Acteal, Iguala

La vida del escorpión dependía de la rana que lo trasladaba hasta la otra orilla del río. Sin embargo, a media corriente hincó la ponzoña en el lomo de la rana. Antes de que ambos se fuesen a pique y perdieran la vida:

– Y qué hacer, dijo a la rama. Es mi naturaleza.

El PRI de la masacre de Acteal es el mismo de la masacre de Tlatlaya e Iguala. Es su naturaleza, y a propósito: ya han sido liberados todos los autores materiales de la masacre donde aquel 22 de dic. del 97 paramilitares priístas asesinados  9 hombres, 15 niños y 21 mujeres, 4 de ellas embarazadas.

Cada noche el dolor implacable, de la muerte a Rosa le provoca pesadillas. En la oscuridad la niña tzotzil  despierta llorando. Sus gritos rasgan el silencio. Rosa, de 2 años, es perseguida por el insomnio desde el día que sobrevivió a la matanza en Acteal. El recuerdo de las horas en que estuvo entre los muertos le hizo perder el sueño. Su familia fue arrancada de su lado por las balas asesinas.

“La madrugada del 22 llegó hasta el campamento José Méndez y nos contó que los paramilitares planeaban atacarnos. En la noche había estado en una reunión de los paramilitares en La Esperanza. Había sido detenido por ellos horas antes en Chimix por violar la disposición de los priístas armados que impide a los campesinos de Chenalhó vender el café que cosechan en la zona”. Fue obligado a participar en la reunión de los paramilitares

Vicente Luna, sobreviviente. “Protegido por el cauce del manantial que se abre entre los cafetales, primero pensé que yo era el único que se había escondido cerca de los agresores. Quedé como a 8 metros de donde murió la mayoría.

– Los agresores se acercaron hasta 4 metros para disparar. Algunos con los pelos cortados como militares, unos vestidos de azul, otros de negro con un pañuelo rojo en la cabeza y otros venían de civil. Lo que más se escuchaba, además de los tiros, eran los gritos de los niños y mujeres. Hicieron mucha bulla Se escuchaban disparos muy fuertes y otros no tan fuertes y los niños lloraban y lanzaban alaridos. Lloraban desconsolados mientras los mataban en el arroyito. Todos estaban en el arroyo amontonados. Donde estaban los muertos murió mi hermana con su bebé, cayó la mamá muerta por las balas, aplastó a su hija al caer.

Varios años más tarde este es el testimonio de una de las víctimas que logró sobrevivir. Acteal Alto: “Zenaida es una niña triste, condenada a la orfandad y a las sombras por las armas de los paramilitares. Hace 8 años era una niña normal, pero el 22 de diciembre de 1997 su vida dio un giro brutal. Ese día un grupo paramilitar fuertemente armado irrumpió en esa comunidad y masacró a mujeres,  niños y hombres. En el ataque, los padres deZenaida fueron asesinados. Ella, de 4 años apenas, recibió un disparo en la cabeza que la dejó ciega.

–  Lloro cuando recuerdo a mis padres”, dice. – ¿Qué te gustaría estudiar?

– Quiero aprender de todo. Lástima que no veo

– ¿Qué le pedirías a la sociedad?

– Que me apoyen para poder recuperar mi vista.

San Cristóbal de Las Casas, julio de 1998. “Los familiares de las 45 personas que perdieron la vida en la matanza de Acteal y de las 26 más que resultaron heridas fueron indemnizados. Por cada persona fallecida se les entregó la cantidad de 35 mil pesos a los familiares. Por los lesionados, según el tipo de heridas, se otorgaron cantidades de 25 mil, 15 mil y 10 mil pesos. Como no quisieron recibir los recursos, éstos fueron depositados en una cuenta bancaria”. Es el PRI, es México. (Atroz.)

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