Ya voy de alivio…

Que anteayer tarde, rumbo a mi depto., leía el vespertino, les dije ayer. ¿Su material? Por supuesto, textos y grandes fotos a todo color de los Montiel, Nazif, Mario Marín, los Bribiesca Sahagún, los Bribiesca Jiménez, Fox. «Si seguimos por este camino…» Por calmar el temor ante el helicóptero y los cuerpos policíacos que me observaban, sospechoso como el resto de mexicanos, disimulé leyendo en el diario: «No, pues mira nomás la chingadera que escribió». «¿Qué escribió esa cabrona…?» Pero entonces: ¿y este mosquero? Qué audacia de las pantconeras, que ya me perdieron todo el respeto. Para espantarlas sacudí el diario, y sí: las moscas, como los zopilotes, volaron un trecho, se posaron a unos metros de distancia, regresaron al esternón, los omóplatos, el vespertino. Me empecé a cabrear, y las espantaba. En vano. Volaban, sí, pero planeaban en derredor y planeaban de nuevo en mi suéter, en el chaleco, en mi piel, en el periódico. Haya cosa…

Me la olisqué, esta axila, y esta otra, y la tercera, y las cuatro manos. Examiné mis botines, pobres botines míos, porque botines, lo que se dice botines, los de el trío de las fotos. En fin. Mis botines, rechinando de limpios. ¿Entonces? ¿Por qué este mosquero? En las planas del vespertino, abiertas, como portaaviones gringos patrullando las aguas territoriales del mundo para apuntalar en Abu Graib y Guantánamo la democracia, la soberanía, la independencia y la libertad (y de paso el petróleo del mundo, su estaño, su plata, su cobre, su PEMEX). ¿Pero qué fenómeno era el de los moscardones, cuál la explicación’ ¿Yo, a tan temprana edad, ya apestando a muerto fresco? ¿A recién resucitado? Miré a los que iban pasando por ver si la plaga de moscas, como la de langostas en Egipto, alcanzaba a todos, pero no. Ellos, en paz. El mosquero, sólo encima de mí y de las páginas, atacadas de viruela negra, negra viruela de moscas y moscardones que arribaban con sonoro rugir del motor, se posaban en las fotos, seguían batiendo sus alas. Espantado, observé los mofletes (como nalgas) del Manolo Bribiesca garapiñados de moscas, como también la naricísima de Montiel y a Mario Marín, rostro como desbastado a hachazos. ¡Y el fenómeno paranormall «Biz, biz, acá, biz, acá».

¿Acá? ¿Oí bien? ¿Acá, dijo? «Acá, digo, y acá también, biz, biz. Mmm, qué rico sabe el Bribiesca. Pura miércoles». ¡Virgen de lo trascuerdos, Señor de las moscas, Belcebúi El vespertino, infestado de esas moscas que, Antorcha Popular de las planas centrales, invadía las fotos de la mafia Bribiesca, de la mafia Montiel, de los pedófilos que en Puebla la hicieron de pedofilo. «Biz, biz, acá, manitas, Manolo apesta más sabrosón. A pura alcantarilla. Mmm, a popó tres equis, biz, biz». «Acá, Mosqueda, biz, biz. La de Montiel sabe a roquefort, y a gruyere la de Los Pinos, su foto. A mingitorio de pulcata, biz, biz, a diarreíta, biz, biz». Yo, manoteando, a los viandantes: «¡Las moscas hablan!»

-¿Y a ese ruco qué mosca le picó, tú? Te lo vendo, al güey.

– ¡Las moscas huelen la de Bribiesca y se la chupan, su foto! ¡Mírenlas, saboreándose sobre la de Fox..!

Dos ancianas, 80 años sobre los lomos: «Apriételo, Rafita, que ese nos puede violar». (El paso.) «¿A su edá? Anda chemo,tizo, pasto. Y a su edá…»

– ¡Señoras mías, que las moscas hablan! (Ellas, los chupetones en vera efigie de la señora:

«Acá, Moscatel, biz, biz, puro estiércol, abono para Los Pinos, biz, biz». «Ay, no, fúchila. Damas no. Ya sabes mi preferencia sexual. Yo prefiero darme las tres con el Manolita Bribiesca. Lindo jedor, biz, biz…»)

Dios de fe. ¿Perdí la razón, la he recobrado? «¡Vengan a olérselo al Madrazo!» «No, fúchila, yo me clavo en la de Margarita López Portillo! Huele a pura nica de tres días, biz, biz…!» Sentí que se me iba, que me venía. Uno, al pasar: ‘Tíznale, el Valedor se anda pandeando, chócalo». «No la. ¿Le llegaron al precio, tú?» «Pandeándose de pandearse, no de ir a Los Pinos a dárselas al gobierno por una estrellita en la frente. Ha de ser la mucha edad…»

Como en sueños vi pasar a aquellas monjitas. «Ese prójimo ya se insoló. ¿Lo auxiliamos, madre?» «¡Lo auxiliamos madre, yo no hago ronda con pseudo-neo-comunistoide!» Mi razón, mi delirio, las moscas: «Animas que el bato este le cambie de página, biz, biz». «Ay, sí, a ver si salen fotos de Francis,bis,bis…» Me apoyé en la pared. Me abracé de un pirul, pero mi mala estrella: el pirul era poste de luz, con varios cables pelones. Me cimbré, arañé la pared, musité: «Las moscas», y la del chongo canoso: «Ay, Chonina, se infló coñá del de Mario Marín. Y ni una patrulla desocupada que se lo cargue a la carcelita clandestina de aquí a la vuelta…» «Señoras, las moscas…»

No recuerdo más. Alguien me arrastró hasta mi depto., porque al despertar, mi Nallieli me daba a oler árnica. Dije, todavía atarantado: «Mmm, huele a Marta. ¿Sabes? Las moscas…» Cerré la boca. Total.

Es México. (Mi país.)

Un comentario en “Ya voy de alivio…”

  1. si mi valedor, es un estercolero este méxico que nos estan construyendo nuestros próceres.

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