Prostitución

En materia de derechos humanos es decepcionante el trabajo de Felipe Calderón. En su gobierno continúan detenciones arbitrarias, tortura, uso excesivo de la fuerza violaciones y procedimientos judiciales sin garantía. La impunidad es el componente mas arraigados en los casos de abuso…

Tal acusa Amnistía internacional en reciente documento que titula «Estado de los Derechos Humanos en el Mundo». Mis valedores…

No sólo maestros y militantes de la APPO, en Oaxaca, pueden señalar al gobierno como violador de las garantías individuales. También, y con más razón, los grupos marginados de la comunidad: indígenas, discapacitados, personas en pobreza extrema o con religión o preferencia sexual distinta. Están también, por supuesto, las y los trabajadores del comercio sexual, tema al que me referí ayer, cuando inicié el desglose de los siete pilares de la prostitución, según documento que me hacen llegar los interesados. Aquí, el segundo pilar y subsiguientes:

En México, la imposición de las representantes elegidas y seleccionadas desde el poder político o por parte de los dueños o encargados de los lugares donde se ejerce el trabajo sexual; son llamadas madrotas. Ellas fungen como capataces o jefas de personal, una especie de líderes sindicales al servicio de sus compañeras de oficio. Las «madrotas» son las personas con quienes trabajadoras y trabajadores sexuales se inscriben o debían inscribirse; son las administradoras de las calles donde se ejerce el sexo comercial, y tienen el derecho de repartir lugares en la calle para más tarde lucrar con las trabajadoras sexuales que allí ejercen. Fueron ellas las que en ocasiones se abrieron paso a sangre y fuego, casi siempre con el respaldo de una red de tratantes de personas para que ejerzan el sexo comercial; en otras, las menos, han sido elegidas por sus compañeras para la defensa de sus intereses comunes. Son el último eslabón de la explotación económica, sexual y psicológica de trabajadoras y trabajadores sexuales.

Mazatlán, Sin., 6 de ag. Para no pagar el permiso por ofrecer sexoservicio, centros, casas de masaje, bares u hoteles ven la posibilidad de cancelarlo, por la temporada baja, que no torna rentable dicho servicio…

Y sigue la denuncia de algunos involucrados en el comercio sexual del D.F. «La decisión de retirarse o no del trabajo sexual, sólo deber ser incumbencia de la persona involucrada, sin mediar presiones de tipo alguno, y menos aún de funcionarios públicos. Aquí el proteccionismo coadyuvó con las prácticas existentes de explotación sexual».
Y que en el segundo pilar del lenocinio se ubica la obligatoriedad de realizarse periódicamente exámenes de salud, a pesar de las convenciones internacionales que los prohiben, y que tienen el carácter de ley suprema de la nación, pese a las disposiciones de la Ley General de Salud, la Ley Federal contra la discriminación, la Horma Oficial Mexicana y las Recomendaciones de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos en México.

En ocasiones, el servicio es gratuito; en otras más tiene el mismo costo que para las demás personas, y algunas más representan un costo excesivo. Los funcionarios públicos encargados de establecer las políticas públicas o los legisladores ven a la trabajadora sexual como el vector que transmite enfermedades, generalmente sin evidencia científica. Generalmente se utiliza la «madrota», a la representante, encargado o propietario del lugar donde se ocupan las personas dedicadas al sexo comercial, como intermediarios para «recabar» la documentación que pruebe la participación del o la trabajadora en programas de salud que las autoridades delegacionales, municipales y estatales, pretenden convertir por la vía de los hechos en sistemas discriminatorias de control sanitario.

Tercer pilar: la credencialización de las y los trabajadores sexuales, que se tomó como un documento que autorizaba el ejercicio del sexo comercial. Quienes resultaban positivos al VIH-SIDA o a otras ITS, pasaban a un engranaje clandestino de prostitución, donde la extorsión y la violencia son de mayor envergadura. Hay lugares como León, Gto., donde se cobran cuotas para el resello periódico, y otras en donde la cuota no ingresa a la Tesorería.

Cuarto pilar: el empadronamiento para crear un censo, padrón o listado, sin fundamento jurídico alguno. Hoy se exigen fotocopias de credencial de elector, carné de citas y resultados de los exámenes de detección a que se haya sometido la trabajadora sexual, utilizando la mediación de «madrotas», representantes o propietarios de hoteles, pero esto no con la finalidad de «regular» la oferta del sexo comercial, sino de establecer cuántas trabajadoras hay para calcular el dinero que se les va a cobrar por permitirles trabajar. «¿Se imagina..?» (Claro que me imagino. Sigo algún día)

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