Señora Martha…

¿Lo ve usted? Fue flor de un día, o más propiamente: flor de un sexenio, el de su marido. No más. El polvo retornó al polvo y lo del agua, al agua. Así pasan las glorias en este mundo, y no vaya usted a olvidar que lo que salió de la nada a la nada ha vuelto. Como usted misma, señora Martha, a quien muy bien le cuadra la cancioncilla antañona:

«Hagamos de cuenta que fuimos basura -vino el remolino y nos alevantó». Como a usted…
Porque eso fue: basurilla, según la exhibieron sus propias acciones cuando, por ascender, se ahijó al cuadril de su marido, quien me la encumbró durante los seis años en que él mismo se encaramó al poder sin más merecimientos que ser vendedor de aguas embotelladas y similares. Ese mediocre que tiene usted por marido me la vino a «alevantar» en el remolino de una política basurienta, de una turbulencia politiquera. El hombre de negocios la encumbró de manera efímera y artificial, y ya cuando usted se miró en las alturas, incapaz de un gramo y de un grano de autocrítica, perdió la proporción y, pequeña-ja como es, se sintió con los tamaños para suceder al marido en el sillón de gobierno. Crear una dinastía, ni más ni menos…

¿Pues en qué andaba pensando cuando dejó entrar en su mente tan desmesurada ambición? ¿Una nueva Eva Perón, engrandecida a la sombra del marido gobernante y dispuesta a hacer historia en el país? Pobre de usted, gusanillo que nunca logró metamorfosearse en crisálida…

Porque así de efímeros son los sueños desbozalados y así de quebradizas las ambiciones no cimentadas en el mérito personal. Flor de un día, en un tiempo soñó usted con encaramarse en el sillón del gobierno, y ya con sus dos reales en él, ándele: al derroche y los lujos desaforados, al saqueo de las arcas públicas y a satisfacer la delirante ambición de todo mediocre, logrero y arribista que, por no ser, quiere tener. Para sí y toda la parentela de ocasionados y ventajistas. Señora Martha…

¿Pues qué sueños de opio me la llevaron a imaginar tal desmesura? Nada era usted, y ala nada ha vuelto. Conócete a ti mismo, exhortaba el oráculo de Delfos, y Sócrates recogió la exhortación y la tornó su divisa Conócete a ti mismo. Y usted nunca tuvo conciencia de su pequeñez, y cuando el remolino cesó, venga el porrazo. El hechizo se había esfumado. La carroza había vuelto a ser lo que siempre fue, calabaza. El onanismo mental de gloria, poder, lujos y derroches y sueños de las mil y una noches: todo se tornó un montoncillo de ceniza, la de los sueños de opio que incinera la realidad. Y a volver a la oscuridad, a esa mediocridad que es su santo y seña, su irremediable destino. Y a desandar lo andado, a recular, como tarde o temprano recula esa fauna de los trepadores, los arribistas, los oportunistas, los oficiantes del rastacuerismo. Y perdonando la curiosidad…

¿Ahora a qué se dedica usted? ¿Qué oscuras actividades la mantienen ocupada allá en su refugio provinciano? Después de que vivió en el cogollo del poder y aspiró los humos de ese avieso copal que a su hora le quemaron los serviles que nunca faltan y siempre salen sobrando, ¿qué fue de sus lambiscones? ¿Cuántos de esos cortesanos siguen alimentándole su vanidad y devaneos de frustrada estadista? Por mantener vivos los amarres concertados en sus tiempos de influencia y poder, ¿mantiene usted una copiosa comunicación telefónica? ¿Por internet? ¿Tiene un íntimo circulillo de amistades? ¿En algún club, lonja, cofradía o asociación religiosa consuela su frustración? ¿Mira por su familia? ¿Le ha dado por cultivar su jardín, criar pájaros, tejer chambritas para los nietos? Pero cuidado, no le dé por escribir, que últimamente personas de muy baja estofa, fabiruchis de la coprofilia televisiva, han dado por abaratar mi oficio de escritor con mamotretos que al atizar el morbo de unas pobres masas adictas a Orejas y Ventaneandos han terminado por corromperles su gusto estético…

Miro satisfecho que vuelve usted a su mundo minúsculo, cortado a la medida de su propia mediocridad, el mundo que usted merece y del que nunca debió haber salido. Que ahí permanezca; que nunca más ninguna ventolera la regrese al rejuego de la política, que es decir a maniobras, acuerdos, concertaciones, amarres e intereses oscuros de politiquería barata, que a los paisas nos sale tan cara. En fin.

Es cuanto, señora Martha Elena García, frustrada aspirante a suceder a un cierto Antonio Echevarría Domínguez, marido de usted, en la gubernatura de Nayarit del sexenio pasado. (Vale.)

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