Y lástima, mis valedores: que por hoy terminó la feria de la carne. Que en los 25 mil metros cuadrados de la Expo Sex, efectuada en el Palacio de los Deportes, 105 mil jariosos se regodearon frente a la exhibición de tetas, nalgatorios y puntos circunvecinos de diversas damiselas con discreta gordura y celulitis naciente, que actuaron unos «shows eróticos» que les arrancaron 350 pesos por la exhibición. Que para atemperar el morbo, el pasado sábado se consumieron 80 mil cervezas. Que, sin problemas y con una total desinhibición, las mujeres asistentes pudieron adquirir objetos de todos tamaños, texturas y aditamentos, y que esto es México. Las mujeres…
Todas las religiones, todas las civilizaciones han generado la imagen humana como sagrada. Por eso en algunas se ha prohibido la representación del cuerpo. Uno de los grandes atractivos de la pornografía consistió en la trasgresión de estas creencias y prohibiciones. Aquí interviene el cambio de naturaleza que ha experimentado la pornografía. La mujer, ¿mercancía..?
Yo, por supuesto, no asistí a la tal Expo Sex, que no tengo edad para tal espectáculo, porque ni soy un adolescente de granujas y solitarios placeres ni un joven reprimidón cuya mediocridad le impida entablar una relación de pareja, mucho menos un vejete impotente que, onanismo mental de cerveza y 350 pesos, intente avivar una hornaza definitivamente extinguida. Yo no.
No fui a la Expo Sex, pronunciado así, a lo gringo de segunda. Quien sí asistió a unos espectáculos que muy poco tuvieron de especia, pero bastante de lo demás, fue, y cómo pudiese ser de otro modo, La Jana Chantal (el Tano de día, vulcanizador de repelos de llantas que Texas nos arroja por la cara). Ella anoche, en la tertulia:
– Bueno, ¿y qué, mis queriditos? ¿Visitaron la «Expo Sex»? No me digan que perdieron el «chance» de agenciarse el juguetito a su medida; porque, mis reyes, no hay que comprarlo ni muy, muy, ni tan, tan, o que ya esté muy manoseado, pegostioso». (Sí, de sudor. Yo, aquella vergüenza…)
– Ora que las playmats -El Siquirí-. ¿Las han visto en las fotos? Aquí, en el Pleybol de los pobres, qué bárbaras, clávense en estas redondeces. Mama mia…
Y los visajes, los manoteos, los amamantones al gordolobo. Yo, observando en las fotos a esa culimpinada del calzoncito no sé si verde mar, verde botella o verde limón, porque la juntura de las dos nalgas impide la visión de la tela; yo, repito, ecuánime, reposado, si hago excepción de esta taquicardia y la molesta sudoración de manos, de axilas, de… (Y este sentimiento de vergüenza. Oyendo esa cantata que nadie más escuchaba, entre mí pedía perdón a Bach.)
– No, y aquellas colas de gente pa’ ver las colas aquellas de las «pornostars» – y El Siquirí manoteaba como sopesando calabazas de Castilla. ¿Usté fue, mi valedor? Mire: unas muñecotas a su mera medida, orita que está usté solo y su alma. Y qué muñecas…
– El dinero que me costaría mantener a una de esas…
– ¿Cuál? Son de plástico. Una vulcanizada nomás, cuando se le quedara en la suerte, o sea bien ponchada.
Y que desfiles de modelos en los «stands», y que el servicio «personalizado» de los del «staff» con «valet parkings» gratis, y que servicio de «hot lines», bailes exóticos, lencería fina, «table dances» con magnífico tubo, y que «strippers» y el «chipendale» o como se escriba, y el «body paint», lo que eso sea, y si se tome, se unte o se introduzca por aquí, por allá o por acullá. Y que todo un éxito de asistencia, según el «test». Mis valedores:
Fue en leyendo la crónica de eso que acaba de ocurrir en La Ciudad de los Deportes, y al comprobar el entusiasmo de esos miles de patéticos vouyeristas que se desplazaron hasta el Palacio de los Deportes para ver nada más, para observar a prudente distancia, para contemplar de lejos las carnes de las traficantes del chicharrón con pelos -o rasurado, que no es igual-, cuando empecé a experimentar esta vergüencilla que no se me despega del ánimo porque compruebo que así somos de débiles ante el proceso de colonización que nos llega del norte imperial…
Suspiro, cierro los ojos, pienso. Hoy se habla mucho de los derechos humanos. ¿Alguno protesta por la venta y el alquiler, en plan de señuelos comerciales, de las partes íntimas de la mujer? (Seguiré con el tema)