Gatopardismo, sin más

Así es, mis valedores: la Comisión Nacional de los Derechos Humanos cambia de presidente: sale un Raúl Plascencia y entra un Luis Raúl González. ¿Y? ¿En qué cambia el organismo, si sus prácticas viciosas continúan tal cual? ¿En qué cambió desde Jorge Carpizo hasta José Luis Soberanes, y en qué beneficiaron a las masas los tales cambios?

Peña, entre tanto,  anuncia el enésimo plan para solucionar la crisis global del país en lo que atañe básicamente a la inmoralidad policíaca.  ¿Y? ¿Cuál beneficio puede reportar a las masas, si la policía no cambia ni el entramado de elementos que mantienen el país en la inseguridad, la inmoralidad y la corrupción lucrativa e impune?

Peña pregona que las reformas de su gobierno están moviendo a México. ¿Y? ¿Algún beneficio reportan al país, si continúa siendo el de una corrupción que exhiben, para empezar, el propio Peña y el Montiel pariente de Peña, y la Angélica esposa de Peña, y los zapatos de 15 mil pesos de la hija de Peña. ¿En qué?

¿Peña qué prometió contra la corrupción cuando candidato a Los Pinos? ¿Y? Al cumplirse  dos años de su gobierno, ¿algo ha cumplido?  Hoy los descontentos que toman calles, plazas, aeropuertos y garitas de cobro en las autopistas ¡e-xi-gen! a gritos la renuncia de Peña y gabinete de gobierno.  ¿Para reemplazarlo con uno del PAN, de  los chuchos de nueva izquierda o del Tricolor? ¿Tal cambio beneficiaría a las masas? ¿En qué sentido las podría beneficiar? Hay que acudir  a la historia y recordar la defenestración de Rubén Figueroa Alcocer en la gubernatura de Oaxaca provocada por presión popular en 1996 y la suplencia de Angel Aguirre Rivera como gobernador sustituto hasta 1999. ¡Sí se pudo!, clamó la incultura política. ¿Y? ¿Tal “cambio” vino a beneficiar a las masas?

Las aludidas, habiendo llegado al límite de su paciencia y  pasividad ante las desmesurar del Poder, se rebelan, toman  calles y plazas públicas y de forma violenta testimonian su inconformidad ante la situación por la que atraviesa el país. ¿Y? Mientras que no se decidan a  pensar, practicar la autocrítica y crear esas tácticas que las conduzcan a cambiar, pero  de raíz,  el presente sistema de gobierno, ¿qué beneficios les reportan el vocerío, la estridencia y a gritos exigir la renuncia de Peña?

Si los miles de átomos que acostumbran congregarse en el zócalo no cambian de táctica; si continúan con las formas de lucha obsoletas desde los movimientos de médicos, maestros y ferrocarrileros de fines de los 50s., ¿qué beneficio para todos nosotros reportará el habitar en un país modelado a la medida de la corrupción con una carencia absoluta de  cultura política para enfrentarla?

En fin. Esta vez la muy cuestionada CNDH en el inicio de la gestión de Luis Raúl González. Aquí, en unas cuantas líneas, el retrato hablado del nuevo “defensor del pueblo en México”, como lo apodan J.M. Abrens y P. Chouza, que acaban de entrevistarlo. En la lista de preguntas y respuestas, cuando él debería contestar sí o no, categórico y sin rodeos, el nuevo titular de la CNDH se les fue, a lo descarado,  por la lateral, y aquí un solo ejemplo: cuando los entrevistadores le preguntaron: “¿Es usted consciente de que la Comisión ha quedado muy mal parada por el caso Tlatlaya?” El muy cauteloso y el muy precavido les fue a contestar:  “Quiero una CNDH que sea oportuna, que inicie oportunamente las quejas y los pronunciamientos”. Mis valedores:

¿Temple, carácter, honestidad, o disparatado, medroso y ambiguo? Zacón, como allá decimos. (Uf.)

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