Pubis angelical

La quinta Expo Sex ofrece durante cinco días espectáculos y juguetes sexuales. En su inauguración (190 pesos la entrada) entraron unas 12 mil personas. Y la nota del matutino: «Calientes, miles de personas asistieron a la Expo Sex. Table dance, chipendale y diversas pasarelas…»

Y esas fotos, qué fotos, las de los matutinos. En esta, una ventrudilla que exhibe, sobre el mínimo calzón, lo negro del vello, ¿o es un tatuaje? En esta otra dos nalgas al aire que reciben el beso salivoso, mordelón y lamedor de una lengua del mismo sexo de la que junto con el sexo le apronta, culiprontos, los dos aguayones, mientras que en la parte inferior de la plana esta güera en pelota acapara, a lo tradicionalista y heterosexual, toqueteos, refregones y metisacas de un joven de encrespados instintos. ¿Expo Sex? ¿Con tal nombrecito, a lo gringo? Coloniales que no fuéramos. Gringos de segunda, que no fuese nuestra vocación…

Expo Sex. Ellas y ellos, esas y esos, con esos otros y esas otras que en calidad -pésima calidad- de mirones babean dentro de la mejor tradición del vouyerismo de adolescentes (espinillas en los cachetes) y ancianos de espíritu en plenitud de impotencia que más tarde y a lo solitario van a echar mano de la mano, unos para apagar a manazos los iniciales fogonazos de Madre Natura y otros para soñar en la descabellada ilusión de que aún es posible calentar un calentador ya irremediablemente gélido y agostado por innumerables agostos que lo han convertido en agonizante en agencias de abatir la cabeza y colgar el pico, el consabido moco de guajolote. Lóbrego. Mis valedores…

Los cientos, los miles de bobalicones que tan sólo por ejercer el rito patético del mirón, del vouyerista, accedieron a desplazarse hasta el Palacio de los Deportes, ¿andaban en plena celebración del manipulador y consumista Día del amor y la amistad? ¿Consideraron que tal «celebración» fue la forma mejor de cumplir ese ritual con el que permitieron, a lo inconsciente, que los comerciantes me los manipulasen hasta el grado de culimpinarlos (simbólicamente) en la misma postura en que culimpinaron a la güerota de los aguayones ya levemente emparentados con la celulitis, y, encima de la oxigenada, al del copete levantado que en la foto parece a punto de pasar del dicho al hecho y al lecho? Válgame…

Expo Sex. Pornografía, prostitución, servidumbre humana, la mujer. En la tertulia de anoche, y con el pretexto de la tal Expo etc., el maestro se refirió al comercio de objetos sexuales y mentó opiniones de algunos de los analistas del sentimiento amoroso: «Una paradoja cruel: ese Imperio que estableció a lo consumista el Día del amor y la amistad para que con él en la mano, el regalito, testimoniemos nuestro amor a la amada, es el mismo que a punta de dinero y publicidad nos ha atrofiado la capacidad de amar». El maestro citó a Octavio Paz «La herencia que nos dejó 1968 fue la libertad erótica, pero hemos permitido que nos la confisquen los poderes del dinero y la publicidad mientras atrofian la imagen del amor en nuestra sociedad. El dinero ha corrompido, una vez más, a la libertad. Sí, la pornografía acompaña a todas las sociedades; es la contrapartida natural de las restricciones y prohibiciones de los códigos sociales. Y en cuanto a la prostitución: es tan antigua como las primeras ciudades. No es nueva la conexión entre la pornografía, la prostitución y el lucro. Tanto las imágenes (pornografía) como los cuerpos (prostitución) han sido siempre y en todas partes objeto de comercio. ¿En dónde está la novedad de la situación actual? En las proporciones del fenómeno y en el cambio de naturaleza que ha experimentado, y algo más: se suponía que la libertad sexual acabaría por suprimir tanto el comercio de los cuerpos como el de las imágenes eróticas. Ha ocurrido exactamente lo contrario. La sociedad capitalista democrática ha aplicado las leyes impersonales del mercado y la técnica de la producción en masa a la vida erótica. Así la ha degradado, aunque como negocio el éxito ha sido inmenso.

Hoy se habla mucho de derechos humanos. ¿Y por qué nadie protesta por el alquiler y venta, como señuelos comerciales, de imágenes del cuerpo de hombres y mujeres para su exhibición, sin excluir a las partes más íntimas? Y que sea una práctica universal y admitida por todos no es tanto lo escandaloso, sino que nadie se escandalice. Nuestros resortes morales se han entumecido.

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