Redrojos humanos

Margarita sin discusión, es albacea patrimonial de la Décima Musa, fabulaciones de aire oriental que recrean encantamientos de Scherezada; y, muy especial este poemario, que fue cautivándome a medida de imágenes, melodías y ritmo.

Quien así se expresaba fue el escritor de Al filo del agua, novela magnífica, y de un relato delicioso, Flor de juegos antiguos. Léanlos.

Pues sí, pero lástima, vino el remolino de la política y convirtió al intelectual en burócrata y ahí se torció la andadura de Agustín Yáñez, al que convirtieron en gobernador de Jalisco, titular de la SEP y adulador de la hermana favorita de JLP., aquella Margarita que nos vino a resultar “albacea de la Décima Musa”. ¿Pues qué? ¿Será verdad que todo individuo tiene su precio? En fin, que a principios de noviembre me da por hablar de unos muertos como Margarita, que  cuando era una mujer “apenitas”  intentó ser mi amiga. Me acuerdo.

Mirándola en la cresta de la ola politiquera, oyéndola hablar  ante una intelectualidad que la escuchaba con la boca abierta,  recordé a la buena mujer y  honesta mediocre que, con años y achaques a cuestas, trepaba los cuatro tramos de escalera que daban a aquel mi depto. de los viejos tiempos,  y resoplando intentaba alcanzar  resuello para contarme sus planes de una telenovela imposible. (De estos destinos sabía un rato largo mi señor Shakespeare; de las abruptas mudanzas de la fortuna y de los cambios que en el débil perpetran, para perderlo, el poder excesivo y el dinero fácil. Margarita, Marta Sahagún, la Cocoa…)

Pienso al teclear: detrás de la máquina de escribir de por aquel entonces recibía yo  a Margarita, que aún no alcanzaba el rango de “doña”, y curioso fenómeno: aquí sigo yo, tecleando para comer y comiendo para teclear. Margarita, en cambio, tras de una borrachera sexenal que desangró las arcas de la comunidad y se apoderó de los dineros de todos que serían para beneficio de todos, se nos volvió seña de identidad de esa familia de sinvergüenzas que se quedaron sin nada más que dinero después de que acapararon tanto; de esos rapaces que cayeron a mal vivir atejonados en su madriguera: uno en la Colina del Perro y la otra en retazos de terreno hurtado a Chapultepec. ¿Cómo juzgará la  historia a Marta Sahagún, al segundo marido, a los Onésimos y Norbertos que lograron que el beato del anticomunismo les anulara el primer matrimonio? ¿Cómo juzgará a Raúl y Carlos, a Romero Deschamps y a los demás protegidos por ese podrido racimo de leyes alcahuetas que los protegen? Ah, Margarita, si por aquellos días hubiésemos sospechado el rudo destino que le aguardaba por haberse arrimado, por un chiripazo de la atolondrada fortuna, a esa fábrica de difuntos civiles que es el Poder. Usted,  Margarita, la Marta Sahagún de otros tiempos…

Pero no sólo el labioso intelectual. El coro, al unísono, por aquellos tiempos: “Doña Margarita, cuya apariencia ha sufrido cambios dramáticos para bien y está guapísima (el matutino), ha adquirido en propiedad el imperio editorial de los Ampudia y ahora es dueña de las publicaciones Play Boy. Además la culta dama es propietaria de la estación televisora canal 2, de Reynosa; del canal 17 en Nuevo Laredo; de Radio Cristal, del D.F. y de 20 estaciones de radio en el área fronteriza. Para quienes se quejan de que algunos funcionarios públicos son entrenados a todo costo para luego desperdiciar sus conocimientos sirva de mentís el ejemplo luminoso de doña Margarita”.

En fin. Mis valedores: que los muertos entierren a sus muertos. (RIP.)

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