Esta vez el Islam, mis valedores. Y si se trata de soltarnos pidiendo perdón, que Ratzinger se arrodille ante las cincuenta y tantas naciones del Oriente islámico a las que ofendieron los conceptos vituperosos que expresó el alemán hace tres años y meses:
Mahoma impuso su religión a filo de espada, y trajo con ella lo malo y lo inhumano
Y qué a la medida de la síntesis del periodista judío:
Todos tenemos la suficiente religión para odiamos, pero no la necesaria para amarnos los unos a los otros.
Y que la aparición del Islam, afirma el autor anónimo, fue una llamada a la reforma que la Iglesia, saturada de éxitos desde los tiempos de Constantino el Grande, no supo captar.
Al Islam se refiere el sacerdote católico Emilio G. Aguilar: “Yo no quiero hacer aquí una apología del Islam ni tampoco denigrar al cristianismo”. Y a continuación los conceptos del arabista e islamólogo español:
El punto germinal, raíz y razón del Islam, está en esta experiencia de Dios de ese hombre nacido en La Meca en el 570, y sobre el que todos eran unánimes al afirmar que era un hombre piadoso, honesto y caritativo, a cuyo buen juicio recurría frecuentemente la comunidad. Se le conocía por el sobrenombre de “el piadoso, el equitativo, el amigo del necesitado y defensor del oprimido. ¡El hombre de acuerdo con Dios..!”
El profeta y el Islam nos recuerdan dos cosas: Allí donde nuestra postura no es coherente con lo que proyectamos sobre Dios, no es coherente con Dios, no puede venir de Dios.
¿Podemos comenzar a hacer matices y distinciones? Dios es amor y el amor no distingue y lo que no se parece en nada al Dios amor y al Dios que ama a todos los pueblos y a todos los seres humanos no viene de Dios, ¡y nunca se mata más impunemente que cuando se mata en nombre de Dios!
Pero el fundamentalismo que atribuimos al Islam es una palabra que no conocen ni el árabe ni los musulmanes. Se la hemos aplicado hasta el punto de que cuando se habla de fundamentalismo todo el mundo piensa en el Islam. Estos días se ha podido ver el fundamentalismo judío: 250.000 personas que gritan por las calles de Jerusalén que quieren volver a la Biblia ¡Y nunca se puede ser fundamentalista en nombre de Dios..!
Todo el Islam es una postura un talante nuevo, es decir, un rendirse sin condiciones ni dudas a Dios; rendición agradecida puesto que todo venía de Dios, rendición que es la esencia de lo que él ha experimentado, y que al mismo tiempo es la consecuencia del pacto que, según el Islam, hizo Dios con la creatura antes de que existiese.
Como todos los grandes y auténticos movimientos de la humanidad, los movimientos religiosos de la historia el Islam tiene su origen en la experiencia ardiente del místico de Dios, en el encuentro indecible con el Dios uno y único, experiencia personal, profunda, total, transformante y decisiva de un hombre llamado Mahoma.
Y al final los conceptos de Ibn Arabi, siglo XIII, cristianismo puro y puro humanismo frente a la tea incendiaria de Ratzinger:
Hubo un tiempo en que yo rechazaba a mi prójimo si su religión no era como la mía. Ahora, mi corazón se ha tomado el receptáculo de todas las formas religiosas; es claustro de monjes cristianos, templo de ídolos y Kaabah de peregrinos, tablas de la ley y pliegos del Corán, porque profeso la religión del amor y voy a donde quiera que vaya su cabalgadura, pues el amor es mi credo y mi fe. Sublime, ¿no? Y en eso resuena el anatema de Ratzinger contra el fundador del Islam. (Alá. Dios.)