¡Quémenlos!

El comunismo destruye a la familia, Comunismo en México nunca, Muera el comunismo, Dios, patria, familia y libertad. ¡Viva México! ¡Muera el comunismo! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!” (Pancartas y mantas.)

Tlatelolco ayer; hoy, el aborto. ¿Cuánto ha avanzado el país en respeto a derechos humanos  desde el MURO y cristeros tardíos hasta el Estado laico que encarcela a mujeres que se atreven a abortar? Por de entender mejor los sucesos de Tlatelolco presenté ayer ante ustedes la parte inicial de la crónica que en septiembre de 1968 publicó El Heraldo, de infeliz memoria, sobre la encerrona que llevaron a cabo militantes del MURO y fanáticos de la prédica clerical. Mis valedores:

Hoy, según sus acciones, Washington, el gran capital, las sotanas, El Yunque y el duopolio de televisión marcan los rumbos del país a un beato del Verbo Encarnado que un 1º. de diciembre, al embrocarse la banda presidencial, juró cumplir y hacer cumplir la Constitución. Laus Deo. Aquí finaliza la crónica de El Heraldo sobre el acto masivo que los dirigentes de la Coalición de Organizaciones para la Defensa de los Valores Nacionales (sic) realizaron en el estadio futbolero de esta ciudad para apoyar la inminente represión cuartelera contra los “comunistas” y el “oro de Moscú”.

“Cuando ya había casi 12 mil personas dieron la orden, y un grupo de muchachos salió al ruedo con un monigote de cartón que representaba a los guerrilleros: gorra cuartelera, camisa y pantalón verde, luengas barbas, en las manos un libro nefando: el diario del Che. El vocerío creció: gritos exasperantes (sic) exigían: ¡Quémenlo, quémenlo, quémenlo!

Subrayaban su exigencia con enérgicos ademanes, con el pulgar tenso apuntando hacia la arena. Alfonso Aguerrebere, desde el micrófono, estimulaba esas manifestaciones: ¡Queremos Ches muertos! ¡Gasolina! ¡Dónde hay gasolina! La multitud rugía, exaltada: ¡Mueran! ¡Gasolina! Algunos acercaron cerillos al guerrillero, y segundos después todo allí era fuego, gritos incontenibles, histeria. Los presentes entonaron nuestro sagrado Himno Nacional Mexicano”.

De la gasolina y El Heraldo al linchamiento: Puebla, 18 de sept., 1968. “Un campesino y 3 excursionistas fueron linchados por los habitantes de San Miguel Canoa, instigados por el cura Enrique Meza.  “¡Son comunistas!”

Todo se inició cuando un grupo de excursionistas empleados de la Universidad Autónoma de Puebla y un amigo procedente del DF trataron de ascender al monte Malintzin, a cuyas faldas se encuentra San Miguel Canoa. Obligados por el mal tiempo regresaron al pueblo y por lo avanzado de la hora no les fue posible hallar transporte para el regreso. Buscaron asilo para pernoctar en San Miguel Canoa, pueblito de 5 mil habitantes. Se les negó. El campesino Lucas García ofreció  su casa a los jóvenes. Al rato las campanas de la capilla repicaban. Por el micrófono del Zócalo se informó: había un grupo de comunistas que iban a izar una bandera rojinegra. Dos mil lugareños armados con rifles, cuchillos y pistolas, fueron a la casa de Lucas, exigiendo la entrega de los excursionistas. De nada valieron las explicaciones; él y varios empleados de la UAP fueron sacrificados a machetazos. De milagro escaparon cuatro, uno fingiéndose muerto tras de recibir un machetazo en la cabeza”.

De Tlatelolco, mis valedores,  a la celda carcelaria para las embarazadas que se atreven a abortar, ¿cuánto ha avanzado el Estado laico que rigen televisión,  mega-ricos, sotanas y beatos del Verbo Encarnado? Clama el poeta: Mi país. (Ah, mi país.)

 

 

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