¿Así que su hijo se llama?

Los nombres que ostenta orgullosa, la nueva generación, mis valedores. Nombres todos aprendidos en el cine, la telenovela, la fotonovela, etc., y que representan la imitación del galán o las estrellitas de gran canal que lo exhiben en el Gran Canal del Desagüe, el dos, lo mismo que ante las cámaras de TV Azteca A propósito: llevé hace muchos ayeres a registrar al último de mis hijos. Aquí finaliza la crónica del registro civil, que inicié ayer mismo.

Rayando el sol de aquel día rayé el caballaje de mi BMW (del volks cremita, más justamente), y luego de atravesar diez colonias y extraviarme en otras tantas, a media mañana ahí estábamos el chamaco, su madre, su padre y dos que fungirían de padrinos, testigos o algo por el estilo. Detrás de la cola de cincuenta madres me formé con mi chamaco. Y a esperar.

Horas y madres después presencié el registro de la muñequita que me precedía en la cola, un bibelot de criatura: chaparrita jetoncita peloncita ventrudita, morenita La del registro civil: “¿Nombre de su triponcita?”

– A ver, aquí lo traigo apuntadito en este boleto del metro. Mi nena se va a llamar… Jaina Dayana Leididí. de apellido Chirinos..

– ¿Jaina Dayana Leididí nomás? “Nomás, fíjese Ya en el boleto no cupo dónde apuntar los otros nombres que le habíamos escogido. Yenifer Melania, Melanina o algo así Ya no me recuerdo. Y tú, Jainita, cállate, deja de chillar, aguántatelas, ni modo de sacármela aquí, con este libidinoso detrás. ¡Oiga, no se me repegue, no sea encajoso, por qué no va a encajársela a su…!

El registro civil procedió. Jaina Dayana Leididí quedó registrada. Y el que sigue por ai. Yo, meditando en la nueva cultura del nombre propio, que a lo largo de la cola había podido presenciar cómo aquellos prietitos (del mismo arroz) quedaron registrados con el nombre de Yojan Eric Benítez, Laila Jana Elizabet Rendón. una Bete Vladimira, dos que tres Yons y diversas Nailas, Róselas, An Merís y Giovannas Maurín. “Oiga, que no tengo su tiempo”, (el exabrupto me estremeció). “Sí, usté, el babotas. ¿Y su pelón?

Ájale. Sentí que me ponía colorado. Disimuladamente me cerré el cierre del pantalón. Entendí la pregunta. “Se va a llamar Juan, señorita”. “¡No soy señorita!”/ “Señora, perdón”/ “¡Que no soy señora!”/ “¿Divorciada, viudita?”/ “¡Licenciada, si me hace el favor! ¿Nombre de su chamaco? ¿Está seguro que es suyo? Porque a su edá, digo. ¿Con qué nombre se le registra?”

Juan, señorita, digo señora. Licenciada, quise decir.

– Hágase güey.

Juan, señ..licenciada Juan Mojarro / “¿Que qué? ¿Es burla, mamila, choro, choteo?” / “Juan, como Juan mi padre, licenciada”. / “¡Tampoco, señor! ¡No me pusieron aquí nomás para que cualquiera me lo venga a choriar! ¡Todavía me dijera de perdida, Yónatan! ¡A ver, el que sigue!” / “No me lo tome a mal, licenciada Juan se llamaba mi padre y…”

– Pos ultímadamente allá usté con sus excentricidades. Qué ganas de darse a notar. A ver, ¿cómo fregaos se deletrea el nombrecito ese, Juan?

Regañado frente a mi única, Dios.

Sentí caliente la cuera. Por fortuna don Tintoreto, uno de los testigos, salió al quite y me sacó del apuro:

-Era broma, licenciada, no se lo tome a mal. El niño va a llamarse Cristián, como en una película creo que de vaqueros. Quizá usted la haya visto, licenciada Cómo pasa usted a creer que a la criatura la íbamos a infelizar de por vida enjaretándole un nombre así de exótico: Juan.

Don Tintoreto me hizo una seña de impotencia; qué hacer. La licenciada se suavizaba “No, si ya sabía que era guasa Quesque Juan. Pero a mí no me puso aquí el Calderas nomás para servir de burla a cualquier babotas…

Cristian, licenciada Cristian Mojarro.

– Así, sí pa que vea así ni quién diga nada¿Con el Cristián no le iría bien que le pongamos Errol Fedor Chankar? Malcolm Galaor viste mucho. ¿No le gustaría tener en casa un Gregori Michelé Mojarra?

Mojarro, licenciada O como a usted le parezca mejor.

– Ájale, quesque Mojarro, no será otra bromita ¿verdá? Oiga, ¿con el Mojarro no le iría mejor que al cursiento le pusieran Fabiruchis? La moda ¿no?

Yo, aquellos espeluznos que me bajaban del cogote a la vértebra terminal y se seguían de filo: “Vamos a dejarlo en Cristián, si le parece”.

Cristián quedó registrado. (Pero aquí entre nos: yo, en la intimidad, cuando nadie me podía oír -mucho menos ella, la licenciada-, tomaba a mi niño en los brazos, lo miraba a los ojos y en un susurro lo nombraba Juan, mi hijo, como mi padre Juan. Esto, cuando nadie me oía) Juan, hijo. Y mis valedores: al decirlo algo acá, muy adentro, se me reblandecía como aún se me reblandece hoy que mi niño se me torna un hombre. Como mi padre. No que Errol Chankar. (Pa su.)

2 pensamientos en “¿Así que su hijo se llama?

  1. Tengo años buscando este texto, ahora lo encuentro un poco modificado, lo leí por primera vez hace mas de 10 o quizá 15 años en una desaparecida revista llamada “Origina” ahora que lo volvi a leer igual me reí, pero debo confesar que el original era mas rico, las descripciones me hacían reir hasta las lagrimas, el “esmiters” es algo que jamas olvidare… en fin hace 10 años que fui a registrar a mi primer hijo lo tuve tan presente que temí soltar la carcajada cuando la pequeña que seguía después de nosotros llevaría el nombre de Leidi Diana, bueno hasta la pañalera ya la traía bordada con ese nombre. Me alegra haber encontrado el texto y me encantaria volver a leer el original.
    Saludos señor Mojarro y toda mi admiración para usted.

  2. Al igual siempre quedó en mi memoria esta fábula, cuento, o como la llame el señor Mojarro lo leí en una revista que hacía el IMSS me reí, me reí, hasta lo último me acuerdo esto último que el señor Mojarro decía entre mis brazo y en la soledad llamaba a mi hijo Juan como su abuelo Juan después lo escuchaba en radio Universidad, también con Martinez Serrano que por cierto no le daban el crédito necesario para un maestrazo cómo TOMAS MOJARRO

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