosos radicales. Miembros de Provida profirieron insultos contra la dirigente de la mencionada clínica”.

En 1691, Fray Antonio de Ezcaray: “Qué más incentivo a la lujuria que ver a una mujer agarrotada por la cintura y tan pomposa de lo restante que con la zaya que traen puesta pudieran vestirse cuatros doncellas pobres. Qué más culpables que ponerse un manto, tan transparente, tan pernicioso, que descubre a la mujer de pies a cabeza, añadiendo a este manto una red infernal de puntas, para que por ellas les vean el pelo rizado, las rosas, el chiqueador, la toca, un diluvio de cintas, botones y otras superficialidades…”

 

Querétero, Qro., siglos más tarde: “El Reglamento del Buen Decir tuvo que ser cancelado por la polémica que levantó la inclusión de sanciones a las personas que utilizaran un lenguaje soez en la vía pública”.

Fray Antonio de Escaray: “Innumerables pecados se cometen por los trajes profanos, afeites, escotados y culpables ornatos, que en estos miserables tiempos y en los antecedentes ha inducido el infernal Dragón para destruir, y acabar con las almas, que con su preciosísima Sangre redimió nuestro amantísimo Jesús. Tal visión de Apocalipsis abarca Querétaro y ciudades españolas. Qué más provocación que la diversidad de formas y figuras en los vestidos. Hoy son de un modo y mañana de otro: ya acuchillados, ya más estrechos, ya abiertos, ya con muchos pliegues, y con otras hechuras (…) Hay vestidos blandos, suaves, provocativos a la lujuria como las camisas de olán, cambray, bretaña, holanda o las camisas bordadas con las mujeres por seda”.  Mis valedores…

En el anatema del fraile a los vestidos femeninos (ya abiertos, ya estrechos o acuchillados), ¿no perciben ustedes un a modo de regüeldo de lujuria mal reprimida? ¿No advierten amagos de represión sexual en el mensaje que (¿entre ahogos, quizá, con el pulso alterado?) arroja el predicador contra las féminas de su tiempo? Entre el hoy y el ayer, ¿se ha producido algún cambio en la sotana y la capa pluvial? (¡Verbo Encarnado!)

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