“No nos asustan los muertos”

La memoria histórica, mis valedores, que no se nos vaya a morir. Hoy, después de la sangre que se acaba de derramar en la Autopista del Sol, en Guerrero, traigo al recuerdo la masacre del Vado Aguas Blancas, Mpio. de Coyuca de Benítez, Gro., donde en junio de 1995 la Policía Motorizada destazó  las carnes de hasta  17 militantes de la Organización Campesina de la Sierra del Sur, a la que diezmaron a fuego, sangre y dolor en un tiradero de cadáveres y heridos que aventó al duelo a deudos, viudas y huérfanos. Presente en la carnicería, aquel a modo de representante oficioso del gobierno de Rubén Figueroa Alcocer, un Sotomayor Espino, Rodolfo, sub-procurador del Estado.

Secretario general de gobierno era J. Rubén Robles Catalán, y Antonio Alcocer Salazar el Procurador de Justicia estatal. Hoy día, a 26 años justos de los asesinados en la Autopista del Sol (no justos; injustísimos, por la impunidad de que disfrutan los presuntos responsables del sembradío de cadáveres), todos los nombrados andan en completa libertad. Como para apuntalar una memoria que en el paisanaje es tan sutil, tan efímera y vulnerable, aquí algunos datos de lo que una vez rematada la labor de los matanceros ha ocurrido a nivel de justicia.

Días después de la matanza lo declararía el dicho sub-procurador:

– Si yo acudí a Aguas Bancas fue por órdenes del ahora ex procurador Antonio Alcocer Salazar. El que protegió al ex-gobernador Figueroa para que no fuera procesado como responsable de la matanza fue el propio “Sistema”.

Ante la acusación de su subalterno,  se defendió en 1997 Alcocer Salazar:

– Yo rechazo cualquier responsabilidad penal en la matanza de Aguas Blancas, ni tengo idea de cómo pueda ir el caso. Yo estoy alejado del asunto, no tengo ni la menor idea. Yo ahora soy comisionado del PRI en Chilapa.

Y lo que va de ayer a hoy: en noviembre de 1995 y a nombre de algún organismo defensor de derechos humanos se encrespaba una Mariclaire Acosta  que años después, desde su oficina del gobierno foxista, se nos tornaría mansa, muda e impávida, hasta que el que la encaramó la dejó caer:

– ¡Figueroa es un asesino! El compadrazgo entre él y Zedillo es un obstáculo para la aclaración y castigo de todos los hechos violentos registrado en Guerrero. A mí me parecería muy lamentable que un Presidente de la República apoyara a un asesino como Rubén Figueroa, y esto sólo porque es su compadre.

Todavía hoy, para defensores de los derechos humanos de aquí y el exterior, “lo sucedido en el Vado Aguas Blancas no es un hecho aislado. Desde que el compadre de Ernesto Zedillo, asumió la gubernatura (1º. de abril de 1993), han sido asesinados 70 miembros del partido del Sol Azteca  y 21 integrantes de la Org. Campesina de la Sierra del Sur. Handesaparecido decenas de opositores y tan sólo en uno de los municipios, el de Atoyac de Alvarez, se han registrado más de cien  asesinatos y 23 secuestros en 22 meses”. Detrás de las cifras del oficio de tinieblas,  la absoluta impunidad, la desidia del paisanaje,  el olvido y la paz. La de los 17 sepulcros. Y después de la sangre, la abyección:

Nov.,1995. Fidel Velázquez se entrevistó con Rubén Figueroa:

– ¡Usted, señor gobernador, sabe que a nosotros los cetemistas no nos asustan los muertos! ¡Ojalá que los demás gobernadores hicieran lo mismo que hizo usted, caiga quien caiga!

México, 28 de junio de 1995. Vado Aguas Blancas, ¿ya lo olvidamos? ¿Y Acteal, y El Charco, y El Bosque, preludios de la sangre en la Autopista del Sol?  Es México. (Este país.)

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