Cuídate, Cuba, que es Ratzinger

Alerta Benedicto XVI a los católicos cubanos: “Sigan regando la viña del Señor, y en una isla de gobierno comunista no desfallezcan…”Leí la noticia del pasado viernes, y aquel estremecimiento que se acentuó ante el segundo comunicado: que el Secretario de Estado de El Vaticano, un Tarcisio Bertone, “pide a los cubanos recordar a Juan Pablo II”, y lo inaudito: “La Iglesia pide a Cuba espacio sin límites para actuar en la Isla, sobre todo en el área de la educación”. Macabro. ¿La respuesta del gobierno emanado de la revolución? Abrir uno de los canales de TV para que !a misa que ofició Bertone llegase a todos los cubanos. Dios…

El Vaticano quiere un espacio sin límites para la educación en Cuba, vale decir para el pensamiento mágico y el milagro, para el prejuicio y el dogma, para la cultura medieval. El educador de Cuba seria Joseph Ratzinger, el Gran Inquisidor, que ahora abre los ojos al pasado y da la espalda a los fieles, porque de súbito comenzó a oficiar la misa a la usanza del viejo ritual, en latín y de espaldas a los asistentes. “Así, el gesto del Papa ha representado un fuerte y significativo apoyo a la vieja liturgia”. Ahí hizo su aparición el fantasma del ala autoritaria del catolicismo, la Contrarreforma, que vuelve a marcar distancias entre el oficiante y unos asistentes a los que relega a la condición de meros espectadores del rito católico esencial. Por otra parte, y como para leer entre líneas, el detalle sugerente en tan significativa jornada: después de la bendición, Ratzinger se dio cuenta de que había perdido el anillo del Pescador, símbolo pontificio. La prenda estaba tirada en la alfombra…

Pero la vuelta del Papa a la Contrarreforma no es de hoy. Sus tendencias reaccionarias se manifestaban desde que encabezaba la Congregación para la doctrina de la Fe, tiempos en que los observadores externaron aquel temor:

“Sí, es seguro, existe el riesgo de que se cierren puertas y ventanas. El peligro de levantar de nuevo el puente levadizo de la Iglesia como fortaleza no es ilusorio, como tampoco es ilusoria una santa alianza entre Roma y el piadoso dólar libre contra el comunismo ateo. La advertencia es clara y fuerte, es un grito de alarma que reflejó los temores que rodearon el Sínodo extraordinario reunido en Roma en el 2005, donde los sectores progresistas tuvieron sobradas razones para temer una regresión de la Iglesia católica. A contrapelo de las esperanzas de renovación y cambio que albergaban muchos fieles católicos, afirma el analista Martínez García, el cónclave cardenalicio decidió algo peor que mantener a la Iglesia anclada en el conservadurismo: llevarla a una regresión de décadas o de siglos, y entregó el dono papal a! cardenal alemán Joseph Ratzinger, brazo represor del Vaticano”, (Esa Iglesia, ese cardenal, ese pontífice, reclaman al gobierno de Cuba “espacio sin límites” para educar a los herederos de Sierra Maestra…)

Y así la protesta de muchos más obispos, entre ellos los de EU., a los que Ratzinger no contestó, prefiriendo evadir el debate. “Discutir sobre nosotros mismos y problemas de poder, sería un triste espectáculo”. Su acrobacia verbal, admirable, pero a nadie convenció. Nadie en Roma ha olvidado que el detonante que agravó la polémica sobre el papel de Roma frente a las conferencias episcopales progresistas fue el libro de Ratzinger.

“De todos modos, que le guste o no al cardenal, 1985 no es 1965. Nadie puede negar el hecho: sordera cada vez mas grande del Norte ante la creciente miseria del Sur, torturas y violaciones de los derechos humanos a la orden del día, multiplicación y sofisticación de las armas (químicas, nucleares, espaciales), evolución fulgurante de las ciencias biomédicas, cuestionamiento generalizado de los valores morales y sociales tradicionales, creciente indiferencia religiosa del antiguo occidente cristiano, fortalecimiento de las iglesias jóvenes aferradas a sus propios valores…

Los desafíos que este siglo lanza a la Iglesia son múltiples, ineluctables y radicales. Distintas también son las propuestas de los obispos y arduos los debates. De ellos dependen, en buena parte, los principales resultados de este Sínodo extraordinario” (el del 2005). “¿Ganarán los partidarios de una Iglesia cada vez más intensa e involucrada en los problemas políticos, económicos y sociales del mundo, o los que quieren una dimensión estrictamente espiritual para esta misma Iglesia?” Mis valedores: ¿perdió, ganó Ratzinger, presunto educador de cubanos? (Dios,…)

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