El tianguis de las aureolas

“Los Legionarios de Cristo inician una fuerte campaña para impulsar la beatificación de Mamá Maurita, la madre de Marcial Maciel. Tiene una pagina web donde se publica su oración, se invita a presentar nuevos milagros y se anexa una cuenta bancaria para depositar “a la causa”.

Yo, ante esa nota que apareció hace algunos ayeres me formulé la pregunta aún sin contestación: ¿cuál de esos dos beneméritos de la Iglesia Católica será el primero en trepar a los altares de la cristiandad,  la santa madre Maurita o su hijo el padre de hijos naturales y putativos, paidófilo bisexual, drogadicto y fundador de los Legionarios de Cristo? Difícil  de entrever, porque tanto la santa madre  Maurita como el semental que la convirtió en abuela  fueron a su hora  bienamados de aquel Juan Pablo II bienamado de los mexicanos. ¿Cuándo habrá de pepenar su aureola el hijo de toda su santa  Maura? ¿Y la santa madre de su santo garañón?  Porque Juan Pablo II ya se embrocó  la suya con dispensa de trámites y milagrerías, todo esto cuando San Felipe de Jesús, martirizado por Cristo Jesús hasta exprimirle su sangre a lanzazos allá por tierras niponas, consiguió la aureola  265 años después de su santo martirio. Así está el tráfago de las aureolas en El Vaticano, laus Deo.

¿Difícil que un garañón de sotana como el muerto Maciel consiga la beatitud? No lo es si Francisco, que en plan de obsequio dio la aureola al polaco, decreta la santidad de la familia Maciel. Karol Wojtyla, el “amigo” de México, hizo chuza de hasta 34 asesinos y torturadores cristeros a los que enjaretó la etiqueta de mártires; y qué tufaradas de azufre exhala tan sospechosa arribazón de fanáticos al “club de la aureola”. Y es que por estos días la santidad se abarata, se cosecha al por mayor y se nos torna pandemia. Por santos no vamos a parar, que ahora se ensamblan a escala industrial. Es la barca de Pedro…

Y si no, mis valedores: ¿no consiguió patente de santo un personaje como José María De (este De se lo enjaretó a capricho) Escrivá, fundador de ese Opus Dei, cuyos opositores denuncian, entre otros «pecados» del beato, «la acumulación de riqueza», y aquello de que  “el Opus Dei es peor que una secta, son mercaderes del evangelio, que destrozan vidas humanas?»

Pero ha sido santificado. Con  Escribá ya lo es también Juan Pablo II, y ya suelta un tufillo a santo el verraco Maciel, al igual que su santa Maurita. ¿O qué, iban a ser desperdicio los ríos de dinero que a manera de sobornos los legionarios han evacuado en las arcas de El Vaticano por aquello de que ya alucinan con el insaciable padrecito Maciel trepado en su niño (trepado en su nicho, quise escribir; travesuras del inconsciente); en su nicho de ermitas, capillas, templos, basílicas y catedrales? Y a eso quería yo llegar.

La burocracia de El Vaticano:  el español y santo Escrivá murió de viejo en su cama, y en lustros fue canonizado. De viejo murió el polaco, y por la vía rápida se le colocó la de santo. En la flor de su edad, el mexicano Felipe de Jesús fue martirizado junto con sus compañeros de evangelización en tierras niponas:

Cada uno fue sujetado a una cruz con argollas y cuerdas; dos de aquéllas se colocaron en las muñecas, otras tantas en los pies y una en el cuello. Felipe de Jesús fue el primer crucificado: alanceado en tres partes, dos por los costados y una por el pecho, murió murmurando el nombre de Jesús.

Escrivá y Juan Pablo fueron santificados en lustros. El protomártir mexicano  265 años después de su muerte. (Dios.)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *