Tertulia de anoche. Rostro compungido, don Tintoreto, lavado en seco y a todo vapor: «Necesito un incremento en el servicio de la tintorería».
– Ah, ¿gasolinazo usted también? -la tía Conchis-. Cuidado, que así empezó Slim. ¿Por qué más dinero, o sea?
– Porque para vergüenzas no gano con el hombre que tantos de ustedes ayudaron a encaramar a Los Pinos (y clavaba los bifocales en La Maconda, o sea la señora viuda de Vélez, neopanista y adoradora del gitano señorón, Mouriño). Para las vergüenza de hoy día y las que tenga que soportar los cinco años que le restan al sexenio no gano lo suficiente
¡No venga a este país a crear confusión! (Tom Tancredo, congresista de EU, al presidente de México.)
– Es que esta tarde estuve haciendo un balance de la reciente gira presidencial, y la boca me sabía a cobre de Pasta de Conchos. Porque a ver, maestro: ¿cuando un presidente sale al extranjero no lleva encima la representación de sus gobernados? ¿El de Los Pinos no iba representando a 106 millones de mexicanos, que se sentirían orgullosos del trato recibido en el extranjero por ese que, a querer o no, viene siendo su líder político?
– No, qué le pasa -el joven juguero-, Usted no tiene por qué pagar vergüenzas ajenas.
– Se equivoca -el maestro-. No son vergüenzas ajenas. Propias son de quienes, por acción u omisión, tienen y mantienen semejantes «mandatarios».
¿Cómo le hago? Les pido que me ayuden y me digan cuál es el tono, la argumentación, la estrategia que debo seguir… (Calderón a un grupo de 60 migrantes, en la ciudad de Chicago.)
– Y recuerden lo que afirma La Biblia: «nadie puede aumentar a su estatura un codo».
Como el amor y el dinero, la mediocridad no puede ocultarse, en este caso la rampante mediocridad del gobierno que soportamos.
¡Mejor encárguese de su país, con todo y la corrupción y la inseguridad pública..! (Tancredo, a Calderón.)
– Y yo digo -El Síquiri-: ¿el Peje, de presidente, se hubiera dejado regañar..?
– Por cuanto a la acusación de Tancredo, lástima, en la «aldea global» ya no es fácil esconder la basura bajo la alfombra, ni esas cabezas sin cuerpo y esos cuerpos descabezados que son nuestra tarjeta de presentación y de crédito ante el resto del mundo, para el que México es polvareda y escándalo, una desaforada corrupción lucrativa e impune y una pradera reseca para el incendio de ese descontento popular que atiza a diario el gobierno. Cuidado.
Nomás me quedé pensando: ¿era el tiempo para la gira presidencial? ¿Por qué no se realizó la tradicional visita a La Casa Blanca? ¿Bush se negó a recibir a Calderón? ¿Nadie le avisaría que éste andaba por allá de visita? ¿Calderón aún vale tan poco, que Bush no se dignó sacarse la foto con él? ¿Ya tan poco vale Bush, que ni aun Calderón se interesó por sacarse la foto con él? ¿Qué funcionarios de primer nivel se entrevistaron con Calderón? ¿Son de primer nivel unos vinicultores mexicanos en el Valle de Napa? Mr. Alian Greenspan (o su sucesor en el Departamento del Tesoro), de venir a esta ciudad, ¿intentaría dar una conferencia de prensa en una cafetería? De intentarlo, ¿los meseros lo echarían con todo y reporteros al frío de la calle, «porque estorbaba el paso a los clientes?» Mis valedores: ¿qué sentirían los brasileños frente a la foto de Lula Da Silva con el presidente de Francia, los venezolanos ante Hugo Chávez con el presidente iraní, los bolivianos que vieron a Evo Morales con diversos líderes mundiales? ¿Qué creen ustedes que sentí ante dos o tres burócratas de medio pelo que accedieron a condescender unos minutos con el presidente mexicano, mientras que en el grupito de cineastas mexicanos que accedió a convivir con él, hasta Salva Hayeck desdeñó la convivencia? En su gira por la Unión Americana, Calderón soltó algunos discursos y aun se atrevió a improvisar. ¿Alguno de ustedes recuerda una frase enjundiosa, original, rescatable? Sus obras en beneficio de los fregados, ¿alguien las puede enumerar? Siniestro…
El Tancredo se le encrespó: «¡Vaya y encargúese de su país, vaya a crear empleos para los mexicanos, los males de México no se resuelven exportando sus ciudadanos a mi país!» Don Tintoreto, mis valedores, ¿gana para vergüenzas? (Mi país.)